El Salvador: “Teodora escucha, por ti es esta lucha”

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Entrevista a Dahyana Gorosito, segunda parte: de la soledad y el dolor, a nunca más caminar sola

Por Cobertura Colaborativa #AbsoluciónParaDahyana

Fragmento final de la conversación exclusiva que Dahyana tuvo con medios alternativos que acompañan su lucha desde hace más de un año. El desconsuelo de perder una hija, la injusticia de ser acusada de ello y la esperanza de poder vivir una vida nueva donde ella decida.

Mientras concluye la primera semana de audiencias en la causa que investiga la participación de Luis Oroná y Dahyana Gorosito en la muerte de su bebé Selene, recuperamos la historia de la joven de 22 años que fue obligada a parir en un descampado, le fue arrebatada su primera hija mujer y luego fue incriminada por su muerte. Una trama de violencia, sometimiento y opresión que exige un Poder Judicial con perspectiva de género.

Mayo de 2016. Luego de haber sido sometida a una semana de violencias interminables, que comenzaron con un parto inhumano, la desaparición y posterior hallazgo de su beba muerta y un sinfín de violencias institucionales, Dahyana fue llevada al pabellón de mujeres de la Cárcel de Bouwer. Allí debió permanecer casi un año en prisión preventiva ya que la fiscal Liliana Copello consideraba que había riesgo de fuga aduciendo que Dahyana se había “escapado del hospital”. Sobre ese episodio, Dahyana cuenta que puérpera, sin saber dónde estaba su hija, sin respuestas de las autoridades, y en el día del cumpleaños de su hijo Luisito -quien todavía se hallaba en la casa de los Oroná- estaba desesperada por ir a Unquillo a buscar a sus hijxs. Pero nunca llegó, una oficial de la policía la interceptó mientras se trasladaba en un colectivo interurbano.

Mientras Dahyana aún no se recuperaba de salud y afrontaba el dolor por la noticia de que su hija Selene estaba muerta -se enteró del terrible hecho a través de los medios, durante su internación- afuera se levantaba una marea mediática que la juzgaba sin piedad, apoyándose en una Justicia que no dejaba de acusarla de “mala madre”. Nadie se acordaba de que Luis Oroná, el padre de esa beba, el que se la había llevado, también estaba detenido y acusado por homicidio agravado por el vínculo.

Dahyana estaba sola. No contaba con su familia materna, de la que había huido escapando de la violencia de su padrastro; tampoco contaba con su familia política, la que en un principio fue contención y que luego se transformó en sometimiento, mentiras y extorsión con la muerte de su hija para cubrir a uno de los suyos.

Pero algunas mujeres escucharon la voz de Dahyana, que bajito resonaba, y comenzaron a indagar en el hecho, en la historia de su vida, y a acercarle algunas cosas a la cárcel. Aparecieron vecinas de Unquillo. Y luego un grupo de abogados y abogadas, y después una red más grande de organizaciones sociales que conformaron, en ese entonces, la Mesa de Trabajo por la libertad de Dahyana. El objetivo era que ésta pudiese pasar la navidad del 2016 con su hijo Luisito, de quién estaba alejada desde ese trágico día.

La libertad llegó recién en mayo de este año, unos días antes del cumpleaños de su hijo. Dahyana cuenta cómo fue ese día, en el que a las 10 de la mañana le informaron que tenía que salir “de comisión”, sin mayores explicaciones. Sólo las palabras de una de las guardias con las que tenía muy buena relación le sonaron extrañas: “A lo mejor hoy no vas al colegio de acá, pero podés ir a otro colegio”. El traslado llegó a destino y Dahyana continuaba especulando con lo que ese día podría ser, incluso pensó que era el día del juicio. Inesperadamente, aparecieron dos de sus abogadas con una sonrisa que no podían ocultar (ella estaba aún más desconcertada). “El ayudante fiscal me leía un montón de cosas que yo no entendía, y yo las veía a las abogadas que se reían (…) Después apareció la fiscal (Mercedes Balestrini) y me dijo que quedaba en libertad, que tenía que volver para el juicio. En ese momento, me largué a llorar”. Afuera, la esperaban muchas mujeres para darle un abrazo y decirle, finalmente, que ya no estaba sola.

Sentirse acompañada

Al salir de la cárcel de mujeres, Dahyana intentó volver a la casa de su madre y sus hermanxs, pero poco tiempo le llevó darse cuenta de que todo seguía igual. La violencia que el padre de sus hermanxs ejercía sobre la familia no había cesado.

Pero ahora ya había nuevas posibilidades, una familia nueva, compañera. Dahyana se refugió en aquellas mujeres que escucharon su voz y comenzó a transitar un camino que nunca había tenido la oportunidad de conocer: el de la libertad. Podía vivir por primera vez sola y tranquila, pero sabiéndose acompañada por muchas.

