641 razones para acampar en el hall de un hospital (I)

Fotos y texto por Mariano Bruno

A dos meses del acampe de los trabajadores del Hospital Posadas frente a la falta de respuesta del gobierno por los 641 cesanteados, realizamos esta crónica de una lucha que, lejos de concluir, aún se mantiene en pie.

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Las CGT y CTA deciden si van al paro por el veto de Mauricio Macri a la ley antidespidos; Margarita Barrientos explica porque no va a ver al Papa; Racing despide a Milito que se retira del fútbol profesional; la editorial de algún diario elogia a la Gobernadora de la provincia por sus comentarios sobre meritocracia visto como un valor que debe ser aprendido; los medios públicos te invitan a través del hastag #CederLaPalabra a construir un diálogo desde las coincidencias y desde las divergencias y Iudica a reflexionar sobre la grieta; Mirtha llora por los pobres junto a su empleada Juanita; el gobierno se pregunta el proceso de creación de una empanada, destacando a los distintos actores involucrados en un spot de TV mientras homologa un acuerdo entre el Registro Nacional Trabajadores Agrarios y el gremio UPCN que permite echar entre 600 y 800 trabajadores del organismo; “Lázaro Báez” titula durante semanas algún otro diario a la par de despidos en el Estado y el avance hacía una política de flexibilización y tercerización laboral; docentes, no docentes y estudiantes de universidades públicas marchan por el presupuesto y salarios; las CGT y CTA también se movilizan; despiden talleristas y se cierran programas sociales; la inflación, en alza; la canasta básica aumenta un poco más de tres por ciento; los maestros en Provincia anuncian un paro; condenan a cuatro años al exsecretario de Seguridad de la Alianza por la represión del 2001; Messi es tapa de Sports illustrated; cooperativistas y organizaciones sociales sostienen una vigilia frente a Plaza de Mayo previo al 25 de mayo; la Plaza amanece vallada; Bullrich agarra gente en Belgrano queriendo incendiar un auto, dice que iban a la plaza; el ministerio de Justicia de la Ciudad dice que eran anti Ubers; Macri come locro en privado; se cumplen casi 200 días de su gobierno.

Estos son algunos de los hechos relevantes, noticias y eventos triviales que circularon durante los últimos más de dos meses en los medios de comunicación. El mismo tiempo que llevan 641 trabajadoras y trabajadores despedidos del Hospital Posadas durmiendo en el hall de entrada. Poco se sabe del acampe. Esta vez no existe una cobertura mediática en el Hospital cómo cuando fue el famoso incidente del tomógrafo en febrero tildado de boicot. A no ser por las diez mil personas que atiende diariamente la institución, pocos ven a las y los acampantes: empleados del hospital cesanteados por el Ministerio de Modernización. Las noticias que circulan por medio de la encargada de realizar la comunicación del Hospital, Malena Lobo, hermana del periodista Guillermo Lobo, parecen no tener rebote en los medios. O no les llega.

La institución fue construida a fines de los años 1950 como iniciativa de la Fundación Eva Perón, proyectado y diseñado por el Ministro de Salud Dr. Ramón Carillo durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón. Tiene una historia marcada por la dictadura cívico militar a la que no escapó. El 28 de marzo de 1976, a cuatro días del inicio de la ocupación ilegal del poder por parte del ejército, el hospital fue intervenido. Se tuvo conocimiento de que un grupo de médicos del hospital pertenecía al “ERP 22”, y formaban parte de la escuela de postas sanitarias para prestar apoyo médico a Tucumán y que funcionaba como centro de adoctrinamiento ideológico y de apoyo a la subversión. Esas fueron algunas de las causas que se utilizaron de excusa para intervenir y utilizar el predio de 72 mil metros cuadrados como centro de detención, dejando once desaparecidos.

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Manuel Molina, integrante del acampe y miembro de la Comisión de Cesanteados del Hospital Posadas es con quien me contacto y recibe en el acampe. Fue despedido de la Dirección de Derechos Humanos. Me cuenta que todo comenzó el 15 de marzo cuando empezaron a llegar los telegramas de despido que alcanzaron un número de 641 de todas las áreas del hospital. Que al principio contaron con el apoyo de los gremios que participan en el Posadas pero que se fue diluyendo al pasar de los días. Entonces se organizaron de manera autónoma sufriendo el boicot de UPCN y ATE. “Cumplieron el rol de asustar a los compañeros y dijeron que había una mesa de negociación”, dice Molina sobre los dos gremios estatales más importantes del país. Pero ni la mesa de negociación ni los dirigentes se hicieron presentes. El acampe continua.

