Natalia Romero: “Uno escribe porque ama”

Por Laura Cabrera @LauCab /Foto: Andrés Álvarez

La escritora Natalia Romero presentará este miércoles en el Centro Cultural Matienzo el libro “El otro lado de las cosas”, tercera producción colectiva surgida del taller de escritura que coordina. Estos ejemplares editados por el sello Peperina Editora cuentan con relatos de cuarenta autores y autoras que, motivados por la “fascinación ante el mundo”, lograron rescatarle otra esencia a lo ya conocido.

Todo comenzó hace tres años atrás cuando la escritora Natalia Romero comenzó a coordinar el taller de escritura al que llamó “El otro lado de las cosas”, en homenaje un verso dentro del poema “La cara oculta”, de una de sus autoras de cabecera, la argentina Diana Bellessi. Para ese año, una de las primeras en llegar al taller fue Sara Paoletti. El taller crecía, la necesidad de exteriorizar las producciones que allí nacían se hacía cada vez mayor, y fue entonces cuando Sara, que además es diseñadora gráfica, propuso comenzar a pensar en la idea de un libro. Fue entonces cuando en ese ámbito íntimo, de comodidad y amistad que se generaba en la casa de la escritora, comenzó a materializarse esa idea de una publicación en papel.

“Al taller lo doy en casa y para mí siempre lo más importante de la literatura es que haya confianza, que uno se sienta cómodo, que pueda liberarse y ser sincero. Se armó una cosa de mucha amistad, entonces a partir de la propuesta de Sara de armar el libro, empezamos a organizarnos en 2015, juntamos plata entre todos para pagar el costo de la imprenta”, rescata Natalia al hablar de esa idea surgida de manera grupal y también como resultado de sus experiencias como participantes de talleres en donde una vez finalizado un texto surge esa necesidad de plasmarlo, dejar de modificarlo, de tan solo dejarlo ahí, para que otros y otras lo lean, lo interpreten, porque al fin y al cabo lo importante es soltar lo que cada uno escribe para que “haga su camino”, como explica Romero.

Estos tres años de historia tuvieron sus frutos en “El otro lado de las cosas”, compilado colectivo de más de 40 autores y autoras que pasaron por el taller y que presentarán sus producciones este miércoles 22 desde las 20 en el Centro Cultural Matienzo (Pringles 1249, CABA). Antes de esta fecha, que además incluirá música de la mano de Camilo Cipolat (quien también fue parte de uno de los talleres) Natalia Romero dialogó con Marcha acerca de esta experiencia puntual y sobre el hecho de escribir, de despojarse de ciertas cuestiones para dar lugar a una acción en la cual considera que el amor y la fascinación por el mundo cumplen roles fundamentales.

 

– “El otro lado de las cosas” surge de un taller de escritura, por ende es además un libro de creación colectiva. Teniendo en cuenta las individualidades de cada escritor o escritora que participó, ¿qué une a cada relato en lo colectivo?

-Lo que une a cada relato creo que tiene que ver con el espíritu del taller. Tiene algo de renovar o volver a mirar las cosas, de encontrarle el otro lado de la mirada más automática de las cosas, como de volver a ver por primera vez. Hay un texto de Patii Smith que a mí me gusta mucho, que es como el centro de todo, cuando ella en “Eramos unos niños” ve un cisne por primera vez y le pregunta a su madre qué es eso. La madre le dice que es un cisne y ella contesta “la palabra no me alcanzó” para decir todo lo que ella estaba viendo en ese cisne que se desplegaba en el lago. Entonces, me parece que lo que une a cada relato es un poco esa fascinación por el mundo. Para mí es importante que cada uno desarrolle lo mejor de su propia voz. Cada uno tiene una forma distinta de contar su experiencia, su vida o lo que surja.

– Yendo un poco al antes, a los talleres y a la idea de escritura, ya sea de cuentos, poesías, relatos, ¿cualquiera puede escribir?

-Cualquiera puede escribir siempre y cuando quiera escribir, siempre y cuando lo sienta. En el taller no trabajamos con formato cerrado, la forma viene sola. Creo que hay como una forma que cada uno tiene adentro y lo más difícil es encontrarla, lo más difícil es encontrar la propia voz, que a veces está un poco más oculta. Por eso también tiene que ver con el deseo: tiene que haber algo que uno no puede parar, algo irreflenable.

-¿Qué elementos son importantes a la hora de escribir literatura?

Lo más importante a la hora de escribir literatura es mucho amor, fascinación por el mundo, no tenerle miedo a la escritura, al misterio, no tener miedo a soltar el control. Uno se entrega a la escritura. Uno tiene que aprender que en la escritura no controla nada y que va a descubrir cosas propias que ni sabía que sabía. Uno para escribir tiene que tener confianza, disfrute, todas esas cosas que hacen a por qué uno escribe. Uno escribe porque ama.

-Teniendo en cuenta que la literatura siempre encierra un contexto en el cual un texto fue producido y que en ese sentido el arte es también una herramienta de lucha, ¿qué rol considerás que cumple hoy la poesía y los cuentos?

-La poesía, la literatura, es una gran herramienta de resistencia sobre todo. Yo aprendí mucho de Diana, de Paula Jiménez España, de Claudia Masin, que son mujeres que me marcaron en relación a lo que implica una poesía de resistencia. Sobre todo lo es también como dice María Teresa Andruetto, que es como que uno le gana al caos del mundo cuando se sienta a escribir un poema. Son esos gestos de devolvernos algo que todo el tiempo parece que nos están quitando. El rol es un rol de salvación, de resistencia y de fortaleza.

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El domicilio del espanto

El domicilio del espanto

Libros 4 septiembre, 2017 0

Por Cezary Novek / Imagen: La Primera Piedra

Reseña de La casa de los eucaliptus, el nuevo libro de relatos de Luciano Lamberi.

Luciano Lamberti se ha labrado en los últimos años, libro a libro, una sólida reputación como cuentista. En su primer volumen, El asesino de chanchos, introduce un realismo sucio ambientado en paisajes rurales y pueblos perdidos de la Argentina profunda. En El loro que podía adivinar el futuro, se adentra en lo fantástico sin perder ese color regional. Entre medio de estos títulos, incursionó dos veces en la novela, con Los campos magnéticos y La maestra rural. En ambos casos, coqueteando con la ciencia ficción sin apartarse de los tópicos característicos de sus cuentos: personajes oscuros, secretos de pueblo que se murmuran en voz baja, el trabajo con lo no dicho y los narradores indiferentes. Con La casa de los eucaliptus le toca el turno al terror puro y duro.

El cine gore, las leyendas urbanas, los creepypastas, las series clásicas de sci-fi  y lo mejor de la literatura de horror –desde Stephen King hasta los maestros de la era dorada del pulp de Arkham House– se dan cita en esta colección de doce relatos que juega a reinventar los tópicos del género. A medio camino entre el pastiche con guiños para los lectores frikis y la lúdica intertextual, Lamberti recrea elementos de sus libros anteriores tiñéndolos de un sabor macabro que vuelve la lectura, como mínimo, adictiva.

Sin desnudar finales ni tramas, la mejor descripción que se puede hacer del libro es la sinopsis de las historias: Los caminos internos, el primer cuento de esta colección, trata sobre un médico que se plantea su trayecto de vida mientras incursiona en un pueblo plagado de recuerdos inquietantes en una historia digna de La dimensión desconocida. El segundo relato –que  lleva el mismo título que el libro– cuenta la historia de un padre de familia que pacta con una misteriosa visita; vínculo que desatará una serie de crímenes brutales. El tío Gabriel plantea una versión alternativa de zombie, más cercana a los del sueco John Ajvide Lindqvist en Descansa en paz que a los caníbales putrefactos de George Romero. Los chicos de la noche cuenta un misterioso encuentro con una tribu de skaters, relato muy afín al imaginario del primer Clive Barker, así como también a los paisajes urbanos de Mariana Enríquez. Hay una hipótesis sobre las fuerzas malignas que tiran los hilos del poder en El espíritu eterno, mientras que en Vida de E. se presenta una sátira macabra del circuito cultural, cercana a los relatos de humor negro de Gustav Meyrink. La ventana plantea un interesante intercambio entre mundos que lleva al protagonista a la destrucción de su psiquis. Eddie, por otra parte, es una historia sobre un chico retraído con una familia opresora que comienza una retorcida amistad con un ser que habita en el espejo. Muñeca, uno de los puntos más oscuros de la colección, funciona como homenaje a La gallina degollada de Quiroga mientras reescribe con estilo Lolitas de juguete, una de los más inquietantes creepypastas que circulan por la red. Acapulco pone en juego un enigma policial que deja espacio para que el lector dibuje el rostro del espanto como más le plazca. Carolina baila retoma el dilema sobre qué pasa con las cuentas de Facebook cuando los usuarios mueren. Santa, el cuento que cierra el recorrido, explora los recovecos del fanatismo, la superstición religiosa y las posesiones demoníacas con un final abierto que abre las posibilidades a imaginar lo peor.

