Piquetero

Piquetero

De Autor 25 abril, 2017 0

Por: Quimey Figueroa / Ilustración: Cabro

 

1

Piquetero
Pobre
Sucio
Irrumpe el paso
Dice que tiene hambre
Dice que tiene hambre
¿Por qué no trabaja?
Que limpie vidrios
Que corte el pasto
Que junte basura
¿Cuántos hijos tuvo?
¿Cuánto vino compro en la semana?
Y encima desea zapatillas nuevas!
Piquetero
Pobre
Sucio
Su primer hijo roba
Su segundo hijo, droga
Su tercera hija trola
Y la moral ¡Dios Mio! ¿dónde?
¿y mis derechos dónde?

2

Piqueterx
Pobre
Digno
Sueño
Me cuesta porque tengo hambre
Pero sueño
No tengo trabajo entonces lucho
Corto
Incendio
El vuelto de lxs demás ya no me alcanza
Mi primer hijo robó
porque tenia hambre
Mi segundo hijo drogó
poque tenia hambre
Mi tercera hija trola
porque tenia hambre
¿cuántas veces tuviste vos
en la panza un vacio
y en las manos nada?

Y el amor ¿dónde?
¿Y mis deseos dónde?

 

***

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Poema para Micaela

Poema para Micaela

De Autor 11 abril, 2017 0

 

Por : Sol Amancay / Fotografia: Agustina Salinas

 

Me pegaron en la jeta y salí con fuerza brava a contener mi furia,
ahí estaba sola y el mundo ignorando mi voz temblante.
Me usurparon todo el cuerpo
humillaron mi tierna niña fatigada
por la infecta infancia,
ahí estaban ellos consumiendo mi belleza.
Caminaba por la calle
no me me importó la solida penumbra,
el canto de la oscuridad,
la sombra luz de la luna,
pero allí estaban ellos
para ultrajarme, violentar todo mi cuerpo, violentar mis fatídicas manos y tirarme al olvido descampado.
Soy yo el mundo en la intriga de la muerte
Soy voz lejana que se incrementa en las manos de una poetisa joven
como cuando yo estando viva…
Fui materia relativa
me mataron,
no tengo cuerpo ni paz,
no habrá eternidad que respete las lágrimas de esta congoja
de mis familias destrozadas
de mis revelaciones suspendidas
de mis ojos en el horizonte
de mis sorpresas por el insólito hecho que llamamos vida.
Mi cuerpo ahora es autopsia
Mi cuerpo ahora es furia
Mi cuerpo ahora es rabia
Mi cuerpo no encuentra el cómo
Mi cuerpo infinito y su relación con un mundo de terrible esclavitud.
No puedo dejar de llorar,
entonces lluvia.
¿Ahora mis cicatrices le explicarán algún juez nefasto?
Ellas están sufriendo por un abandono que no es legítima relevancia en la democracia de los hombres
y cuántas más tendremos que ahogarnos en pasillo de lineas cobardes de soberanos ilustres y asesinos.
Soy mujer y me mataron por ellos,
y aunque encuentro mil razones en la ontología de este pueblo
ellas no me olvidan
ellas no bajan la guardia
luchan
alzan sus manos en el viento
pintan carteles con mi nombre
gritan con el pecho entrelazado a mi memoria
desnaturalizan toda figura relativa a nuestra entidad de escalonada decadencia.
Ahora no descansaré
ahora no podré estar entre ustedes para destruir esa figura inminente que lo es todo
ahora seré eterna como tantas otras
ahora seré impulso de guerreras.

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Mónica

Por Andrés Alvarez

 

La miro de reojo

está mojada igual que yo

por esa lluvia que nos acompañó

durante la mañana.

Aunque hay varias personas

a nuestro alrededor

sólo me fijo en Mónica.

 

Quedamos a un costado

mientras ella escucha yo la observo

uno

dos

tres relatos.

Historias de pibes pibas con sus vidas

buscando un cauce y arrebatadas

en un suspiro.

 

Prende un cigarrillo

cierra los ojos

mientras el papel se va quemando

qué pensará.

Una pitada que parece eterna

y que posee el único destello naranja

entre los grises de este día de invierno.

 

Termina uno de los relatos

abre los ojos vidriosos

piensa en su negrito, que estuvo ausente

5 años y 8 meses.

Aplaude

arenga

tira el cigarrillo y va hacia el micrófono.

Ahora es su turno.

 

                                                             A Luciano Arruga

.
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COSMO BAR

COSMO BAR

De Autor 15 noviembre, 2016 0

Por Cabro/ Ilustraciones por Gustavo Ramos

 

 

Caete por las escaleras

rodá por el piso
escribí lo más rápido que puedas.

Se subió al columpio
pero no se columpiaba.
Abrió la noche como una boca
negra, negra, estrellada.
Y las estrellas eran dientes
y la boca no hablaba.

Subió a la noche (pero no se anochecía)
Le dolía la muela
de agujero negro
o de mina explotada a cielo abierto.

Bostezo la noche
expulsando microbios, gérmenes y cometas
“…escribí lo más rápido que puedas si vivís en la Vía Láctea…”
Decía la cumbia.

Quisiera decir que “en el lúgubre bar había luces de neón”
Pero no había.
El aroma a pizza de cebolla inundó el lugar
dejando una estela cósmica a su paso.
El cenit lunar daba justo en el ombligo desnudo de una morocha flequillo eston
que bailaba, bailaba. Y esa era toda su existencia.
Paso un pibe,
me dio una estampita de San Pantaleón
yo le dí una figu de Astroboy

Dijo un borracho:
“la 844 es un flipper
y nuestra deambular -existencia bolas plateadas,
alucinadas. Chocando y rebotando
entre las calles y la música sonidera
como los astros del universo
o del espacio sideral.
Como los astros del universo en el espacio sideral.”

