Discos: La destrucción total

Por Laura Cabrera @LauCab

Luego de los cortes “Siempre con vos” y “Tranqui”, Nacho Rodríguez se encuentra presentando su primer trabajo como solista, un disco con una amplia variedad instrumental y poesía en clave romántica.

Luego de la experiencia grupal junto a Onda Vaga y Nacho y Los Caracoles, entre otras bandas, Nacho Rodríguez se renueva y explora mezclas sonoras en su primer disco solista: “La destrucción total”. Si hay algo de lo que se escapa este disco es de la destrucción, ya que en melodías y poesía está más cerca del amor, de las conexiones, del desahogo para dar lugar a la sanación de todo eso que nos hace mal en la vida diaria. Este, el primero y muy lejano a la destrucción, es un disco con vibra positiva.

A lo largo de las doce canciones que componen este trabajo (entre ellas “Siempre con vos”, “Sol”, “El verano” y “Cerro Colorado”), la voz y la guitarra de Nacho están acompañadas por Facundo Flores en batería, Jano Seitún en bajo, Juanfa Suárez en trompeta y Manuel Toyos en rhodes, además de los invitados como Moreno Veloso (en “Me perdí), Pedro Sá, guitarrista de Caetano (en “Cerro Colorado), Javier Casella de Bajofondo (en “Solita” y “El verano”), Catalina Recalde (en “Tranqui) y Clara Trucco (“Solita”), de Fémina.

Si hablamos de la poesía encerrada a lo largo de los 44 minutos de disco, es imposible que todo esto no suene a ternura entre la voz suave de Nacho y las letras que hablan de desamores, de cuestiones que se terminan, que no fueron. Es un disco que va desatando historias tristes y otras esperanzadoras entre melodías alegres, como equiparando cuestiones, como si realmente en lo malo estuviese también lo bueno, como si fuera tan solo cuestión de saber escuchar.

Si hay algo que distingue a este disco son sus melodías relajantes y el amplio abanico instrumental que hacen de cada tema un ambiente único que conecta con el siguiente. Y en la historia de tanta perfección, el disco que fue grabado en tan solo tres días llevó una preparación de dos años, periodo de maceración suficiente como para entender la calidad y variedad musical y sonara de La destrucción total.

 

 

 

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Violeta Parra: tras los pasos de una artista nómade

Por Nadia Fink

Desde el 4 de octubre de 2016 hasta hoy, artistas chilenos de diversas disciplinas impulsaron más de 300 actividades culturales para homenajear la figura y obra de Violeta. A cien años de su nacimiento, recordamos parte de la vida de la cantora de los pueblos. 

Esa que anda lento levantando polvo en los caminos del Chile profundo, la que lleva la guitarra al hombro, la misma que supo tomar las voces de los que no tenían voz, para hacerla grito y devolvérselas al pueblo. Esa es Violeta Parra.

…que me ha dado tanto…

Cuando Violeta llegó a la comuna de Barrancas en 1952, conoció a doña Rosa Lorca, “una fuente folklórica de sabiduría”. Mujer campesina, curandera, partera y arregladora de angelitos; acompañaba y asistía en la vida y en la muerte y le relataba gustosa sus versos…

Un poco por consejo de su hermano, otro poco porque todo lo que latía empezaba a asomar con fuerzas, Violeta decidió meterse campo adentro, en el Chile profundo, casa por casa, para recopilar todas aquellas canciones tradicionales que pasaban de boca en boca y que se estaban perdiendo, porque se iban muriendo los más viejos o porque las memorias fallaban y era difícil encontrar a quienes las recordaran completas. Con 36 años arranca la Viola el camino que la llevará al cariño y al reconocimiento del pueblo.

La vieron tocar puertas, primero hacia la zona central de Chile, donde tomó el canto a lo humano y a lo divino (ambos forman el “canto a lo poeta”, son décimas acompañas por guitarra o guitarrón y difieren en su denominación por la temática de sus composiciones), luego en la zona más austral, en Chiloé, aprendió las canciones más ligadas a lo ancestral, a las fuentes indígenas; y la última etapa fue la de más al norte, donde el folklore se distingue por las quenas y los charangos. Quince años iba a durar su recorrido, más de 200 canciones fueron aprendidas y registradas, primero en un rústico cuaderno, luego en una especie de magnetófono; todo a pulmón, sin contar con subsidios ni apoyo alguno de parte de funcionarios o instituciones. Anquilosados en archivos estáticos, no fomentaron la difusión del arte vivo del pueblo chileno.

Violeta Parra nació un 4 de octubre de 1917 en San Fabián de Alico, un pueblito del sur de Chile y pronto se mudaron a Chillán con la familia. De su madre, costurera, heredó su lucha por el amor, la condición de nómade y la habilidad con las manos. De su padre, profesor, las ganas de que lo aprendido circule, el desprecio por las instituciones y el alma bohemia. De ambos, una tendencia innata que traen los Parra por la música, el canto, la poesía; el arte. “Parra eres y en vino triste te convertirás”.

Tenía ocho años cuando encontró el cajón donde guardaban las llaves del lugar secreto que escondía la guitarra del padre. Folklorista aficionado, cantaba y tocaba la guitarra acompañado por su esposa en cuanta fiesta y reunión surgiera, pero sólo entre familiares y amigos, nada de querer ganarse la vida con la música.

La Viola la descubrió como se descubren las cosas prohibidas: desde la fascinación, desde la curiosidad, se fue apropiando de sus formas. Sentada en una sillita, con la guitarra que le sobraba por todos lados, rasgó las cuerdas durante días, mientras imitaba las posturas de su padre y cantaba las canciones que le escuchara a su madre en las jornadas de costura. La sorprendieron recién el día en que ya las tocaba y cantaba enteras. Semilla que empezaba a germinar en la Viola: autodidacta empedernida, nunca se ató a reglas ni a partituras ni a estudios para componer su arte. Así aprendió, sola, y en plena fusión con los instrumentos, muchos años más tarde, a tocar arpa, piano, guitarrón, charango… Tal como escribió en una carta a su amigo Patricio Manns: “Destruye la métrica, libérate, grita en vez de cantar. (…) La canción es un pájaro sin plan de vuelo que jamás volará en línea recta. Odia la matemática y ama los remolinos”.

