Canciones de Los Redondos con “tufillo a política”

Por Natalia Pascuariello

El autor de la estética de Los Redondos, Ricardo “Mono” Cohen habla de su último libro “De regreso a Oktubre: Lo que quedó en el tintero”, la relación entre el arte e Internet, el gobierno de Macri y el recital del Indio en Olavarría.

¿Qué hubiese pasado si Oktubre, en vez de un disco, hubiese sido un libro? Esta fue la pregunta – guía de Ricardo ‘Mono’ Cohen (Buenos Aires, 1943) – el autor del arte de tapa de los álbumes de Patricio Rey y sus redonditos de Ricota – que dio como resultado “De regreso a Oktubre: Lo que quedó en el tintero” (2016), el libro de ilustraciones en homenaje al segundo disco de “la banda de universitarios platenses que hacen música en sus ratos de ocio”, a treinta años de su primer lanzamiento, en 1986. “Con Lucas Lombardía y Flavio Mammini nos pusimos a imaginar cómo serían las canciones de Los Redondos ilustradas”, dice con mirada anhelante detrás de sus anteojos de marco redondo.

Además de los nueve temas que componen el disco, Rocambole ilustra bonus tracks o misceláneas de canciones que según él tenían “cierto tufillo a política o a ideología” tales como “Queso ruso”, “Todo preso es político”, “El regreso de Mao” y “La parabellum del buen psicópata”. En total, suman veinticuatro canciones ilustradas (más códigos QR que llevan a videos exclusivos) en las que desfilan históricos revolucionarios como Ho Chi Minh, Mao, Frida Kahlo, Trostky, el Subcomandante Marcos y ficticios oprimidos como Olga, la mujer de los versos finales de las versiones en vivo de “Jijiji”: “Olga sudorova…/vodka de Chernobil/ ¡pobre la Olga! ¡crepó!”. Si bien no todos los dibujos son de estética anarquista “sovietcoide”, la mayoría remiten al estilo de la imagen que más se ha instalado entre los ricoteros: la del esclavo con cadenas.

-¿Cómo surge la idea de editar este libro?

-Hace treinta años atrás, cuando se editó “Oktubre” se hizo en base a un concepto. Como se hacía siempre con Los Redondos, previamente acordábamos una idea, un relato o un guión y estábamos también de acuerdo en que el mensaje tenía que ser sustentado por tres pilares fundamentales: el pilar textual o poético, el pilar musical y el pilar visual. Asique era un mensaje en tres partes. Yo a veces digo que quiero separar el asunto de lo que es la ilustración porque mucha gente me dice: ¿Cómo hacías? ¿Escuchabas los temas y después ideabas una imagen? No, era paralelo porque yo no ilustraba, no interpretaba. Yo incorporaba una parte al mensaje para que pudiera ser comprendido. La idea era que si al mensaje le faltaba alguna de esas tres patas, quedaba incompleto. Entonces, lo habitual era que cada cual trabajara en su disciplina respecto a un concepto general.

-Que en este caso era el tema de las revoluciones…

-Claro, el tema de las revoluciones a través de la historia de la humanidad. Sobre todo cuando los desprotegidos o los desangelados se rebelaban contra el Poder, contra poderes feudales, aristócratas, etcétera. En toda la historia hubo revoluciones: desde la Revolución de los Gladiadores hasta la Revolución Cubana. Queríamos hacer un homenaje general. No era ideologizado con respecto a algún tipo de partidismo, pero era siempre de los oprimidos contra los opresores. En ese momento, yo tenía que hacer la ilustración para la tapa del disco y no tenía demasiado margen como para desarrollar las cosas. Entonces, quedaron como dice el subtítulo del libro: “Cosas en el tintero”. Cuando se cumplieron los treinta años del aniversario del disco, los amigos con los cuales trabajo en producciones editoriales, Lucas Lombardía y Flavio Mammini, pensamos en imaginar cómo hubiera sido si en vez de un disco, hubiera sido un libro.

-La estética de la tipografía de Oktubre está basada en el alfabeto ruso…

-Sí, yo quise inventar una especie de tipografía que recordara al alfabeto ruso que es parecido al nuestro pero no igual y hay algunas letras que parecen al revés. Entonces di vuelta una letra para que tuviera ese aspecto de alfabeto cirílico. Además, la intención cuando pensé la ilustración en aquella época era recordar esos afiches anarquistas de principio de siglo. El color negro, el rojo que siempre estaba presente en esos afiches. Y bueno, una multitud. Hay muchos personajes allí que van a rebelarse ante algo.

– Una imagen muy actual…

– Sí, desgraciadamente siempre son actuales los hechos de injusticia y la reacción del pueblo, de la multitud, de gente que se revoluciona.

– El slogan de campaña del gobierno de Macri fue “La Revolución de la alegría”. ¿Qué opina de que se haya tomado ese término?

-Me parece contradictorio. A lo mejor los asesores de imagen no manejan tan bien el lenguaje. Yo muchas cosas no las entiendo porque me parecen torpes. “Revolución de la alegría” no me dice nada. No es ni siquiera una figura poética. Es una figura contradictoria. A mí me parece que una revolución es un poco más seria. En las revoluciones ha corrido mucha sangre. Es difícil ver a alguien que se revolucione alegremente. Más bien si hay revolución es porque la gente está mal.