“Rodando, desorientados, mareados”
Y dijo de nuevo:
“He venido hasta aquí
con el corazón destrozado
a bailar cumbia.”

Movimiento de caderas intergalácticos.
A San la Muerte lo conocen en Corrientes y en Plutón.
Yo volví la mirada a tus ojos pintados, colgados
suspendidos en el universo.
Y sentí la verdadera tristeza de la cumbia
que sonaba alegre.
Y mi corazón fue de cometa Halley
y también fue un astro solitario, suspendido.
No sé,
después te fuiste, tus ojos y tu minifalda.
Fue una relación fugaz, fugazzeta.

En la fracción atroz de año luz que duró
me sentí solo.
En medio de la nada.
Mientras el universo seguía girando al compás de la cumbia.

Volvió a bostezar la desolada boca de la noche.

San Francisco Solano, Septiembre 2007

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El cuervo blanco

El cuervo blanco

De Autor 1 noviembre, 2016 0

Por Anahí Cao * / Ilustraciones por Alejandra Andreone 

 

Dorada plenitud del movimiento inicial.

Humedo temblor que inicia la vida y la muerte latido.
Todo mi cuerpo siente, palpita.

***

Presiento las profundas respiraciones del mar.
Quiero adentrarme en la sed
en el calor ,en el pulso ­
en el deseo que insiste desde antes.

Yo soy el fuego ahora.
Soy el fuego una tormenta rojiza.
Soy una tormenta. No tiemblo

Me conmueve el olor de la fruta
la certeza en el tacto
la humana oscuridad
los nacimientos
el agua
la madera.
Siento la profunda claridad , la delicada emoción que se abre como un río.

 

***

Me hundo en el latido. la respiración asciende y conserva la vida.
Siento la placidez de la noche suspendida, la húmeda boca en el suspiro.
Su gratitud.

***

Quiero despojarme de mí.
Quemo todo , que arda , que confunda su cuerpo en el rio.
Tengo necesidad de saciarme
de encontrar el equilibrio que goza de quitarme la angustia.
Quiero sentir el perfume tibio de los jazmines blancos
y que se prolongue la dicha

***

Yo soy la vida en el oído, una respiración ,un cadáver, una mujer.
Quiero despojarme de mi
Sentir el amor colmado, la fiebre, los olores.
Yo soy la propia muerte, un par de zapatos, los pies descalzos.
Soy un mamífero que descansa y experimenta el mundo.

 

***

Todos los vientos me traen de regreso a la vida: late el amor en el viento
tiembla en la luz ,en el perfume.
La espuma tiembla en espirales de humana sed.
Siento la semilla, el ansia roja ,el grito.
El cuerpo que nace tiembla y envejece.

***

Me conmueve el olor de la fruta ,la claridad del fuego, la certeza en el tacto: la vida irracional que goza de si misma en un profundo deseo. Quiero soltar el sentimiento profundo de la tierra. Ser el aliento, la semilla pariendo su verano.

***

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*Anahí Cao es docente, trabajo en cárceles del conurbano como profesora en letras, es parte de la asamblea autoconvocados contra Ceamse Gonzalez Catan y columnista en Radio Semilla ( IMPA). Actualmente integra la secretaria de cultura del sindicato suteba La Matanza.

Estos poemas forman parte de “El cuervo Blanco” su quinto libro, publicado en octubre de este año.

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Ya esta pasando (segunda parte)

 

Por Fernando Catz/ Ilustraciones por Cabro

 

– I I –

Es raro cómo funciona la cabeza. Al acercarme al primer objetivo, mi mente estaba tan desierta como la calle húmeda esa madrugada. Mientras rompía el candado no pensaba en lo que iba a hacer. Lo había repasado una y otra vez los días anteriores. Cuando conseguí abrir la puerta oxidada, aparecieron las palabras de Mariano. Yo avanzaba por las alcantarillas (o debería decir cloacas, al fin y al cabo no soy una tortuga ninja) y la conversación se fue filtrando entre los olores de las aguas servidas.

-Vos sí que te tomás al pie de la letra lo escatológico… Escatología viene de escathos, que en griego significa lo último. En la teología se llama así a la doctrina de que la historia tiene un sentido, y un punto de llegada. Unos marxistas críticos se arrepentían de haber tenido una versión atea, en la que la humanidad se dirigía a un paraíso terrenal. Walter Benjamin también cuestionaba esa visión optimista de la historia, decía que la tragedia se derrumbaba sobre nosotros todo el tiempo. Pero él rescataba la cosa mesiánica. Vos sos como ese ángel de la historia, que quiere detenerla y no sabe cómo…

-Qué interesante lo que decís. Mirá, anotámelo acá en esta servilleta, la verdad que ahora no puedo entender nada de eso. La cabeza me da vueltas.

Tenía que replantearme los caminos que me había trazado. No podía avanzar. Los caños estaban taponados, clausurados o simplemente no coincidían con los planos viejos que le había comprado a un empleado en edad de jubilarse. Mientras tanteaba en lo oscuro y me resbalaba en el musgo o quién sabe qué, no me preocupaba por nada de lo que vendría después: las explosiones, la podredumbre invadiendo todo, las epidemias, el caos y la necesidad de unirse para sobrevivir.

Entre los reflejos de la linterna y el susurro de las corrientes fue apareciendo en detalle aquel momento sentados en la barra. Una conversación de borrachos no se sabe cómo empieza ni dónde termina, a veces ni siquiera cómo salta de una cosa a la otra. Sin embargo, tiene un sentido, que va más allá de la confusión de los participantes. Es la charla ideal, el summum del arte de la conversación. La esfericidad de la charla alcohólica hace que se pueda subir por cualquier lado, en cualquier momento, como una calesita que no para. Pero esa no era cualquier charla con cualquier borracho. De hablar generalidades pasé a increparlo y suplicarle ayuda, a medida que me dí cuenta de que lo conocía de antes.