La infancia de Violeta, tercera de diez hermanos y hermanas, se movía entre la pobreza y la libertad. A Malloa iban los niños Parra para quedarse por unos días, zona campesina en la que vivían las Aguilera, unas primas lejanas que estaban un poco mejor económicamente. Fue allí donde empezaron a esparcirse las semillas, un poco al voleo, que brotarían más tarde y que guardaban latentes todas las expresiones de arte popular que iba viendo con sus ojos grandes la niña Violeta: cerámica, tapicería, pintura, figuras con alambre, canciones y cantos con guitarra, todo estaba allí, al alcance de las manos torpes y la curiosidad intacta. “Ya después cuando fue grande seguro que se acordó y así fue desarrollando todo tal como lo había visto de niña”, dice su hermana Hilda.

¿Qué otra cosa es la infancia que el lugar al que se vuelve, una y otra vez, a medida que crecemos? Para algunos, la patria; para casi todos, el instante en el que queda arraigado lo más inocente visto y sentido, y que luego puede llenarse de significados y de palabras cuando la capacidad de abstracción y de transmitir el arte se agiganta; para Violeta, sin dudas, el momento en el que vio y palpó lo que iba a ser materia de su arte tan polifacético durante todo su camino.

Cuando al padre de Violeta lo echaron del trabajo, no volvió a emplearse. La madre hacía lo que podía con la costura, pero fueron los niños los que empezaron a cantar por monedas, quedarse con alguna que otra guitarra de la cual los dueños se olvidaran, recorrer la zona en algún circo familiar para ganarse la vida.

Nicanor, como hombre mayor de la familia, se había trasladado a Santiago para estudiar. Violeta fue la primera en tomar la decisión de ir hacia allá. Partió sin decir adiós, como lo haría muchas veces más en su vida. Armó una pequeña valija, se vistió de domingo un día de semana, con la falda larga cortada y cocida a partir de las cortinas nuevas, se colgó la guitarra y se fue a la pensión en la que casi seguro estaba su hermano. Poco tiempo después, se le sumaría el resto de la familia: otro dolor de pueblo vivía Violeta en sangre propia, el traslado del campo, del pequeño pueblo a la ciudad, con el desarraigo a cuestas y la incertidumbre del trabajo y la vivienda.

Violeta de greda, en tu textura porosa fuiste absorbiendo el sentir del pueblo, su dolor y su festejo…

…con él las palabras que pienso y declaro…

Después de tocar en la calle por monedas, el dúo que formaron con Hilda empezó a recorrer los boliches de los barrios populares, Matucana, Quinta Normal, las canciones a la moda de la época, las que se escuchaban en la radio antes de que llegara a ella Violeta con su folklore auténtico: boleros, rancheras, corridos, pasodobles. Boliches frecuentados por hombres rústicos, que buscaban un respiro después de las duras jornadas de trabajo, que aplaudían con manos ajadas y rostros curtidos, aflojaban las penas y terminaban aullando emocionados las canciones románticas. En uno de esos lugares conoció a su primer marido, un maquinista de tren con quien tuvo dos hijos, Isabel y Ángel. Poco importan acá los entramados sentimentales de esta historia. Sí importa que Luis Cereceda era hombre celoso, de tradiciones fuertes, de mujer en su casa y se salió con la suya sólo por un tiempo. La fuerza creadora de Violeta, las ganas de andar, de perderse, de escuchar, de cantarse, latían con mucha más fuerza que cualquier atadura que le impusieran, aunque fueran las de su esposo y padre de sus hijos, en una sociedad chilena de mujeres sin palabra. “La única ventaja mía –aseguraba– es que gracias a la guitarra dejé de pelar papas. Porque yo no soy nadie. ¡Hay tantas mujeres como yo en cualquier comarca de Chile! Ellas pelan el ajo todo el día; la vida es muy difícil. Lo que pasa es que ellas se han quedado cocinando y cuidando a sus hijos y yo me he largado a cantar con lo que sé”. La Violeta cortó las cuerdas, soltó amarras después de diez años y se liberó del mandato de tantas mujeres oprimidas por el trabajo en el hogar, sirvientas de sus maridos y de sus familias enteras. Liberó en ese gesto, a muchas de las mujeres sin voz.

Violeta de barro, que renace y se transforma en cántaro firme que lleva el agua para que otras bocas puedan beber y soltar el grito…

…me ha dado la marcha de mis pies cansados…

Juan de Dios Leiva también es de la comuna de Barrancas. Su historia llega profundo en Violeta, y es ella quien relata el encuentro: “´On Leiva: 85 años, chacarero, cantor y tocador de la comuna de Barrancas, Santiago. Es un anciano delgadísimo, erguido y huraño. No quiere hablar con nadie. Cuando le pedí que me enseñara sus cantos, me respondió: ‘Yo juré no cantar más en mi vida porque Dios me llevó a mi nietecita regalona. Y la noche terrible que tuve que cantar para ella la tengo anudada en el pecho y la garganta’. On Leiva rompió su juramento cuando le dije que la patria necesitaba sus cantos. Tomó la guitarra, la afinó y tocó los primeros acordes del acompañamiento del canto a lo divino, a la modalidad de los cantores de Barrancas. Como en un gemido le salieron las primeras palabras”.

Durante la infancia en Malloa, ninguno de los Parra quería perderse la oportunidad de acudir a las fiestas campesinas: allá iban los hermanos y se quedaban cantando unos días. Es que en el campo se festeja todo. Ante las jornadas de trabajo que se extienden, que se hacen duras, la opresión y la exigencia por parte de los patrones, la dificultad de rebelarse; las cosas sencillas de la vida no se dejan pasar y se celebran; en esas fiestas mezcla religiosa y pagana, nacidas del cristianismo y de lo más ancestral de los pueblos originarios, en las que se venera a dios, a la virgen, y con ella a la madre, a la tierra; pero también a los ciclos de la vida, a la uva, a la cosecha, a la trilla. “Porque los pobres no tienen/ adónde volver la vista/ la vuelven hacia los cielos/ con la esperanza infinita/ de encontrar lo que su hermano/ en este mundo le quita”.