Nos cuenta que un día regresó a Bouwer por sus cosas y allí estaba todo. Sus compañeras habían guardado cada una de sus ropas, cuadros y fotos, e incluso los materiales con los que Dahyana hacía artesanías. Todo eso pasó a formar parte de su nuevo hogar, adornado enteramente por fotos de sus momentos felices con quien es la causa de sus risas, su hijo Luisito.

La tortura de estar un año separada de su hijo Luis no concluye aún. A Dahyana sólo se le permiten algunas visitas semanales que actualmente no se están concretando, mientras Luisito está a cargo de la mamá de Luis Oroná.

Imaginar el futuro se vuelve algo hermoso y duro a la vez. A Dahyana se le retuerce el corazón al pensar en el juicio que hoy debe transitar, en todo este mal sueño que la aleja de su hijo y que pone en vilo el futuro de su bebé por nacer: “Es como una tormenta que inició el día que me llevaron presa sin saber porqué, sólo me decían que yo era la madre”. Dahyana fantasea que cuando esa tormenta pase, podrá tener un futuro con sus hijos en el que finalmente pueda tomar sus propias decisiones.

—¿Qué te gustaría?
— Tal vez pueda trabajar desde mi casa, para poder criar a mis hijos, porque se puede.

De la misma manera en que todas sentimos hoy el dolor de Dahyana, ella comienza a sentir el de otras mujeres y nos cuenta que su vida ya nunca será igual. Estamos cerca y estamos juntas, incluso a la distancia. Un caso tan cercano como el de Victoria Aguirre y su beba Selene la conmueve, pareciera que están hablando de su vida cuando, en realidad, es la vida de otra, pero parece y se siente como propia.

Dayhana encontró su lugar rodeada de mujeres que ayudan a otras mujeres en situaciones de violencias. Un día suyo se llena con trabajos de mantenimiento de un espacio cultural pensado para mujeres, con la meta de finalizar sus estudios secundarios y con el aprendizaje de acompañar a aquellas que transitan situaciones similares a las que ella vivió.

Ella puede ver ahora cuántas son las violencias a las que las mujeres están sometidas cotidianamente e identifica incluso aquellas que nunca marcó como tales, pero que vivió en carne propia. El aprendizaje es cotidiano, y duele. Hoy su vida se ha vuelto suya, se teje en un “entre mujeres” con el que camina y del cual toma fuerza para darle batalla a la violencia machista e institucional.

 

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Por Cobertura Colaborativa #AbsoluciónParaDahyana

Es la primera vez que Dahyana cuenta su verdad para un medio de comunicación. Su palabra -ignorada por casi todxs lxs funcionarixs policiales y judiciales- es fundamental para entender la causa en la que se la juzga por la muerte de su hija Selene. Una secuencia interminable de violencias y múltiples opresiones, y la necesidad impostergable de una justicia con enfoque de género.

Este lunes comienza en la Cámara 12a del Crimen el juicio por jurados populares contra Dahyana Gorosito y su ex pareja Luis Oroná, ambos acusados por homicidio calificado por la muerte de su bebé en mayo de 2016.

Con 20 años, Dahyana fue obligada por Luis Oroná a parir en un descampado de la localidad de Unquillo (Córdoba), a la intemperie, con frío y sin asistencia. Apenas nacida la beba, Oroná la arrancó de sus brazos y se la llevó, aduciendo que él no era el padre. Selene murió de hipotermia.

Sin ningún tipo de perspectiva de género y desconociendo las múltiples violencias que sufrió a lo largo de su vida, durante su embarazo y su parto, la Justicia acusó a Dahyana de no haber impedido el homicidio de Selene. Por eso debió pasar un año en la cárcel y por eso se expone a una pena máxima de prisión perpetua por un crimen que no cometió.

Dahyana fue víctima durante años de violencia de género por parte de Oroná. Y ahora es víctima de la justicia machista cordobesa que la castiga por no haber tenido un accionar heroico para salvar a su hija, sin tener en cuenta las condiciones en que tuvo que parir, ni el estado puerperal en el que se encontraba, ni la situación de extrema vulnerabilidad en la que vivía aún antes del embarazo.

Como en otros casos, en el de Dahyana se cruzan múltiples opresiones que son el reflejo de situaciones cotidianas que viven muchas de las mujeres de nuestros barrios.

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Una secuencia interminable de violencias

Es una tarde calurosa en Córdoba, y se ve venir la tormenta. En el espacio donde nos encontramos, Dahyana llega y se acomoda, sumándose a la ronda de mates. Comienza a hablar y la reconstrucción es larga. Para encontrar las primeras marcas de la violencia patriarcal en la vida de Dahyana tenemos que remontarnos a su infancia. Los primeros recuerdos que surgen cuando le preguntamos por su niñez, son de cuando tenía ya diez años. Su mamá había sido detenida por un tema relacionado con drogas y su padrastro -el papá de sus hermanxs- también estaba preso por denuncias de violencia. En ese momento, Dahyana no conocía a su papá y recién lo haría mucho tiempo después.