En La casa de los eucaliptus, Lamberti amplía el universo ficcional presentado en libros anteriores con un estilo simple y directo, que invita con una lectura amena e hipnótica a aventurarse en un mundo de espantos, donde el miedo se presenta no tanto en el monstruo sino en cómo lo desconocido desnuda los aspectos menos tranquilizadores del ser humano. Descubrimiento que lleva al crimen, la locura o la destrucción a la mayoría de los personajes, cuando no deciden hacerse a un lado y convivir con el mal.

 

Luciano Lamberti (San Francisco, Córdoba, 1978). Es Licenciado en Letras, reside en Buenos Aires y dicta talleres de escritura creativa. Publicó Sueños de siesta (La Creciente, 2006), San Francisco (Funesiana, 2008; China Editora, 2014; poesía), El asesino de chanchos (Tamarisco, 2010; Nudista, 2012; cuentos), Los campos magnéticos (La Sofía Cartonera, 2012; China Editora, 2012; nouvelle); El loro que podía adivinar el futuro (Nudista, 2012; cuentos) y La maestra rural (Random House Mondadori, 2016; novela). Participó de las antologías: 10 Bajistas (Eduvim, 2008), Es lo que hay (Babel, 2008), Un grito de corazón (Mondadori, 2008), Hablar de mí (Lengua de Trapo, 2009), Autopista (Raíz de Dos, 2010) y No entren al 1408 (La biblioteca de Babel, 2013).

 

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“El Hereje: Apuntes sobre John William Cooke”

Por Mateo Cocco

Reseña del libro “El Hereje: Apuntes sobre John William Cooke” , de Miguel Mazzeo.

 

Miguel Mazzeo se sumerge una vez más en el universo de John William Cooke a través de “El Hereje”. La relación entre ambos recorre todo el texto, el autor se reconoce un lector permanente del peronista revolucionario, encontrando en él una fuente que incita a la reflexión y aporta claves para la comprensión (y transformación) de la realidad actual. Muestra de esta persistencia son sus dos publicaciones precedentes al libro de la presente reseña. En este interés hay una matriz netamente política, que no reniega de la erudición y la vasta referencia bibliográfica, pero se resiste a caer en los límites de la academia y busca ser una herramienta de organización y transformación. En este sentido el libro tiene el objetivo de plantar bandera y retomar a Cooke desde y para el espacio político del que Mazzeo forma parte, más allá de la participación en estructuras orgánicas; la “izquierda popular”. Un espacio en formación y reformulación, heredero de la rebelión popular del 2001, que busca construirse en base al poder popular, la autodeterminación y la afirmación del pueblo trabajador como sujeto transformador; un espacio en el que, aunque seguramente aborrezca la analogía, Mazzeo y “El Hereje” se mueven como pez en el agua.

Dirigido a un público principalmente militante, el libro está escrito desde un estilo llano que no escapa de la definición teórica y política. También recurre, aunque menos que en otros escritos del autor, a imágenes y metáforas que apelan a la traducción sensible del contenido expresado. Mazzeo intenta comprometer al lector desde un lugar que exceda la razón, requisito indispensable para la construcción de mujeres y hombres nuevos y militantes. Para el autor Cooke es un arma tenaz que dirige la discusión a dos frentes: contra el peronismo burgués y adaptado a la lógica estatal y la izquierda dogmática y eurocéntrica. Sin impedir por ello las autocriticas que caben desde el libro al propio espacio político en construcción.

El objetivo del libro se despliega multiforme, abarcando una serie de disciplinas y géneros que, aunque se entremezclan, constituyen  distintos momentos de la obra. El primer momento, del capítulo uno al tres se puede calificar de metodológico, donde el autor enuncia sus objetivos y las hipótesis y líneas teóricas que recupera y desarrolla a lo largo del libro. El segundo momento, del capítulo cuatro al dieciocho, se embarca en una biografía política de Cooke, donde el devenir de la praxis va hilvanando la construcción teórica. El tercer momento, del capítulo diecinueve al treintaiuno, retoma de forma ensayística los aspectos que Mazzeo considera los principales legados de la militancia de Cooke, cristalizando en cada capítulo las hipótesis que va deslizando en el primer momento y que desarrollando desde lo biográfico-político. Cabe señalar que dentro de este momento ciertos capítulos, del veintinueve al treintaiuno y partes del veintiséis, toman un cariz más literario y poético donde las conclusiones se mezclan con una faceta sensible del conocimiento. Por su parte, el prólogo y el epílogo construyen desde las trayectorias de sus autores uno de los hilos que nos propone el libro, de la participación inmediata de Guillermo Cieza en las Fuerzas Armadas Peronistas y por ende en el legado de Cooke y la continuidad de su praxis, al desafío de su recuperación y resignificación por parte de las nuevas generaciones militantes expresadas en Mariano Pacheco. Una operación más que necesaria la que nos propone Mazzeo, buscar realizar la transmisión de las experiencias y saberes militantes de una generación a otra y revertir su violenta interrupción por la dictadura genocida.

El autor sostiene como idea central a lo largo del libro que Cooke es un autor insoslayable para la construcción de una alternativa revolucionaria en Argentina y Nuestramérica. En el primer momento plantea en una serie de hipótesis donde apoya esta idea. En primer lugar el autor señala el rol de la nación que propone Cooke para la construcción revolucionaria, señalando su potencialidad por fuera de la concepción ligada al capitalismo y proponiéndola como un espacio de representación común de lo plebeyo. Esto se relaciona inmediatamente con el ejercicio de un antiimperialismo fervoroso y coherente hasta las últimas consecuencias, es decir que asume un necesario carácter socialista, que apuesta a la soberanía y al poder popular. Su segunda hipótesis es la capacidad de Cooke de superar el pensamiento positivista y desarrollar un análisis de la totalidad contradictoria, es decir dialéctico. De allí se desprende su voluntad de operar dentro del peronismo que, al albergar contradicciones de clase en su interior, permitía trabajar desde su interior para la supresión de estas en favor de los trabajadores. Vale la aclaración; Mazzeo sostiene que esas condiciones no existen más en el peronismo hoy actualizado como partido del orden y mero aparato vertical de poder, que ha sido despojado de todo contenido popular e históricamente progresivo. Por último destaca la importancia carácter herético y heterodoxo del “Bebe”. La potencia de la herejía consiste en la búsqueda de acciones con eficacia transformadora antes que de teorías cuyo contenido revolucionario existe a priori y por fuera del desarrollo histórico concreto. La heterodoxia es fundamentalmente un fruto de una actitud política que prioriza la experiencia histórica popular, y se predispone al desarrollo teórico que implica la praxis.

El momento biográfico-político le permite a Mazzeo, al tiempo que plasma situaciones cotidianas dirigidas a conseguir la empatía del lector, analizar como una dialéctica (no evolutiva) el pensamiento de Cooke. Fraguado en la lucha de clases y el desarrollo de las contradicciones sociales, el viejo Cooke contiene al joven (incluso al reformista) y va conformando el corpus de teoría y práctica que Mazzeo retoma como legado. El autor sostiene que Cooke asumió al marxismo desde el peronismo, a partir del vínculo orgánico que estableció con su componente obrero, popular y nacionalista antiimperialista. Cooke no tuvo duda de que al bando al que había atado sus destinos no le cabía otra posibilidad que la de asumir sus enemigos de clase y radicalizarse en el ensayo de una revolución social porque, de hecho, la imposibilidad material de reeditar la alianza de clases del ’45, en sintonía con el avance revolucionario en el plano internacional, ya estaban conduciendo al pueblo por ese camino. Es en este desarrollo de Cooke y el propio pueblo (peronista) que Mazzeo encuentra la confirmación de las hipótesis planteadas y sostiene la importancia de su incorporación, en tanto experiencia, práctica y teoría, al acervo de propuestas emancipadoras que sirvan a la formación conjunto de la militancia revolucionaria.

Al momento de cristalizar los aportes que Cooke le dejó al campo popular el propio Mazzeo asume la dificultad de hacerlo a partir de “un teórico que no habitaba ninguna teoría”. Sin embargo logra aportar una serie de concepciones que pueden ayudar a moldear una praxis militante sincera y fructífera. La confianza en la creatividad plebeya, emanada de la síntesis de sus tradiciones que desarrolla la lucha de clases, es sin duda insoslayable. Entender que el sujeto revolucionario es más importante que las preconcepciones que de él se puedan tener, motiva a la sensatez de no intentar meterlo a patadas en algún modelo de revolución. Impulsar una pedagogía de la praxis cuya única premisa sea que la opción revolucionaria solo surge de la lucha y la experiencia compartida que forma a los sujetos, constituye un anticuerpo contra actitudes iluministas (generalmente pequeñoburguesas). La valoración de los intereses nacionales, que solo pueden ser encarnados por el pueblo de forma antiimperialista y revolucionaria, nos alerta contra nuestro sectarismo y nos invita a hacer compañeras a tradiciones de las que no provenimos. El lugar relevante de lo sensible en la construcción política, principalmente concentrado al final del libro, también nos estimula a replantear los parámetros estéticos (y en definitiva éticos) de nuestra militancia. Estos aportes, entre otros tantos que serán profundizados en otras lecturas y relecturas, ya alcanzan para considerar satisfechos los objetivos del libro y promover su lectura.