-Yo ya no sé qué hacer. Intenté todo. Primero pensé que no podía ser el único, busqué gente que se hubiera dado cuenta, que estuviera más preparada que yo. Intenté con gnósticos, metafísicos, investigadores de complots, alquimistas, cabalistas. Algunos eran locos, otros estafadores, a lo sumo hacían negocios new age con sus creencias superficiales. Vos me tenés que ayudar. Yo no sé hablar, convencer. Alguien tiene que hacer algo. Yo tardé en darme cuenta, nos pasa enfrente de las narices a todos… Pensé que ustedes lo entendían, con sus anuncios del derrumbe del capitalismo…

-Pará, ¿ustedes quiénes? A quiénes le estás hablando, si acá estoy yo solo…
-Bueno, me entendés, los zurdos, los comunistas.

Estaba cambiado, parecía quince años más viejo. Estaba vestido igual de desprolijo. Era la cara lo que era diferente, los ojos se le habían apagado. La lengua se le fue soltando, regada por el vino de oferta, hasta volver a ese estilo entre una clase y una arenga. Hablaba como haciendo una larga broma filosófica que yo no entendía, y en esos momentos la cara se le iluminaba. Ahí reconocí al jovencito altanero que me había cruzado unos meses antes. Fue después de la revelación, cuando yo estaba hiperactivo. Iba a tientas pero la desesperación me movía. Me había pasado ese día leyendo en la biblioteca de la universidad desde su horario de apertura. Se me acercó un tipo y me dijo que tenía que irme, que iban a cerrar. La universidad estaba con huelgas por unos recortes presupuestarios. Salí embotado, perdido en mis pensamientos. Sin darme cuenta terminé en medio de un torrente de jóvenes. Era una asamblea estudiantil. Algunos sentados, otros parados, formaban un gran círculo en torno a un megáfono sobreexigido. Se acumuló un ambiente de pasión y ansiedad donde descifraban atentos las proclamas y denuncias. Se atacaban unos a otros, competían en la radicalidad de sus propuestas, desnudaban los síntomas de la crisis mundial. Insistían en echarse mutuamente culpas, el clima se iba enardeciendo. Descubrí que cualquiera podía anotarse para hablar y lo hice, quedé en el lugar cuarenta y seis. Reescribía en mi mente el discurso que iba a dar frente a cada nueva intervención. Temí perder mi turno cuando explotó una rencilla, mociones de orden cruzadas, cánticos y amagos de trompadas.

Ahí me llamaron para tomar la palabra. Mi aspecto desentonaba, me miraron con sospechas y se hizo poco a poco silencio. “Todos tienen razón. La crisis económica, el hambre, la desocupación, la represión, las guerras, la corrupción, son expresiones de un mismo mal”. Un comienzo de aplausos me envalentonó. “El desafío que se nos presenta es demasiado grande si no somos capaces de unirnos”. Esa mayoría silenciosa y dispersa entre los convencidos, se agitó aprobando mi muestra de sentido común. “Estamos en la última etapa de lo que conocemos. Estamos frente al fin, el fin del mundo.”

La asamblea estalló en aplausos. No eran de aprobación sino una ovación de burla. Risas, chiflidos y gritos irónicos de festejo. Conseguí unir a la masa, aunque fue para despreciarme. No era un servicio de inteligencia como alguno pensó al principio sino nada más un loco. Salí rápido por un costado, confundido. En mi cabeza se amontonaban los pensamientos: “Está bien, ahora son felices, pueden aprobar su huelga estudiantil. Qué se les puede pedir, son jóvenes, son ingenuos. Yo, mientras tanto, ¿qué puedo hacer frente a la terrible nueva que llevo?”.

-Vos tenés experiencia, tenés que ayudarme a sumar a los que son como vos, saben organizarse, estudiaron… ¿Cómo no se dan cuenta de que el problema es otro? A la gente no le importa que denuncies el capitalismo porque eso es lo que les gusta. Pero nadie quiere que todo se acabe. Yo siempre fui un tipo normal, o sea, nunca me metí en nada raro, me dediqué a laburar, tener mi pareja, mejorar en la medida de lo posible…

-¡Vos sí que pasaste de integrado a apocalíptico!

-No entiendo de qué te reís…

-No importa, era una broma por el título de un libro.

Después de esa asamblea, por primera vez me atrapó la desesperación. Saber que el mundo acababa me puso frente a la urgencia, sin embargo, siempre pensé que alguien podría conseguir pararlo. Ahora sentía que no podía quedarme de brazos cruzados pero ya no sabía qué hacer. Empecé a vagar por las calles. Me hice habitué de los bares de borrachines, tenía un circuito que estaba cerca de las estaciones de trenes. La plata empezó a irse cada vez más rápido, nada más en escabio, el que tomaba y el que convidaba.

No me asombró cuando un tipo se sentó al lado mío en uno de esos bolichitos sucios y siempre abiertos. Tampoco que en seguida estuviéramos compartiendo las bebidas que pedíamos alternadamente. De a poco noté que el que me tiraba la lengua era el pibe que conducía esa asamblea.

-Ves, vos sabés de libros, yo nada más leí cosas de internet, qué sé yo, las cosas pasan enfrente de todos, hay que conectar un poco, hacer dos más dos… ¡Aunque sea que se den cuenta! ¿Vos te creés que yo quiero hacer esto? ¿Que me siento bien? Si pudiera ser parte de algún tipo de congregación… Estoy desesperado, ¡hagamos algo!

-Bajá un cambio, amigo, que porque me apures o nos inmolemos ahora mismo no va a cambiar nada. Si en el fondo, ¿qué somos? Dos fisuras, mirá alrededor. ¿Le llamamos la atención a alguien acá? No, porque somos dos perdidos más. Así que tranquilizate, acá estamos en pedo charlando, con estas botellas vacías- agarró una en cada mano y las movió como si estuvieran bailando.

-Bueno, dale, ok, somos intrascendentes.

-Despreciables, esa es la palabra. Matemáticamente hablando, ¿no?

La risa de Mariano me daba bronca, pero al mismo tiempo le tenía respeto. Por lo menos el que uno tiene cuando necesita aferrarse a alguien como la única salvación posible. Me puse a mirar el televisor para sacarle la vista de encima y tragar la bronca. Después me distraje con los borrachines del bar que gritaban las jugadas del partido y se hacían burlas que a veces yo no entendía. Ahí escuché un sollozo. Mariano estaba masticando el llanto adentro de su brazo doblado.

-En el fondo tenés razón, viejo. No creo nada de esas cosas religiosas. Igual es verdad, no hay salida, es el fin, el fin. Yo intenté tirar a mi grupo a algo más práctico, empecé a hacer propuestas que se salían del cotillón tradicional. La gente prefiere mantener su identidad, sus banderitas, eslogan, a jugársela. Cuando propuse otra cosa, me echaron. ¿Cómo te hacés militante? Conocés a alguien donde estudiás o laburás. Empezás a participar de alguna actividad, te sumás a un colectivo. Construís una imagen de vos, una cultura común, compartís lugares, música, maneras de vestirte. Le dedicás cada vez más, tus amigos, pareja, tiempo libre, todo pasa por eso. En un momento, ahí es donde estás vivo. El resto es como dormir, algo necesario pero afuera de lo vivido. La realidad es en lo nuevo. Ahí te sentís despierto, el resto es sueño. Y un día eso se acaba. Se siente como la muerte en vida. ¿Quién va a poder entenderte?

Cuando armaba la primer carga, no prestaba atención, nada más lo hacía, mecánicamente. Sí aparecía esa charla como si fuera una película proyectada desde adentro de mi nuca. Rociaba los catalizadores sobre los cartuchos, les insertaba los detonadores e imaginaba a mi lado a Mariano, como ese día en el bar, divagando borracho, dándole vueltas al tema, mientras yo asentía de vez en cuando y mi cabeza iba por otros caminos.

-Pueden ser verdad tus profecías, no tengo manera de saberlo. Da igual. Una vez que estás adentro de eso, que lo sentís, cosas como la plata, el tiempo, el cálculo de interés o por lo menos de supervivencia, conveniencia digámosle, parecen chiquitaje. Si ese vivir verdadero se evaporó, no queda otra que resignarse, reconstruirse de algún modo, como si nada hubiera pasado. Pero hay algo que no se va, la sensación de que esto, lo que queda, no es real, sigue siendo ensueño, engaño, que no estoy acá para vivirlo. Entiendo entonces a los que quieren inmolarse, es una forma que te hace creer que sos menos cobarde al suicidarte.

No era casual que pensara en esa conversación. Capaz los momentos clave de la vida de un hombre no son cosas como su graduación o su matrimonio; esas son el resultado de otro momento anterior, perdido entre sus cosas cotidianas. Encontrar el punnto donde cambió de rumbo nuestra vida es como cuando estás de resaca y querés saber cuándo te tomaste la copa de más. No importa que la conversación que se aparecía en mi cabeza no fuera exactamente como fue ese día con Mariano. Capaz era una reconstrucción mía, una manera de racionalizar, acostumbrado a mis diálogos solitarios… No, no es locura, es una forma diferente de entender, cosas que exceden la mente humana y aparecen así, como una iluminación, una noche en un bar de Constitución.

Y entonces, ahí estaba, poniendo la tercera carga. Sin elucubrar. Aunque estuviera agitado, empapado. En un caño me había encontrado con un montón de basuras que me obstruía el paso. Cuando lo pisé, noté que era alguien durmiendo. Los golpes chapotearon en la oscuridad. El linyera tampoco debía sentir ya los olores ni los pensamientos. No sé si respiraba cuando lo dejé.

En la antigüedad, cuando llegaba un mensajero con un mal presagio, se lo sacrificaba. Hoy nos llegan juntas todas las noticias posibles, las buenas, las malas, las falsas. Cada uno elige, a la verdad se la mata ignorándola. Me sentía como un vidente del presente. ¿Cómo diferenciar a un devoto sin iglesia de un psicótico? Una persona que alucina es un loco, miles son una religión. No me pregunto qué los diferencia, sino cómo hacer para pasar de una a otra. Fracasé en el camino “hazlo tu mismo” del movimiento milenarista. No me daba para profeta, menos para mesías.

Y sí, no quedaba otra. Intenté la mística, la concientización, la militancia. Ningún camino era suficiente. Había que abrir uno nuevo en la montaña. Y había que hacerlo con explosivos. Nada es demasiado cuando el fin del mundo se avecina. ¿Cómo podía conmover a la gente, abrirles los ojos? Si estábamos tan hundidos en la mierda que ya no le sentíamos el olor… Así tuve la idea. Volar a la mierda la propia mierda, hundirnos en ella, hasta que nos tape, hasta que no podamos mirar a otro lado. Investigué las redes cloacales. Me infiltré, soborné para conseguir los planos. Indagué cómo fabricar explosivos, planifiqué cada detalle.

Cuando estaba a doscientos metros, activé los detonadores. No fue nada del otro mundo. Llegué a escuchar un eco y ver que salpicó polvo y porquería. Al otro día los diarios se estarían preguntando quién había puesto bombas en puntos clave de los desagües cloacales de la ciudad. Dos días después los excrementos empezarían a inundar la ciudad. A la semana se reportarían las primeras plagas, y al mes, como un castigo divino, las epidemias iban a diezmar a la población. Si para ese entonces encontraban alguna pista, ya les habría perdido el rastro. Rocié con nafta los libros, los dvds, el colchón. Armé la torre del yenga y apenas la vi prendida fuego. Me fui del departamento en llamas para no mirar más atrás.

– I I I –

Miro los rastros del fuego en el parquet. No se extendió mucho. Creía que nunca iba a poder volver. Pasé varias semanas cambiando de lugar, escondiéndome. Esperé en vano las noticias del atentado. Tampoco hablaron de los desbordes de las cloacas, menos de muertos o epidemias. Pensé que mantenían todo en secreto para no perjudicar la investigación, o que evitaban alarmar a la población. Pasó el tiempo y empecé a relajar la clandestinidad. Nada indicaba que me estuvieran buscando. Tal vez fue porque el fin estaba tan cerca que tuvieron preocupaciones mayores. Tal vez, tenía que hacerme cargo. Era un inútil para eso.

Los planos que tenía estaban desactualizados, puede que algún explosivo fallara. No creo que las cosas salieron muy distintas de cómo las había planeado, pero los efectos no se notaron. No hubo mucha diferencia con respecto al descontrol anterior.

Con el diario del lunes es fácil ver mis equivocaciones. El terrorismo busca desestabilizar, cansar. Yo buscaba concientizar, racionalizar. El camino del conocimiento, del agrupamiento, de la comunión. Con compromiso o torpeza, llevé la acción a fondo. En vez de iluminar, le dí oxígeno al encandilamiento, legitimidad a los que mantienen la normalidad. O sea, a los que aceleran el desenlace. Crear desorden no sirve dentro del desorden. No hay nada más estable que el caos.

Ya no espero el fin. No el fin del mundo. Se transformó en rutina. No hablaría de eso ni en el ascensor. Aún si hubiera ascensores, y alguien tuviera ese tipo de charlas. Tal vez espero algún final para mí. Si todavía me moviera la desesperación, me suicidaría. Pero ni siquiera eso. Capaz si alguien me mata, o por accidente se derrumba el piso y me traga la tierra, se acabe lo peor, el tedio.

Hoy fue la excepción, hubo algo que me descolocó. Intenté abrir mi juego preferido. El servidor estaba fuera de línea. Nunca más va a hacer caer caramelos infinitos sobre los tableros de nadie. Consiguió sacarme una puteada. No más que eso. Me enojé un poco conmigo mismo por no haber bajado una versión para instalar en la computadora cuando todavía era posible. No me duró mucho, supe que era señal de que las cosas iban a terminar muy pronto, en particular, la energía eléctrica. ¿Pero cómo iba a aguantar este tiempo que quedaba?

Me asomé a la ventana y disparé unos tiros a los que pasaban. No notaron la diferencia. Creo que no le acerté a ninguno, no era fácil darle con el revólver a las personas que corrían a lo lejos. Más bien sirvió como termómetro del estado de las cosas.

Me senté en el sillón, con el arma colgando de mis dedos. La balanceaba mientras pensaba qué podía hacer. Escuchaba ruidos de afuera. Gritos, sirenas, vidrios rotos. Sólo uno me importaba. Me taladraba la cabeza el ladrido del perro. Me asomé de nuevo y le emboqué al primer tiro. Volví al sillón pensando que tal vez fue un acto de caridad.

Las estructuras cedían a su propio peso y la gente corría como hormiguero pateado. A mí no me importaba. Nunca pensé que el apocalipsis iba a ser así: aburrido.

Había intentado avisar. Fue un fracaso. No servía de nada aunque me hubieran escuchado. Todo es inútil, hace mucho lo era. Tal vez desde el principio lo sabía. ¿Pero cómo iba a quedarme de brazos cruzados? ¿Y sobre todo, cómo todos iban a quedarse sin hacer nada?

Pensé que hacía falta un verdadero Iniciado, un Mago Rey, un Alquimista con la capacidad de sintetizar el Oro, La Vida, una Realidad nueva, consistente. Yo no quise hacerlo, sabía que no contaba con las condiciones. Igual tuve que probar, alguien tenía que intentarlo, muchos tal vez. Ojalá al menos muchos hubieran fracasado. La caída es el camino al aprendizaje, en la búsqueda aprendemos que somos un escalón para que un día algún otro llegue a la sabiduría.

Una vez encontré a uno. Alguien con poderes verdaderos. Estafaba a la gente. Les hacía creer que era un ilusionista, les vendía su magia en la calle. Eran trucos falsos. La gente compraba el secreto para reproducir la ilusión. Nunca funcionaban, porque no había truco. Él realizaba milagros reales. Lo esperé aparte, me acerqué ansioso. Con entusiasmo le hablé:

-¡Sos un mago verdadero! ¿Por qué no usas tu magia para enfrentar al derrumbe?

-Yo no creo en nada verdadero. El Verdadero Amor, el Verdadero Bien… Nada de eso existe. Lo único verdadero, sin mentira, cierto y verísimo, es la transmutación. Las cosas de arriba son como las de abajo, con ingenio querés separar lo sutil de lo grosero, subís y bajás, y al final lo etéreo es vencido y penetrado lo sólido.

Está pasando. ¿Cómo vivir así? Aceptarlo tal vez es dejar de sostenerlo.

Sólo me queda escribir. De entre todas las cosas inútiles que se pone a hacer la gente frente al fin de la humanidad, yo elijo tal vez la más idiota. Aún así, para mí funciona. Está claro que no es para dejar un mensaje ni una huella, porque nada ni nadie va a sobrevivir. No va a haber lectores. Tampoco críticos. Nada de éxito o fracaso. Ni siquiera hace falta terminar algo. No hay utilidad ni verdad ni belleza. ¿Un gesto de libertad? ¿De humanidad? ¿El último? ¿Es una manera de expulsar los sentimientos, procesarlos? Nadie más da razones de lo que hace, simplemente es tarde para que algo tenga sentido. Escribo porque ya no me sale hacer ninguna otra cosa. Porque es lo último que sale de mí. Hacer tiempo hasta el desenlace.