Dahyana recuerda: “Con mi hermano nos fuimos a la casa de la mamá de mi mamá. Yo era chica, habré tenido 9 o 10 años. Como mi hermana era bebé nos separamos y se quedó con la abuela paterna. Ahí no la pasamos tan bien, porque mi mamá era la vergüenza de la familia y a nosotros dos prácticamente nos trataban de huérfanos (…) Yo tuve que hacer de mamá de mi hermano porque era muy pegado, más que todo al padre, pero éste muchas veces estaba preso (…) A veces le pasaba algo, lloraba y yo trataba de ponerlo bien pero no sabía qué tenía. Era chica y me preguntaba si mi mamá iba a volver. Y no”.

Esa etapa se extendió durante alrededor de tres años, durante los cuales estuvieron separados de Micaela, la hermana menor, porque las familias no tenían relación entre sí. Durante el primer tiempo, alternaron su estancia entre la casa de sus tíos en barrio Guiñazú y la casa de la abuela materna en barrio Juan Pablo II. Cuando la mamá de Dahyana recuperó la libertad, permanecieron todavía un tiempo más en la casa de la abuela materna pero la convivencia era insostenible y las discusiones se repetían. “Mi mamá siempre fue vista como la mala de la familia, o sea, las otras hermanas no caían presas y así, como la vergüenza, y nosotros también. Mi abuela tampoco lo quería al padre de mis hermanos, porque sabía que la maltrataba a mi mamá. Ella le advertía y le decía que si ese hombre le pegaba iba a seguir siendo así. Pero ella seguía con él”.

Las dificultades en la convivencia hicieron que la madre de Dahyana decidiera buscar otro lugar donde vivir con sus hijxs. En ese momento, su hermano le ofreció una casa cerca de donde vivía él y se trasladaron. Hasta ese momento, explica Dahyana, “mi mamá iba a visitarla a mi hermana pero no la traía a la casa porque ella ya estaba apegada a la abuela”.

Todo se complicó cuando la mamá de Dahyana le dio la dirección de la casa a Oscar, su padrastro. “El padre de mis hermanos no quiso saber nada de que viviéramos ahí. Una noche nos hizo cagar a mi mamá y a mí, porque yo era como que la tapaba a mi mamá y todas esas cosas, y al otro día hizo que trajeran un camión para que nos lleváramos las cosas y nos fuimos a vivir allá a San Roque, a una casa al lado de donde vivía la abuela de mi hermana”.

Lejos de mejorar, la vida fue aún más difícil para Dahyana: “Nos fuios a vivir ahí y también fue un calvario porque Oscar se emborrachaba o algo y ya la hacía cagar a mi mamá, me hacía cagar a mi, y esas cosas. Él no me quería porque no era hija de él. Cuando éramos más chicos a mi hermano no le pegaba y a mí sí, desde chica no más. Todo volvió a ser como antes de que estuviera presa”.

El relato es complejo cuando Dahyana intenta reconstruir la razón de las repetidas detenciones de Oscar, el padre de sus hermanxs. En ellos se entrelazan las denuncias por violencia contra su pareja, mamá de Dahyana, y la explotación de lxs chicxs. “Cuando éramos más chicos nosotros -recuerda Dahyana-, él nos mandaba a trabajar vendiendo cosas, casa por casa. No me acuerdo bien, pero sé que es ese trabajo porque iba casa por casa, nos mandaba a mí y a mi mamá. Y bueno, mi mamá por ahí iba a hacer una denuncia (…). Entonces le dijeron que si le llegaba una citación lo iban a llevar detenido, que iba a caer la policía ahí no más pero que no se preocupara (…) y bueno, caía la policía y lo llevaban”.

La falta de respuestas

La violencia se repetía y se agravaba por diversas razones, y para Dahyana la vida en su casa de Barrio San Roque se hizo insostenible. Tenía tan sólo 13 años cuando sintió que no podía seguir viviendo de esa manera: “Hubo muchos problemas ahí. Así que una vuelta yo agarré, me fui al colegio y cuando salí me fui. Andaba en la calle. Yo no tenía dónde ir y tampoco contaba con la familia de mi mamá, con nadie, entonces me fui a la casa de una prima de mi mamá. Ella trabajaba de limpieza en la SENAF y me llevó ahí, donde me dieron a elegir: si volvía a la casa o si iba al instituto. Preferí un instituto porque está bien, es medio feo, pero yo creo que en ese momento pensaba que lo más feo era volver y aguantar todo eso, era peor”. En el instituto de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia permaneció varios meses hasta que volvió a lo de su mamá. “Volví de nuevo con mi mamá porque ‘todo iba a cambiar’, y eso”.

Cuando le preguntamos a Dahyana si había vuelto a la casa porque su mamá la había ido a buscar, pensativa, contestó que no, que la que pidió volver con su mamá y sus hermanxs fue ella, creyendo que las cosas podían ser diferentes. Pero en realidad, nada había cambiado.

La voz de Dahyana es tranquila cuando recorre la espiral de violencia que marcó su vida. Sin embargo, quienes escuchamos no podemos evitar la angustia de imaginar a esa Dahyana, aún niña, sometida a un maltrato que, de tan cotidiano, se había convertido en “natural”. No es menor entender que las reiteradas mudanzas hacían que no pudiera consolidar ninguna relación de amistad, ni permanecer en la escuela. La soledad iba creciendo a medida que los años pasaban y la violencia machista se le iba haciendo carne.

Para Dahyana, los momentos de tranquilidad, cuando se sentía bien, eran cuando no estaba el padre de sus hermanxs en la casa. El miedo que sentía ante él era cada vez más intenso.

La etapa siguiente de la vida familiar ubica a Dahyana en un periplo de refugios de la organización Portal de Belén, a partir de una nueva denuncia de violencia contra su padrastro: “Primero fuimos yo y mi mamá ahí porque el papá de mis hermanos le había pegado mucho, entonces hicimos denuncia todo y nos llevaron ahí. Después la llevaron a mi hermana también. Es como una casa con varias mujeres con niñitos. Después nos fuimos al Portal de Belén que está en Ituzaingó y de allí nos pasaron al Portal que está en Argüello. Así de un lado para el otro siempre íbamos”.

Mientras estaban en el Portal de Belén en Argüello, le ofrecen a la mamá de Dahyana una casa en Villa Allende con la condición de que Oscar, su pareja, no conociera la dirección. Dahyana recuerda que su madre -a diferencia de Oscar, que no trabajaba-, siempre se las rebuscó, limpiando casas, cuidando señoras, en lo que podía. Sin embargo, una vez instaladas, le avisó a su pareja y volvieron a convivir.

En esa casa de Argüello, Dahyana cumplió sus 15 años, en el mes de noviembre. Esa Navidad -recuerda- “el padre le pegó a mi hermana, le quería pegar también a mi mamá entonces fue un problema muy grande (…) y ahí eran como departamentos que toda la gente lo escuchaba, entonces salí y fui a la comisaría que estaba a cuadras de donde estábamos, no era lejos. No me dieron mucha bola porque era la Navidad, y tuve que esperar horas, hasta el otro día que volví. Siempre pasaba lo mismo, cosas así, discusiones, y eso no me gustaba porque yo sí le tengo mucho miedo al padre de mis hermanos. Él venía en pedo y yo ya sabía que algo le iba a hacer a mi mamá”.

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Escapar de la violencia para encontrar más violencia

En ese momento, Dahyana iba al colegio secundario Raúl de Llano en Villa Allende, donde conoció a Bárbara Oroná, prima de Luis Oroná. Dahyana recuerda con claridad el episodio que la decidió a aceptar la invitación de su amiga a irse a su casa. “Una vuelta habíamos salido temprano del colegio con mi hermano, él se había ido a la casa y debe ser que no le gustó mucho al padre. Fue y me buscó en el polideportivo ese que está en Villa Allende. Yo estaba ahí con Barbi, y me insultó diciéndome que vuelva a casa, que me iba a hacer cagar, pero tratándome mal ahí adelante de todos, había chicos de colegio, todos. Cuando se fue, le conté toda esta situación de violencia a Barbi y ella muchas veces me sabía decir que ella vivía sola. Ella me dijo ‘vamos a mi casa hasta que vos puedas hablar con tu mamá y todo eso’, y me fui a la casa de ella, y ahí fue cuando lo conozco a Luis”.

Dahyana empezó a salir con Luis. Nunca más volvería a la casa de su madre. Pensó que en la casa de los Oroná iba a estar a salvo de la persona que más miedo le provocaba, su padrastro. Incluso tuvo que dejar el colegio porque él iba repetidamente a esperarla a la salida. Cuenta que, en un principio, todo le parecía lindo, pero que con el tiempo, fue comprendiendo el funcionamiento de la familia Oroná y las historias cruzadas y complejas, y comenzó a intentar alejarse. La casa era grande, y en ella habitaban muchos miembros de la familia Oroná: primos, hermanos, hermanas, tías y sobrinos.