Es innegable el interés y la utilidad que tiene la obra presentada para el conjunto de la militancia popular, en especial para las jóvenes camadas militantes que se reclaman parte de la izquierda popular. Aun con las premuras propias de la etapa actual, signada por una brutal ofensiva del capital, un espacio político novedoso y en construcción tiene la obligación de abordar seriamente los problemas estratégicos de la lucha anticapitalista y promover la formación permanente de la militancia. Afortunadamente encontramos en “El Hereje” una nueva herramienta para encarar este desafío.

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Un país atendido por sus propios dueños (segunda parte)

Por Hernán Apaza

“Está en juego el ‘nosotros’”. Segunda parte del análisis a propósito de “El cambio y la impostura. La derrota del kirchnerismo, Macri y la ilusión PRO”, de Ezequiel Adamovsky.

Límites (y conservadurismo) kirchneristas…

La hipótesis de Adamovsky es que, compartiendo un objetivo concreto (la reconstrucción de la autoridad del Estado y de las condiciones mínimas para la acumulación capitalista), tanto la suerte del kirchnerismo como la del PRO estuvo en su capacidad relativa de proponer tal reconstrucción, pero sin dejar de conectarse, al mismo tiempo, con los anhelos de cambio que alimentaron la rebelión. De allí que la victoria de Macri en 2015 estuvo directamente relacionada con las limitaciones de la transformación impulsada durante más de una década kirchnerista, tanto como con la propia habilidad PRO para identificarse con la ilusión de una nueva política (p. 173).

Esquemáticamente, podría decirse que los momentos político-electorales y sus resultados pueden interpretarse a partir de una función simple: cuanta más cercanía existía entre los ‘anhelos’ político-culturales del “momento 2001”, mayor será la capacidad de atracción de simpatías populares y votos. A su vez, esta dinámica vendría a estar reforzada -aunque no siempre- por la situación económica de las clases populares. En este esquema podría interpretarse la derrota de 2009 (producto del alejamiento de la transversalidad y con la consecuente renuncia a la ilusión de representar a una nueva política), como así también la gran victoria de 2011, en la que se capitalizaron toda una serie de transformaciones muy importantes durante los años previos: la asignación universal por hijo, la recuperación del control estatal sobre Aerolíneas Argentinas e YPF, la Ley de Matrimonio Igualitario, el fin de las AFJP, entre las más importantes. Todo esto último, organizado a partir de un discurso setentista, que reinstalaba cierta retórica (contra la oligarquía, antiimperialista), que lejos estaba de ser la expresión real de la línea política y económica del momento (basada en un modelo extractivista, con multinacionales como grandes actores), aunque servía para conectarse con los nervios más sensibles de 2001 y una memoria histórica y emotiva de más largo aliento.

Porque no era un discurso coherente con la realidad, fue perdiendo su eficacia con el paso del tiempo; también, debido a los cada vez más numerosos casos de corrupción y, desde ya, por las dificultades de la economía luego de 2012. El kirchnerismo llega a las elecciones de 2015 en un momento de franca declinación y debilidad, en la que había perdido la iniciativa política. Adamovsky lo sintetiza así: “el ensimismamiento de Cristina Kirchner en sus últimos tres años, la negación de las dificultades económicas, la repetición machacona de diagnósticos francamente absurdos (como el del ‘5% de pobreza’), la imposibilidad de construir una candidatura propia, fueron síntomas del agotamiento del neocamporismo” (p. 181). De ser un movimiento a favor del cambio progresivo, su campaña electoral giraba en torno a un candidato desgastado garante de la conservación de logros pasados, antes que un agente de cambio. En la vereda de enfrente, la derecha, ya desde el nombre de su coalición, despertaba una ilusión de cara al futuro.

…frente a las ambiciones del PRO

Conviene destacar algo que muchas veces se olvida y Adamovsky hace bien en recordar: estamos frente a una fuerza política que con tan sólo una década de vida, sorprendentemente, logró hacerse de la presidencia. Y sin ánimos de provocar, puede decirse que haya sido el kirchnerismo quien construyó las condiciones de posibilidad para que esta fuerza política lograra aglutinar simpatías en torno a la figura de un desangelado y pacato empresario. Más allá de ello, los méritos del PRO están en haber sabido leer la coyuntura y construir a partir de condiciones que parecerían que le eran siempre adversas. Al decir de Adamovsky, “su éxito estuvo relacionado con su capacidad de ‘leer’ el 2001 y adaptarse a sus demandas… ha comprendido que debe lidiar con una sociedad que no desea regresar al pasado neoliberal y que rechaza el individualismo extremo, la desigualdad y la idea de un Estado mínimo” (p. 183). Es por ello que el macrismo se ha dado a la tarea de “restaurar el dominio total del empresariado sobre la política proveyéndola de un partido propio, pero tomando debida nota de que es preciso generar las condiciones políticas, culturales e ideológicas para dotarlo de legitimidad y para hacerlo sustentable en el tiempo” (p. 183). Desde ya, si bien pueden ser predominantes los rasgos igualitaristas de la sociedad, debe considerarse que la dictadura genocida primero y la imposición de reformas estructurales del noventa después, produjeron una gran fragmentación social con la consecuente afectación de la solidaridad inter e intraclases.

El mérito del libro es justamente el de haber identificado la profundidad del proyecto del PRO: su “cambio cultural” resulta del aprendizaje de los límites y resistencias que proyectos como el que hoy están imponiendo, encontraron en el pasado. El autor recurre a diversas intervenciones públicas (entrevistas y libros) de funcionarios e intelectuales orgánicos del PRO para dar cuenta de este programa. Buscan una “necesaria redefinición de las relaciones entre los individuos, la sociedad y el Estado” a partir de la alteración del sistema de valores dominante. No es casual que, para disputar sentidos en torno a estas cuestiones, hayan tenido la capacidad de inocular ciertos términos en el debate público o de redefinir algunos ya utilizados: “la cultura del trabajo” (entendida con un compromiso con la productividad), “igualismo” (despectivo neologismo acuñado para atacar al igualitarismo); y el “pobrismo” (término que funciona como puente entre la visión del emprendedorismo y la crítica al populismo). En lo que Alejandro Rozitchner llama “mutación psicológica de la Argentina” se desprende la necesidad empresarial de transformar los valores a través de la imposición de una nueva visión de “lo colectivo”, sobre la base de un desplazamiento: el compromiso debe estar con la ‘igualdad de oportunidades’ (lo que, por cierto y como destaca Adamosvky, no implica vivir en una sociedad de iguales). Sintéticamente, se trata de un neoliberalismo que no es culturalmente conservador ni darwinista sino que se quiere ‘progresista’ y con sensibilidad social. A diferencia del neoliberalismo, proponen un Estado “presente”, orientado al desarrollo individual de cada persona, lo que puede implicar políticas para la eliminación de la pobreza extrema (no de la igualdad), ecologismo, pinkwashing, entre otras propuestas progresistas (p. 192).

En este marco, cada quien puede -y debería- transformarse en un ‘emprendedor’. Sin estructuras que vinculen y protejan colectivamente a las personas, sin mecanismos que las incluyan o las aten y, sobre todo, sin rasgos distintivos políticos o culturales y con la vocación de ser parte del mercado como organizador de la vida en conjunto. En ese mercado, el emprendedor tiene iniciativas, responsabilidad y capacidad de trabajo en equipo; coopera con los demás, “arma equipo”, abanderado de las innovaciones que prometen llevarnos a todos a una vida mejor. Sin ser invento macrista, el “emprendedorismo” se ha transformado en el corazón de la utopía PRO. Y aunque no parecieran estar conectadas, Adamovsky muestra los hilos invisibles que lo vinculan con algunos emergentes del 2001, en particular con las iniciativas de la economía popular y solidaria (pp. 192-200).