-Cuando comenzó la presentación del libro, usted habló de la lucha docente. ¿Qué opina de la represión que tuvo lugar en Plaza de Mayo ante el aula itinerante?

-Me parece coherente con una administración, una ideología que no comparto que tiene que ver más con empresas, con capital privado que con lo que pueda hacer el Estado por su propia sociedad. Es posible que haya una idea de disciplinar a un pueblo que a lo mejor consideran que estaba indisciplinado.

-Tanto con este libro como con “Arte, diseño y contracultura” (2014) elige el camino de la independencia y la autogestión ya que ambos fueron financiados a través de Panal de ideas…

– Sí. Cualquier realizador siempre tiene ese viejo sueño de hacer un libro. Pero queda siempre en el terreno de los sueños porque producir un libro es muy difícil, sobre todo si uno lo quiere hacer de manera independiente. Si lo hace una editorial, es porque ha decidido o lo ha elegido, no porque uno vaya a la editorial y acepten hacer un libro. Pasa como pasaba con los sellos grabadores con respecto a la música que las corporaciones se quedan con casi todo el porcentaje de ganancia que puede haber y para el autor casi siempre quedan migajas. Tenés que firmar contratos que son leoninos. La editorial tiene la potestad de poder reeditarlo o no. No sos dueño del producto que vos hacés. Al aparecer estos sistemas que los norteamericanos llaman crowdfunding – que son plataformas para colgar proyectos en los que uno consigue adherentes y puede financiar su proyecto – me pareció interesante. Internet tiene muchas ordalías pero también tiene cosas que sirven. Y, en este caso, a mí me sirvió para poder hacer este proyecto.

– ¿Y qué cosas no le gustan de Internet?

– Bueno, no me gusta el poder que tiene. Yo lo veo como otro poder omnímodo. Ya no trabajar en Internet es no existir. La realidad electrónica está reemplazando absolutamente a la realidad real. Si uno no se saca la selfie con el teléfono visitando Puerto Madryn es como que no estuvo. Y además tiene que estar colgada en Facebook porque si no, no existe. Un proyecto para dominar el mundo

Durante la amarga dictadura de Onganía (1966 -1970) surgió La Cofradía de la Flor Solar, una comunidad de artistas en la que Rocambole conoció a Skay Beilinson. El rocambolesco arte de tapa y los primeros versos de la banda homónima de rock psicodélico: “Quiero ser una luciérnaga con una luz propia” reflejan el espíritu de época: vivir como artistas y estar en el centro de la escena.

-En los 70 recibió una nota que decía: “Tenemos un proyecto para dominar el mundo y contamos con vos”. ¿Qué recuerda de ese momento?

– Era una postal que me enviaron Skay y la Negra Poli que estaban visitando un museo en Nueva York. En La Plata había un grupo de gente que resistía a la época negra de la última dictadura haciendo situaciones culturales casi siempre clandestinas porque era muy difícil reunirse con gente. Hasta uno podía perder la vida por eso. Skay empezó a armar algunas bandas musicales para hacer la música incidental de unos films que realizaba su hermano Guillermo y se hicieron eventos que eran una especie de happening. Yo no sabría cómo definirlo porque le decíamos “deformidad”. Eran espectáculos que incluían teatro, música, acrobacia. No había límite. Pero después fue decantando en una banda donde se incorpora Solari como cantante y además, sobre todo, como poeta. Nosotros siempre dijimos que él tiene el don de la palabra y de la escritura.

– A pesar de cierto contenido críptico, las letras de Solari se han instalado en la cultura popular…

-Si hay algo que la intelligentzia cultural argentina, o sea, la Academia de Literatura le debe al Indio es un homenaje porque él ha incorporado al lenguaje argentino, cantidad de frases que se usan a diario incluso en las portadas de las noticias. No hay semana que no vea un titular que no sea alguna de las frases de un poema del Indio. La ha incorporado al lenguaje frecuente porque por ahí uno se encuentra con chicos y te dicen: “Violencia es mentir”. Entonces le deben la aceptación al circuito culto porque siempre hay una alta y baja cultura aunque nosotros reaccionemos contra eso. Pero yo creo que por provenir del rock, no lo incorporan a la Literatura argentina. Yo veo por ejemplo las facultades de Letras que estudian tremendamente a (Marcel) Proust, a Walt Whitman y no se dan cuenta de que tienen un Walt Whitman a la vuelta de la esquina.

– En 2014, la facultad de Letras de la UBA dictó un seminario de Letras de Rock como género literario autónomo…

– Yo llamo poesía a aquella confusión de palabras que llega a todos. Y si bien parece críptico el mensaje, yo veo muchos chicos que entienden que les habla a ellos. Por ahí alguna frase la toman y la entienden perfectamente. La poesía tiene ese poder de ser polisémica como la mayoría de las obras de arte. O sea que cualquiera le puede dar el sentido que tiene. Y esa es la pertenencia a la obra. Esa es la intervención del espectador cuando se arma la relación entre obra, emisor y receptor. La ida y la vuelta.

– ¿Cómo le cayó la noticia de las dos muertes en el recital del Indio en Olavarría?