Ella percibe que el quiebre se dio cuando confrontó a Luis Oroná por un romance. Ahí sufrió el primer hecho de violencia física. Sin embargo la violencia, en otras formas, se había presentado antes, cuando Luis la abandonaba para salir y no volver por muchas horas, justificado por su madre, que le decía a Dahyana “que no le dijera nada porque venía tomado, y esas cosas, sino se enojaba, que bueno, se iba con los amigos pero que no pasaba nada, que lo tenía que dejar pasar”. Ella debía limitarse a cumplir con su rol de mujer: “Limpiar y cocinar a veces, para todos los que vivían en esa gran casa”. En ese interín, cuando Dahyana todavía barajaba la posibilidad de irse de esa casa, es que se entera de su primer embarazo.

La segunda vez que Luis le “levantó la mano” fue cuando ella se negó a viajar a Cabana, a donde una parte de la familia Oroná se había mudado. Su suegra y un hermano de Luis la acorralaron para obligarla a ir, bajo la amenaza de echarla de la casa. “Yo ya no podía volver a mi casa, y si llegaba a caer embarazada, peor. Yo siempre pensaba en el padre de mis hermanos, porque él le iba a hacer problemas a mi mamá. Entonces no, no tuve más alternativa, y fui. Yo rogaba que Luis no tomara mucho porque si tomaba mucho y nos íbamos a la casa ya sabía qué iba a hacer. Era como que me estaba pasando lo mismo que a mi mamá cuando estaba con mi padrastro. Eso me estaba pasando”.

El embarazo de Dahyana no aplacó la violencia que sufría en la casa de los Oroná. Tampoco cambió a Luis como ella deseó, creyendo -como los mitos cuentan- que “ el primer hijo cambia al padre”. Pero para ella, el embarazo sí fue una vuelta en su vida. Cuando nombra a Luisito, sus ojos se llenan de lágrimas. Desde el día en que nació, fue el centro de la vida de Dahyana, ya nada a su alrededor importaba: todo era para él. Es el primer momento en el relato de Dahyana que una puede percibir una expresión de alegría, de algo que se parece a la felicidad.

Tiempo después vino su segundo embarazo y el terrible desenlace. Fue forzada a parir en un descampado, le fue arrebatada su hija y abandonada en el lugar. Durante los días siguientes, Dahyana fue sometida a un peregrinaje mediático por su pareja y su familia política, amenazada y extorsionada por el miedo de no volver a ver a Selene. La joven no supo que la niña había fallecido hasta que la Policía encontró el cuerpo en la casa de la familia de su pareja. El hallazgo se produjo tras cuatro allanamientos en el mismo domicilio, mientras Dahyana permanecía custodiada en el hospital Rawson, con una infección severa dadas las condiciones inhumanas en que fue obligada a dar a luz.

La Justicia acusó a Dahyana de no haber impedido el homicidio de Selene y por eso pasó un año en la cárcel. En mayo de este año, luego de que se instalara socialmente el reclamo, la Cámara de Acusaciones ordenó su libertad y dictaminó que existieron indicios de violencia de género que el Juzgado de Control y la fiscalía pasaron por alto. Gracias a la lucha del movimiento de mujeres y feminista, pudo aguardar el juicio en libertad y ahora espera su absolución definitiva.

Nosotras sólo escuchamos, no podemos creer cómo una joven, tan corta en años, puede haber vivido tanto. Hoy, Dahyana cursa su tercer embarazo, y con su panza de 5 meses relata su vida como si estuviese muy lejos. Porque desde que salió de Bower, ella es otra.

Hoy puede decidir qué hacer con sus días. Alejada de las múltiples violencias -incluso institucionales- a las que fue sometida, participa en las luchas por su absolución y acompaña a otras mujeres en situación de violencia. Para que su vida esté completa, sólo le falta la absolución y su hijo mayor, Luisito, cuya presencia lleva a modo de tatuaje sobre el cuerpo. O quizás, nunca lo esté. En su brazo tiene otro tatuaje: el nombre de su beba, Selene, que la acompañará por el resto de su vida.

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#FueraOMC: Los múltiples impactos en la vida de las trabajadoras
Patricia Laterra (*). La Organización Mundial del Comercio realizará su 11º Conferencia Ministerial en Argentina del 10 al 13 de diciembre. ¿De qué se trata la agenda de la OMC y por qué es un tema importante para mujeres, trans, travestis, lesbianas y la disidencia sexual?¿En qué consisten las actividades en la Semana de Acción Global? Una serie de organizaciones se preparan para participar de de la Cumbre de los Pueblos en la Semana de Acción Global contra el libre Comercio.

Una de las primeras cuestiones a pensar es que la 11° Conferencia Ministerial en Argentina pone en agenda el tema: la renovación del programa de liberalización económica y con ella las corporaciones y su impacto en la vida de la población. Son las corporaciones quienes comandan las agendas neoliberales por encima de los gobiernos. Las corporaciones regulan nuestras vidas y las corporaciones quieren que no las regulemos.

Pero, ¿de qué se trata el libre comercio y por qué es un tema importante? Los acuerdos comerciales que incluyen cuestiones como inversiones y regulaciones estatales, tienen efectos concretos y cotidianos. Nuestra vida es modificada y estructurada por las corporaciones, las multi y transnacionales. Su incidencia va desde la calidad de lo que comemos, qué enfermedades contraemos, a qué tratamientos podemos acceder y hasta cómo son nuestras condiciones laborales. Es decir que, intervienen activamente en el funcionamiento del sistema educativo y de salud que podemos gozar así como también del acceso a bienes de primera necesidad como agua, alimentos, medicamentos, servicios públicos esenciales, pero también bienes culturales y conocimientos se pueden ver afectados por estos tratados de libre comercio que, al buscar modificaciones en las regulaciones de los Estados, marcan las posibilidades de más ganancias para las empresas. En ese sentido, hoy vemos como el modelo cambiemos está dando claras muestras que se encuentran alineados con el obrar de las corporaciones, esta es su realidad y su horizonte, menos regulación económica y posibilidad de más rentabilidad para las empresas.

¿Cuáles son los puntos de la 11° Conferencia Ministerial?

Dentro de los puntos a discutir se encuentran: acuerdos comerciales (como en el que se avanza con la Unión Europea y el Mercosur), las reglas para la facilitación de inversiones, esto es el libre flujo de inversiones, que propone que los países hagan más transparentes sus regulaciones hacia los inversores, el e-commerce (comercio electrónico) y el libre flujo de datos con la idea de que los Estados no puedan regular el comercio electrónico, ni incorporar impuestos a esas transacciones, la potenciación de las asociaciones público-privadas (PPP), temas en materia de agricultura y pesca, y cuestiones siempre relacionadas a las determinaciones sobre regulaciones nacionales.

Por lo tanto, hablamos de tratados de libre comercio, pero no son solo eso sino también la liberalización y el libre flujo de las inversiones. Uno de los cambios, actual punto de tensión en las discusiones previas, es que hoy el foco está puesto en los formatos bilaterales o regionales, a diferencia de años anteriores donde los ojos estaban puestos en los grandes acuerdos multilaterales como lo son Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) o el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) o como lo fue la mal logrado Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Si bien estos acuerdos parecen lejanos a nuestros problemas cotidianos no debemos perder de vista que son las corporaciones quienes marcan el pulso de las agendas neoliberales de los gobiernos. El hecho de que el actual gobierno pida explícitamente que la Ministerial de la OMC y que el próximo G-20 -que se reúne el año que viene- se realicen en Argentina no es un dato menor. Quieren demostrar a las corporaciones que la agenda nacional está en línea con sus intereses, con la seguridad jurídica que sus negociaciones proponen y que en gran medida viene asociado a la flexibilización y precarización de la vida de las y los trabajadores. Sin dudas, la próxima Ministerial de la OMC se inscribe en una nueva ofensiva neoliberal que retoma el papel de esta institución en la globalización comercial y financiera.

Impactos en la vida de las trabajadoras

Hoy vemos como en el discurso mediático-político vuelve a instalarse la flexibilización laboral como una fuente de promoción para la creación de empleo. La flexibilización laboral es un tema más que sensible en nuestras sociedades y sobre todo en la vida de las mujeres, trans, lesbianas y bisexuales y aún las más jóvenes (en nuestro país la tasa de desempleo de las sub 29 alcanza al 20,1%, esto es una de cada 5 mujeres en la población económicamente activa). La evidencia empírica nos demuestra que estas políticas comerciales y de inversiones no han sido efectivas para la creación de más empleo y si lo consiguen, es a costa de la incorporación de las trabajadoras en formas muy precarizadas y en puestos de menor calificación. Este impacto pudo ser analizado, por ejemplo, en las maquilas e industrias de ensamblaje (México, China, Pakistán, India) donde buscaban para trabajar en ellas perfiles específicos de mujeres: pobres, jóvenes, migrantes las cuales se las traslada de grandes contingentes, sujetas sin lazos familiares para que no tengan cargas de trabajos de cuidados ni relaciones familiares que atender.

Podemos ver entonces, en la historia reciente cómo los tratados de libre comercio se basan en la desigualdad de género para la atracción de las inversiones, que buscan ocupar grandes contingentes de mujeres a muy bajos salarios (y por ende costos) constituyendo lo que se conoce como cadenas globales de producción.

Ahora bien, estos tratados no tienen solo impacto en el mercado de trabajo sino también en las políticas de regulación de los Estados, y es ahí donde buscando la mayor rentabilidad para las empresas estas políticas impactan en la macroeconomía, reduciendo el gasto público, de repercusión inmediata en la política pública y social y en las condiciones de vida de las mujeres, lesbianas, trans, travestis que en general vivencian una posición económica desigual y más retrasada, sobre todo las más pobres y racializadas, en nuestras sociedades.

