La serie de Sony sobre Hugo Chávez, o de cómo bastardear su legado

Por Sergio Segura

La productora estadounidense Sony Pictures Television (SPT) anunció el rodaje de la serie de ficción Hugo Chávez “El Comandante”, una audaz y provocadora apuesta de la megaindustria del entretenimiento que buscará vilipendiar la figura y el legado del líder bolivariano.

El actor colombiano Andrés Parra, el mismo que revivió al histórico narcotraficante Pablo Escobar en “El Patrón del Mal”, será quien interprete al expresidente venezolano fallecido el 5 de marzo de 2013. La compañía norteamericana aseguró que “por las dimensiones del proyecto, la serie es la producción en español más ambiciosa de SPT a la fecha”.

Desde Caracas, no tardaron en llegar las críticas a la iniciativa. Para el diputado chavista Diosdado Cabello, esta serie busca “hacer daño a la memoria del comandante” y aseguró que disponer del actor colombiano representa una provocación. Además, afirmó: “Estoy seguro que el imperialismo tiene la mano metida en esto”. Hay que recalcar que Sony no solicitó autorización alguna a los familiares del líder socialista para llevarlo a un personaje de ficción.

Nada más expresivo que el slogan utilizado en el afiche promocional: “El poder de la pasión y la pasión por el poder”. Cabe resaltar que la expresión “la pasión por el poder” está en color rojo escarlata, rojo sangre, dando un abre bocas de lo que será esta serie que tendrá 60 capítulos de una hora.

Angélica Guerra, quien pertenecía a la cadena colombiana Caracol TV, ahora es vicepresidenta de contenidos y directora general de producción de América Latina en Estados Unidos de Sony Pictures Television. Guerra afirmó que son ambiciosas las expectativas que ostentan con esta nueva producción que proyecta ser parecida a las narconovelas de los últimos años pero combinada con el drama televisivo estadounidense. Igual de ambiciosos serán sus nuevos roles dedicados al mercadeo estratégico y su relacionamiento con los medios archienemigos de Venezuela: Fox, Telemundo (del multimillonario Carlos Slim) y la xenófoba NBC.

No hay que olvidar que precisamente fue Caracol TV uno de los canales más activos en los momentos más tensionantes del gobierno bolivariano, colaborando sin reparo a las campañas internacionales de “propaganda negra” contra la democracia venezolana, difundiendo actos de vergonzoso desprestigio como los protagonizados por Luis Carlos Vélez, exdirector de Noticias Caracol y vicepresidente ejecutivo de noticias de Telemundo en Estados Unidos, quien no escatimó esfuerzos para burlarse de las complicaciones de salud de Chávez.

Seguramente la serie tendrá un alto rating, sobre todo en Miami, donde reside la alta gama de contrarrevolucionarios anticomunistas quienes defenderán a capa y espada todo lo que sea animadversión contra Cuba y Venezuela, lógicamente con el apeo de las estructuras del Pentágono.

No es extraño entonces que en 2015 en Venezuela, tres días antes de estrenarse “La Reina del Sur”, se hayan prohibido las narconovelas, pues los trastornos mexicanos y  colombianos son de exportación mundial, como lo exaltan producciones “exitosas” como “Las muñecas de la mafia”, “Sin tetas no hay paraíso” o “El cartel de los sapos”: prostitución, paramilitarismo, dinero fácil y violencia por doquier.

Por simplicidad, es natural desconfiar del contenido de esta serie. La mirada de Andrés Parra traduce odio y maldad, no carisma y entrega como lo que representa el comandante (sin comillas para este cronista). De Sony ni hablar, una compañía transnacional que impulsa la guerra contra Corea del Norte no puede hacer otra cosa diferente que denigrar a uno de los dirigentes más apreciados de todos los tiempos sin guardar fidelidad con la historia.

En este caso, aplica perfectamente el punto número 5 de las “10 Estrategias de Manipulación” expuestas por el lingüista Noam Chomsky: dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental.