Andrea Conde: “Necesitamos garantizar  la representación de mujeres en el teatro”

Por Natalia Pascuariello

El análisis de la participación femenina en la programación del Complejo Teatral de Buenos Aires (CTBA) durante 2017 arrojó resultados alevosamente dispares: apenas el 20 por ciento de la dirección teatral estuvo a cargo de mujeres y solo se estrenó una obra escrita por una dramaturga. “Necesitamos que las mujeres y otros géneros no binarios tengan el lugar que les corresponde en esa programación”, sostiene en esta nota la diputada por el FpV, Andrea Conde, impulsora del proyecto de Ley de Representación para el teatro estatal que será presentado hoy a las 16 en el salón Jauretche de la Legislatura porteña (Perú 160) junto con el proyecto para incluir perspectiva de género también en el BAFICI.  

Inspirado en un reclamo del Teatro Independiente,  el proyecto de Ley de Representación impulsado por la diputada Andrea Conde, se enmarca en un estudio de la participación femenina realizado en base a las diecisiete obras de teatro nacional para adultos  publicadas y estrenadas en el Complejo Teatral de Buenos Aires (CTBA) durante 2017.  Los resultados son alevosamente dispares: apenas el 20 por ciento de la dirección teatral y la iluminación estuvo a cargo de mujeres y  solo se estrenó un texto escrito por una dramaturga. Las áreas de diseño sonoro y música original en manos de hacedoras alcanzaron el 11 y 15 por ciento respectivamente. Pero la brecha laboral se extiende también en el elenco,  sector en el que la participación de actrices fue de 38 por ciento y el 62 por ciento de actores. En total,  el 36 por ciento de los contratos estuvieron destinados a mujeres y el 64 por ciento a varones.

“Creemos que la regulación en el circuito oficial puede generar un efecto muy importante tanto en el independiente como en el comercial e incluso un efecto dominó en otros sectores e instituciones al poner el debate en estado público,” sostiene la presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud de la Legislatura Porteña. De aprobarse, se aplicará en los cinco teatros que integran el CTBA: Teatro San Martín, Teatro Regio, Teatro de la Ribera, Teatro Sarmiento y Teatro Alvear -este último todavía permanece cerrado – en los equipos creativos y elencos, roles artísticos, de diseño y de producción.

-Hay una disparidad enormemente crítica en los roles de dirección teatral y dramaturgia. No así en el caso del vestuario, donde las mujeres ocuparon el 81 por ciento…

La historia siempre fue contada por varones y el relato de los pueblos también se escribe en las artes.  La mirada de las mujeres quedó mayormente oculta. La de otros géneros más. Muchas mujeres ocuparon lugares muy importantes y dieron las grandes batallas de la historia, sin embargo muy poco se reproducen sus miradas, por eso figuras como Evita o Cristina generaron tanto revuelo en nuestra historia reciente, rompiendo con la idea de mujer que “acompaña” pero no lidera, no escribe historia. En cambio, sí tuvo adjudicado el lugar más “doméstico” y de exhibición de belleza. También es importante mencionar que ese único texto de dramaturgia de una mujer, al igual que todas las direcciones a cargo de mujeres son programación del Teatro Regio, probablemente porque está dirigido por Eva Halac, una mujer que evidentemente se hizo eco. En el resto de los teatros, tanto en dramaturgia como en dirección, hubo solo  varones.

-¿Cómo  surge la realización de este diagnóstico?

-Surge por un lado de la necesidad de avanzar en cada ámbito en la efectiva representación de las mujeres como trabajadoras, como creadoras, compositoras, como productoras de discurso. Porque la equidad no se proclama solo en movilizaciones o en talleres de género, sino que tiene que garantizarse en cada lugar para que haya un cambio efectivo en la sociedad. Por otro lado, habíamos visto un trabajo de visibilización que hicieron mujeres artistas escénicas en 2016 en el que publicaban preguntas dirigidas al público de teatro independiente con la intención de visibilizar que eran muy pocas las obras de mujeres que se veían. Y hay otros dos puntos clave que terminaron orientando este proyecto: el hecho de que en lo performático se crean y reproducen lógicas y dinámicas sociales, y que el Estado es responsable de garantizar igualdad. Entonces, en ese sentido, hay una superposición de responsabilidades: la de garantizar la igualdad expresiva y laboral a todos los géneros, la de garantizar una oferta cultural diversa donde las diferentes voces estén representadas, y la responsabilidad del Estado, cuya línea de gestión también es discurso.

-¿Hay diferencias respecto de años anteriores?

-No hicimos un estudio pormenorizado de años anteriores porque varios teatros del Complejo estuvieron cerrados por mucho tiempo, y durante esos años la discusión se redujo a pedir por su apertura. Hoy tenemos que discutir el contenido y su función social.

-¿Por qué sostiene que la participación de personas de géneros no binarios en la programación fue difícil de detectar?

-Porque más allá de los nombres, las fichas técnicas de los equipos creativos no explicitan el género de las personas, y por tanto, ese dato solo puede obtenerse del conocimiento personal de cada una de las personas involucradas.

-¿Conocen la situación de la representación de las mujeres en el Teatro independiente?

-Sí. Esto se inspira también en un reclamo por la sub representación en el Teatro independiente. Creemos que la regulación en el circuito oficial puede generar un efecto muy importante tanto en el independiente como en el comercial e incluso un efecto dominó en otros sectores e instituciones al poner el debate en estado público.

 

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“A este gobierno no le interesa una sala en Constitución”

Por Laura Cabrera @LauCab //Foto: Néstor Granda

Vecinas y vecinos autoconvocados junto a quienes trabajan en la cultura y las artes cinematográficas continúan manifestándose en  contra del cierre de la sala Arte Cinema, que dejará de funcionar el 31 de julio. Cuatro de sus empleados ya recibieron telegramas de despido. Ante la falta de respuestas claras y la necesidad de que el cine resista, este miércoles desde las 14 se realizarán actividades culturales en defensa de ese espacio y de las fuentes de trabajo.

En algún momento, el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, aseguró que el fomento al cine no iba a sufrir recortes. Casi de manera instantánea, la promesa se desvaneció. Entre las pruebas de esto se encuentra el destino de Arte Cinema, un complejo de tres salas ubicadas en Constitución, históricas en el barrio y con proyecciones a precios económicos que dejarán de existir a partir del 31 de julio, cuando INCAA deje sin efecto el convenio con la productora dueña de la sala y, por lo tanto, deje de pagar alquiler del inmueble y sueldos a empleados y empleadas, entre otros gastos.

El cierre de la sala implica la pérdida de fuentes de trabajo y además un golpe a la cultura popular, a la identidad barrial que rodea a ese espacio que formó parte de los denominados “Espacio INCAA” (salvo el Cine Gaumont, que pertenece al INCAA, todos los espacios son alquilados bajo convenio entre dueños de salas y el Instituto), con una entrada a quince pesos y el hecho de haber sido cuna de festivales como por ejemplo “Libercine”, ciclo de películas sobre diversidad sexual y géneros.

Marcha dialogó con Néstor Granda, responsable de la conformación de la asamblea en defensa de Arte Cinema a partir desde que se conoció la noticia del cierre de estas salas que abrieron sus puertas en 2009 con el objetivo de ofrecer cine local, y que desde 2011 venía financiando el INCAA.

¿Cuál es la situación actual de los trabajadores y trabajadoras?

Están despedidos. Ya recibieron su telegrama de despido, el 31 de julio quedan en la calle. Ellos en realidad cobran el sueldo a través del INCAA, esto es parte del convenio que tenían con los propietarios de la productora, pero no son empleados del INCAA, es una cosa tercerizada. Ellos son empleados de Aleph, que es la productora dueña del cine pero en el convenio estaba establecido que al sueldo lo pagaba el INCAA así que directamente están en la calle, están esperando el 31 de julio, cuando el cine cierre y queden en la calle.

¿Qué respuestas da el INCAA ante el retiro del financiamiento y el cierre de Arte Cinema?

A nosotros como asamblea de vecinos, vecinas, trabajadores y trabajadoras del área cinematográfica y de la cultura, quienes nos estamos reuniendo para evitar el cierre del cine, el INCAA directamente no nos dio ningún tipo de respuesta, nunca salió a decir nada. Sabemos de gente de prensa que ha llamado al INCAA y le dijeron que no se iban a pronunciar respecto al cierre del cine. Sí hubo una reunión de los trabajadores y trabajadoras del cine con alguien del INCAA y la única respuesta que dieron fue que la decisión ‘está tomada’, que el cine se cierra, que no van a dar marcha atrás. Hubo también hace unos días una entrevista a Avelluto en TN donde él habló sobre el cierre de Arte Cinema, contó las movidas que venían desde abril con el INCAA y la ENERC. Lo que argumentó con el cierre del cine, y a esto lo mandaron a la Oficina Anticorrupción, es que hubo una malversación de fondos en el contrato. Nosotros sabemos primero que no hay contrato sino un convenio. Los espacios INCAA, que es un área que funcionaba con las gestiones anteriores a través de la Gerencia de Acción Federal, tenían convenios con salas. Ese convenio en el caso de Arte Cinema era pagar el alquiler de la sala, pagarle a los empleados, los impuestos, los servicios y la seguridad de la sala. Lo que argumentó Avelluto fue que hubo una malversación de fondos pero sabemos que es parte de la movida que mandaron con los carpetazos a Casetta (en ese momento titular del INCAA) y a Rovito (en ese entonces director del ENERC) porque además él es socio de la productora dueña de la sala. Esto pasó después de que Rovito renunciara y  les mandara esa carta renunciando al rectorado de la ENERC, diciéndoles de todo a los que quedaron después de este casi golpe de Estado en el INCAA. Sabemos que es una jugada política que tiene que ver con Rovito, sabemos que es una jugada política de este avasallamiento contra el INCAA y la ENERC, con esta demonización del cine que tiene que ver con los despidos que ya hubo en el INCAA y por sobre todas las cosas creemos que a este gobierno no le interesa una sala en Constitución, no le interesa tener una sala con un valor de una entrada a quince pesos, no le cierra para nada. No es más que una jugada política.

Vienen realizando reuniones todos los miércoles, ¿Qué alternativas se pensaron desde ese entonces ante la situación de Arte Cinema?

Todo los miércoles nos reunimos en asamblea, tomamos decisiones, pasos a seguir, acciones a desarrollar, manifestamos en la calle, concientizamos a los vecinos, informamos, realizamos juntadas de firmas desde que nos enteramos que el cine cerraba, planillas que esta semana van a ser enviadas en principio al presidente del INCAA, aun sabiendo que no vamos a tener ningún tipo de respuesta.

Además de las asambleas de los miércoles a las 18, este miércoles se realizará una jornada cultural, ¿en qué consistirá?

Para este miércoles está pautado desde las dos de la tarde hacer una movida cultural con músicos, también se pintarán graffitis y murales en el barrio de Constitución, convocamos a murgas de barrio, a grupos de artistas callejeros. Se va a hacer un recorrido por la estación Constitución, se seguirán juntando firmas en el barrio, se hará un recorrido por el barrio para que los vecinos se vayan enterando, ya que por más que el cine está hace mucho tiempo ahí, hay muchos vecinos que no tienen idea de que el cine cierra. Tenemos pensado para la noche proyectar una película sobre la pared del cine. Será una jornada cultural de concientización que finalizará con el abrazo al cine. En todo esto nos está acompañando la Asociación Argentina de Actores, que le está poniendo mucha pila dándonos una mano y DOCA (Documentalistas Argentinos), que está muy comprometida con el tema, también gente independiente y vecinos. –

La jornada se realizará en diversos puntos del barrio desde las 14 y se concentrará desde las 18.30 en Salta 1620, Constitución. 

 

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Componer un libro, hacerse una libertad

Por Mariano Pacheco @PachecoenMarcha 

En su bloque  “Libros y Alpargatas”, “La luna con gatillo” realizó un repaso de la obra literaria Buda y Descartes. La tentación racional, el libro de Diego Sztulwark y Ariel Sicorsky recientemente publicado por editorial Cactus.

El libro bien podría llamarse Meditaciones. Meditaciones sobre el filósofo francés y el príncipe hindú, sobre el acto de escribir y los sentidos de investigar, y aún, de publicar un libro en estos tiempos. Sobre Descartes, lo que todos sabemos: su cogito ergo sum (“Pienso, luego existo”), sentó las bases del sujeto moderno de la filosofía. Buda, sus enseñanzas -en cambio- parecen estar en las antípodas: el despertar puede producirse en la medida que opera un des-centramiento. Sin embargo, el conocimiento, la pasión por el conocimiento, y la meditación, parecen ser los puntos de contactos entre estos dos hombres tan distantes en el tiempo, la geografía y las filosofías que de sus enseñanzas se desprenden. “El punto de contacto entre Buda y Descartes, lo que nos permite hablar de ellos conjuntamente, es la importancia que ambos atribuyen a la meditación, a la autofundación de la conciencia como acto de reflexión del saber sobre el agente del saber (de la conciencia sobre el ser conciente, del cógito sobre la duda metódica)”, escribe el pensador italiano Franco Berardi (“Bifo”), en las palabras de presentación de este libro recientemente publicado por editorial Cactus.

Sztulwark y Sicorsky llaman la atención acerca de este contrapunto y este aparente punto de contacto desde el inicio mismo de su libro. Mientras que Descartes parte al mundo para conocerlo, Buda realiza un viaje hacia sí mismo, también para llegar al conocimiento. Pero los autores reparan en una paradoja: que Descartes ingrese en un proceso de introspección para arribar a sus conclusiones racionalistas. “Considerar, como él mismo hace, que ese espinoso proceso es una meditación ¿no trastoca las imágenes idealizadas que de ella nos hacemos?” Y luego agregan: “la palabra meditación viene asociada con el ejercicio de la respiración y de poner la mente en blanco, y nunca con la revuelta racionalista contra la pasividad del sujeto”.

Como sea, no puede negarse que ambos, Descartes y Buda, proponen nuevos puntos de partida y crean nuevos modos de concebir el mundo. “En ambos casos la meditación se presenta como una práctica del trabajo sobre sí que apunta a reorganizar la relación entre sensibilidad y conocimiento”, insisten los autores, quienes visualizan en la “duda sistemática” cartesiana y en la interrogación hindú una resonancia a investigar respecto de la relación entre la duda y la pregunta por la ilusión.

¿Qué hay de esas resonancias? ¿De esa pulsión de saber sobre la no-ilusión en Buda, del deseo de meditación presente en la filosofía hoy expulsado del paradigma hegemónico en las ciencias y las lógicas académicas? ¿Qué hay del costado oníirico, erótico, religioso y secreto de Descartes? Estas y otras preguntas que incitan al inconformismo podrá encontrarse el lector en este libro, cuyos autores se declaran abiertamente ni busdistas ni cartesianos, aunque sí atravesados por un “placer de investigar” el “poder que el pensamiento radical tiene sobre la vida, cuando no se separa de ella queriendo gobernarla”.

Sztulwark y Sicorsky rescatan de Descartes la fuerza del deseo del yo, la posibilidad de hacer del pensamiento una instancia constructiva. Y de Buda su religión de la inmanencia, ese esfuerzo por contribuir a vivificar lo político, sencibilidad sin la cual -destacan los autores- “tal vez no sea posible tomar en serio ninguna de las propuestas de transformación que en nuestras sociedades se suceden sin eficacia alguna”. He ahí el núcleo político de estas lecturas que convidan Diego y Ariel, más allá de las posibilidades -o imposibilidades- de poner en serie estas filosofías, hay un deseo de problematización de nuestro mundo que no escapa a sus lecturas, su escritura, sus elucubraciones. “La crítica del liberalismo torna vigente la denuncia budista de la ilusión del yo que actúa sobre el mundo (aún del yo que intenta transformarlo)”. Y agregan: “sea por la vía de la risa o de lo serio, de la sustracción individual o de la constitución de máquinas colectivas de guerra, la meditación, tal vez desprovista del riguroso ceremonial de las escuelas (meditar combatiendo) se abre como un camino vital posible cuando la vida se nos escapa y ya no tenemos ninguna imagen que abrazar”.

Inmersos en medio de una globalización del capital exacerbada, mientras oriente se entrega a una movilización industrial, científica, política y militar que deja atrás sus antiguas maneras de hacer y de pensar, mientras el “culto de Asia” se expande por occidente como otro fetiche de los tantos que circulan entre las mercancías que inundan la totalidad de nuestras existencia, este nuevo libro de la editorial Cactus pone de manifiesto un profundo deseo por extraer de estas tradiciones algo nuevo.

Como sea, y tal como lo afirman sus autores, en este libro no se busca tanto una enseñanza filosófica que pueda desprenderse de estos maestros, sino un gesto: el de hacerse una libertad.

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LA LUNA CON GATILLO: Una Crítica Política de la Cultura

Jueves de 15 a 17 horas por Radio Eterogenia (www.eterogenia.com.ar)-

Conducción y producción general: Mariano Pacheco.

Seguinos en Twitter (@GatilloLuna) y en FB: La luna con gatillo.

28° Programa, segunda temporada (2016).

ESCUCHÁ EL PROGRAMA COMPLETO ACÁ:

https://ar.ivoox.com/es/luna-con-gatillo-una-critica-politica-de-audios-mp3_rf_13040458_1.html

 

 

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La importancia de poner el cuerpo

Por Roma Vaquero Diaz – @RomaVaqueroDiaz

Dos performers argentinas dialogan y analizan el cuerpo y el género en el arte. Acciones y reflexiones que apuntan a golpear al sistema patriarcal y neoliberal.

Cristina Coll y Laura Bilbao son dos artistas argentinas de performance que provienen de recorridos y procesos diferentes, pero que se encontraron en el espacio cultural Peras de Olmo para participar de la serie Open Field, con Cabecita de Mickey y Borramiento. Ambas producciones transitaron a través de la huella y de las marcas que se trazan y se borran sobre el cuerpo social. Coll, aludiendo a las iconografías infantiles que graban el mundo de las imágenes durante el crecimiento, y Bilbao, construyendo su acción centrada en las laceraciones producidas por los centros hegemónicos de poder y el neoliberalismo.

En este diálogo nos relatan que sus formas de accionar toman caminos que se diferencian. Cristina Coll estructura secuencialmente sus performances, mientras que Laura Bilbao se lanza al encuentro de un público activo, que sea coautor y cómplice de sus acciones. Sin embargo, estos haceres no están cerrados, ya que ellas reflexionan acerca de estos y les abren la puerta a nuevas posibilidades.  

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La performance, un arte con características propias

Cristina Coll (CC): La performance es como una multimedia de uno mismo, que se aprovecha de todo lo que uno hace y todo lo que uno es. No es igual que el teatro. Los artistas visuales no somos como los actores, lo que decimos está más cerca de la realidad, no tiene un libreto hecho por otro y el espacio donde se realiza también es muy importante. Aunque encuentro mis performances muy cercanas al Biodrama de Vivi Tellas, porque hablo de mí y pongo el cuerpito para hablar de mí, no represento a nadie, hablo de cosas cotidianas.  

Laura Bilbao (LB): La performance no es igual al teatro o a la danza. Lo siento muy claro porque tengo una formación actoral y sé diferenciar claramente que no estoy haciendo teatro, que de repente empiezo a trabajar en las artes visuales. Esta diferencia se hace visible en que no ensayo, en que la performance tiene un final posible, como para darle un cierre. Pero no estoy contando una historia que tengo que hacer creer o suspendo el tiempo de la realidad para meterte en un cuento y no interpreto a un personaje. Aunque diga un texto, éste tiene relación con la acción que voy a hacer, pero no en el sentido de ponerme en la piel de un personaje y que el texto salga de otra boca que no sea la mía. En algunos festivales, por ejemplo, se presentan como performance muestras de danza aérea que están muy bien, pero no es arte de performance. Se toma la palabra performance como rendimiento pero no como arte acción. Ahí se vislumbra más claramente las diferencias entre las disciplinas.   

CC: Encuentro que mis performances están más estructuradas que las de Laura, porque ella espera que el espacio le dispare la acción. Yo tengo pautas para el final, tengo la necesidad de decir “se terminó”, o estructurar la acción, porque sino me siento despoblada, es una situación que tiene que ver con los cuerpos. Me gustaría esperar la reacción del público como Laura; viendo accionar a los otros se aprende mucho.”

LB: Al principio, cuando empecé a trabajar en la performance, me llenaba de objetos, los llevaba por las dudas y cada vez estoy intentando que sean menos; si uso un objeto que sea para ejercer una acción.

CC: Uno necesita agarrarse de algo, necesita encontrar una forma de sostener el cuerpo. Pero lo importante es ponerse y poner el cuerpo, eso es una performance.