Años más tarde, con unas cuantas recopilaciones a cuestas, Violeta llega a la radio con un ciclo en el cual podía empezar a hacer escuchar lo que iba juntando por los caminos. “Así canta Violeta Parra” fue diseñado por ella como un programa temático, en el que en cada emisión se hablaba sobre, por ejemplo, la trilla, el velorio del angelito, las fiestas a las que Violeta asistía ahora de grande. Alguna vez la acompañaban al estudio alguno de los cantores con los que había establecido un vínculo más estrecho; otras veces, llegaba a las casas y convencía a los habitantes de que salieran a la calle y ahí nomás armaban una fiesta que transmitían en vivo. Eso lo permitía, sobre todo, la llegada que Violeta tenía en la gente. Su hijo Ángel recuerda un programa sobre “La cruz de mayo”, una fiesta pagano-religiosa donde se mixturan las creencias más arraigadas en el pueblo de la zona central. Allí, el símbolo de la cruz cristiana coincide con algunas de las creencias indígenas de que es “el madero sagrado”: representa el árbol de la vida, de las flores y de las frutas. Dentro de los rituales que se realizan en honor a la cruz, se manifiesta agradecimiento y se hacen peticiones relativas a la necesidad de lluvia para los campos; se rinde homenaje a la naturaleza y se da la bienvenida a una época que se espera con buenas cosechas. “¡Lo hicimos todo en la calle! Invitamos a la gente de la cuadra para que participara, instalamos fogatas y un grupo de cantores iba casa por casa, cantándole a todo el mundo. Y el programa se grababa ahí mismo, en directo, mientras mi mamá hacía el mote con huesillos (bebida típica de verano)”.

El velorio del angelito se desplegó en otro programa. Allí fue Violeta, ante la mirada azorada del personal de la radio, a transmitir el rito en vivo, con un muñeco disfrazado, con doña Rosa Lorca y otras comadres: era costumbre, ante la muerte de un niño (que por su corta edad y su pureza, seguro se iba al cielo) un velorio lleno de cantos y festejos, vestido el niño para la ocasión con alitas y colores en la celebración que duraba un día.

En su recorrido, ahora, donde llegara ya la estaban esperando. Violeta era esa señora que cantaba en la radio, “a lo divino”, que empezaba a devolver al pueblo lo que estaba dejando de cantar porque no encontraban el eco. Alberto Cruz, de 35 años, le contó a la Viola en Salamanca: “En una cantina la radio estaba cantando un verso por el fin del mundo. Entonces dije yo: ‘Ese verso lo cantaba mi padre’. Y corrí para la casa a dar la noticia: ‘En la radio están cantando a lo divino’, les dije a todos. Desde entonces, les estamos cantando a los angelitos otra vez”.

El folklore que se emitía por la radio en esa época, antes de la Violeta, era de un Chile de “postal”, no de gente del campo, sino de gente que admiraba la vida de campo. Entre bucólicas y exaltadoras de la patria, estas canciones bonitas y bien arregladas, como “Mi banderita chilena”, “Chile lindo”, “Si vas pa’ Chile”, le iban sacando el gusto a la propia gente por sus canciones tradicionales, auténticas. Violeta no era la primera en hacer este relevamiento antropológico; algunas otras personas ya habían hecho un trabajo de recopilación del folklore, casi siempre como parte de estudios académicos, que habían sido registrados en ensayos o en libros que dormían en las bibliotecas de universidad. Pero Violeta no se había quedado en una simple acumulación de canciones y versos estáticos; ella había ido a buscar el folklore, lo había recopilado, escuchado, interpretado, aprehendido, y se lo devolvía al pueblo en cada interpretación. Ese fue el valor más grande de la Viola. Como menciona Gastón Soublette, el musicólogo que trabajó con ella en una de sus etapas de compilación: “Tomó lo que antes había sido objeto de investigación más o menos privada y se lo devolvió a la gente”.

Violeta de tierra, caminadora de todos los caminos, desanda los sueños y las palabras y deja su huella por donde pisa…

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Música, movimiento, tiempos y  amores

Por Laura Cabrera @LauCab

El cantautor uruguayo Jorge Drexler lanzó el viernes pasado “Salvavidas de hielo”, disco en el que la guitarra y las voces son protagonistas en una serie de once temas que se conectan entre sí, como contando una sola historia en diversos momentos. En octubre, el artista presentará este nuevo material en el teatro Gran Rex.

“Apenas nos pusimos en dos pies comenzamos a migrar por la sabana siguiendo la manada de bisonte, más allá del horizonte, a nuevas tierras lejanas”, canta Drexler durante los primeros acordes de “Salvavidas de hielo”, su último disco de estudio. Se trata de Movimiento, primer corte, que suena como el principio de todo lo que vendrá, como si estuviese ahí de forma intencional, contando por qué pasa todo lo que pasa. Y la respuesta para ese y para todos los temas que le siguen es una sola: “estamos en movimiento”.

“Salvavidas de hielo” está compuesto por once canciones (tres de ellas fueron presentadas tiempo atrás: Telefonía, Pongamos que hablo de Martínez y Silencio) en las que predominan la guitarra, las voces (además de la del cantante, este material cuenta con la participación de Julieta Venegas, Natalia Lafourcade y Mon Laferte) y la poesía como plato fuerte. Aunque esto último es una constante en cada disco de Drexler, la particularidad del recientemente lanzado es el orden de los temas y su referencia a los tiempos, como si ese orden y los tiempos de la vida, desde el nacimiento y los diferentes caminos estuviesen llamando a quien escucha a tomarse el tiempo de recordar el pasado, de pensar, de volver hacia el interior y tocar cada emoción, de hacerlas cuerpo para poder guardarlas aunque sea en el recuerdo de cualquiera de esas canciones que cuentan historias que no tienen ningún nombre propio y a la vez todos.

Drexler juega en este disco con la simplicidad, con el sonido de las cuerdas, de la guitarra completa, con la percusión, las voces y con un elemento particular y poco utilizado en la música: el silencio. ¿Qué sucede cuando en medio de un tema musical el artista hace silencio por unos segundos para invitar al oyente a escuchar más allá de las canciones? La propuesta del track 3, denominado Silencio tiene una respuesta sorprendente ante esa acción. Sin lugar a dudas, el artista en su nuevo disco está llamando a su público a oír algo más que once canciones.

“Salvavidas de hielo” es lo que nos pasa: todos y todas tenemos a un “Martínez” a quien estar agradecidos y agradecidas, pasamos por situaciones de amores que no fueron o duraron poco, nos alegramos con alguna llamada, pensamos mil veces que hubiese sido mejor no haber dicho nada, recordamos con cariño algún lugar o deseamos lo que no tuvimos, sin mirar lo que teníamos cerca. De eso habla este disco en el que suena Movimiento, Telefonía, Silencio, Pongamos que hablo de Martínez, Estalactitas, Asilo, Abracadabras, Mandato, Despedir a los glaciares, Quimera y Salvavidas de hielo, de esta especie en viaje en el cual “no tenemos pertenencias sino equipaje”.