Romper la falsa dicotomía, construir un proyecto popular autónomo

Muchas veces las organizaciones de izquierdas -fundamentalmente quienes provenimos de la llamada izquierda independiente/autónoma-, debatimos en torno a las lecciones de 2001. En un punto, las derivas de las diferentes organizaciones tienen mucho que ver con las conclusiones que fueron extrayendo de aquella rebelión. El PRO también ha sabido sacar sus conclusiones. Y eso es lo que viene a decirnos con gran claridad Ezequiel Adamovsky. En sus palabras, “la derecha PRO ha aprendido que no alcanza con reformar la economía y redefinir el papel del Estado” sino que debe “operar pacientemente sobre el sistema de valores que predomina en la sociedad hasta acercarlo al ethos más ‘emprendedor’, anticolectivo y pro mercado que predomina en el resto del mundo capitalista. Las falsedades de la campaña electoral, la insistencia en presentarse como una fuerza ‘de izquierda’, la gradualidad con la que encararon la reforma de algunas de las áreas de la economía, la fingida austeridad, la atención puesta en el papel del Estado en la contención social, la filosofía positiva del enprendedorismo, el ataque a las universidades y al pensamiento crítico: todas son muestras del modo en que esta nueva encarnación de la derecha argentina ha sabido adaptarse a los imperativos de la hora. La marca del 2001 se nota tanto en sus imposturas como en sus visiones políticas de cara al futuro. ‘Cambiemos’ el nombre-eslogan con el que Macri llegó al poder encapsula todos los sentidos de lo nuevo que se pusieron en juego en la elección: la expectativa de una ‘nueva política’ de 2001, la demanda de un cambio ante el hastío por el kirchnerismo y el horizonte del ‘cambio cultural’ que esta nueva derecha argentina se propone operar y por el que está dispuesta a trabajar pacientemente” (pp. 205-206).

Este escrito pretender ser una invitación a que el libro sea leído, debatido y sus conclusiones puestas en tensión con las indefectibles divergencias de quienes constituyen el campo popular, no sólo para marcar las saludables diferencias, sino para reconocernos en las interpretaciones convergentes y compartidas. No hubo intención de extenderme sobre cada uno de los contenidos del libro, sino llamar la atención sobre un punto que considero urgente, tal y como lo expresa Adamovsky: “Si el macrismo consigue ocupar el poder durante el tiempo suficiente, tiene chances de conseguir el ‘cambio cultural’ al que aspira: que se diluyan los rasgos progresivos e igualitaristas que la cultura argentina aún atesora. Este punto debe tomarse con la mayor seriedad. Nosotros ya no seremos nosotros si ese proyecto triunfa” (p. 231).

Cuán macizo es este frente político cultural, cuán homogéneas y empapadas de esta ideología y por, tanto, la eficacia que tendrán sus políticas en la transformación que se proponen, todavía no lo sabemos, aunque su horizonte político es claro. Entre tantos otros aciertos, creo que el valor de este trabajo se funda principalmente en una cabal interpretación de la identidad cultural de la derecha que hoy gobierna. Esto conlleva asumir los riesgos que entraña para las clases populares, fundamentalmente claro, pero para la sociedad toda; y por ello, de la necesidad de una izquierda lúcida que logre articular no sólo una resistencia eficaz sino una verdadera opción política y cultural para el conjunto de la sociedad, en el camino de luchas con las que sembramos nuestra esperanza.

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Un país atendido por sus propios dueños

Por Hernán Apaza

“Está en juego el ‘nosotros’”. Primera parte del análisis a propósito de “El cambio y la impostura. La derrota del kirchnerismo, Macri y la ilusión PRO”, de Ezequiel Adamovsky.

Un país atendido por sus propios dueños, solemos decir a partir de la llegada de Macri y sus CEO’s a la presidencia de la Nación. Ahora bien: ¿conocemos con precisión cuáles son sus objetivos y cómo pretenden alcanzarlos?, ¿comprendemos qué cambios proponen respecto de la sociedad argentina no sólo económica sino política y culturalmente? Las respuestas que ensayemos para estas preguntas se encontrarán, seguramente, íntimamente relacionadas a las razones por las que la coalición encabezada por el PRO logró hacerse de la presidencia. Ezequiel Adamovsky se da a la tarea de responder a estas y otras significativas preguntas en su último ensayo.

Además de debatir, profundizar y comprender el estado de situación de las organizaciones de la izquierda (o del campo popular, como se prefiera), de tácticas y estrategias, de análisis de coyunturas y tantos ejercicios críticos tan válidos como necesarios, lo cierto es que no abundan los intentos por precisar la naturaleza de la dominación de clase que ejerce la nueva coalición gobernante. Una discusión en este sentido se dio al momento de fundamentar, desde diferentes posiciones, la actitud que debían asumir las organizaciones y partidos políticos de izquierdas ante el balotage. La prescindencia, el voto en blanco o el llamado a votar a Scioli demandaron de una justificación minuciosa ante una disyuntiva cuya significación, con sus divergentes interpretaciones, no escapó a nadie.

Transcurridos sin grandes sobresaltos más de un año y medio de gobierno, la gestión PRO / Cambiemos, avanza decidida. A las puertas de las elecciones de medio término, estas elecciones son presentadas como un plebiscito: entre el pasado -representado por el kirchnerismo- y la profundización de la apuesta por un cambio hacia delante. De acuerdo a simpatías y aversiones, lo negativo está en uno u otro lado. En este esquema, las diversas opciones de izquierdas intentan hacerse un lugar que desmonte la dicotomía, siendo el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) quien más referencia pública a nivel nacional ha ganado en los últimos años.

Dentro de este cuadro o más precisamente cuestionando el marco interpretativo político-cultural e ideológico dominante, Adamovsky interviene lúcidamente, desplegando con destreza su oficio de historiador para reconsiderar el último proceso electoral con todas sus aristas, perentoria y pretendidamente explicadas a partir de categorías e imágenes que, tal y como el autor se encarga de precisar, merecen ellas mismas ser reconsideradas. En sus palabras, este libro es “una reflexión sobre las dinámicas culturales, mediáticas e ideológicas que condicionaron las elecciones de 2015 y que afectaron tanto las demandas de la sociedad como las decisiones políticas de Macri una vez en el poder.” Se trata de “entender exactamente cómo se configuraron los deseos de la ciudadanía y las propuestas políticas en aquella coyuntura, las características específicas de las ideologías que se pusieron en juego, sus imágenes y sus palabras clave, sus imposturas y operaciones político-culturales y los cambios históricos de más largo aliento que explican el ascenso del macrismo y permiten aventurar cuál será su futuro” (p. 13).

En seis capítulos sólidamente elaborados, con un aparato referencial concreto y preciso, el notable intelectual de izquierdas despliega con sutil destreza argumental y ágil prosa, diferentes núcleos problemáticos que iluminan las disyuntivas propias de esta etapa. El republicanismo (capítulo 1); el populismo y su némesis liberal materializada en el antiperonismo (capítulo 2); Nisman como “caso testigo” de una dinámica mediática y de los usos políticos de su muerte y del caso AMIA (capítulo 3); la consolidación de una estructura oligopólica de medios de comunicación y su impacto profundamente regresivo en la vida democrática (capítulo 4) van confeccionando un cuadro de situación harto complejo para las izquierdas (y la cultura democrática en general). Sin permitirse la comodidad de lugares comunes, desarma falsas dicotomías a través del recurso a su oficio con maestría: historizando términos y conceptos, contextos de emergencia y cambios de modulaciones entre uno y otros. No se permite caer en abstracciones más allá de las necesarias para explicarse y permitir comprender las bases de su argumento; encuentra además en las prácticas concretas de actores políticos, sociales y mediáticos ejemplos que autorizan al autor a fundadas conclusiones.

El capítulo 5, pensamos, condensa las líneas interpretativas que se desplegaron hasta allí, como resultado de considerar que tanto el kirchnerismo como el macrismo son dos intentos de responder y clausurar, cada uno a su manera, las demandas ciudadanas abiertas por la rebelión popular de 2001/2002. Porque todo lo anteriormente desplegado (imposturas de diversa naturaleza y operaciones mediáticas) no basta para explicar la derrota del kirchnerismo a manos de Macri, Adamovsky desarrolla a partir de este capítulo los propios límites de la estrategia kirchnerista y los aciertos de su oposición, que la llevaron a la victoria.

Pero a su vez, este capítulo se transforma en una importante caracterización del horizonte del “cambio” propuesto por el PRO, que hace sistema y da basamento más concreto a la interpretación propuesta. Y si compartimos las conclusiones a las que arriba el autor, resulta imposible no preocuparse por las serias consecuencias que tendría para la cultura política argentina, de alcanzar el partido gobernante sus objetivos. El “ataque a la memoria” popular (capítulo 6), no es casual, sino que se constituye en una condición de posibilidad para el éxito de este proyecto. Lo precisa así: “está en juego el nosotros. Está en juego aquello que somos, la memoria de nuestros ancestros, nuestros valores y lo que deseamos ser en el futuro” (p. 228).

Lo que sigue no pretende ser un desarrollo exhaustivo de lo abordado en el libro sino más bien la presentación sumaria de algunos elementos centrales de la explicación desplegada por el autor, a fin de considerar lo que merece estar entre las prioridades políticas de las izquierdas: a qué derecha nos enfrentamos.