La performance como elección

L B: Elijo la performance por la inmediatez. A veces tengo muchas ideas y se me pasan, caducan si no las hago. Entonces las llevo a la acción. No tengo mucha disciplina, no necesito juntarme con personas ni ver qué me tengo que poner, buscar la manera en que todos coincidan los horarios ni ensayar. Con la performance tengo una idea y la hago. Me gusta que no sea espectacular, que no haya que pagar una entrada, me gusta porque es humilde. Me había alejado del teatro porque sentía que no me terminaba de cerrar, ensayar nueve meses para actuar dos días y que tuvieran que pagar la entrada para venir a verme.

La primera performance que puedo reconocer como tal, que en ese momento no sabía que lo era, fue en 1999. Un amigo me dice: “¿Nos vamos a Nueva York la semana que viene para hacer unas fotos?”. Y acepté. Estando allá, él tenía unos trajes hechos de telar y comenzamos a accionar revisando basura en las calles. Él realizó el registro y la llamamos Homeless Fashion. Luego realicé una producción con artistas de distintas disciplinas. Me interesaba trabajar la relación actor espectador, una mínima unidad teatral más objetos artísticos. Investigar el espacio dramático de la obra plástica. Por lo tanto, en un espacio cerrado se montaron obras de los artistas convocados y las fui interviniendo en performance para un espectador que realizaba el registro. En este proceso de armar la cosa, no entendía dónde estaba la obra, no entendía que mi obra era esa. Hasta que alguien empieza a avivarme de que eso era arte acción. Comienzo a indagar en el tema y lo sintetizo en una unidad de instalación que era la obra, la proyección y la performance que iba a estar en ausente. Este proceso duró un año. En  2004 lo presenté en una convocatoria y quedó. Se llamó En los límites del ego, la ausencia es infinita. Áura Egó.

Ahora estoy en otra situación, más chiquita, más cerrada y más investigativa. Hoy tengo una pulsión muy fuerte de utilizar menos objetos, de despojarme. Estoy investigando el neo-nudismo, el prender una cámara web dentro de la casa y poner el cuerpo, para preguntarme qué sucede con el inconsciente colectivo en relación a la virtualidad y las redes sociales. Por eso, no sé si en un comienzo elegí a la performance, porque llegué a ella como de casualidad; pero hoy sí la elijo.

CC: Empecé a realizar acciones en 1996. Antes venía pintando y me representaba. Me acuerdo que en la primera performance había puesto una tela que ocupaba un espacio vertical, pero también horizontal en el piso; quería pintar la Pirámide de Mayo con las Madres de la Plaza realizando la ronda. Empecé a pintar todo de marrón no sólo la tela que colgaba, sino también aquella que se encontraba donde yo estaba. De alguna manera yo también estaba dando la vuelta con las Madres y saliendo del plano, integrando la tridimensión. Pero aún no me animaba a accionar en público. Le pedí a alguien que me filmara y realicé una de mis primeras performance de género que se llamó En el baño, en la cual me travestía. Primero me afeitaba el rostro y las piernas, me ponía un traje de hombre y salía a la calle. Me subí a un colectivo, fui a un bar, al trabajo de mi papá. Este registro quedó como un cortometraje y lo empecé a presentar en concursos de video experimental, video arte, pero no entraba en ninguna categoría. Lo presento en el año 2000 en Sueños Cortos, que recién empezaba, y saca una mención. Después me asusté porque parece que me salió bien, y seguí pintando.       

El trabajar con género siempre me llama. En una época me sentía cómoda con el travestismo, porque era como una máscara que no dejaba sacar quien era yo y hacía de hombre. Luego realicé fotoperformances donde me llamaba Roberto y buscaba los límites entre el binomio femenino-masculino; después me ponía en el medio y no sabía qué era, qué parte del binomio. La investigación de la performance me acompañaba en mi propia búsqueda personal de género.

La experiencia corporal como camino para la performance

LB: No es fácil ver performance porque el performer interpela, desordena, es incómodo. Trabaja con el conocimiento de su propio cuerpo y lo presenta.

CC: Al principio, poner el cuerpo se siente como un cachetazo, pero se insiste porque hay algo que se necesita seguir haciendo y cuando entendés que el arte es un juego te vas salvando. No me interesa saber si el arte que hago es feminista o no, siempre hice cosas en contra de lo patriarcal. Tuve que aprender a ser gay porque no me lo esperaba. En esta cultura antropocéntrica y patriarcal tuve que aprender porque no era fácil. Ahora tengo que aprender a ser persona, descubrir quién era antes de todo ese aprendizaje. Eso es lo que estoy tratando de descubrir en este cuerpo, cómo puedo llegar a ustedes con lo que yo soy, pero sin que ustedes me estén mirando desde un solo lugar.