Bendita la telefonía en todas sus variantes…

Si bien el disco fue lanzado de manera oficial el 22 de septiembre pasado, el cantante decidió realizar una presentación especial vía Facebook Live desde España. En el día de su cumpleaños y a las 17 de Argentina, Jorge Drexler iniciaba la presentación de una manera atípica, con un gesto de solidaridad con aquél lugar en el que estuvo dando vida a “Salvavidas de hielo”: Mexico DF.

A modo de “abrazo virtual” y solidaridad con el pueblo mexicano, el primer tema en sonar no fue del disco, fue María Bonita de Agustín Lara. “Nosotros hacemos música y nos dedicamos a esto. En los momentos tristes cantamos, en los momentos alegres cantamos, y también para abrazar a los amigos”, expresó el músico además de solicitar ayuda a quienes en ese momento se encontraban viendo la transmisión.

Desde el local de guitarras Headbanger, de Madrid, y hecho este pedido para México, Drexler dio a conocer la tapa del disco, abriendo así con la presentación de este nuevo material que se presentará el próximo mes con un formato de banda.

“Bendita cada onda, cada cable, bendita radiación de las antenas”, canta Drexler en Telefonía. Y resultó fundamental todo eso para poder realizar esta presentación utilizando la tecnología a favor de la música, a favor de la posibilidad de compartir el momento en que un músico toca por primera vez sus temas en público.  

 

 

 

 

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Cantar para pedir justicia

Cantar para pedir justicia

Música 25 septiembre, 2017 0

Hace algunos días se dio a conocer vía redes sociales “¿Dónde está mi hermano Santi?”, tema en clave de reggae con una letra escrita para Santiago Maldonado por su hermano, Germán, y a la que le pusieron voz cantantes como Miss Bolivia, Teresa Parodi, Palo Pandolfo, Liliana Herrero, Guillermo Fernández, entre otros y otras referentes de la música popular.

¿Dónde está Santiago Maldonado?, se pregunta gran parte del país. Y también lo pregunta Taty Almeida (Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora) en la introducción de ¿Dónde está mi hermano Santi?, canción cuya letra fue escrita por Germán Maldonado, hermano de Santiago. Liliana Herrero, Miss Bolivia, Palo Pandolfo, Bersuit, Dolores Solá, Teresa Parodi, Horacio Fontova, Gastón Gonçalvez y Nonpalidece, Fósforo García (Pez) y Guillermo Fernández, son algunos de los músicos que le ponen voz a un tema emocionante por su contenido y por la unión de esas voces que se entrecruzaron desde distintos estilos musicales en un punto en común: un pedido de justicia.

A lo largo del tema que suena en clave de reggae con algunas variantes de rap el pedido es claro: “Devuélvanlo”. Pero también es poético y esperanzador, con frases como “Esperamos que regreses (a tierra)/ Con nuevas formas de cultivar/ Traerás semillas de otros planetas/ Y el pueblo sus frutos consumirá”.

Esta canción habla de la lucha de Santiago, la de los pueblos masacrados, el pedido de justicia por los 30 mil desaparecidos, la lucha de su familia por encontrarlo. Emocionan las voces de todos y todas al final del tema, cuando repiten sin cansancio “¿dónde estás, Santiago?”, hablándole directamente a él, como esperando una señal o que finalmente se tomen las responsabilidades necesarias para resolver qué pasó, dónde lo llevaron, o cómo y cuándo lo van a devolver.

Desde aquél primero de agosto en el cual se desató la violenta represión por parte de Gendarmería en la Lof en resistencia Cushamen (Chubut), no solo la familia de Maldonado se dedicó a buscarlo, sino que miles de personas se sumaron con el pedido en las calles, en las redes sociales, en sus lugares de trabajo y, en esta oportunidad, en la poesía y con la música como una trinchera, la misma compartida mientras salen estos párrafos junto a la pregunta ¿dónde está Santiago Maldonado?”.

 

¿Dónde está mi hermano Santi?

(letra publicada por Germán Maldonado)

Un Primero de agosto

Gendarmería irrumpió

en la Pu Lof Cushamen

y a Santi se lo llevó.

 

Dónde está mi hermano Santi

Digan quién se lo llevó

Si fue la Gendarmería

Entonces devuelvanlo

 

Ahora viaja por el cosmos

En una nave motorhome

Con sus nuevos amigos

Peleando en la Pu Lof de Orión.

 

Su lucha aún no está concluida

Pero tiene una nueva misión

De unir a la galaxia

para una vida mejor.

 

Donde está mi hermano Santi

Digan quién se lo llevó

Si fue la Gendarmería

Entonces devuelvanlo.

 

Donde está mi amigo Santi

Digan quién se lo llevó

Si fue la Gendarmería

Entonces devuélvanlo.

 

Esperamos que regreses (a tierra)

Con nuevas formas de cultivar

Traerá semillas de otros planetas

Y el pueblo sus frutos consumirá.

 

Donde está mi hermano Santi

Digan quién se lo llevó

Si fue la Gendarmería

Entonces devuélvanlo.

 

Donde está mi amigo Santi

Digan quién se lo llevó

Si fue la Gendarmería

Entonces desapareció.

 

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Constelaciones en la noche de Buenos Aires

Por Laura Cabrera @LauCab/ Fotos: Seba Klein

Con un Luna Park agotado, el músico Lisandro Aristimuño presentó su último disco, “Constelaciones” junto a artistas invitados y una propuesta musical que volvió los inicios del artista y la vez demostró la madurez musical de quien lleva siete discos editados y un camino recorrido por centros culturales, dos Gran Rex y este primer Luna.

Pensar en cómo empezar a contar lo que pasó el sábado pasado en el Luna Park es pesar en empezar a contarlo por el cierre, con Lisandro sobre el escenario, saludando a quienes estuvieron en ese estadio repleto y dejando un mensaje de apoyo a la música independiente, a la autogestión y a la música argentina. Es que de ahí parte la historia de Aristimuño: de las pequeñas salas, de compartir escenarios con músicos de ese palo, de tocar en lugares pequeños, siempre con la misma energía. Y ahí estaba, presentando Constelaciones en el Luna, casi como si esta acción fuese también parte de la poesía que abre la puerta al mundo Aristimuño, ese en donde la sensibilidad desde lo musical pasa por el cuerpo de quienes escuchan y se conectan a algo que en el mundo real (el que en esta oportunidad estuvo afuera del Luna Park) no se puede encontrar.