– De la misma manera que me caen las noticias de que tiraron a un tipo por un balcón en un partido de fútbol o que se muere ahogado alguien en un balneario porque no había un bañero. No me parece que sea muy loco o muy raro eso en un evento de 300 mil personas. Incluso aunque no hubiera habido el evento yo creo que en un pueblo de esa cantidad de habitantes diariamente a veces hay una muerte. No creo que sea por culpa de un recital si no por la decisión de alguien que a lo mejor quiso ir a suicidarse allí.

– Hay periodistas que dicen que un recital del Indio es una nota policial.

– Desde que existieron Los Redondos yo nunca encontré en el diario Clarín algo que mencionara a su música. Siempre fue porque iba mucha gente o porque podía pasar algo, pero jamás pensaron en la contribución cultural. Por otra parte, vos me decís: una muerte. Yo te puedo contar cantidad de chicos que vienen a las charlas y me dicen: “Mi papá y mi mamá se conocieron en el recital de tal año o porque seguían a Los Redondos”. Entonces, cuentan los muertos, pero si tienen que contar los nacimientos, la balanza se inclinaría muchísimo.

-¿Y qué opina de la cobertura que hicieron los medios? ¡Télam publicó siete muertos!

– Para mí fue un festival de idioteces. Yo me reí mucho porque nunca escuché tantas estupideces juntas en tan poco tiempo. Apareció un resentimiento de todos: músicos, escritores, otros poetas, periodistas que intentan ser escritores. Y bueno, cada cual metía la cuchara. Yo no tengo una opinión de que fue trágico. Primero porque yo no estuve. Lo sé por aquellas personas que fueron y me contaron. Pero no me pareció nada excepcional porque una persona pasada de drogas o de alcohol va a un recital de rock que no es un festival de danza acuática. Hay que aguantarse saltar, gritar. Hay que estar en un estado físico que más bien tiene que ser joven. Creo que hubo un grupo de gente sacada. Hay muchas contradicciones. Muchos que dicen que no era gente habitual de Los Redondos o del Indio.

Jubilado desde hace tres años de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, a Rocambole no le cabe el mote de artista y se define como un “dibujante de rock”. Mientras trabaja en su taller escucha en la radio bandas platenses como El mató a un policía motorizado, Sr. Tomate y Mostruo! Pero cuando tiene que pintar en gran tamaño (cuadros de dos o tres metros) elige la ópera porque “le amplía el alma”. Sobre la mesa del bar del Hotel donde se aloja en Puerto Madryn, están abiertas las páginas del libro “Volverse público: las transformaciones del arte en el ágora contemporánea” (2014), del filósofo Boris Groys. –

¿De qué va el libro?

-Groys habla de los fenómenos de transformación del arte en estos tiempos y de cómo la realidad está siendo reemplazada, como si se estuviera diluyendo. Como dice Paul Virilio que todo se disuelve en el aire o se vuelve líquido. Entonces pienso que no será raro un futuro donde las ventanillas de los ómnibus o los trenes sean pantallas que transmitan comerciales. O, directamente, como leí hace poco que en un pueblo al norte de China donde en invierno casi siempre es de noche la gente añoraba ver puestas de sol. Entonces pusieron pantallas grandes donde proyectaban a las siete de la tarde, puestas de sol. Eso me parece muy simbólico de cómo puede llegar a ser el futuro. Yo no descarto esa posibilidad de que todo se hunda en una especie de agujero negro y que de repente desaparezca la humanidad. También imaginaba una raza interplanetaria que llegara y observara los restos de la civilización humana y mirando algunos restos se asombrara diciendo: ¿Cómo pudieron llegar a tanta sofisticación artística y tanta estupidez moral junta?

Leer más
‘Gabino’ y Camilo Torres: los orígenes del ELN en primera persona

La periodista argentina Stella Calloni reseña el libro que Ocean Sur editó para América Latina sobre el origen del ELN en palabras de su principal comandante, Nicolás Rodríguez Bautista. La primera marcha guerrillera, la toma de Simacota, la incorporación del sacerdote Camilo Torres a la guerrilla y su caída en combate son los principales hechos que narra ‘Gabino’ con la colaboración de Antonio García, otro de los principales líderes de la organización.

Leer más
Un libro para fogonear el reimpulso

Se publica en Argentina el libro “América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista”, compilado por los periodistas Pablo Solana y Gerardo Szalkowicz.

Leer más
Alfonsina, la poeta laburante

Por Laura Cabrera @LauCab

La editorial Chirimbote lanzó recientemente a su última antiprincesa: Alfonsina Storni. Adelantada para un contexto social situado en la década del ’30, la poeta se destacó en cada uno de los roles que ocupó.

La editorial Chirimbote inició hace un tiempo un camino mediante el cual se propuso romper los moldes, hablar de fortalezas, de grandes héroes y heroínas de la historia y el arte. En ese camino, la colección Antiprincesas y Antihéroes llegó a su décima publicación, la que cuenta la historia de Alfonsina Storni, la poeta, la anarquista, la feminista, docente, periodista, la laburante, la que eligió cuando irse.

A poco del lanzamiento de la nueva colección denominada Anti-Clásicos, y que tendrá como primera historia a Caperucita Roja, Nadia Fink, escritora de la colección Antiprincesas y Antihéroes y una de las fundadoras de Chirimbote, dialogó con Marcha sobre esta antiprincesa de la cual hay mucho por decir en cuanto los grandes estigmas que la rodearon en su época.

