Entrevista a Dahyana Gorosito, segunda parte: de la soledad y el dolor, a nunca más caminar sola

Por Cobertura Colaborativa #AbsoluciónParaDahyana

Fragmento final de la conversación exclusiva que Dahyana tuvo con medios alternativos que acompañan su lucha desde hace más de un año. El desconsuelo de perder una hija, la injusticia de ser acusada de ello y la esperanza de poder vivir una vida nueva donde ella decida.

Mientras concluye la primera semana de audiencias en la causa que investiga la participación de Luis Oroná y Dahyana Gorosito en la muerte de su bebé Selene, recuperamos la historia de la joven de 22 años que fue obligada a parir en un descampado, le fue arrebatada su primera hija mujer y luego fue incriminada por su muerte. Una trama de violencia, sometimiento y opresión que exige un Poder Judicial con perspectiva de género.

Mayo de 2016. Luego de haber sido sometida a una semana de violencias interminables, que comenzaron con un parto inhumano, la desaparición y posterior hallazgo de su beba muerta y un sinfín de violencias institucionales, Dahyana fue llevada al pabellón de mujeres de la Cárcel de Bouwer. Allí debió permanecer casi un año en prisión preventiva ya que la fiscal Liliana Copello consideraba que había riesgo de fuga aduciendo que Dahyana se había “escapado del hospital”. Sobre ese episodio, Dahyana cuenta que puérpera, sin saber dónde estaba su hija, sin respuestas de las autoridades, y en el día del cumpleaños de su hijo Luisito -quien todavía se hallaba en la casa de los Oroná- estaba desesperada por ir a Unquillo a buscar a sus hijxs. Pero nunca llegó, una oficial de la policía la interceptó mientras se trasladaba en un colectivo interurbano.

Mientras Dahyana aún no se recuperaba de salud y afrontaba el dolor por la noticia de que su hija Selene estaba muerta -se enteró del terrible hecho a través de los medios, durante su internación- afuera se levantaba una marea mediática que la juzgaba sin piedad, apoyándose en una Justicia que no dejaba de acusarla de “mala madre”. Nadie se acordaba de que Luis Oroná, el padre de esa beba, el que se la había llevado, también estaba detenido y acusado por homicidio agravado por el vínculo.

Dahyana estaba sola. No contaba con su familia materna, de la que había huido escapando de la violencia de su padrastro; tampoco contaba con su familia política, la que en un principio fue contención y que luego se transformó en sometimiento, mentiras y extorsión con la muerte de su hija para cubrir a uno de los suyos.

Pero algunas mujeres escucharon la voz de Dahyana, que bajito resonaba, y comenzaron a indagar en el hecho, en la historia de su vida, y a acercarle algunas cosas a la cárcel. Aparecieron vecinas de Unquillo. Y luego un grupo de abogados y abogadas, y después una red más grande de organizaciones sociales que conformaron, en ese entonces, la Mesa de Trabajo por la libertad de Dahyana. El objetivo era que ésta pudiese pasar la navidad del 2016 con su hijo Luisito, de quién estaba alejada desde ese trágico día.

La libertad llegó recién en mayo de este año, unos días antes del cumpleaños de su hijo. Dahyana cuenta cómo fue ese día, en el que a las 10 de la mañana le informaron que tenía que salir “de comisión”, sin mayores explicaciones. Sólo las palabras de una de las guardias con las que tenía muy buena relación le sonaron extrañas: “A lo mejor hoy no vas al colegio de acá, pero podés ir a otro colegio”. El traslado llegó a destino y Dahyana continuaba especulando con lo que ese día podría ser, incluso pensó que era el día del juicio. Inesperadamente, aparecieron dos de sus abogadas con una sonrisa que no podían ocultar (ella estaba aún más desconcertada). “El ayudante fiscal me leía un montón de cosas que yo no entendía, y yo las veía a las abogadas que se reían (…) Después apareció la fiscal (Mercedes Balestrini) y me dijo que quedaba en libertad, que tenía que volver para el juicio. En ese momento, me largué a llorar”. Afuera, la esperaban muchas mujeres para darle un abrazo y decirle, finalmente, que ya no estaba sola.

Sentirse acompañada

Al salir de la cárcel de mujeres, Dahyana intentó volver a la casa de su madre y sus hermanxs, pero poco tiempo le llevó darse cuenta de que todo seguía igual. La violencia que el padre de sus hermanxs ejercía sobre la familia no había cesado.

Pero ahora ya había nuevas posibilidades, una familia nueva, compañera. Dahyana se refugió en aquellas mujeres que escucharon su voz y comenzó a transitar un camino que nunca había tenido la oportunidad de conocer: el de la libertad. Podía vivir por primera vez sola y tranquila, pero sabiéndose acompañada por muchas.