Pasadas las 21.30, Lisandro salió al escenario con “Rastro del percal”. Así se iniciaba un show en donde se sintieron la fuerza de la banda, los aportes brillantes de los invitados e invitadas y los momentos de Lisandro solista, todo esto en poco más de dos horas en las que las emociones podían sentirse en el aire. No faltó en ese tiempo la mención al Sur y a Azul, su hija, ambos presentes en muchos de sus temas. Pero tampoco faltó el compromiso social como artista y el no poder dejar de preguntar dónde está Santiago Maldonado, justo al inicio de “Green lover”, tema dedicado a las Abuelas de Plaza de Mayo.

La presentación de Constelaciones contó además con momentos en los que grandes de la música nacional se subieron al escenario. Las primeras en hacerlo fueron Hilda Lizarazu y Fabiana Cantilo, quienes sumaron sus voces al alegre “Voy con vos”, cuarto tema de la noche. A mitad de show fue Javier Malosetti quien se sumó con arreglos en bajo al nostálgico “Good morning life”, primer corte de difusión de este último disco. Pero la sorpresa de la noche se dio al momento en que Fernando Ruiz Díaz (Catu Pecu Machu) apareció en escena para cantar “Para vestirte hoy”, rompiendo por completo con el show, cambiando la energía por el estilo rock que lo caracteriza, generando el quiebre en el momento justo, demostrado también la grandeza de un músico que deja todo el protagonismo a su invitado.

Así como pudieron escucharse variantes de “Tu corazón”, “Blue”, o “How Long” (en donde Rocío Aristimuño se llevó todos los aplausos, luego de su zapateo estilo flamenco), también hubo lugar para el Lisandro de los tiempos en los que el número de público era menor, en donde una guitarra y su voz eran todos los instrumentos. Así sucedió en “Me hice cargo de tu luz”, “tu nombre y el mío” y “canción de amor”, temas en los que no sólo cambió la atmósfera por la de un concierto más íntimo, sino en donde además se dio la mayor interacción con el público, entre chistes e historias de la poesía encerrada en cada letra.

¿El cierre? Lento y relajado con “Respirar” y “Canción de amor”, explosivo con el último de la noche: parches y cuerdas a fondo para “Elefantes”, uno de los más fuertes del antecesor, Mundo Anfibio.

Más allá de la inmensidad del Luna, de la popularidad alcanzada por Aristimuño y sus resultados reflejados en la cantidad de público, el músico demostró que todo sigue igual, que su música es esa que habla de las realidades cotidianas, de las identidades, amores, emociones, de todo eso que la disfunción narcotizante o esa idea de estar conectado con el mundo, hace que en el día a día quede en el olvido. Es que el mensaje parecería ser siempre el mismo: la música nos acerca a eso que suena a lo que más queremos, a lo que nos emociona y nos conecta. La música nos hace viajar.

 

 

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Discos: Caracas

Discos: Caracas

Música 11 agosto, 2017 0

Por Laura Cabrera @LauCab

 La banda platense Pérez presentará hoy en el Club Matienzo su último disco, “Caracas”. Este material compuesto por once canciones fue editado de forma virtual y puede escucharse por streaming en diferentes plataformas musicales.

Comenzaron a tocar en 2008. Desde ese entonces hasta hoy, pasaron Pérez (2010), Canciones para autopista (2014) y La hora de los pájaros (2015).Hoy presentan Caracas, disco compuesto por once temas en los que, tal como los mismos músicos indican, fueron creados en su totalidad por todos los integrantes de este quinteto. Partiendo de esta participación conjunta, este nuevo material, que fue editado de forma virtual y puede escucharse por streaming en diferentes plataformas musicales, presenta una variedad de sonidos que demuestran el nivel de exploración de esta banda que apuesta por la fusión de estilos.

Antes de la presentación de esta noche en el Club Cultural Matienzo, Marcha entrevistó a Darío Sagasti, cantante de Pérez, quien contó el proceso de creación de este disco y habló además de la escena musical platense que, sin dudas, va en crecimiento.

 -Caracas tiene variedad, tiene músicos invitados y tiene en un mismo trabajo diferentes estilos musicales, de una cumbia hasta sonidos electrónicos, por ejemplo, ¿cómo nace esta idea de concentrar en un mismo disco tanta variedad? 

-La variedad se dio espontáneamente; es el resultado de la experimentación en la sala de ensayo y de  nuevas inquietudes. Vamos probando con otros instrumentos, con otras texturas, y así van surgiendo las cosas. Nos vamos copando con distintas cosas, nos entusiasmamos y le metemos para adelante. Quizás esa variedad se note más en este último disco, pero nos comportamos así desde el principio. Pienso que hay un acuerdo tácito en Pérez, y es dejarnos llevar por lo que no salga, sin importar lo que salga; vale todo lo que se salga de adentro.

-Dos años después del último disco nace Caracas, ¿cómo fue este camino?, ¿qué diferencia a Caracas de los otros tres?

-Fue un camino de mucha entrega y mucho trabajo. Hicimos varios demos, hubo mucha experimentación. Usamos más instrumentos: sintetizadores, más guitarras, percusión, máquinas de ritmos,y esto modifica la composición y la producción de las canciones. Además hay músicos invitados: Kubilai Medina, Germán Tschudy y Neco Marcenaro. También participaron más ingenieros en el proceso de grabación; como todos los discos, Caracas fue grabado por Hernán Ascóniga, pero esta vez la mezcla la hizo Juan Armani y el mastering, Carlos Laurenz. La suma de todas estas personas, músicos e ingenieros que trabajaron con mucha entrega y amor, sin dudas enriqueció el disco.

-Existe una “contradicción” por llamarla de alguna manera, entre las letras que van entre tristes y nostálgicas y melodías alegres y bailables, como si esas melodías fueran un bálsamo, una alternativa a la tristeza. Esto sucede en casi todo el disco, como dejando un mensaje oculto, ¿hay algo de eso?

-Pienso que en las canciones, la letra y la melodía sólo funcionan juntas; es cierto que pueden transmitir cosas por separado, pero nosotros las concebimos juntas, como un cuerpo. La contradicción, la ambigüedad que notás en las canciones, nos representa. Supongo que estamos atravesados por todo: la alegría y la tristeza, la vida y la muerte… que en el equilibrio conviven las partes.

-Este sábado se presenta el nuevo disco y además Pérez sonará con nueva formación, ¿qué cambios musicales se dieron a partir de esto último?