 

-Alfonsina es la primera poeta nacional de esta colección, ¿qué fue lo primero que vieron de distinto en ella?

-Decidimos hacer a Alfonsina porque nos parecía que más allá de que sea poeta tenía como muchas vetas que eran super interesantes. Ella hacía una poesía que se fue transformando como en casi todas las vidas de las y los poetas pero de las poetas en particular, cómo la poesía tiene que ver mucho con algunos niveles de percepción de las vivencias de las poetas. Lo primero que llamó la atención de Alfonsina salió a la luz son algunas de sus poesías, muy rupturistas para la época como “La Loba” u “Hombre pequeñito”, que son muy feministas para la época. En La Loba dice que sale  trabajar, ‘el sustento es mío y yo me lo gano, que tengo dos brazos y un cerebro que es sano’. Son muy sorprendentes. Después casi todos conocemos de Alfonsina esa idea de la poeta suicida y a veces es interesantes partir de esas premisas, de lo más conocido de un personaje y desandar el ovillo para encontrarnos con todo lo que nos encontramos en ella, que era muchísimo más.

-Fue una mujer que vivió en un contexto muy lento para su forma de pensar, ¿cómo se refleja en el libro la personalidad de Alfonsina y ese contexto en el que se encontraba?

-Es cierto lo del contexto lento. Alfonsina fue muchas cosas, fue una lectora desde pequeña, fue una mujer que se vino muy chiquitita a la Argentina, tuvo esa mentalidad a pesar de tener padre y madre europeos. Y siempre estuvo haciendo cosas muy rupturistas. Tuvo que laburar desde muy chica, tuvo que bancarse los estudios cuando decidió seguir estudiando. Estuvo siempre pensando en esto de estudiar, de hacer otras cosas, de que había que desarrollar muchísimo la cabeza, que era algo que le estaba bastante vedado a las mujeres  pero a la vez a la sociedad de ella porque ella se crió en San Juan, después estuvo en Rosario, después en un lugar muy pequeño en Santa Fe. Fue madre soltera, se fue solita a Buenos Aires con su panza, estaba muy mal visto en esa época ser madre soltera y en general se resolvía de otra manera adentro e las familias, no solo porque las mujeres de clases acomodadas ya podían abortar desde aquella época sino también porque a veces se hacía que los hijos pasen a ser “hermanitos” de sus propias madres porque los criaban los abuelos como propios. El libro trata de reflejar todo esto de Alfonsina, siempre pensando en la infancia, entonces tiene las miradas puestas en otros lugares pero trata de reflejar toda esa personalidad y toda esa rebeldía que ella trajo siempre, incluso al momento de decidir el amor, siempre fue muy libre y no era muy casamentera. El libro trata de reflejar todos esos aspectos: la obrera que trabajaba en una fábrica de gorras y que repartía volantes anarquistas, la primera poeta anarquista sentada por primera vez en una gran mesa de poetas en Buenos Aires. Todo esto trata de reflejarse.

-Fue poeta, feminista, periodista, docente, ¿qué característica se destacaba en cualquiera de los roles que ocupó?

– Siempre laburante. Esto es muy importante en Alfonsina porque ella labura desde muy chica y nunca deja de trabajar, ni aún enferma. En cualquiera de los roles que ocupó siempre tuvo lugares destacados porque siempre fue estudiosa, obsesiva, con esto de laburante que siempre tuvo que parar la olla, fue de esas mujeres que rápidamente se tienen que acomodar, entonces tiene que aprovechar los tiempos y las posibilidades que puede ir ocupando porque no tiene demasiado margen. Entonces se destaca mucho. En sus años de maestra era muy destacada por cómo escribía, ya era la que declamaba en los actos y cantaba muy bien. Como poeta tiene una trayectoria de la más reconocida porque también la literatura hegemónica trata de destacar a los poetas; como periodista usaba un seudónimo que no se sabía a qué género representaba pero desde ahí se paraba siempre desde una mirada feminista al tratar temas que no podía en los poemas. Como feminista, a los 21 años fue vicepresidenta del primer comité feminista en Santa Fe, del grupo que llevaba adelante la Campaña por el Sufragio Universal: las sufragistas. Alfonsina tuvo un poco de anarquista y un poco de sufragista, posturas que a veces se ven como encontradas pero era muy interesante el papel que ella trataba de transmitir desde la emancipación de la mujer porque no solo buscaba el voto como derecho sino  el derecho a poder profundizar en política porque ella decía que a las mujeres no solo se las trataba como seres inferiores sino que no se les daba las herramientas suficientes para una discusión. Por todo esto ella peleaba.

-La muerte era un tema recurrente en todo lo que escribía, sobre todo el suicidio, ¿cómo se cuenta este episodio?