Nos cuenta que un día regresó a Bouwer por sus cosas y allí estaba todo. Sus compañeras habían guardado cada una de sus ropas, cuadros y fotos, e incluso los materiales con los que Dahyana hacía artesanías. Todo eso pasó a formar parte de su nuevo hogar, adornado enteramente por fotos de sus momentos felices con quien es la causa de sus risas, su hijo Luisito.

La tortura de estar un año separada de su hijo Luis no concluye aún. A Dahyana sólo se le permiten algunas visitas semanales que actualmente no se están concretando, mientras Luisito está a cargo de la mamá de Luis Oroná.

Imaginar el futuro se vuelve algo hermoso y duro a la vez. A Dahyana se le retuerce el corazón al pensar en el juicio que hoy debe transitar, en todo este mal sueño que la aleja de su hijo y que pone en vilo el futuro de su bebé por nacer: “Es como una tormenta que inició el día que me llevaron presa sin saber porqué, sólo me decían que yo era la madre”. Dahyana fantasea que cuando esa tormenta pase, podrá tener un futuro con sus hijos en el que finalmente pueda tomar sus propias decisiones.

—¿Qué te gustaría?
— Tal vez pueda trabajar desde mi casa, para poder criar a mis hijos, porque se puede.

De la misma manera en que todas sentimos hoy el dolor de Dahyana, ella comienza a sentir el de otras mujeres y nos cuenta que su vida ya nunca será igual. Estamos cerca y estamos juntas, incluso a la distancia. Un caso tan cercano como el de Victoria Aguirre y su beba Selene la conmueve, pareciera que están hablando de su vida cuando, en realidad, es la vida de otra, pero parece y se siente como propia.

Dayhana encontró su lugar rodeada de mujeres que ayudan a otras mujeres en situaciones de violencias. Un día suyo se llena con trabajos de mantenimiento de un espacio cultural pensado para mujeres, con la meta de finalizar sus estudios secundarios y con el aprendizaje de acompañar a aquellas que transitan situaciones similares a las que ella vivió.

Ella puede ver ahora cuántas son las violencias a las que las mujeres están sometidas cotidianamente e identifica incluso aquellas que nunca marcó como tales, pero que vivió en carne propia. El aprendizaje es cotidiano, y duele. Hoy su vida se ha vuelto suya, se teje en un “entre mujeres” con el que camina y del cual toma fuerza para darle batalla a la violencia machista e institucional.

 

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Entrevista a Dahyana Gorosito (1a. parte): una historia de violencias contada en primera persona

Por Cobertura Colaborativa #AbsoluciónParaDahyana

Es la primera vez que Dahyana cuenta su verdad para un medio de comunicación. Su palabra -ignorada por casi todxs lxs funcionarixs policiales y judiciales- es fundamental para entender la causa en la que se la juzga por la muerte de su hija Selene. Una secuencia interminable de violencias y múltiples opresiones, y la necesidad impostergable de una justicia con enfoque de género.

Este lunes comienza en la Cámara 12a del Crimen el juicio por jurados populares contra Dahyana Gorosito y su ex pareja Luis Oroná, ambos acusados por homicidio calificado por la muerte de su bebé en mayo de 2016.

Con 20 años, Dahyana fue obligada por Luis Oroná a parir en un descampado de la localidad de Unquillo (Córdoba), a la intemperie, con frío y sin asistencia. Apenas nacida la beba, Oroná la arrancó de sus brazos y se la llevó, aduciendo que él no era el padre. Selene murió de hipotermia.

Sin ningún tipo de perspectiva de género y desconociendo las múltiples violencias que sufrió a lo largo de su vida, durante su embarazo y su parto, la Justicia acusó a Dahyana de no haber impedido el homicidio de Selene. Por eso debió pasar un año en la cárcel y por eso se expone a una pena máxima de prisión perpetua por un crimen que no cometió.

Dahyana fue víctima durante años de violencia de género por parte de Oroná. Y ahora es víctima de la justicia machista cordobesa que la castiga por no haber tenido un accionar heroico para salvar a su hija, sin tener en cuenta las condiciones en que tuvo que parir, ni el estado puerperal en el que se encontraba, ni la situación de extrema vulnerabilidad en la que vivía aún antes del embarazo.

Como en otros casos, en el de Dahyana se cruzan múltiples opresiones que son el reflejo de situaciones cotidianas que viven muchas de las mujeres de nuestros barrios.

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Una secuencia interminable de violencias

Es una tarde calurosa en Córdoba, y se ve venir la tormenta. En el espacio donde nos encontramos, Dahyana llega y se acomoda, sumándose a la ronda de mates. Comienza a hablar y la reconstrucción es larga. Para encontrar las primeras marcas de la violencia patriarcal en la vida de Dahyana tenemos que remontarnos a su infancia. Los primeros recuerdos que surgen cuando le preguntamos por su niñez, son de cuando tenía ya diez años. Su mamá había sido detenida por un tema relacionado con drogas y su padrastro -el papá de sus hermanxs- también estaba preso por denuncias de violencia. En ese momento, Dahyana no conocía a su papá y recién lo haría mucho tiempo después.