LB: Tuve que aprender a no ser gay. Porque de chiquita si me subía a un árbol era varonera, si jugaba con mi papá y mi hermano a la pelota también. De chiquita te van enseñando qué es lo que hay que hacer para ser mujer. Yo no era una mujer femenina que se pintaba, que se ponía la pollerita. Entonces, ¿cómo pararme frente a los otros? Tengo un cuerpo, este cuerpo. Nunca lo feminicé, nunca lo construí desde lo que el patriarcado dice que una mujer debe ser. Nunca partí desde el dejar conforme al otro. Cuando era más chica, me sentía un poco diferente hasta que, en un momento, exploté con mi propia personalidad y empecé a tener un levante bárbaro. Pero fue un proceso que tardó, tuve que vencer un montón de cosas, siempre fui muy alta, deportista, distinta.

CC: ¡Menos mal lo de la performance entonces! Porque la performance te ubica en un lugar y dice: “Bueno, yo soy esto, loco. Si no te gusta, ándate”. Te da un saber que te provee seguridad, te permite ver qué es lo más importante de todo esto: lo que se es. Con la performance, de alguna manera, uno explota y al mismo tiempo tiene un soporte de formación que te permite llevarlo adelante. Y al modelo patriarcal le da una patada.

LB: Con la performance encontrás tu propio lugar muchísimo más rico, con más personalidad, más propio, y entendés que algo pasa porque no estás copiando ni reproduciendo. Te das cuenta de que podés manejar tu cuerpo de otras maneras. Ser de otras maneras. Lo más importante es seguir haciendo y ser auténtica en la búsqueda.

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“Noche de los Lápices”, el cine en la post-dictadura

Por Iván Garzón

En un nuevo aniversario de la “Noche de los lápices”, La Luna con Gatillo dialogó con Gonzalo Aguilar, quien analizó el cine de la época. 

A 40 años de La noche de los Lápices, repasamos la arquitectura y entramados sociales y políticos del “séptimo arte” en la post-dictadura. El crítico cultural Gonzalo Aguilar aportó su visión acerca de las producciones realizadas de la reciente historia Argentina.

Sobre la temática que nos convocaba comentó que le llama mucho la atención que no haya otra película sobre La noche de los lápices, ya que es un tema que, en principio, fue mal tratado en ese film, y también, que habiendo tantos documentales sobre la dictadura y la década del 70, resulta muy raro que no se haya hecho uno con toda la perspectiva que ha dado el paso del tiempo sobre ese acontecimiento.

Por otra parte señaló que la película de Héctor Olivera es “muy floja”, una película “que tiene todo los defectos de las películas de esa época pero suma algunos propios”. Afirma Aguilar: “había algo muy en particular de esa época y era tratar de que las víctimas no estuvieran tan asociadas a la cuestión de la guerrilla. Es un proceso que tenía que ver más que nada con culpabilizar a los militares y dejar en un segundo plano el hecho de que alguna de las victimas del terrorismo de Estado hubiese participado de las organziaciones armadas. Esa idea llevaba a tener una imagen de los chicos de la noche de los lápices un poco ingenua”.

El crítico cultural también repasó “La República perdida”, película hecha por el sector alfonsinista, de la remarcó su carácter de “apoyatura” del radicalismo en la contienda electoral. Otro película importante que hubo en ese momento, según Aguilar, fue “Evita, quien quiera oír que oiga”, de Eduardo Mignogna, film que mezcla “un poquito de ficción y un poco de documental”, y también, “Juan, como si nada hubiera sucedido”, la que rescata como mejor película del período dedicada a la temática.

Escuchá el 27° programa, segunda temporada (2016): https://ar.ivoox.com/es/12944246

 

*en LA LUNA CON GATILLO: Una Crítica Política de la Cultura”, que se emite los jueves de 15 a 17 horas por radio Eterogenia

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Amateurismo, Discenso y Excepción

El director teatral Luciano Delprato explicó en qué consiste “Circuito Nacional del Teatro”.