-El tema del suicidio es un tema muy interesante porque conocemos a Alfonsina como la poeta suicida, sobre todo por esa canción de Ariel Ramírez y Félix Luna, que es una canción muy bonita pero que dice “por la blanda arena que lave el mar, su pequeña huella no vuelve más” y entonces uno se imagina todo  ese suicidio romántico que va caminando hacia el mar, lo cual no fue de ninguna manera así. Alfonsina estaba enferma de cáncer, ya le habían sacado una mama hacia algunos años atrás, había regresado y se había profundizado. Ella eligió morirse, decidió morirse en un momento donde lo que le quedaba era un camino de mucho sufrimiento, de dolor, hasta de las mutilaciones por cómo se abordaba el tratamiento en esos años. Es importante contextualizarlo en eso y en que en esos dos años también se suicidaron Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones, poetas los tres. Eso no hay que perderlo de vista por la época, el contexto de la Argentina de aquellos años, de fines de los treinta, la Década Infame. Entonces sacarla de ese contexto también es minimizar y llevar a los poetas a esta cosa medio suicida y volada de la vida con la que Alfonsina no tenía nada que ver. Ella dejó todo listo, hasta la última columna, el último poema que envió a La Nación, donde estaba publicando todos los jueves. Ella manda el poema dos o tres días antes (el mismo día que se suicida) que se llama “Voy a dormir”. De ahí salen algunas partes en la canción. Entonces después de todo eso que está bueno decirlo, si bien en el libro no profundizamos en todos estos detalles, decimos que ella decidió morir, que la muerte la andaba buscando y ella decidió morir, por esto que tenía Alfonsina de decidir muchas cosas en su vida, de ser una mujer de armas tomar que fue llevando su vida delante de la manera que mejor le parecía, y decir que también decidió morir es importante y la destaca. En realidad está contado de la mejor manera, con una hermosa ilustración de Pitu, ella yéndose, cerrando esa puerta en Mar del Plata para encontrarse con la muerte.

Leer más
Hasta que el oxígeno se acabe

Por Cezary Novek

Una lectura sobre Memoria de lo posible, primer libro de relatos de Angie Pagnotta.

Memoria de lo posible es un grupo de cuentos breves, fragmentarios, cuya materia prima está constituida por los recuerdos, la especulación sobre finales alternativos y el anhelo de lo que podría haber sido, casi como ucronías personales.

Lo autobiográfico está presente, bajo las máscaras y antifaces de los diferentes personajes que toman el lugar de la voz narradora. Breves, simples y directos, los cuentos de Pagnotta recortan un momento específico: aquel donde todo lo cotidiano y familiar que se supone perdurará empieza a desintegrarse antes que pueda ser fotografiado. Los personajes de los diferentes relatos experimentan momentos de inconsciencia, ensueño, extrañamiento. No quieren, no saben o no pueden enfrentar las adversidades y el desgaste natural de los vínculos humanos; a la manera de los personajes de Murakami, prefieren mirar para otro lado y regodearse en el mono no aware la nostalgia de lo que no se dio. Los lugares por los que se mueven los protagonistas de estos cuentos se confunden con su paisaje interior como una forma de proyección de sus emociones que terminan por envolverlo todo hasta dejarlos al borde de la asfixia.

La melancolía se respira de principio a fin y vuelve entrecortada la respiración de la prosa, llevándola al borde del tropiezo. Por momentos los personajes parecieran deshacerse en sus propias angustias como cera fundida para terminar disueltos en el otro, confundiendo su esencia con la ajena. Memoria de lo posible es un breve paseo por algunos aspectos de las relaciones humanas –especialmente, las de pareja– en el momento en que empiezan a viciarse y a morir. Pagnotta disfruta dibujando una y otra vez ese instante en que el circuito se cierra, todo se loopea y sólo queda respirar el mismo aire usado una y otra vez hasta que el oxígeno se acabe.

Angie Pagnotta

(Godoy Cruz, Mendoza, 1987) Escritora y Periodista. En 2012 fundó Revista Kundra: literatura aleatoria y el portal de Arte y Cultura, Baires Digital. Trabajó en contenidos de Redes Sociales y publicidad para Duro de Domar, TVR, Fútbol para todos, 678 y Diario Registrado, entre otros. Colaboró y colabora en distintos medios de Argentina como Revista El Gran Otro, el suplemento Cultura Registrada, Continuidad de los libros, Diario Femenino, el portal de entrevistas Entrevistar-Te, Solo Tempestad y Revista Kunst. En 2013 obtuvo una mención en Narrativa por su cuento “Alejandra”, otorgado por Guka, revista de la Biblioteca Nacional. Memoria de lo posible (2017, Peces de Ciudad), es su primer libro de cuentos. En febrero de 2017  “Versiones sobre el río”, el relato que abre Memoria de lo posible, fue traducido al portugués por Felipe Buenaventura para FRONTERA, un proyecto que une escritores latinoamericanos alrededor del mundo.

Leer más
Profeta de sí mismo

Profeta de sí mismo

Libros 17 abril, 2017 0

Por Cezary Novek

Una lectura sobre El águila ha llegado (Nudista, 2016), segunda novela de Bob Chow.

El águila ha llegado es el título de una película de John Sturges, de 1976, con Michael Caine, Robert Duvall y Donald Sutherland. También da nombre a una de las novelas más originales e interesantes de los últimos años. Bob Chow es un autor que no pasa inadvertido. Mucho menos después de haber lanzado tres novelas casi en simultáneo a lo largo de un año: El águila ha llegado, La máquina de rezar (Marciana, 2016) y Todos contra todos y cada uno contra sí mismo (La Bestia Equilátera, 2016). Esta última, además, ganó el premio La Bestia Equilátera 2015.