-El sábado presentamos el disco con una nueva formación: Matías Zabaljáuregui, el guitarrista, decidió tomarse un descanso después de grabar Caracas. Entraron Gastón Le (Un Planeta) y Germán Tschudy (El Gobierno Invisible) así que ahora somos un quinteto. Estamos contentos, ensayando mucho y ya empezamos a componer canciones nuevas con la nueva formación. Hay cambios en los arreglos y en la interpretación. Y todo está envuelto por esa alegría y ese entusiasmo que aparece cuando empezás a tocar y experimentar con personas copadas.

-Surgieron en La Plata, ciudad que no deja de crecer musicalmente y de donde salieron bandas que hoy pisan fuerte, ¿cómo ven ustedes la escena local?

-Hay una movida muy copada. Quizá es la escala de la ciudad, o que sea una ciudad universitaria, habrá un montón de razones, pero lo cierto es que está buenísimo. Hay un montón de bandas zarpadas y un circuito cultural alternativo muy sólido, que puede sostenerse aún si el contexto político es desfavorable, incluso si es atacado por el poder.-

 

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En propias manos: Pablo Reartes trío

Por Angie Ferrero

El Programa Apoyo a la Edición Musical de Córdoba 2016, perteneciente a la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Córdoba, premió a la agrupación musical Pablo Reartes Trío por su disco “En propias manos”: jazz desde el centro del país, al alcance de la mano de todos.

El circuito de jazz en la ciudad cordobesa crece día a día. No son pocos los bares y centros culturales que dedican gran parte de su agenda a este género, término que parece ser chico, por el alma y la historia que guarda en sí misma esta música.

Pablo Reartes Trío, es una agrupación musical cordobesa de jazz  que fue conformada en el año 2009. Sus integrantes son Pablo Reartes (composición, guitarra eléctrica y acústica); Javier Pérez (bajo eléctrico y contrabajo) y Manuel Cerviño (batería).

Su disco “En propias manos”, fue premiado por el Programa Apoyo a la Edición Musical de Córdoba 2016, perteneciente a la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Córdoba, y fue grabado y editado en vivo, a principios de este año en MAYA STUDIO. En la grabación, el trío contó con la participación de Sergio Audisio y la música de su flauta traversa como invitado en los temas 3 y 6.

Para la selección, el jurado destacó haber tenido por criterios, la consideración de la calidad integral de la propuesta, la originalidad, composición, instrumentación e interpretación vocal – instrumental.

Con diez cortes, Pablo Reartes Trío, nos deja -en la palma de nuestras manos- un disco de jazz que revela influencias de nuestra música latinoamericana, el blues, el rock y el folcklore. Con toques de bosanova y funk, en el cierre y como bonus track, suena una dulce canción de cuna.

Las composiciones que integran “En propias manos”, son todas originales y de la autoría de Pablo Reartes. Este disco, fue resultado del trabajo de muchos años y distintos proyectos cumplidos por los integrantes del trío cordobés que quisieron acercar a los oyentes, una fusión de jazz que guarde lo artesanal y la energía que transmite la música en vivo.

Pablo Reartes Trío, tras la grabación y edición del disco, ha hecho diversas presentaciones en bares, centros culturales y espacios públicos, entre ellos, la explanada del Buen Pastor, respaldados por la premiación que los honra y el aplauso del público.

En propias manos, es un disco para disfrutar de principio a fin, música que acompaña, que se siente, que se hace presente, que tiene alma.

https://pabloreartestrio.bandcamp.com/album/en-propias-manos

 

https://twitter.com/PRT_JAZZ

 

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Tarea fina

Tarea fina

Música 7 julio, 2017 0

Por Sofia Ordynans

La Joven Guarrior es una orquesta, una familia, compuesta por 14 músicos y actores versátiles que rotan roles, e instrumentos. Abordando temáticas que van desde el amor y la tradición, hasta la política y la historia, la ironía y el humor funcionan como recursos permanentes que cohesionan un relato compacto e irreverente, pero también profundo y sensible. Desde su creación en 2007 editaron tres discos, trabajando actualmente en la finalización del cuarto. Alquimistas de los formatos, y los géneros, surfearon fórmulas que fueron desde el acústico más despojado, hasta el despliegue escénico con el cual sienten que sintetizan su trayectoria hoy: “Perros de la Belleza”, con dirección de Juan Parodi.

En esta entrevista, Lautaro Pane y Juan Isola, dialogaron con Marcha acerca de cómo funciona ese mundo fusionado que es La Joven Guarrior.

– ¿Cómo es el proceso de ensamble de todos los elementos escénicos que utilizan en vivo?

L: Sucedió de una forma que nunca nos hubiéramos imaginado que podría llegar a ser, porque si bien es de una complejidad terrible, es increíble como Parodi  tiene la facilidad de lograr callarnos a todos que somos niños insoportables, somos muchos, y es un quilombo. La presencia de Juan vino a ordenarnos y además la manera de proponerlo que tiene es muy amable. Estamos predispuestos  a laburar con él,  y realmente las ideas que tiene son aciertos indiscutibles. El tipo viene y te dice “bueno, ahora vos vas a entrar por el costado, vas a tener una sirena de ambulancia en la mano, y vas a caminar muy lento entre los músicos en total oscuridad. Vamos a probarlo”. Y también tenemos la suerte de poder ensayar en el Espacio Sísmico, con la libertad de poder estar horas en una sala grande, algo fundamental que no podríamos realizar en cualquier sala de rock. Entonces, vos entras por un costado con la sirena, el otro aparece con una máscara por otro lado, y ya lo ves escénicamente. Parodi es un tipo que tiene una habilidad y un ojo estético tan afilado que para mí lo que hace es meter golazos visuales. El loco con tres o cuatro cositas que acomoda, de repente te hace una obra pictórica con nosotros que somos los mismos 15 boludos de hace diez años y nos desencaja, porque de repente no podemos creer lo que está pasando, en qué momento sucedió. Fueron tres ensayos. En tres ensayos te diste vuelta; tipos que quizás vienen más de lo musical que de lo teatral están parados en su eje, con presencia, con la cabeza para adelante con cara de “estoy dejándolo todo” y es como un compromiso que la banda le confía de una forma maravillosa.

Mientras conversamos en el Espacio Sísmico, escucho personas yendo y viniendo, armando escenarios, preparando la sala, la cocina, la barra. Y es que el Sísmico es un teatro independiente fundado por Juan Isola y su hermana Sol, hace ya 3 años, en el que trabajan, producen y circulan contenidos culturales, desde obras de teatro, hasta talleres de arte para chicos. La oferta es larga y ancha, siendo un espacio en el que además, gran parte de la banda trabaja para su mantenimiento y funcionamiento.