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Curare: el tiempo es un veneno

Por Roma Vaquero Diaz

El fin de semana pasado se presentó la performance “Curare”, de los artistas argentinos Carina Ferrari, Jackie Miller, Alfredo Rosenbaum y Guadalupe Neves, que luego dialogaron con el público sobre esta forma de arte.

 

“Cada minuto es un minuto menos.

Necesito un amor.”

Manal (1969)

Llegamos a Peras de Olmo y los rincones de este espacio dedicado a la performance se llenan a toda velocidad. La voz de Carina Ferrari hace espacio entre los cuerpos, Jackie Miller comienza a contar infinitamente los minutos de Guadalupe Neves y Alfredo Rosenbaum que, en trance, descienden las escaleras que comunican la sala con el primer piso. Los espectadores se agolpan, se entrelazan e intentan encontrarse con la acción de estos cuatro artistas argentinos que presentan Curare, una performance donde los cuerpos y la composición visual se cruzan con el sonido y la palabra.

El acontecimiento se desarrolla simultáneamente en distintos recovecos, envolviéndonos en una configuración espacial excéntrica que propicia la dialéctica de la relación espectacular. La escena no se halla clausurada con límites precisos, sino que es abierta y constantemente móvil. Con respecto a esta disposición, Alfredo Rosenbaum afirma: “En la performance uno nunca deja de ser uno mismo, esa presencia genera una ambigüedad en el límite entre el que acciona y el que percibe. Esto genera sensaciones y tensiones propias del arte de acción, el límite entre unos y otros podría quebrarse, deshacerse, atravesarse”.   

La mano de la performer Carina Ferrari nos invita con pastillas de colores, que todos tomamos alejándonos del ritmo de los semáforos, del ruido, de los bondis y no hay más noche ni remedio que este encuentro.

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Curare
nos confronta al juego de sabernos alienados, del simulacro de vida que se apodera de las libertades y corrompe la verdadera existencia, donde el tiempo es cuantitativo a un ritmo que enajena y enferma los cuerpos que lo transcurren. A través de la acción, los y las performers buscan un bálsamo en el amor, en el trabajo, en los sistemas de salud corrompidos por el mercado farmacéutico y la burocracia, pero los intentos son imposibles: la salud, el aliento, el pulso se escapan irremediablemente. ¿Acaso será posible curarnos? Frente a la caída fatal de la sangre tal vez la única respuesta sea el arte.

La performance es una ceremonia de transformación donde la concurrencia resuena colectivamente, y esto es posible por la presencia del performer. “La diferencia entre el teatro y la performance está dado por no jugar a ser otro, sino en ser uno como sujeto presente y permitir que el propio cuerpo sea atravesado por las acciones”, indica Guadalupe Neves. Al mismo tiempo, “un performer debe trabajar siempre con la incertidumbre, con la posibilidad de modificarse en el momento de la acción, y el trabajar con otros requiere de un acuerdo para poder soportar ese momento de caos”, agrega Carina Ferrari.

Ferrari, Miller, Neves y Rosenbaum comparten áreas dentro de la Universidad Nacional de las Artes y en proyectos de investigación, pero es la primera vez que realizan una performance juntos. Jackie Miller nos cuenta: “La creación colectiva, el pensamiento con otros, es la manera de poder construir, sobre todo en este tipo de producciones de lenguajes combinados, donde la cuestión metodológica de poder cruzar lenguajes tiene que ver con agruparse, intercambiar ideas y llegar a un objetivo preciso. El arte de la performance ofrece la posibilidad de compartir zonas de la propia existencia y para eso siempre es necesario que haya un otro. El cuerpo colectivo del espacio que habita la performance es lo que propicia la construcción colectiva, aunque la propuesta sea individual. La performance no es un espectáculo, es una red que se arma donde el público se integra a la experiencia”.  

Festival Internacional de Arte Vivo Arte al Cubo

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Ahora la invitación es para el próximo encuentro del Festival Internacional de Arte Vivo, en Peras de Olmo, Niceto Vega 4678, los días 21 y 28 de septiembre, y 5 de octubre. En el festival no sólo se presentarán performance sino que también se realizarán conferencias y mesas redondas. El encuentro está organizado por la Especialización y la Maestría en Lenguajes Artísticos Combinados del Departamento de Artes Visuales de la UNA y por los artistas de Curare.

 

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