De profesión traductor, Aivars Holms (a.k.a. Bob Chow) nació en 1963 y se ha nutrido de muchísimas experiencias a lo largo de su vida. Fue tenista, mochilero, antena de la secta Rahma, bloggero, músico, performer. Hasta que en 2014 que debuta como novelista con El momento de debilidad (Nudista).

A diferencia de su primera novela, El águila ha llegado es algo más lineal y equilibra mejor los elementos de la trama bizarra con una estructura más simple. Gustavo Gerber es un músico que ha caído en coma. Solange Segula es una chica que se prestó para experimentos con sustancias y tiene la habilidad de caer en ataques epilépticos que le provocan una suerte de trance que le permite acceder a la isla desierta en la que habita la conciencia de Gerber, que permanece meditando y comiendo hormigas. Ella toma nota de las nuevas composiciones del músico y las transcribe una vez que despierta. Planea grabar un álbum para que Gerber pueda tocarlo en vivo cuando se despierte. Por otra parte, su psicóloga, Penélope Nea Royce, junto con el Dr. Nolan, le piden a Solange que escriba un diario con sus visiones. Resultado de esto, surge una trama paralela aún más desmesurada que la anterior, que incluye conspiraciones de chinos que planean colonizar Marte, el caso de un asesino serial que viaja en el tiempo y un misterioso ideograma con varias interpretaciones: El asesino ha llegado, El futuro ha llegado, El águila ha llegado. En el medio de todo, un médico de la peste se pasea entre los personajes con intenciones no muy claras. Las dos tramas permanecen en tensión a lo largo de todo el libro, en pugna por ver cuál devora a cuál. Hay teorías científicas, vestigios de intervenciones alienígenas, juegos con el lenguaje y mucho pensamiento especulativo en torno al potencial de las redes. El disco que compone Solange según sus conexiones con Gerber se llama “El verdadero camino hacia el aeropuerto”. El libro incluye dicho disco en formato CD, que es en realidad un disco de Bob Chow. En las presentaciones en vivo, el autor se caracteriza como el médico de la peste, el águila y el cantautor, convirtiéndose de esta manera en una suerte de profeta o chamán de su propio mundo imaginario.

El águila ha llegado es una novela que juega con la realidad en diferentes capas, logrando que el lector termine creyendo y habitando la que más le atraiga. Las novelas de Bob Chow pueden gustar o no, pero en cualquiera de los dos casos no habrá medias tintas. Flor de un día para algunos, emisario del futuro para otros, la propuesta de Bob Chow sigue en construcción, erigiéndose como una de las obras más interesantes y prometedoras de la década en curso.

 

Links:

-El verdadero camino hacia el aeropuerto:

https://victorvolpirec.bandcamp.com/album/bob-chow-el-verdadero-camino-hacia-el-aeropuerto-2014

-Blog: http://noleer.blogspot.com.ar/

Leer más
Entrevista: tras el rastro de Camilo Torres

Mario Hernández dialogó con los realizadores del documental El Rastro de Camilo, acerca de la vida del Camilo Torres Restrepo. Lorena López y Nicolás Herrera del Colectivo Frente Unido- Investigación Independiente hablaron de la recuperación y difusión de la memoria del sacerdote revolucionario colombiano.

Leer más
El pan nuestro de cada día

Por Juan Rocchi

Entre las lecturas a las que resulta necesario volver está “Mal comidos”, texto de Soledad Barruti que desmenuza algunos interrogantes acerca de la industria alimentaria nacional. Ante nuevas noticias que alertan sobre aquello que comemos, este libro que ya tiene tres años vuelve a la actualidad.

“¿Qué comemos?, ¿Por qué?, ¿Cuál es el efecto que está teniendo eso sobre nosotros?” Estas tres preguntas dieron origen a un libro fundamental para entender la industria alimentaria en nuestro país. Dicen que uno escribe un libro no cuando conoce un tema, sino cuando quiere comprenderlo; es así que Soledad Barruti se tomó tres años para investigar uno de los procesos más tétricos de la Argentina de hoy. A más de tres años de su publicación, algunas noticias que salen hoy en los diarios ya tenían su anticipación en Mal comidos.

En los últimos años, a través de documentales, publicaciones en internet, libros y demás, se ha vuelto más popular la cuestión acerca de nuestra alimentación. Cada vez son más los que tienen una idea de cómo son los horribles establecimientos en los que se crían vacas y pollos. O de que las frutas y verduras no obtienen naturalmente esos colores tan brillantes y homogéneos. Aun así, el tema parece no solucionarse ni perder actualidad.

Hace algunas semanas se publicaron dos noticias escandalosas: el salmón que se importa de Chile (es decir, prácticamente todo el salmón rosado que se vende en Argentina) estalla de antibióticos; y por otro lado, dos multinacionales de origen brasileño, JBS y BRF (ambas con sede en nuestro país y dueñas de algunas de las marcas más importantes de alimentos procesados) comercializan productos adulterados y hasta podridos. Ambos casos están claramente preanunciados por Barruti, enmarcados ambos en la completa desregulación que hay en el proceso de producción de alimentos.