–  ¿Cómo es que se da la confluencia de disciplinas teatrales, musicales, escenográficas a lo largo de su historia?

L: Hay algo muy lindo que dijo el Pastor, que es que en cualquier grupo donde hay más de tres hombres juntos reina la inmadurez, la idiotez, lo lúdico y en alguna forma lo teatral. Si bien gran parte de nuestras canciones tienen un deje de ironía, la poesía del Pastor como la del Perro Viejo (Juan Isola) es especialmente irónica. Eso te instala en un lugar que no siempre es de humor, pero sí histriónico. Cuando el Perro -músico y actor- se une a la banda allá por el 2008, esta cualidad surge naturalmente y hace más dinámicos los shows. Muchas veces cuando vamos a ver un espectáculo nos quedamos con las ganas de que los músicos cuenten un poco más quiénes son, de dónde vienen, qué les pasa o qué pensaron cuando escribieron tal canción. Hoy en día pasa de todo y no podes obviar lo escénico, somos cuerpos dentro de un escenario que estamos expresando algo, y sería una picardía desde nosotros no tener la posibilidad de hacer una referencia escénica teatral.

– ¿Cómo surge la idea de elaborar espectáculos que no se atan estrictamente al lanzamiento de un disco?

L: Nos dimos cuenta que la Guarrior muchas veces termina siendo más aceptada en los escenarios que en los reproductores, sea por lo escénico o por la puesta. Hay algo que nosotros contamos en el escenario que en el disco no lo contamos porque no es el lugar, y menos en el que estamos trabajando ahora. Los otros discos los hicimos en estudios de amigos con buenos equipos pero en casas, y ahora estamos en un estudio de verdad. Integramos al sonidista Fede Nicolau y a un productor para que busque una sonoridad que nosotros antes no teníamos, ahora que la formación está más pulida. Si bien somos eclécticos y los géneros que abarcamos también, la carrera discográfica nos separa de lo escénico porque ahí tenemos otra forma de transmitir lo que hacemos.

– Y dentro de lo escénico también hay diferencias, dado que no es lo mismo presentarse en el teatro Caras y Caretas que en Uniclub, como han hecho

L: Ni hablar. Esa fue una de las inquietudes a la hora de convocar y que nos convoque Juan Parodi. Queremos trabajar un espectáculo para un teatro que podamos repetir y donde sucedan cosas que no van a pasar en una trasnoche borrachos agitando, y la verdad es que el resultado de PDLB es muy emotivo. Logra momentos de belleza muy emocionante y fuerte, el final es muy conmovedor. Las canciones solas no te llevan a ese lugar, las canciones son de una forma y la puesta que Juan pensó para esto te lleva a otro lado.

– Actualmente están en proceso de grabación del cuarto disco

J: Aparentemente ya lo terminamos, pero yo no soy del área disco. Tenemos “distribución internacional del trabajo”.

–  Se manejan de manera independiente y autogestiva, entonces  ¿Cómo se organizan?

J: Tenemos una división en la que ahora generalmente nos llamamos “Honorables Comisiones” para que ese honor, porque lo hacemos ad honorem, tenga valor cuando se lo refregas en la cara al otro compañero (risas). Hemos mejorado un montón y ahora tenemos una división de la parte gráfica, audiovisual, de subsidios, de producción específica de cada una de las fechas, la parte de producción general, la de logística y traslados, la mantenimiento y compra de cosas nuevas, el tesorero, y obviamente la parte artística que también se divide, a veces en la de arreglos, otras veces en composición, la de teatro, la de escritura o la de ensayos, la del disco. Pasa que el disco es itinerante porque aparece y se desarma. Si bien hay gente que está pensando en los discos, como puede ser el Pastor, el Cacha o el Ingeniero, que están siempre con todo lo que significa la grabación, yo toco un poco más de oído.

La Joven Guarrior:

Integrantes: El Pastor (Gonzalo Gamallo) – Voz y guitarra / El Perro Viejo (Juan Isola) – Voz / El Gasista (Andrés Fayó) – Guitarra, clarinete, y charango / El Pochoclero (Lucio Margiotta) – Percusión, guitarra, y voz / Ze Pequenho (Lautaro Pane) – Percusión, bajo y voz / El Nuevo (Iván Tkachuk) – Bajo y percusión / El Ingeniero (Hernán Schnaider) – Percusión y bajo / El Empleado del Mes (Manuel Lugea) – Percusión / Junco (Alfredo Gadyi) – Trompeta / El Minero (Bernardo Fay) – Saxo y armónica / El Lider de los Wichis (Jose W. Aguilar) – Quena y flauta / El Delegado (Eduardo Baeza) – Trombón y bajo / El Capitán (Santiago Dinelli) – Voz y performer / El Perro Nuevo (Facundo Livio Mejías) – Performer / El Corresponsal (Jorge Corsi) – Fotografía y performer

Staff Técnico: El Fontanero (Federico Nicolao) – Sonido / Cristian Domini – Luces / Batman (Román Tkachuk) – Stage / El Operador (Gabriel Campana) – Stage Manager

Asistente de Dirección: Gustavo Fernández / Visuales: Iván Fund / Dirección Artística: Juan Parodi

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#ROCKPORANI: Música y solidaridad

Por Eliana Toledo

Analía Boccomino, cantante de Seda Carmín, fue diagnosticada hace un año de Hodkin, enfermedad que forma células malignas en el sistema linfático. Para costear su tratamiento, la banda de la cual forma parte y músicos invitados organizaron un festival. Será este viernes 7 de junio en el Teatro Woodstock Oeste, de San Justo.

Analía Boccomino es definida por sus compañeros como el “motor de seda”, recordando los principios de la banda en Lugano, por el 2005, cuando un grupo de amigos decidió juntarse para “zapar”, esa manía de los músicos de dejarse llevar por la arbitrariedad del sonido retumbando en el aire.

La locura exasperada por el rock ´n´ roll y la adrenalina corriendo como sincronizada en las venas de cada integrante hizo que cada uno apretara el acelerador a fondo, sin pestañear, y si alguno se atrevía a cuestionar si la velocidad no sería un lobo disfrazado de cordero aparecía Ani, con sus ojos color cielo, tarareando al unísono: No da para frenar.