El Caballo de Troya para el “cambio cultural”: la República (liberal) asediada por el populismo

A modo de espejo invertido, los capítulos 1 y 2 están dedicados a analizar dos términos que dieron (y aún hoy dan) sustento a una “retórica exaltada y fuertemente maniquea”: republicanismo y populismo. Cierto es que puede imputársele al kirchnerismo haber operado decididamente en la construcción de un campo político bipolar en el que “a la izquierda está la pared” y sólo hay lugar para kirchneristas y una oposición de centro-derecha, cuando no definitivamente de derechas. Pero lejos de intentar desarmar esa operación, las fuerzas opositoras se montaron sobre ese esquema, lo reafirmaron y sólo procedieron a invertir los términos de los valores encarnados por uno y otro polo. Con ambos términos, Adamovsky procede del mismo modo: rastreando sus orígenes, contextos de emergencia y los sentidos que fueron adquiriendo a lo largo del tiempo, para luego considerar qué es lo que cada uno de ellos significa hoy en el contexto político, social y cultural argentino de acuerdo a los usos que hacen unos y otros.

Contrasta la flema retórica con lo que llama “indignación moral selectiva”, a la luz del cambio de gestión presidencial. Las decisiones de gobierno de Macri evidencian la diferente valoración de quienes, por situaciones no muy diferentes, consideraban a la República en peligro producto del populismo. Los ejemplos son múltiples: corrupción, transparencia (o la falta de ella), la justicia independiente versus el partido judicial, el congreso como escribanía o la soberanía popular, entre otras disyuntivas. Concluye, elocuentemente, que el recurso del “republicanismo” opera como un ‘discurso ideológico’, “vehículo de voluntades políticas que no se presentan como tales y que contribuyen a reforzar determinadas relaciones de poder” (p. 62).

El populismo tiene también su historia. Luego de recorrerla, alega que -más allá de los intentos de algunos teóricos- hoy “parece más un latiguillo que busca dar credibilidad conceptual a nociones más antiguas y menos sofisticadas como ‘demagogia’, autoritarismo’, ‘nacionalismo’ o ‘vulgaridad’” (p. 76); y que “es un término de combate profundamente ideologizado. Su valor como concepto para entender la realidad, si alguna vez lo tuvo, se ha extinguido” (p. 77). La operación ideológica queda desmontada al demostrarse que el recurso al término ‘populismo’, pretende convertirse en una invitación a “cerrar filas alrededor de la democracia liberal (es decir, una democracia de alcances limitados, tal como gusta a los liberales)”. ¿Qué valor tiene esto y qué necesidad tienen las izquierdas de comprender esto? En sus palabras: “dentro de esa masa de elementos ‘populistas’ hay… también ideas, experimentos políticos y organizaciones que tienen el potencial de ofrecer formas mejores y más sustantivas de democracia para las sociedades modernas” (p. 79).

Con ello, Adamovsky identifica la concepción que está operando bajo el manto del republicanismo: la perspectiva liberal de la política y de la sociedad. Recorre la historia del liberalismo para establecer concretamente el carácter excluyente y hostil a la democracia que ha tenido desde sus orígenes, no sólo en Argentina, con lo que desmonta las bases sobre las que se fundan las encendidas defensas republicanas frente al populismo (materializado a partir de la segunda mitad del siglo XX en un ferviente antiperonismo). De esto se desprenden conclusiones claras… y una lección: “el propio liberalismo, con sus valores individualistas, su ethos productivista y su compromiso irrestricto con los intereses de los empresarios es, de hecho, una de las mayores amenazas que corroen las democracias actuales” (p. 79); “es legítima la sospecha de que sus pedidos de ‘diálogo’, ‘tolerancia’, y ‘pluralismo’ llevan implícita una lista de invitados que excluye a buena parte de la población y a sus expresiones políticas preferidas (…). El reverso de ese ‘pluralismo’ se revela, así, curiosamente unanimista, intolerante y presto a promover o permitir el autoritarismo y la violencia” (p. 99). Y por ello, la lección: “la necesidad imperiosa, para los intelectuales que pretendan situarse a la izquierda, de plantear las críticas al peronismo sin caer en las chocheras del antiperonismo. Porque éstas -queda probado-, inevitablemente terminan alimentando las alternativas de derecha” (p. 104).

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Un libro que viene de lejos

Por Joice Barbosa

Representantes de las comunidades del Pueblo Nivaclé llegaron a Ciudad Autónoma de Buenos Aires para la presentación del libro El Pueblo Nivaclé en Formosa ¡ESTÁN! en el Senado de la Nación. Asistieron referentes de distintos pueblos indígenas del país.

La presentación del libro El Pueblo Nivacle en Formosa ¡ESTÁN! se realizó el pasado 23 de junio.  El Pueblo Nivacle, es uno de los pueblos ancestrales del Gran Chaco americano. Hoy su población se encuentra distribuida en los países de Argentina, Paraguay y Bolivia. En Argentina  han vivido entre los ríos Pilcomayo y Bermejo. Las personas que se autodenominan como Nivaclé, forman parte de uno de los últimos grupos en ser hallados en el proceso de colonización del Chaco. Lingüísticamente, los breves estudios realizados desde principios de siglo han llevado, no sin discusión, a considerarlos como pertenecientes a la familia lingüística mataco-mataguayo, junto a los mataco, chorote y macá.

Sergio pertenece a la comunidad, y fue uno de los primeros en tomar la palabra: “Nosotros venimos a Buenos Aires a presentar el libro, para que nos reconozcan en la provincia de Formosa. Gracias a Dios que nosotros salimos al aire, los Nivaclé”.

Según la Encuesta Complementaria a Pueblos Indígenas de 2005, hay 440 personas en territorio argentino con pertenencia y/o ascendencia indígena del pueblo Nivaclé, de las cuales 392 viven bajo la estructura de comunidades, en las provincias de Salta y Formosa. Un censo reciente, realizado por la Asociación para la promoción de la cultura y el desarrollo, relevó que la población asciende a 473 personas, tan sólo en la provincia de Formosa.

La población en la provincia se encuentra ubicada entre las rutas provinciales Nº 32 y 39, el Río Bermejo y la margen derecha de lo que era el curso viejo del Río Pilcomayo. Las comunidades reciben el nombre de Comunidad San Miguel en la Localidad de Laguna Yema; Comunidad San José en la localidad de Río Muerto; Comunidad Tisjucat en la Localidad de Guadalcázar; Comunidad Nu´us Tíyojavate en la localidad de La Madrid, Comunidad La Amistad, Fa´aycucat-Algarrobal en la localidad de El Potrillo. Además, existen grupos de familias ubicados en la localidad de Media Luna, San Cayetano, San Martín No.2 y Las Lomitas. Sin embargo, para estas comunidades no existe reconocimiento jurídico (ni individual ni colectivo) por parte de las instituciones del Estado a nivel nacional y provincial, debido a que se les adjudica el ser de la República del Paraguay.

“El gobierno dice siempre que los Nivaclé no existen en la Argentina”

Durante la presentación del libro, el pueblo nivacle insistió en la visibilización porque el Estado sigue negando su presencia. Así lo dijo también Florinda:“El Gobierno dice siempre que los Nivaclé no existen en la Argentina. Nosotros siempre pedimos los documentos…. Cuando la gente dice: ‘ustedes son paraguayos’, nosotros decimos: ‘no somos paraguayos, somos Nivaclé’”.

El discurso nacional hegemónico en la consolidación del Estado argentino, a diferencia de otros países de la región, se instauró a partir del “blanqueamiento” y la eliminación sistemática de las poblaciones originarias que subsistía en sus tierras. Las campañas militares que se dieron entre los años 1875 y 1911 hacia los territorios de la Pampa, la Patagonia y el Chaco se enfrentaron a la resistencia indígena, y derivaron en el control militar territorial y el aniquilamiento de sus poblaciones. Los remanentes de población indígena continuaron resistiendo a la violencia económica estatal, ingresando como mano de obra forzada en la economía del capital (campenización y proletarización), y también al avasallamiento por parte de las misiones, establecidas constitucionalmente a mediados del siglo XIX.

Además de los años de resistencia, la historia ancestral se refleja en sus palabras y en su acción. Así lo explicó Florinda: “Por eso nosotros vinimos para presentar…para contar la historia de los abuelos, porque los abuelos no saben, ellos van y vienen del otro lado del Río Pilcomayo”.

En la actualidad, el avance de la frontera agropecuaria y la explotación y/o extracción de recursos naturales en el Gran Chaco han modificado el paisaje e incidió negativamente en la calidad y cantidad de superficie de tierra disponible para el uso indígena, a la vez que presiona sobre sus territorios tradicionalmente ocupados. Las comunidades experimentan una crisis humanitaria profunda y de violación a sus derechos fundamentales, porque carecen de los medios esenciales para vivir, como el agua, los alimentos y la vivienda; así como también de fuentes de trabajo, salud y educación. Su principal reclamo como pueblo indígena es el reconocimiento jurídico y el territorio ancestral del cual han sido despojados.  