 

***

 

yastapass

 

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Ya esta pasando (primera parte)

Por Fernando Catz /Ilustraciones por Cabro

– I –

Recién me pongo a pensar en cómo fue que me di cuenta. Ahora que no queda nada por hacer. Algo andaba mal. Lo sentía. Al principio no me daban bola, ni siquiera yo mismo. Claro, en ese momento nadie estaba bien. El país caía en la crisis como un ladrillo que se hunde en el mar hasta que se pierde en lo turbio. Pero no era eso. Estábamos acostumbrados. Había algo más. Tardé mucho en entender qué era.

Empecé yendo a médicos. Los estudios no reportaron nada. Los psicólogos y psiquiatras no conseguían aislar el problema. No era depresión, ni locura, ni obsesión. Nada que me preocupara, ningún trauma. Fui a todos los especialistas hasta terminar la cartilla de la prepaga. Tenía la esperanza de que alguno encontrara algo, me dijera: tiene este mal, tome esta pastilla. O: es incurable, le queda un año de vida. Cualquier cosa, saber qué era, qué me iba a pasar. Algo para echarle la culpa, alguien al que delegarle las decisiones sobre mi vida.

-¿Qué te pasa? – insistía mi esposa.
-Nada.
-Algo te pasa.
-Puede ser. Pero no sé.
-Algo te pasa y no me decís. Me cansé de que estés catatónico, no me contás.
Al final se fue. Y bien que hizo. Nada más quedaron en el suelo las marcas de tierra y pelusa que había abajo de los muebles, y las maderitas del yenga. Así como cayeron de la caja quedaron tiradas varios días. Capaz prefería todo así, vacío.

Después fue el laburo.

-No, baja productividad no tenés, pero actitud, te falta actitud. Ponele un poco de onda, hacé de cuenta que te interesa por lo menos, afecta a tu equipo de trabajo, nadie tiene ganas de laburar con vos- me dijo el jefe. No pasó mucho tiempo más hasta que me echaron, y tampoco me importó.
Me dediqué un poco a buscar trabajo, sin mucha suerte ni esfuerzo. Visité conocidos que no veía hacía mucho, algún familiar. Fui al cine, al parque. Igual me sobraba demasiado tiempo.

La indemnización me servía para tirar varios meses; soltero y sin mucha actividad, no tenía casi gastos. Me la pasaba mirando informativos y programas políticos. Veía las noticias de las exigencias de organismos financieros a países quebrados, guerras que se desplegaban para apropiarse de recursos de territorios devastados, refugiados que preferían ahogarse con sus familias antes de lo que dejaban atrás, y se contentaban con ser explotados en la ilegalidad y apaleados por nazis. Quería indignarme. Encontrar a un culpable y agarrármela con él. Intentaban convencerme y yo hice todos mis esfuerzos. No lo conseguí. Al contrario, fui descreyendo cada vez más.
Mi vida había sido reinada sabiamente por lo chato: quince años de trabajo en la misma oficina, diez años de matrimonio, una salud controlada… Estaba perdiendo cada cosa que me hizo sentir satisfecho, y lo único que me preocupaba era estar aburrido. ¿Por qué me incomodaba lo que antes me tranquilizaba?

Empecé a consumir compulsivamente todo lo que me transportara a otro lugar. Alternaba lectura, películas y series, o jugaba al yenga contra mí mismo. Necesitaba que el tiempo se moviera sin sentirlo. Fui perdiendo la noción del día y la noche, en qué momento de la semana estaba. Nada más me quedaban los dvds y libros tirados, el colchón y un tacho de pintura dado vuelta con la notebook arriba. El wi fi era lo único que no estaba por el suelo.

Por una referencia al pasar en un best seller me enteré de los gnósticos. En esa época me pasaba mucho, un artículo de Wikipedia me llevó a otro y de ahí a manuscritos desconocidos, videos de youtube de investigadores alterados, sitios de distintos lugares del mundo con teorías conspirativas en html básico. Yo no sabía nada de temas filosóficos ni religiosos, menos aún si eran antiguos y marginales. Durante mucho tiempo pensé que se llamaban los Ñósticos, capaz eso me llamó la atención. Después descubrí que no se pronunciaba como ñoquis, venía del griego antiguo, había que remontarse a los orígenes de la cristiandad. Me fasciné con ellos. Los gnósticos eran cristianos bastantes diferentes a los que conocemos.

Decían que el mundo, lo que vivimos, vemos, tocamos, chupamos, sentimos, todo es falso. La única verdad está más allá de la realidad. No hay que esperar a la muerte para que nuestra alma se separe del cuerpo y Dios nos salve. Nada peor que la fe. Ese Dios vengativo y controlador que conocemos de la Biblia, es el que inventó esta estafa. Toda la maldad, la fealdad, la falta de sentido es porque estamos en un calco mal hecho por un dios infantil que juega a hacernos sufrir como bichos. La película que vemos es una copia trucha que le compramos al demiurgo de la esquina, y los gnósticos nos chillan: ¿no te das cuenta de que está filmada en un cine, se va de foco, se escuchan las toses?

Nunca había creído en nada. Bueno, en nada místico. Siempre entendí a la religión como un espacio de calma, una mentira agradable para no pensar. Tal vez lo que me atrapó no fueron sus creencias, sino su desconfianza. Me dejé llevar por un torbellino de pasión en el descrédito. Leía a místicos, esotéricos y alquímicos. En la paranoia encontré revelación. Decían que si Dios está en todas partes, entonces también está en nosotros: conócete a ti mismo y descubrirás la verdad. Yo sólo conseguía correr por lo que me quedaba de cordura como por un puente que se derrumba, y no sabía lo que iba a encontrar del otro lado.

