Ángel Cappa: “En el fútbol aprendimos que nadie es más que todos juntos”

Por Gabriel Casas.

Sigue el diálogo entre Buenos Aires y Madrid, entre el periodista y el ex Director Técnico, Ángel Cappa. Los sueños viajan hacia la posible creación de una Liga Villera de Fútbol que andan pergeñando algunas organizaciones sociales y el Profe Signorini. Sobre eso habla Cappa, y nos dice: “Los que mandan necesitan consumidores sumisos, por eso impusieron que solo vale ganar”.

 

Hola Ángel, ¿cómo va todo por Madrid?

Te escribo para contarte que estoy entusiasmado con lo que se está generando con el fútbol en las villas de Capital Federal y el Conurbano de Buenos Aires para tratar de armar una liga que englobe a todos esos barrios y llegar a que la AFA los reconozca como un eslabón más de la cadena. Me imagino que estás al tanto porque tu amigo, el profe Fernando Signorini, es uno de los impulsores del proyecto de crear una Liga Villera.

Uno no puede dejar de pensar en Maradona, Riquelme y Tévez como los exponentes más geniales y mediáticos que salieron de las villas y fueron ídolos en la Argentina y en el mundo. Aunque seríamos también injustos con el Loco Houseman y tantos otros que vienen de cuna villera sin tener tanta repercusión en los últimos tiempos. El fútbol (bah, el deporte en general) debe ser visto como un camino de progreso en estos barrios tan golpeados por la desigualdad social, para que los chicos y chicas tengan un futuro mejor. La educación siempre es la base, obvio, pero el fútbol puede llegar a ser el primer paso para insertarse rápidamente con ganas y cambiarles la dura realidad diaria.

El proyecto es muy ambicioso, pero cuenta con un escollo muy difícil de superar: ¿Cómo se convence a los dirigentes de la AFA de que se reconozca a la Liga Villera como una competencia, o que si promueve a jugadores a clubes de primera, éstos les reconozcan el derecho de formación a los clubes de las villas? Ese es uno de los objetivos de Signorini. Los reclutadores de las instituciones también se enteran de quienes la rompen jugando en las villas y enseguida, como primer paso (imagino que “seduciendo” con promesas a sus familias y dándoles un pequeño incentivo económico), lo llevan a un club de los reconocidos entre los amateurs o, incluso, hasta los llevan directo a probarlos en las inferiores de los de Primera. Por dar un ejemplo, entre los más conocidos, podría ser el club Parque (de donde salieron tantos futbolistas para Argentinos Juniors y después lo “copó” el Boca de Macri). Esos reclutadores tienen conexión con los representantes o con dirigentes de esos clubes, que ya ven a los pibes como a un negocio.

En mi época estaba el potrero entre las clases bajas y media donde jugábamos al fútbol. No se habían desarrollado, lamentablemente como hay ahora, tantas villas en Buenos Aires y con la densidad de población que las habita. Pero el potrero era un lugar para entretenernos jugando a la pelota y nada más. En las villas, en sus canchitas, sucede lo mismo. Y estaría bueno que, sin perder ese sentido lúdico por el fútbol, los que jueguen en sus clubes y den un salto grande después, la AFA se lo pueda devolver haciendo valer los derechos formativos. Eso mejoraría la situación, no sólo del que llega, sino de los que quedan en el camino y también de los lugares e instalaciones para jugar al fútbol en las villas.

Recuerdo que el año pasado, cuando viniste a Buenos Aires a presentar el libro que hicieron con tu hija María, cuando fuimos al Bajo Flores invitados por los compañeros de La Corriente Villera Independiente fue en uno de los lugares donde más cómodos nos sentimos y donde mejor nos recibieron. Los que menos tienen suelen ser los que más dan. Es hora de que la tortilla se revierta. Y más en estos tiempos tan aciagos, de tremendas desigualdades sociales que están atormentando tanto a las clases más vulnerables de nuestra querida Argentina.

El abrazo de siempre.

Gabriel.

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Hola Gabriel.

Como ya sabés, las clases dominantes, amparadas en la crisis que provocó el poder económico, apuraron la transferencia de los bienes comunes a sus patrimonios. Es decir, nos robaron lo que nos pertenece junto con los derechos sociales y laborales, para aumentar obscenamente sus beneficios.

Y, entre otras cosas, también el fútbol corrió esa suerte. Cuando este juego que nos da identidad y nos permite expresarnos con orgullo, con alegría y que contiene muchos de los valores que nos ayudan a vivir con dignidad, nos fue arrebatado por el negocio, se transformó en otro objeto de consumo.

Los que mandan necesitan consumidores sumisos, por eso impusieron que solo vale ganar, ya que dividen el mundo en ganadores y perdedores. Por supuesto los ganadores son ellos, el 1%, y los perdedores todos los demás y particularmente la clase trabajadora.

Si ganar es lo único, según el punto de vista empresarial que predomina, el juego pierde importancia. No interesa. El que gana tiene razón y recibe todos los elogios juegue como juegue.

Pero resulta que nosotros nos identificamos precisamente por el juego. Es el juego, o era, lo que nos da el orgullo y el respeto que difícilmente se consiguen en la calle.

Es el juego que nos permite el placer y nos acerca a la belleza y a ese sentimiento de plenitud que genera.

En otras palabras y sin pretensiones filosóficas, el juego nos permite ser en el sentido más profundo del término.

Sin embargo, este sistema en el que vivimos nos empuja a tener y a competir contra los demás.

En el fútbol, sin embargo, aprendimos que nadie es más que todos juntos.

De modo que con el juego, nos quitan también nuestra manera de ser.

Por eso, amigo Gabriel, este proyecto del que me hablás es alentador. Nos devuelve la esperanza de poder ir recuperando lo que nos pertenece y nos robaron.

Claro que no solo se trata de fútbol, sino de juntarnos para reclamar y exigir los derechos que quedaron por el camino: sanidad, educación, servicios sociales, una vida digna.

Ya que mencionaste nuestra visita al Bajo Flores con la Corriente Villera Independiente, lo tengo como un ejemplo de la lucha inteligente para recuperar todo lo que nos quitaron. Para aspirar a una vida entre iguales, justa y realmente libre y democrática.

No puede haber democracia con tanta desigualdad como la que estamos viviendo.

Como han dicho tantos luchadores sociales y políticos: democracia y capitalismo son incompatibles, como podemos comprobar.

Pronto estaré en Buenos Aires, y espero volver a ver a los compañeros de la Corriente Villera, para saludarlos y agradecerle todo lo que están haciendo junto con la gente de esa villa.

Son esas luchas sociales, que hay muchas en Argentina, ante tanta injusticias que están sufriendo las que alientan la esperanza de un porvenir mejor.

Un abrazo Gabriel. Hasta la próxima.

Ángel Cappa.