Así la banda creció. Creció y no paró. Desde la fuerza integrada colectivamente por el talento y la amistad que iba más allá de lo que reflotaba en sus memorias, el amor por la música se transmitía de tal manera que cada vez que tocaban creaban esa aura hipnótica que hacía que quien los veía, no apartara los ojos de aquella rubia que vestía colores exuberantes y una voz que arrasaba con las sombras de cualquier espacio donde estaba.

“Ani es la energía de seda, es alguien que te motiva todo el tiempo”, cuenta “Peluka” -seudónimo del guitarrista de la banda que se ganó por la intensidad de su cabellera- y a la vez alude que el festival “surgió entre amigos y con la idea apoyarla sentimentalmente y acompañarla”.

Una vez que salió la fecha del festival, no tardaron en llegar las voces de músicos amigos que se suman como ellos bien saben: subiéndose al escenario y quebrantando los sentidos con un riff que nunca falla. Es así que empezaron a visibilizarse las manos de intérpretes como Luli Bertoldi (Eruca Sativa), Jorge Rossi (Los Gardelitos – Intoxicados), Fachi (Motor loco – Viejas locas), Beto Olguín (Los Perez García), Juan y Manu (Sueños de pescado), Libre el Jabalí y demás bandas que ponen el hombro para que a Analía no se le ocurra ni por un segundo mirar hacia otro punto que no fuera la puerta de salida para volver a su mundo de armonías.

“A través del rock le devolvemos a Analia todo lo que ella dio en este tiempo, no económicamente, sino en términos de fuerza”, confiesa Peluka y es así que no sólo son los músicos los que van a “aguantar los trapos”, si no el público cuyo rol en este papel es uno de los más importantes: demostrarle a Ani que el que abandona no tiene premio.

El show será este jueves desde las 21 en Woodstock. Juan Manuel de Rosas 2964, San Justo. Anticipadas a $150. $200 en puerta.

 

 

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Canciones como señales de lo que nos rodea

Por Laura Cabrera @LauCab

Halo Bestia es el primer trabajo discográfico del dúo SeraArrebol, compuesto por Nacho Vidal y Nadia Larcher, quienes luego de diez años de experimentación musical llegan a los escenarios con este material no sólo para unir sus voces sino además para plantearse  cada sitio como espacio de indagación sobre el rol social, cultural y político de los y las artistas.

Diez años pasaron desde el inicio de la amistad entre Nacho Vidal (voz y guitarra) y Nadia Larcher (voz). Diez años en donde el haber compartido una “trayectoria sonora” dio lugar a la formación del dúo Seraarrebol, que recientemente dio a luz Halo Bestia, su primer disco, compuesto por diez temas en los que predominan las raíces folklóricas entre melodías cálidas y la referencia a paisajes en temas que de tan descriptivos se presentan casi como pinturas. El disco, que fue lanzado formalmente el mes pasado, cuenta con la presencia de artistas invitados que suman belleza al secreto de esta obra: “La simpleza que logra una síntesis”.

A poco de la primera presentación oficial, el dúo dialogó con Marcha acerca de este trabajo y sobre cómo funciona Seraarrebol en la escena artística del país, tanto desde lo musical como desde otros roles.  

-Halo Bestia se presenta como algo simple, dos voces, una guitarra, pero esa simpleza fue lograda mediante un trabajo que incluyó invitados, ¿cómo fue esta primera experiencia de Seraarrebol?

NADIA: -Si, Seraarrebol nace como un dúo de voces y guitarra. Hemos trabajado así durante tres años. Pero, a medida que avanzamos con el disco entendimos que las canciones necesitaban nuevos sonidos y esa idea se consolidó con la invitación de  Andrés Beuwsaert, Mariano Agustoni, Mariano Cantero, Andrés Marino, Christine Brebes, Jordi Rossi, Matías Zapata y Sebastián Valsechi, quienes nos ayudaron a hacer crecer las canciones y a lograr que el disco también sea una instancia de creación. Es por eso que el proceso duró dos años. Es interesante pensar que la simpleza no es lo menos si no lo que logra una síntesis. Anhelamos haberla logrado.

-Este disco tiene un estilo bien marcado, ¿cómo lo definirían ustedes?

NACHO: -No sé cómo sería definirlo en términos de estilo. Sí hay una búsqueda en lo universal, pero con los pies sobre este suelo, el suelo donde crecemos, soñamos, amamos, danzamos y trabajamos… Hay una predisposición, aunque hay algo inevitable en esto, a la universalidad. Pero al caminar uno va pisando un suelo y ese suelo define en cierta medida los pasos y nos exige estar atentos. Sentimos que estas canciones y el modo de abordarlas, lo están. No porque debieran estarlo, nosotros las lanzamos al diálogo con las músicas que suenan y que resuenan en cada uno, ojalá convivan y enriquezcan lo que nos rodea y un poco más allá.

-La poesía es propia. Ustedes hablan de canciones inspiradas en paisajes, aunque en casos como el de “Muerte fabulosa de los caballos” se describe una situación, se cuenta una historia, ¿cómo surgió toda esa búsqueda hecha canción?

NACHO: -El poema Muerte fabulosa de los caballos preludia a “Halo bestia”, una música que surgió de la mano de una métrica predispuesta al verso. Esos versos cantados en jitanjáfora fueron entregados a Juan Andrés Despouy, quién terminó diciendo: “Si dejo correr al silencio / y me siento a verlo pasar / tal vez mi canto lo diga / con palabras simples como el pan / pero a lo simple lo pierdo / y sin pan no se puede hablar.” Este Juan, compañero de caminos y sueños, publicó “Muertes fabulosas”, el libro que alberga estas muertes, y entre la “Muerte fabulosa de los números”, por citar algunas, aparece la de los caballos. Ese poema acompaña hace muchos años los recitales de Seraarrebol.

-Si bien Seraarrebol ya lleva varios años de experiencia, ambos cuentan con un camino musical transitado antes de este dúo, ¿qué buscaban musicalmente cuando comenzaron a componer juntos?

NADIA: -Buscábamos un espacio de creación donde trabajar sobre nuestras intuiciones y sobre todo, aprender. Somos amigos hace mucho tiempo y estos años de trabajo nos han servido para plantearnos diálogos musicales pero también políticos y culturales. Cuando comenzamos este proyecto también comenzamos a discutir nuestro rol de artistas en esta ciudad y en el país, en el ámbito de la cultura y la sociedad. Con Seraarrebol comenzó una trayectoria sonora pero también un espacio de indagación.

NACHO: -Convertirnos en una sola voz.

 

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