Un día estaba con el yenga. Sacaba las fichas alternando dos versiones de mí mismo. De fondo sonaban los coros medievales de Santa Hildegarda. Me fanaticé leyendo sus visiones. Hasta me hice imprimir uno de sus dibujos que pegué con cinta scotch en la pared del living. Era uno que ilustraba sus profecías del apocalipsis, había un demonio saliendo de la entrepierna de una mujer que representaba a la Iglesia. Me tomaba muy en serio el juego porque me había apostado. Hacía bromas pesadas, me provocaba. Siempre fui muy competitivo, me pongo fuera de mí.
-Ves boludo, siempre igual vos. Sacás de abajo para poner arriba, pateás la pelota para adelante porque querés llegar alto pero cuidado, que se te termina la cancha.

-Callate pedazo de cornudo, qué sabés, andá a llorarle a tu ex. Vos te creés que podés quedarte revolviendo las piezas hasta que un día todo encaja y ahí quedarte mirándolo ordenadito para siempre, pero la vida no es como un rompecabezas, es como el yenga. Vos sos un cagón. Ahí tenés. Cerrá el orto y jugá que es tu turno.

La cosa estaba realmente difícil. De tanto jugar me había vuelto un maestro. Igual siempre llegaba un punto crítico donde no se podía evitar el colapso. Y yo era implacable, para quedarme con el triunfo elegía estratégicamente la ficha que sacaba para que el próximo movimiento fuera un callejón sin salida. La concentración me hizo callar. La jugada era decisiva. Apoyé la ficha en la cima. La música se terminó. La torre osciló. Las maderas vibraron y se detuvieron. Mis pupilas se dilataron. Una imagen se formó en mi cabeza, quieta, completa. ¿Y si el problema no era yo, sino el mundo? ¿Si lo que sentía era un síntoma, no de una enfermedad mía, sino de la realidad?

Dentro mío algo se rompía, pero era un cascarón, una venda. Tal vez yo no había estado escuchando. Quebré el silencio pegándole un manotazo a la torre. Ví la constelación entre las señales. Entendí lo que pasaba: el mundo estaba llegando a su fin.

La mente se me había enfermado. La percepción se me fue endureciendo como un callo. Ahora me estaba curando. A veces la sanación es dolorosa. Fui tirando ácido sobre esa verruga. Al principio no parecía hacer nada, pero de a poco fue penetrando, quemando capas de piel vieja. Estaba llegando a la carne viva, regenerada.

¿Qué hace uno frente a eso? Cuando se murió mi viejo una tía lejana me dijo: no se sabe cómo uno puede reaccionar frente a ciertas cosas. Mi mamá estaba borracha vomitando en las macetas del jardín. Hay unas teorías, que hay etapas de asimilación frente a la muerte, la negación, resignación, qué se yo. Pero esto no era la muerte, era el final. The End. Nadie iba a quedar para ver los créditos.

 

Continuara…

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De Autor 27 septiembre, 2016 0

Por Lucas Peralta / Ilustraciones por Alejandra Andreone

 

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…y los órganos de la boca se habituaron a pronunciar un sonido articulado detrás de otro.
F. Engels.

como pedacitos muertos de habla, o lenguaje a veces –en similar filo de pestañas y cadenas- se enmudece la mano chorreada de marcas y reclamos,

de cauce en tres esquinas que levantan los restos del lenguaje nuestro, bocado de antojo

que consuela territorios frente a la poesía nube.

Hacer entre todos la palabra que de sustento al desocupado, donde decir es estar

en la prontitud del espacio tajado por donde se mastica el cemento como morada.

Doblar el hambre y salir hacia la frontera que entonces, como siempre, duele, y acabar con todo fin.

palabra distinta a la mano del trabajador, donde el desarrollo del lenguaje reacciona como actividad en crecimiento, de aquello ya abierto por caminos que tiene la insaciabilidad.

determinados deberes, en deferencia y latido, significan reagrupamientos, nacimiento y labor de dupla que gravita donde nadie ignora, la designada representación nadamente semántica.

Material verbal físico del proletariado, los primeros sonidos en miembro de provocada dialéctica proporcionada

no hay dinero que no esconda sudor humano

Yo escribo, trabajo, para partir la voz

(de la individualidad)

***

 

35

A Francisco Madariaga

Cúspide a tiento y tajo, o como el obrero que cruje en la cuantía del suplicio. Así va la poesía amontonada de tanta humanidad. En la andadura del todo labor quedan las páginas del silabario a cuestas, el silencio indómito de la desmadre y el cerrado nudo rajado de la hechura.
Una mano en la tierra, como estuche en demasía, obra en palabras hacinadas de imposibilidad. Pacto o pieza repartida, labor que allana las luces de diecisiete convergentes marjales en el paraíso de la barriada. Rusticidad bella, manera de esquina grabada en el vértice del hambre.
Un año más de contar el desaire en el tupido lomo macizo a cuestas, en la aradura tosca de un año más transeúnte a caña. Canto chueco de los cazadores, laúd para estos heridos, palabras para estos hombres.

Modo y hallazgo para escudarse, materia verbal de la tierra. Integración vocálica del mundo como repertorio léxico, como funcionamiento considerado a texto y razón de ser.

Interrupción a lonja y mostrador, o como cuando, elípticamente, te arrancás de un tirón el inventario de todo aquello posible en el lenguaje. Así va la palabra por medio del barullo en desnivel. El pelaje del modelo y el pellejo de sus materiales señalan formas que realizan el patrón sintáctico de palabrota raída, la dificultad como caracterización del poema, y el rumor al ras por el camposanto de los hombres del hambre.

 

 

***

Estos dos poemas pertenecen al libro “Escombros” que se publicara prontamente  por la editorial Bernacle.