El siniestro asunto que se desovilla aquí es el efecto del neoliberalismo servido decorosamente en nuestros platos. La destrucción de las economías rurales, la persecución de los pobladores originarios que luchan por mantener el sustento de sus comunidades, la crueldad en la crianza de los animales, los desastres ambientales y un largo etcétera. Todo eso avalado por un Estado cuya ausencia es protagónica. A pesar de las denuncias y luchas que fueron surgiendo, los sucesivos gobiernos intentaron siempre deslegitimar y callar esas voces: la panacea de las corporaciones.

Es difícil hablar de un tema tan cotidiano y tan grave sin parecer preso de la paranoia. La claridad impasible de la autora lo vuelve posible, y las miles de víctimas fumigadas con glifosato, necesario. Ordenadamente, Barruti recorre los distintos sectores de la producción y su historia, y narra sus experiencias con productores y habitantes de los lugares afectados. Mal comidos es un libro que se lee con dolor, pero también es un libro básico para poder empezar a cambiar algo.

 

Leer más
Hay un escritor que vive

Por Cezary Novek

Una lectura sobre El negro corazón del crimen, la novela de Marcelo Figueras que narra el proceso de escritura de Operación Masacre. 

El hombre –que en la novela es identificado como Erre– es un periodista freelance que colabora con diferentes medios de escasa tirada. Ha ganado un premio municipal por un volumen de cuentos y se espera de él que escriba una novela. Mientras tanto, realiza traducciones y juega al ajedrez en bares. Tiene esposa y dos hijas pequeñas. Un día escucha una frase que le cambiará la vida: “Hay un fusilado que vive”.

Aunque se considere a Truman Capote el creador del género New Journalism o Non fiction, cabe mencionar que Rodolfo Walsh se adelantó en casi una década. A sangre fría –que reconstruye el minuto a minuto de una masacre en una localidad rural de EEUU– fue publicada en enero de 1966. Operación masacre –que investiga los fusilamientos de militantes peronistas llevados a cabo por La Libertadora en los basurales de José León Suárez el 9 de junio de 1956– salió en 1957 y fue completándose en sucesivas ediciones. El libro utiliza una gran variedad de recursos narrativos y periodísticos que convierten al conjunto no en un informe sino en una especie de novela anfibia, a mitad de camino entre el periodismo y la literatura.

En su novela El negro corazón del crimen (Alfaguara, 2017), Marcelo Figueras narra el proceso de transformación de Rodolfo Walsh, que empieza siendo un intelectual amante del policial inglés para terminar convertido en un hombre de acción que desde la clandestinidad –el revolver sobre el escritorio, junto a la máquina de escribir– denuncia lo que los grandes medios omiten: los abusos de poder, la corrupción, los asesinatos, la injusticia. Durante la investigación, tiene un romance con la periodista Enriqueta Muñiz (1934-2013), personaje de la vida real que en el libro tiene el rol de testigo privilegiado de esa metamorfosis. Ella lo juzga como un hombre a medio fraguar, y lo acompaña en ese viaje iniciático del que volverá convertido en el hombre que hizo historia.

Apoyada en una rigurosa investigación de los hechos reales, el libro de Figueras se puede leer como una novela policial pero también como un texto que indaga en las problemáticas del oficio, en el cómo escribir. Este es uno de los aspectos más ricos de la historia: cómo el autor imagina a Walsh corrigiendo, reescribiendo, buscando un título durante días, discutiendo con su compañera y con el editor cómo seguir. La historia de los fusilamientos, por otro lado, es vuelta a contar como subtrama, lo que convierte al libro en una suerte de reescritura/homenaje de Operación Masacre, pero sin intenciones de convertirse en cover.

El epílogo ya es conocido. Veinte años después, Walsh se oculta bajo la identidad de un profesor jubilado mientras escribe la célebre Carta abierta de un escritor a la Junta Militar un balance del primer año del gobierno de facto (“donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”), un documento lúcido y certero, que analizaba datos que sólo serían de público conocimiento muchos años más tarde; un texto que trascendió la coyuntura histórica del momento para convertirse en clásico vivo y en un modelo de periodismo de denuncia. Su hija mayor acaba de quitarse la vida durante un asedio de las fuerzas armadas. La cúpula de la organización de la cual forma parte lo ha dejado solo, en parte por no aceptar sus críticas a la conducción, en parte porque el grueso de la militancia ya ha sido diezmada por los militares y sólo quedan dos opciones: el exilio o la muerte. A diferencia de sus superiores, Walsh decide quedarse y hacer lo único que lo hacía sentirse vivo: denunciar, luchar, escribir “sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”.  Las últimas horas de Rodolfo Walsh son uno de los momentos más atrapantes y logrados del libro, con un pulso y una adrenalina que no dan respiro.

Cuarenta años después de su muerte, Walsh es un autor ineludible, con una producción textual viva, palpitante. El negro corazón del crimen, por su parte, cumple la triple función de ser un valioso complemento, una excelente novela-homenaje y una atractiva introducción a la obra de uno de los periodistas y escritores argentinos más importantes del siglo XX.