Julio dio cuenta de esa sensación de no pertenencia y de la exigencia de los Estados de una identidad territorial: “Si vamos al Paraguay van a decir que nosotros somos argentinos, y si vamos a Argentina van a decir que nosotros somos paraguayos…Pero no es así: existían los Nivaclé acá. Si no sabe la gente acá en Formosa que los Nivaclé están, que sean otros pueblos otras etnias… Gracias a ese libro, tiene mucho significado que sepan los otros pueblos acá en Argentina que nosotros estamos en Formosa”.  

Existen muy pocos estudios que den cuenta de la situación actual de estas comunidades, es por esto que trabajos como el presente libro resultan necesarios para la recuperación de su memoria y de una larga trayectoria histórica de negación y violencias de las cuales han sido víctimas. Esta publicación proporciona recursos documentales que confirman la presencia de este pueblo en el territorio argentino, una caracterización de las comunidades que se encuentran en la Provincia de Formosa y una recopilación de testimonios de los ancianos de estas comunidades. Este trabajo se realizó con la colaboración y el impulso de la Asociación para la promoción de la cultura y el desarrollo (APCD), acompañado por docentes, traductores y dirigentes de las comunidades y el financiamiento del Fondo Ecuménico de Pequeños Proyectos Gran Chaco  (Creas-CWS) y la Obra Católica para el Desarrollo “Misereor”.

Para cerrar, Julio expresó: “Todas las letras que están ahí tienen una historia, ese es el pueblo Nivaclé… Ese libro viene de lejos para traernos acá”.

 

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La catedral de los Negros

Por Leandro Frígoli

Una mirada sobre la obra del poeta, narrador y ensayista Marcial Gala. 

Marcial Gala es un poeta, narrador y ensayista, de vasta trayectoria en Cuba y en España, ha estado toda su vida dedicado a la literatura que varió entre poesía, cuentos y narrativa, también sobresale en el panorama literario de la Isla y la patria grande. El autor de La catedral de los negros (actualmente publicada por Editorial Corregidor – Argentina) fue distinguido con el Premio Alejo Carpentier, en la categoría novela, y el Premio de la Crítica Literaria en 2012.

Esta novela, se configura de una multiplicidad de voces corales que tejen un relato, una historia ligada con lo cotidiano, grotesco, mundano y realista de los vínculos humanos en la perla del Caribe.

La catedral de los negros, refleja un proceso lleno de carencias materiales que sufrió Cuba en la década de los noventas y aportó como correlato una gran fortaleza espiritual y humana que proyectó el desarrollo cultural cubano. En particular en la literatura, destaca Celina Manzoni que esta camada de escritores se forjó en los márgenes de lo establecido, es decir, que en el campo cultural y en particular la literatura, se vieron desafiados a imaginar y articular una necesaria reflexión crítica, lo cual configuró una nueva poética con características y dimensiones diferentes pero que puntualiza una relación siempre compleja en Cuba, con la ética, la política, la historia y la escritura.

En franca admiración por esta novela me permito construir una reseña literaria símil a esta obra literaria, donde confluyan diferentes voces que hablan, aportan, y admiran la novela rescatando la identidad, la cubanidad, el lenguaje que expresa la voz de los sin voz, en síntesis, que refleja una serie de costumbre que determinan el significado de ser cubano.

Marcial Gala:

La catedral de los negros está muy marcada, por ejemplo, por la manifestación cultural de las religiones afrocubanas, que son un factor muy importante en la conformación de nuestra identidad, de lo que nos define como cubanos. Además, elaboré una premisa literaria: lo terrible es mejor narrarlo de tal modo que no resulte terrible. Por eso el texto tiene en la trama principal un asesinato, una tragedia, y sin embargo, se basa mucho en el humor, en esa forma que tiene el criollo cubano del desparpajo y de la soltura al hablar, que es otra de las características que nos identifican.

Siempre he creído que el lenguaje es de las estructuras sobre las cuales se edifica un universo narrativo, en este caso una novela. Más que tratar de describir, más que crear grandes aparatos de ficción en base a palabras, quise sobre todo rescatar la psicología, la manera de entender el mundo de estos personajes, mediante su forma muy diferente y a la vez muy criolla, muy cubana de narrar. El cubano entiende y disfruta del español, con un criterio muy pintoresco. Y es una novela en la que están las huellas de ese pintoresquismo, de ese especial modo que tenemos los cubanos de hablar.

“En el texto también se preconiza el dinamismo. Es un relato que crea una especie de pseudo-testimonio sujeto al ritmo de este incipiente siglo XXI. Un ritmo marcado por la discontinuidad y por la búsqueda del hombre de completarse a sí mismo. Eso hace que la novela parezca mucho más dinámica y acelere la pulsión narrativa”.

La novela parte de la anécdota de dos hermanos matando a su padre. Tenía deseos de narrar eso, pero de soslayo, donde lo importante lo va construyendo el lector. Es una historia de reticencias y elipsis y, a pesar de que lo que cuento es muy violento, trato de emplear la sugerencia con un lenguaje de la poesía llevado a la novela. Es una búsqueda de un relato construido por fragmentos, una especie de collage. Sin dudas,  a la hora de hablar, el cubano típico emplea la metáfora y otros recursos literarios que provienen directamente de la poesía, el mito, la costumbre popular. El lenguaje popular cubano tiende mucho al adorno, a buscar la palabra bonita, a lo sintético, que es muy propio de la poesía.

Celina Manzoni:

Las voces comprometen al lector en un movimiento casi vertiginoso al comienzo cuando se deslizan apellidos, nombres y apodos, cuando los giros de lenguaje apelan sobre toda la jerga juvenil barriobajera, brutal y desbocada de El Tripa, de Barbara, de su madre y cuando se alude a ritos relacionados con las religiones heredadas de la trata. El sentido de refranes y expresiones populares, en las que muchas veces se cuelan sutiles toques de humor, puede recuperarse en el contexto aunque no, como es natural, con la plenitud del hablante cubano.

Marcial Gala:

Es una manera de darle voz a los que no tienen voz. En Cuba hay una cultura muy marcada por lo jerárquico y piramidal. Últimamente ha tomado mucha fuerza que las personas quieran expresar su real opinión porque durante años hubo una especie de reglamentación que determinaba quién podía decir lo que piensa y quién no. Cuba es un país muy plural donde cada persona tiene una opinión y donde es muy difícil definir a las personas como negros, blancos, homosexuales o cubanos. Hay muchas maneras de construir una identidad y esa es una de las pretensiones de este texto, además de entretener.

A partir del derrumbe del campo socialista esa sensación de que Cuba era un lugar importante fue descendiendo y los cubanos se empiezan a dar cuenta de la diminuta dimensión de un país que tiene un eco fuerte, pero es un pequeño país. Ese deseo de traer la modernidad a una ciudad chica con un templo que emulara a los grandes templos del cristianismo es también uno de los elementos que mueve a la novela.

La catedral de los negros:

“… Berta

Que estaba enamorado de la hermana, no lo creo. El cubano es así, siempre buscamos darle un cariz melodramático a todo, en fin crecimos de un templo que nunca acababa de construirse, y que además, después de erigido. ¿Para qué iba servir?. Otro monumento más a la nada, aunque claro, yo no soy la más indicada para hablar de Grillo. Después que se fue de la casa apenas lo veía, ni loca que yo estuviera para llegarme al bar del Ruso, posiblemente el lugar de peor fama de Cienfuegos …”

Leandro Frígoli:

La pulsión narrativa, que desbroza la novela es una estrategia para propiciar un significado de un contexto dado, período especial, que implicó una manera de resistencia desde los márgenes, desde la palabra, lo cotidiano, las voces que abruman, se escuchan y colisionan entre sí. Es un claro ejemplo de lo que el cubano es en esencia, con sus virtudes, sus miserias, con sus preguntas, con sus respuestas, con sus carencias, con su folklore, en fin, una descripción de la identidad del ser cubano.

La novela, atraviesa ese camino porque son parte de las preguntas que debe responder, es la interpelación de una generación de cubanos, que vivió un proceso de abrumadora pobreza material. Leo y releo La Catedral de los negros y me pregunto, ¿Porqué escribir una novela que desarrolla una pulsión narrativa? ¿Que desvela lo fluido de la cultura cubana?¿Porque las voces intervienen en forma coral?. ¿Porqué el lenguajes es clave en el entramado del territorio cubano?