Por lo señalado, menos políticas públicas y de protección social implican peores condiciones de vida para las mujeres, trans, travestis y lesbianas, lo que conlleva una relación de mayor exposición entre las desigualdades y la violencia. En los contextos de crisis y ajuste vemos cómo se extenúan tanto las jornadas de trabajo como el aumento del tiempo de trabajos de cuidados no remunerados. Es aquí donde vemos el aumento de la feminización de la pobreza, pero también del tiempo: los ajustes cierran por el tiempo (no)disponible, más ajustes es más tiempo de trabajo de cuidados no remunerados, más horas para poder garantizar la sostenibilidad de la vida. Una mayor rentabilidad para las empresas implica peores condiciones para la sostenibilidad de la vida en su integridad lo que pone en riesgo la justicia de género.

En Argentina una de las señales en sintonía con la búsqueda de rentabilidad empresaria, es la próxima reforma laboral que está impulsando el gobierno, que cuenta entre sus puntos centrales la extensión de la jornada laboral entre otros retrocesos en materia de derechos laborales. Esto implicaría en concreto, entre otros efectos, que a las ya extensas jornadas de trabajo doméstico se le sumen más horas de trabajo remunerado. Lo cual va en evidente detrimento de poder vivir vidas menos desiguales, porque cada minuto más que se agrega o suma a las ya extensas jornadas pesa diferencialmente en las trayectorias de vida de las trabajadoras. Desde el punto de vista de género la reforma laboral en su conjunto amplifica las desigualdades ya existentes.

Invitación al Foro Feminista Frente al Libre comercio

En un contexto de ajuste fiscal y con una agenda marcada por las corporaciones, vemos la importancia y necesidad de analizar los impactos y las alianzas posibles para revertir estas políticas. El Foro Feminista propuesto para la próxima Semana de Acción Global entre el 7 y el 13 de diciembre “tiene como objetivo reunir e intercambiar experiencias en distintas actividades, talleres y paneles que permitan caracterizar el contexto macroeconómico, de mercantilización y financiarización de la naturaleza, de los bienes comunes, de la vida y de acumulación por expoliación de cara a estas políticas concretas que llevan los Estados de acuerdo a la agenda de la OMC”.

El foro contará con paneles e intervenciones disparadoras de activistas feministas de distintos países: Ranja Sengupta (INDIA), Graciela Rodríguez, Corina Rodríguez Enríquez, Norma Sanchís, Alma Espino y Flora Partenio entre otros invitados e invitadas todavía a confirmar.

Será el 11 de diciembre en la Facultad de Sociales en el Marco de la Semana de Acción Global y la Cumbre de los Pueblos y se propone culminar con “una gran asamblea feminista que permita pensar y tejer de estrategias para enfrentar al agenda de la liberalización comercial y el G-20 que se dará el año que viene en Argentina”. También se generarán acciones que impulsan la red DAWN y la Red de Género y Comercio en el próximo 14° Encuentro Feminista Latinoamericano y Caribe (EFLAC) a realizarse en entre el 23 y 25 de noviembre en Uruguay.

(*) Activista y economista feminista en el Espacio de Economía Feminista de la Sociedad de Economía Crítica

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Desapariciones forzadas en Colombia: esclarecer toda la verdad

Los diálogos de paz entre la insurgencia colombiana y el Gobierno han hecho que la discusión sobre los derechos humanos cobre preponderancia en el marco de la conformación de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad. En ese sentido, abordo uno de los fenómenos que se deben esclarecer: la desaparición forzada. La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció que las desapariciones forzadas son crímenes de lesa humanidad generalmente cometidas por los Estados contra sus contradictores políticos.

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Con Furia Trava, la Matanza Avanza

Por Camila Parodi. Se realiza la Primer Marcha del Orgullo TLGBI en La Matanza.  Con el objetivo de visibilizar el movimiento matancero, organizaciones convocan a marchar contra los travesticidios y la represión a las travas, tortas y maricas en las tierras de Diana Sacayán.

Desde el conurbano profundo la resistencia trava se hace escuchar, el ¡basta de travesticidios! comienza a rugir desde las barriadas y las calles de tierra para llegar a los centros sordos del poder. Es la Matanza, que ahora sí avanza por el reconocimiento de los derechos de las travas, tortas y maricas contra el control y la mercantilización de los cuerpos en el propio territorio de Diana Sacayán.

La cita, como siempre, es en las calles para visibilizar la confluencia amplia y organizada en el territorio que se propone construir en la diversidad contra la represión y disciplinamiento de los cuerpos. Es así que desde las 16 del próximo sábado 11 de noviembre se realizará la primer Marcha del Orgullo TLGBI Matancera que comenzará en la rotonda de San Justo para finalizar con un festival en la Plaza de San Justo. Marcha Dialogó con Florencia Guimaraes de Furia Trava, una de las organizaciones convocantes.