Sobre el autor

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962). Escribió las novelas El muchacho peronista (1992; Alfaguara, 2016), El espía del tiempo (Alfaguara, 2002), Kamchatka (Alfaguara, 2003), La batalla del calentamiento (Alfaguara, 2007), Aquarium (2009) y El rey de los espinos *(Suma de Letras, 2014). Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, holandés, polaco, hebreo, ruso y otros. Como periodista, entrevistó a Woody Allen, Paul McCartney, Arthur Miller, Madonna, Mick Jagger, Martin Scorsese y otras personalidades, además de cubrir la segunda intifada entre Israel y Palestina para la revista española Planeta Humano. Escribió junto a Marcelo Piñeyro los guiones de Plata quemada (Premio Goya a la mejor película de habla hispana, elegida por L. A. Times como uno de los diez mejores filmes del año) y La viuda de los jueves. También es autor de los guiones de Kamchatka (mejor guión del Festival de La Habana y película seleccionada para representar a la Argentina en los Oscar) y Rosario Tijeras.

http://www.marcha.org.ar/figueras-la-gran-maquina-de-engendrar-historias/

 

Leer más
Naranjas Amargas en el patio de Tandil

Por Leandro Frígoli

Reseña del libro compilado por Patricia Ratto que recopila ficciones ocurridas en esa localidad bonaerense.  

La obra, en efecto describe un territorio (Tandil), no solo desde una óptica ideal como puede ser su explotado perfil turístico sino que rescata las huellas que se vinculan con el plano cultural, político, social e histórico de la localidad. No obstante, resalta tanto la belleza como la fealdad de la ciudad, es decir, todo lo que remite a lo humano, lo bello, lo sublime pero también lo feo y miserable.

Un dato que resulta interesante, es que Naranjas Amargas, desbroza una serie de prácticas culturales con el objetivo de multiplicar las voces de los seres que habitan los relatos. Por lo tanto, es patente que esa multiplicidad de seres producen multiplicidad de voces que generan un discurso, un lenguaje o una trama social.

Una primera lectura, sobre el libro, es interpretar que el territorio produce sentido sobre los actores y objetos. Es decir, se compone de todo lo que habita y construye producciones de sentido que indagan e interpelan en cada historia. Además, tiene un rol clave en la construcción y producción del conocimiento sobre lo local.

Por consiguiente, el eje sustancial de los relatos se fundamentan en generar un conocimiento nuevo, de escasa visibilidad, en el mercado global en relación a la ciudad. Es decir, con los fragmentos locales que configura cada historia muestra al lector un Tandil diferente, lleno de matices, más realista, mundano y visceral.

En términos comunicacionales, el territorio constituye producciones de sentido que permiten una transformación sobre lo dado. Por ende, Nelly Richard, resalta que los estudios culturales como combinación operativa de saberes parciales negocian su reciclaje transdisciplinario mediante concordancia pragmática entre el localismo del fragmento y el pluralismo de lo híbrido. De modo que la reflexión anterior se evidencia en cada escenario, por ejemplo, una recorrida por un negocio, el Parque, la Movediza, el cementerio, los suburbios, el centro, las plazas, un colegio, un bar, una casa, entre otros.

Los personajes que caracterizan el tejido social son abundantes y diversos, como por ejemplo: un repositor de un restaurant preocupado por el pozo de las ánimas, una historia de una cafetera que tiene la nostalgia de encuentros con grandes personas, la infancia sin salida, sin comprensión, excluida y cerrada por la muerte, un viaje en micro de Río Paraná, una francesa que logra un extrañamiento sobre los desaparecidos de la última Dictadura Militar y sus personajes transitan las emociones sobre una placa conmemorativa, en particular, la conversación de dos hombres en un café sobre la placa le revela una práctica cultural muy característica de nuestro país.

“Creyó sentir la emoción en sus palabras. Uno dijo: “Fue una época muy jodida”. Y el otro contestó, dudando un poco: “Fue complicada, sí”. En ese momento, ella sintió que en esta sencilla diferencia de adjetivos yacía un abismo, una oposición ideológica.”

De manera que, logra un extrañamiento del lugar que permite sentir, experimentar, mezclarse y descubrir cualquier velo idealista del pueblo. Por consiguiente, muestra la miseria, la pobreza, el amor, la belleza, la confianza, la historia, la costumbre. Es decir, la belleza en la fealdad con el objetivo de encontrar matices que posibiliten una lectura más realista.

De este modo, resulta ser un acierto de los autores, la construcción colectiva de mirar bajo la lupa y encontrar la belleza desde la miseria humana y plantear un Tandil desconocido para el mundo. A pesar de que esta ciudad esconde secretos y marginalidades indecibles, el libro presenta un catálogo de matices, de grises, de miradas, de multiplicidad de voces, de objetos que describen historias.

En fin, un mirar hacia las profundidades del interior de una ciudad permite dos ejercicios, extrañarse sobre lo conocido y descubrir una belleza poética en lugares miserables, comunes, nostálgicos, históricos, sociales y rutinarios.

Les recomiendo que devoren Naranjas amargas e intenten generar y descubrir esta mirada sobre lo real e imaginario que se produce en torno a una ciudad. Los invito a que transiten sin prejuicios y permitan que los seduzcan los encantos de la variedad poética y el ritmo de cada relato. Sin más, que se dejen desvelar por los secretos simbólicos y materiales que esconde Naranjas Amargas.

Leer más