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Se me perdió un poema

Se me perdió un poema

De Autor 13 septiembre, 2016 0

Por Lobo Cruz / Ilustración por Alejandra Andreone

 

Conservo mi utopía, mi unicornio azul
mi fe, mis sueños, y mis ideales,
pero se me perdió un poema
que no pude escribir ni sujetarlo
atravesó mi corazón como una flecha
saltó el corral, se fue con la jauría
de lobos hambrientos de justicia,

Se me perdió un poema, pero dicen
que le crecieron dientes afilados,
que es uno mas de la jauría
con el mismo hambre de justicia,
que es un poema que reclama
por Julio Lopez con firmeza.
Yo quería escribirlo, con templanza
con letras cristalinas, con belleza,
con palabras brillantes, con fineza.

El poema me mandó un recado:
Ya no me busques con tus letras pulidas,
Buscá a Julio, ya no seas oveja.

 

***

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Cocinera

Cocinera

De Autor 30 agosto, 2016 0

Por Cabro / Ilustración por Andrea Amichetti

 

Escupiendo moco negro, con lagañas de caucho en los ojos, aspirando el humo.Tiznado el cuero, sudando, raspando la olla grande, haciendo el fuego cosiendo la bandera juntando la moneda recolectando la verdura, la carne, contando las alverjas, discutiendo por mas cupos, sacando porcentajes (mientras viejos criterios quedan obsoletos y se nos vuelven en contra) llevando en upa al niño a cocoyito ,chupando mate dulce muy dulce con yerba fosforescente fritando torta frita aguantando la puerta del tren hasta que suba el ultimo y la ultima, gritando yuta puta!(1) con vergüenza a veces , con rabia siempre con dignidad quemante con bronca. Averiguando la liquidación esperando el suicidio (2) llenando vadas (3), haciendo una asamblea incongruente hablando de cosas que ni entendemos, bailando, emborrachándonos y bailando en la fiesta gritando fuerte, alegres. Reconciliándonos. Cortando rutas, subiendo puentes.

Al comedor llego temprano con la renguera el pelo mojado bien estirado saludo hablo comento televisiones diaanteriores y al rato arranco con mi tarea .Pelo cebolla el morrón si hubiera echo aceite a la olla grande grande al fuego corto el pico del puré de tomate los varios puré de tomate me tomo un mate.

Mate dulce: Pura acidez. La acidez espanta al hambre. El hambre se esconde y me roe de a poco, me come los muslos las piernas me come las nalgas y las tetas. El azúcar del gobierno es cada vez mas dulce el azúcar dulce de Ledesma y la yerba cada vez mas fosforescente, alucinada y el agua cada vez mas dura el agua cada vez mas dura el sarro y eso que flota allí…  ¿Que es eso que flota allí, en el agua de la pava? es apenas una ceniza, volada del fogón, elevada por los aires, liviana como esta pena y sin sentido ¿Qué diferencia hace esa ceniza? ¿A quien le importa? ¿Acaso alguien se fija en ella? Elevación minúscula bailando en el aire se posa ahí, en el agua de la pava del mate dulce de acidez y yerba extraterrestre y. Ahí, gris, liviana irá a dar a mis tripas u otras tripas y yo la veo y.

No se por que si no hace diferencia y. No tiene importancia i. No tiene sentido y. Yo no se por que entristezco tanto i.

Las carnes cada vez mas blandas la piel cada vez mas seca la panza cada vez mas gorda la bronca cada vez mas resignada los pedos cada vez mas hediondos las encías mas despobladas la vergüenza cada vez mas cerrada el culo cada vez mas caído los años cada vez mas sin sentido. La muerte.

Y el mal gusto que hace añares no puedo quitarme de la boca.

Y yo no fui, no fui al galpón el sábado. Aunque me invitaron al cumpleaños del hijo de Aveldaño.
No fui porque no quiero colita. No quiero tener colita, porque ya se como es la cosa, yo salgo y aunque están grandes mis hijos se toman y después me salen a buscar, están en la esquina y se enteran y me salen a buscar y se aparecen por acá por que ya saben que vengo para acá. Entonces yo mejor no vine. Porque no me gusta tener colita.

Y cada vez mas lejos estoy de la realidad y cada vez se hace más real la irrealidad.
Vivo de prestada yo.

Sin tierra pero con gusto en los labios a tierra a sensación de tierra en los labios en el pelo, pero sin tierra. Absorbiendo el gustito de las cosas del guiso aguado de la papa de la papa del fideo del fideo la harinita del gorgojo del agüita del tuquito. Y por sobre todo del pimentón. Del cornebé (4) medio gomoso irreal con sabor a sabor a sabor a carne enlatada. Yo lo deslato con un cuchillo no tramontina digamos chino si pierdo la llave la llavecita yo lo desenlato con un cuchillo y siento que no mato el animal y hago esfuerzos por sentir piedad por creer que sí que de ahí puede escapar, mientras deslato, el alma vacuna del animal. Yo siento mi mentira, mis ganas de que sea verdad de que haiga un poco de espíritu de vaca ahí, un anima que huye mientras yo abro su cárcel de metal yo sueño pero yo no puedo soñar mas, sueño un ojo en sangre inyectado un cuero arrancado un cuerpo desollado, anhelo un grito de terror de miedo enchastrando de mierda el matadero pero no. Casi no lo creo.
Por eso a veces distraída mientras divago en mi tarea se me resbala la mano y el cuchillo se me entra y de un tajito limpio brota la sangre fresca y yo que cocinando estoy rápidamente de instinto me chupo el dedo y absorbiéndome me río de mí. Misma ahora misma. Y después elevo el dedo sobre la olla dejando caer algunas gotitas, para que mis hermanas también compartan hoy conmigo disfrutentengan algo verdadero de la realidad cierta.

 

   ***

 

1-Antiguo insulto a la cana, hoy remplazado por “yuta trucha”
2-Parónimo de subsidio, utilizado comúnmente en las asambleas populares.
3-Planillas usadas para cargar datos.
4-Corned beef. Pan de carne procesado y cocido, comercializado en envases metálicos.En ocasiones integra la lista de productos que el gobierno destina a los comedores sociales.

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