Las respuestas están en cada guiño que el autor establece con sus personajes, como caracteriza al ser cubano, como caracteriza los momentos históricos, todo ese fluir que constituye la cultura cubana. Sandra Massoni, dice que aceptar la incertidumbre que se vislumbra en los procesos sociales, es comprender que el mundo es fluido y la comunicación entre las personas no permite pensar que somos como una especie de calidoscopio humano que hacemos existir diversas realidades con nuestros movimientos juntos. En la novela, confluyen muchas de estos matices, vaivenes, desniveles, entre lo grotesco y lo poético, entre lo cultural e identitario de Cuba, en fin, lo dimensional, caracteriza y define la sociedad cubana.

El desafío de leer esta novela radica en dimensionar la cultura que apasiona, interpela y permite que los seres se enamoren de la perla del Caribe. Ni mas ni menos que entender la identidad de lo cubanos, en su cotidianidad y rutina, llena de miseria y épica.

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El lado áspero del recuerdo

Por Cezary Novek

Una lectura sobre La grafa, primera novela de Claudia Sobico, publicada por Alto Pogo en 2015. 

De construcción fragmentaria y realista, La grafa aborda la cotidianeidad de una familia trabajadora desde la perspectiva de una niña, que es testigo de los vaivenes económicos y sociales de su tiempo a través de las conversaciones que registra su óptica inocente. En toda la historia se respira una nostalgia peronista, de barrio obrero y modernidad plena.

La voz es solitaria y algo melancólica. Hay muchos personajes que pueblan la trama, muchos tíos con sus respectivas historias que se entrelazan en el túnel del recuerdo. La fábrica a la que se alude en el título nunca aparece. Todas las noticias que tenemos sobre lo que sucede en La grafa las recibimos en la casa de la protagonista, a través de las escuchas infantiles y los comentarios cazados al vuelo, a veces de forma involuntaria.

Tiene un ritmo de escritura muy parejo que convierte la lectura en una experiencia amena y veloz. La novela está compuesta por capítulos breves, casi microrrelatos de relativa autonomía pero con fondo común. Lo autobiográfico –aunque esté basado en testimonio ajeno, lo es de alguna manera– aparece tamizado por el filtro de la reescritura y corrección en fino, que no admite palabras de sobra.

Los diálogos y la trama no importan tanto como la atmósfera, la recreación de ese particular aire que se respiraba en un hogar obrero cualquiera de la década del ’50. La ilusión e ingenuidad de la voz narradora están bien logrados y se complementan con la historia para transmitir de forma adecuada el optimismo que caracterizó los sueños de ascenso social y prosperidad de las familias trabajadoras de la Argentina de mediados del siglo XX.

El olor  y la textura de la materia prima textil, de la ropa de trabajo, es casi palpable. Esta reconstrucción del relato familiar hurga en lo más profundo del inconsciente para luego tomar distancia y tratar de cristalizar ese recuerdo de la manera más objetiva para el lector. El relato político se mezcla todo el tiempo con la historia pero sin asfixiarla, logrando un equilibrio que pocas veces se encuentra en la literatura realista y que, en palabras de Alejandra Zina –que escribió la contratapa– encarna el lado áspero del recuerdo: aquel de las tensiones, trampas y hostilidades.

*Claudia Sobico nació en Buenos Aires en 1973. Realizó el profesorado de Inglés en el Profesorado Joaquín V. González. Trabaja en Lenguas Modernas, Facultad de Filosofía y Letras. Realizó un taller de escritura con Julián López. Además de La Grafa (Alto Pogo, 2015), editó en 2016 el poemario Venus en el acuario (Qué diría Victor Hugo?, 2016)

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Canciones de Los Redondos con “tufillo a política”

Por Natalia Pascuariello

El autor de la estética de Los Redondos, Ricardo “Mono” Cohen habla de su último libro “De regreso a Oktubre: Lo que quedó en el tintero”, la relación entre el arte e Internet, el gobierno de Macri y el recital del Indio en Olavarría.

¿Qué hubiese pasado si Oktubre, en vez de un disco, hubiese sido un libro? Esta fue la pregunta – guía de Ricardo ‘Mono’ Cohen (Buenos Aires, 1943) – el autor del arte de tapa de los álbumes de Patricio Rey y sus redonditos de Ricota – que dio como resultado “De regreso a Oktubre: Lo que quedó en el tintero” (2016), el libro de ilustraciones en homenaje al segundo disco de “la banda de universitarios platenses que hacen música en sus ratos de ocio”, a treinta años de su primer lanzamiento, en 1986. “Con Lucas Lombardía y Flavio Mammini nos pusimos a imaginar cómo serían las canciones de Los Redondos ilustradas”, dice con mirada anhelante detrás de sus anteojos de marco redondo.

Además de los nueve temas que componen el disco, Rocambole ilustra bonus tracks o misceláneas de canciones que según él tenían “cierto tufillo a política o a ideología” tales como “Queso ruso”, “Todo preso es político”, “El regreso de Mao” y “La parabellum del buen psicópata”. En total, suman veinticuatro canciones ilustradas (más códigos QR que llevan a videos exclusivos) en las que desfilan históricos revolucionarios como Ho Chi Minh, Mao, Frida Kahlo, Trostky, el Subcomandante Marcos y ficticios oprimidos como Olga, la mujer de los versos finales de las versiones en vivo de “Jijiji”: “Olga sudorova…/vodka de Chernobil/ ¡pobre la Olga! ¡crepó!”. Si bien no todos los dibujos son de estética anarquista “sovietcoide”, la mayoría remiten al estilo de la imagen que más se ha instalado entre los ricoteros: la del esclavo con cadenas.

-¿Cómo surge la idea de editar este libro?

-Hace treinta años atrás, cuando se editó “Oktubre” se hizo en base a un concepto. Como se hacía siempre con Los Redondos, previamente acordábamos una idea, un relato o un guión y estábamos también de acuerdo en que el mensaje tenía que ser sustentado por tres pilares fundamentales: el pilar textual o poético, el pilar musical y el pilar visual. Asique era un mensaje en tres partes. Yo a veces digo que quiero separar el asunto de lo que es la ilustración porque mucha gente me dice: ¿Cómo hacías? ¿Escuchabas los temas y después ideabas una imagen? No, era paralelo porque yo no ilustraba, no interpretaba. Yo incorporaba una parte al mensaje para que pudiera ser comprendido. La idea era que si al mensaje le faltaba alguna de esas tres patas, quedaba incompleto. Entonces, lo habitual era que cada cual trabajara en su disciplina respecto a un concepto general.

-Que en este caso era el tema de las revoluciones…

-Claro, el tema de las revoluciones a través de la historia de la humanidad. Sobre todo cuando los desprotegidos o los desangelados se rebelaban contra el Poder, contra poderes feudales, aristócratas, etcétera. En toda la historia hubo revoluciones: desde la Revolución de los Gladiadores hasta la Revolución Cubana. Queríamos hacer un homenaje general. No era ideologizado con respecto a algún tipo de partidismo, pero era siempre de los oprimidos contra los opresores. En ese momento, yo tenía que hacer la ilustración para la tapa del disco y no tenía demasiado margen como para desarrollar las cosas. Entonces, quedaron como dice el subtítulo del libro: “Cosas en el tintero”. Cuando se cumplieron los treinta años del aniversario del disco, los amigos con los cuales trabajo en producciones editoriales, Lucas Lombardía y Flavio Mammini, pensamos en imaginar cómo hubiera sido si en vez de un disco, hubiera sido un libro.

-La estética de la tipografía de Oktubre está basada en el alfabeto ruso…

-Sí, yo quise inventar una especie de tipografía que recordara al alfabeto ruso que es parecido al nuestro pero no igual y hay algunas letras que parecen al revés. Entonces di vuelta una letra para que tuviera ese aspecto de alfabeto cirílico. Además, la intención cuando pensé la ilustración en aquella época era recordar esos afiches anarquistas de principio de siglo. El color negro, el rojo que siempre estaba presente en esos afiches. Y bueno, una multitud. Hay muchos personajes allí que van a rebelarse ante algo.

– Una imagen muy actual…

– Sí, desgraciadamente siempre son actuales los hechos de injusticia y la reacción del pueblo, de la multitud, de gente que se revoluciona.

– El slogan de campaña del gobierno de Macri fue “La Revolución de la alegría”. ¿Qué opina de que se haya tomado ese término?

-Me parece contradictorio. A lo mejor los asesores de imagen no manejan tan bien el lenguaje. Yo muchas cosas no las entiendo porque me parecen torpes. “Revolución de la alegría” no me dice nada. No es ni siquiera una figura poética. Es una figura contradictoria. A mí me parece que una revolución es un poco más seria. En las revoluciones ha corrido mucha sangre. Es difícil ver a alguien que se revolucione alegremente. Más bien si hay revolución es porque la gente está mal.

-Cuando comenzó la presentación del libro, usted habló de la lucha docente. ¿Qué opina de la represión que tuvo lugar en Plaza de Mayo ante el aula itinerante?

-Me parece coherente con una administración, una ideología que no comparto que tiene que ver más con empresas, con capital privado que con lo que pueda hacer el Estado por su propia sociedad. Es posible que haya una idea de disciplinar a un pueblo que a lo mejor consideran que estaba indisciplinado.