“La lucha del colectivo en el este contexto tiene que seguir resistiendo en las calles”

¿Porque una Marcha del Orgullo en la Matanza?

Fue una necesidad, algo que veníamos deseando hace mucho tiempo. Poder salir a nuestro territorio, un espacio tan hostil para muchas de las identidades disidentes que habitamos en él. Se trata de un lugar donde hay muchísimas compañeras travestis y trans en situación de prostitución, todas las noches y madrugadas en todas las esquinas y rutas que están siendo reprimidas y perseguidas por la policía desde siempre pero sobretodo ahora con el actual contexto, donde vemos que la policía tiene la mano mas suelta que nunca. También se trata de un homenaje, una conmemoración y un pedido de justicia por nuestra compañera matancera Diana Sacayán. Este es el momento justo para salir a las calles donde estamos bajo un gobiernos que nos reprime, amenaza y que lanza protocolos intimidatorios y estigmatizantes a toda nuestra población, por eso venimos a decir acá estamos, somos matanceras y nos mostramos con orgullo y sin miedo, estamos todos los días en las calles trabajando territorialmente.

¿Cómo se organizó esta iniciativa?

La marcha se viene organizando hace aproximadamente dos meses en un lugar que para nosotras es muy simbólico como lo es la escuela de Ate Leopoldo Marechal, se trata de un espacio de resistencia. Allí hemos logrado con el Centro de Estudiantes Violeta Parra del mismo lugar, que nos cedieron espacios para que nos juntemos y organicemos. Somos varias organizaciones participando de esta acción como la Consejería diversa La Berkins,Universidad Trashumante, M.A.L, Sembrando Rebeldias, Toples con todo al aire, Partido Comunista, PSOL, Seamos Libres, Corriente Nacional Lohana Berkins, Murga Mata Mufa, Furia trava noticias, Centro de estudiantes Violeta Parra, Caracolas, Cefyl Puan, Descamisados, libres y dirversxs, Mamatanza tierra e independientes y la Agrupación LGTBI 1969.

¿Cuales son las principales reivindicaciones de esta primer marcha?

La consigna principal de esta marcha es decir ´basta de travesticidios´, sobretodo con este enunciado sentamos posición y nos contraponemos a los ejes de la marcha hegemónica que se va a realizar el sábado 18 de noviembre en Capital. Donde, nos parece brutal que se haya sacado la figura de travesticidios y que quede todo englobado como feminicidios a “mujeres travestis y transgéneros”, nuevamente siendo binarios sin respetar a nuestras referentes históricas como Lohana Berkins y Diana Sacayán que reinvindicaban por la figura travesticidio como figura legal, por eso nos parece una falta de respeto.

A su vez, nuestra posición es fuertemente abolicionista, las agrupaciones que organizamos esta comisión organizadora de la marcha decimos que nuestros cuerpos no son mercadería. Entendiendo lo que pasa en nuestro territorio y que la prostitución atraviesa brutalmente a las feminidades travestis y trans pobres es importante para nosotras reforzar esa consigna, por eso estamos exigiendo no sólo el desmantelamiento de todas las redes de trata con fines de explotación sexual sino así también la derogación del articulo 68 de los códigos contravencionales de l Provincia de Buenos Aires que son inconstitucionales. Se trata de un articulo de la epoca de la dictadura que persigue y encarcela a personas en situación de prostitución.

Otra de las denuncias concretas que se propone esta primer Marcha del Orgullo Matancera es exigirle a la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, quien deje de hacer oídos sordos la implementación del cupo laboral travesti trans Diana Sacayán, ya pasaron más de dos años y seguimos sin poder acceder a un trabajo digno.

¿Cómo entienden que debe ser la lucha del colectivo TLGBI en el actual contexto?

Entendemos y comprendemos que la lucha del colectivo en el este contexto tiene que seguir resistiendo en las calles como hace tiempo lo hacemos muchos y muchas. Es de total necesidad salir orgullosamente a las calles, salir del closet como lo venimos haciendo cotidianamente las organizaciones en este territorio que recorremos la ruta 21, el camino de cintura a la noche para poder acercarnos a las compañeras y que también salimos a las marchas a reclamar cuando asesinan o desaparecen a algún compañero o compañera tal como fue con el caso de Santiago Maldonado como así también cuando buscamos a alguna piba. No podemos dejarnos amedrentarnos por estas amenazas de los protocolos, hay que seguir en las calles pero fortalecer también las redes de cuidados porque entendemos que estamos en un contexto de un gobierno que te desaparece, que te persigue.

 

 

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