Cuando llego al hospital el acampe se mezcla entre la suciedad de un lugar que, a no ser por algunos médicos caminando entre los consultorios y las salas de espera llenas, no parece un centro de salud. El mismo hall que comparten algunos pacientes es donde los trabajadores despedidos decidieron acampar en forma de protesta. Algunos médicos pasan a tomar un mate entre sus rondas. Otros los aceptan como forma de paisaje.

Mientras algunos desayunan, dos de sus compañeros que estuvieron acompañándolos durante la noche duermen. Luego me enteraría que uno de ellos no es trabajador del hospital, que está ahí para acompañar a su amiga Celeste. Votó a Macri, me cuenta ella, pero ahora está acá bancandome.

Los gremios que sí los apoyan son el STS (Sindicato de Trabajadores de la Salud) y la CICOP, que nuclea a los Profesionales de le Salud de la Provincia de Buenos Aires. Según Manuel Molina su dirigencia siempre estuvo acompañándolos pero los médicos no tanto. “Ellos medio estaban de acuerdo con esto de la reestructuración y de los despidos, no decían nada en contra pero tampoco se comprometían. Ahora cambió el panorama porque les está tocando a ellos. A medida que la gestión avanza, empieza a flexibilizar y a tocar otras áreas, comienzan a darse cuenta que les va llegando la hora a distintas personas del hospital”, me cuenta y explica que no es por paritarias “algo que todavía no se discutió”, sino porque la dirigencia comenzó a colocar jefes de los sectores profesionales como en cirugía sin consenso con ellos.

Mientras hacemos la nota, la televisión trasmite en vivo el veto del presidente de la ley anti despidos desde Cresta Roja, la empresa avícola que reincorporó mil trecientos de los más de tres mil empleados despedidos en los últimos cinco meses. La prohibición de despedir trabajadores, a su juicio, limita la libertad. El cepo laboral como lo titula Infobae duró menos de 24 horas. Hablando del tema, Molina recordaría las palabras del presidente sobre el hospital en su primer discurso de aperturas de sesiones legislativas el primero de marzo: “La salud pública también tiene enormes desigualdades y problemas estructurales, empezando por el PAMI, institución responsable de cuidar a nuestros queridos abuelos, en el que hemos encontrado despilfarro y corrupción como en las peores épocas, y siguiendo, el uso de los recursos para la militancia política, como el caso del Hospital Posadas”. Los telegramas estarían al caer.

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Alguien me muestra con indignación una noticia en su celular en referencia a las palabras de María Eugenia Vidal disminuyendo la protesta del día anterior en la legislatura bonaerense por la ley de emergencia, específicamente por la tercerización de los auxiliares de las escuelas. Ella es Graciela, es paciente del hospital pero se quedó a bancar el acampe, me cuentan. Su historia merece un capítulo aparte. Pero es imposible no relatar algo. “Yo siento que está también es mi lucha”, dice antes de que le pregunté por qué está ahí.

Graciela tiene 49 años, trabaja en una fábrica textil de flores, “ahora estoy prácticamente despedida de mi trabajo”. Siempre estuvo en situación precaria. Junto con tres compañeros hace poco fueron a pedir por sus derechos laborales y la respuesta fue que agradecieran que tenían trabajo. Le pregunto por la fábrica, cómo se llama y qué marcas confecciona. Me dice que por miedo a perder el trabajo definitivamente prefiere no dar ninguno de esos datos. Graciela está en el hospital realizándose estudios complementarios por un cáncer de mama, “paso más tiempo acá que en mi casa” me dice. No tiene familia. En su casa llegaron cinco mil pesos de agua y en AYSA, cuando fue a realizar el reclamo por no poder afrontar la cuenta, le dijeron que primero pague y luego reclame. Mientras espera los resultados de sus análisis está pensando en cómo solventar los gastos de su medicación. Me cuenta que en diciembre logró iniciar el trámite para ingresar en la lista de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) para la cobertura del cien por ciento de los medicamentos que necesita. Nunca recibió una respuesta.