-Tanto con este libro como con “Arte, diseño y contracultura” (2014) elige el camino de la independencia y la autogestión ya que ambos fueron financiados a través de Panal de ideas…

– Sí. Cualquier realizador siempre tiene ese viejo sueño de hacer un libro. Pero queda siempre en el terreno de los sueños porque producir un libro es muy difícil, sobre todo si uno lo quiere hacer de manera independiente. Si lo hace una editorial, es porque ha decidido o lo ha elegido, no porque uno vaya a la editorial y acepten hacer un libro. Pasa como pasaba con los sellos grabadores con respecto a la música que las corporaciones se quedan con casi todo el porcentaje de ganancia que puede haber y para el autor casi siempre quedan migajas. Tenés que firmar contratos que son leoninos. La editorial tiene la potestad de poder reeditarlo o no. No sos dueño del producto que vos hacés. Al aparecer estos sistemas que los norteamericanos llaman crowdfunding – que son plataformas para colgar proyectos en los que uno consigue adherentes y puede financiar su proyecto – me pareció interesante. Internet tiene muchas ordalías pero también tiene cosas que sirven. Y, en este caso, a mí me sirvió para poder hacer este proyecto.

– ¿Y qué cosas no le gustan de Internet?

– Bueno, no me gusta el poder que tiene. Yo lo veo como otro poder omnímodo. Ya no trabajar en Internet es no existir. La realidad electrónica está reemplazando absolutamente a la realidad real. Si uno no se saca la selfie con el teléfono visitando Puerto Madryn es como que no estuvo. Y además tiene que estar colgada en Facebook porque si no, no existe. Un proyecto para dominar el mundo

Durante la amarga dictadura de Onganía (1966 -1970) surgió La Cofradía de la Flor Solar, una comunidad de artistas en la que Rocambole conoció a Skay Beilinson. El rocambolesco arte de tapa y los primeros versos de la banda homónima de rock psicodélico: “Quiero ser una luciérnaga con una luz propia” reflejan el espíritu de época: vivir como artistas y estar en el centro de la escena.

-En los 70 recibió una nota que decía: “Tenemos un proyecto para dominar el mundo y contamos con vos”. ¿Qué recuerda de ese momento?

– Era una postal que me enviaron Skay y la Negra Poli que estaban visitando un museo en Nueva York. En La Plata había un grupo de gente que resistía a la época negra de la última dictadura haciendo situaciones culturales casi siempre clandestinas porque era muy difícil reunirse con gente. Hasta uno podía perder la vida por eso. Skay empezó a armar algunas bandas musicales para hacer la música incidental de unos films que realizaba su hermano Guillermo y se hicieron eventos que eran una especie de happening. Yo no sabría cómo definirlo porque le decíamos “deformidad”. Eran espectáculos que incluían teatro, música, acrobacia. No había límite. Pero después fue decantando en una banda donde se incorpora Solari como cantante y además, sobre todo, como poeta. Nosotros siempre dijimos que él tiene el don de la palabra y de la escritura.

– A pesar de cierto contenido críptico, las letras de Solari se han instalado en la cultura popular…

-Si hay algo que la intelligentzia cultural argentina, o sea, la Academia de Literatura le debe al Indio es un homenaje porque él ha incorporado al lenguaje argentino, cantidad de frases que se usan a diario incluso en las portadas de las noticias. No hay semana que no vea un titular que no sea alguna de las frases de un poema del Indio. La ha incorporado al lenguaje frecuente porque por ahí uno se encuentra con chicos y te dicen: “Violencia es mentir”. Entonces le deben la aceptación al circuito culto porque siempre hay una alta y baja cultura aunque nosotros reaccionemos contra eso. Pero yo creo que por provenir del rock, no lo incorporan a la Literatura argentina. Yo veo por ejemplo las facultades de Letras que estudian tremendamente a (Marcel) Proust, a Walt Whitman y no se dan cuenta de que tienen un Walt Whitman a la vuelta de la esquina.

– En 2014, la facultad de Letras de la UBA dictó un seminario de Letras de Rock como género literario autónomo…

– Yo llamo poesía a aquella confusión de palabras que llega a todos. Y si bien parece críptico el mensaje, yo veo muchos chicos que entienden que les habla a ellos. Por ahí alguna frase la toman y la entienden perfectamente. La poesía tiene ese poder de ser polisémica como la mayoría de las obras de arte. O sea que cualquiera le puede dar el sentido que tiene. Y esa es la pertenencia a la obra. Esa es la intervención del espectador cuando se arma la relación entre obra, emisor y receptor. La ida y la vuelta.

– ¿Cómo le cayó la noticia de las dos muertes en el recital del Indio en Olavarría?

– De la misma manera que me caen las noticias de que tiraron a un tipo por un balcón en un partido de fútbol o que se muere ahogado alguien en un balneario porque no había un bañero. No me parece que sea muy loco o muy raro eso en un evento de 300 mil personas. Incluso aunque no hubiera habido el evento yo creo que en un pueblo de esa cantidad de habitantes diariamente a veces hay una muerte. No creo que sea por culpa de un recital si no por la decisión de alguien que a lo mejor quiso ir a suicidarse allí.

– Hay periodistas que dicen que un recital del Indio es una nota policial.

– Desde que existieron Los Redondos yo nunca encontré en el diario Clarín algo que mencionara a su música. Siempre fue porque iba mucha gente o porque podía pasar algo, pero jamás pensaron en la contribución cultural. Por otra parte, vos me decís: una muerte. Yo te puedo contar cantidad de chicos que vienen a las charlas y me dicen: “Mi papá y mi mamá se conocieron en el recital de tal año o porque seguían a Los Redondos”. Entonces, cuentan los muertos, pero si tienen que contar los nacimientos, la balanza se inclinaría muchísimo.

-¿Y qué opina de la cobertura que hicieron los medios? ¡Télam publicó siete muertos!

– Para mí fue un festival de idioteces. Yo me reí mucho porque nunca escuché tantas estupideces juntas en tan poco tiempo. Apareció un resentimiento de todos: músicos, escritores, otros poetas, periodistas que intentan ser escritores. Y bueno, cada cual metía la cuchara. Yo no tengo una opinión de que fue trágico. Primero porque yo no estuve. Lo sé por aquellas personas que fueron y me contaron. Pero no me pareció nada excepcional porque una persona pasada de drogas o de alcohol va a un recital de rock que no es un festival de danza acuática. Hay que aguantarse saltar, gritar. Hay que estar en un estado físico que más bien tiene que ser joven. Creo que hubo un grupo de gente sacada. Hay muchas contradicciones. Muchos que dicen que no era gente habitual de Los Redondos o del Indio.

Jubilado desde hace tres años de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, a Rocambole no le cabe el mote de artista y se define como un “dibujante de rock”. Mientras trabaja en su taller escucha en la radio bandas platenses como El mató a un policía motorizado, Sr. Tomate y Mostruo! Pero cuando tiene que pintar en gran tamaño (cuadros de dos o tres metros) elige la ópera porque “le amplía el alma”. Sobre la mesa del bar del Hotel donde se aloja en Puerto Madryn, están abiertas las páginas del libro “Volverse público: las transformaciones del arte en el ágora contemporánea” (2014), del filósofo Boris Groys. –

¿De qué va el libro?

-Groys habla de los fenómenos de transformación del arte en estos tiempos y de cómo la realidad está siendo reemplazada, como si se estuviera diluyendo. Como dice Paul Virilio que todo se disuelve en el aire o se vuelve líquido. Entonces pienso que no será raro un futuro donde las ventanillas de los ómnibus o los trenes sean pantallas que transmitan comerciales. O, directamente, como leí hace poco que en un pueblo al norte de China donde en invierno casi siempre es de noche la gente añoraba ver puestas de sol. Entonces pusieron pantallas grandes donde proyectaban a las siete de la tarde, puestas de sol. Eso me parece muy simbólico de cómo puede llegar a ser el futuro. Yo no descarto esa posibilidad de que todo se hunda en una especie de agujero negro y que de repente desaparezca la humanidad. También imaginaba una raza interplanetaria que llegara y observara los restos de la civilización humana y mirando algunos restos se asombrara diciendo: ¿Cómo pudieron llegar a tanta sofisticación artística y tanta estupidez moral junta?

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‘Gabino’ y Camilo Torres: los orígenes del ELN en primera persona

La periodista argentina Stella Calloni reseña el libro que Ocean Sur editó para América Latina sobre el origen del ELN en palabras de su principal comandante, Nicolás Rodríguez Bautista. La primera marcha guerrillera, la toma de Simacota, la incorporación del sacerdote Camilo Torres a la guerrilla y su caída en combate son los principales hechos que narra ‘Gabino’ con la colaboración de Antonio García, otro de los principales líderes de la organización.

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