Dahyana recuerda: “Con mi hermano nos fuimos a la casa de la mamá de mi mamá. Yo era chica, habré tenido 9 o 10 años. Como mi hermana era bebé nos separamos y se quedó con la abuela paterna. Ahí no la pasamos tan bien, porque mi mamá era la vergüenza de la familia y a nosotros dos prácticamente nos trataban de huérfanos (…) Yo tuve que hacer de mamá de mi hermano porque era muy pegado, más que todo al padre, pero éste muchas veces estaba preso (…) A veces le pasaba algo, lloraba y yo trataba de ponerlo bien pero no sabía qué tenía. Era chica y me preguntaba si mi mamá iba a volver. Y no”.

Esa etapa se extendió durante alrededor de tres años, durante los cuales estuvieron separados de Micaela, la hermana menor, porque las familias no tenían relación entre sí. Durante el primer tiempo, alternaron su estancia entre la casa de sus tíos en barrio Guiñazú y la casa de la abuela materna en barrio Juan Pablo II. Cuando la mamá de Dahyana recuperó la libertad, permanecieron todavía un tiempo más en la casa de la abuela materna pero la convivencia era insostenible y las discusiones se repetían. “Mi mamá siempre fue vista como la mala de la familia, o sea, las otras hermanas no caían presas y así, como la vergüenza, y nosotros también. Mi abuela tampoco lo quería al padre de mis hermanos, porque sabía que la maltrataba a mi mamá. Ella le advertía y le decía que si ese hombre le pegaba iba a seguir siendo así. Pero ella seguía con él”.

Las dificultades en la convivencia hicieron que la madre de Dahyana decidiera buscar otro lugar donde vivir con sus hijxs. En ese momento, su hermano le ofreció una casa cerca de donde vivía él y se trasladaron. Hasta ese momento, explica Dahyana, “mi mamá iba a visitarla a mi hermana pero no la traía a la casa porque ella ya estaba apegada a la abuela”.

Todo se complicó cuando la mamá de Dahyana le dio la dirección de la casa a Oscar, su padrastro. “El padre de mis hermanos no quiso saber nada de que viviéramos ahí. Una noche nos hizo cagar a mi mamá y a mí, porque yo era como que la tapaba a mi mamá y todas esas cosas, y al otro día hizo que trajeran un camión para que nos lleváramos las cosas y nos fuimos a vivir allá a San Roque, a una casa al lado de donde vivía la abuela de mi hermana”.

Lejos de mejorar, la vida fue aún más difícil para Dahyana: “Nos fuios a vivir ahí y también fue un calvario porque Oscar se emborrachaba o algo y ya la hacía cagar a mi mamá, me hacía cagar a mi, y esas cosas. Él no me quería porque no era hija de él. Cuando éramos más chicos a mi hermano no le pegaba y a mí sí, desde chica no más. Todo volvió a ser como antes de que estuviera presa”.

El relato es complejo cuando Dahyana intenta reconstruir la razón de las repetidas detenciones de Oscar, el padre de sus hermanxs. En ellos se entrelazan las denuncias por violencia contra su pareja, mamá de Dahyana, y la explotación de lxs chicxs. “Cuando éramos más chicos nosotros -recuerda Dahyana-, él nos mandaba a trabajar vendiendo cosas, casa por casa. No me acuerdo bien, pero sé que es ese trabajo porque iba casa por casa, nos mandaba a mí y a mi mamá. Y bueno, mi mamá por ahí iba a hacer una denuncia (…). Entonces le dijeron que si le llegaba una citación lo iban a llevar detenido, que iba a caer la policía ahí no más pero que no se preocupara (…) y bueno, caía la policía y lo llevaban”.

La falta de respuestas

La violencia se repetía y se agravaba por diversas razones, y para Dahyana la vida en su casa de Barrio San Roque se hizo insostenible. Tenía tan sólo 13 años cuando sintió que no podía seguir viviendo de esa manera: “Hubo muchos problemas ahí. Así que una vuelta yo agarré, me fui al colegio y cuando salí me fui. Andaba en la calle. Yo no tenía dónde ir y tampoco contaba con la familia de mi mamá, con nadie, entonces me fui a la casa de una prima de mi mamá. Ella trabajaba de limpieza en la SENAF y me llevó ahí, donde me dieron a elegir: si volvía a la casa o si iba al instituto. Preferí un instituto porque está bien, es medio feo, pero yo creo que en ese momento pensaba que lo más feo era volver y aguantar todo eso, era peor”. En el instituto de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia permaneció varios meses hasta que volvió a lo de su mamá. “Volví de nuevo con mi mamá porque ‘todo iba a cambiar’, y eso”.

Cuando le preguntamos a Dahyana si había vuelto a la casa porque su mamá la había ido a buscar, pensativa, contestó que no, que la que pidió volver con su mamá y sus hermanxs fue ella, creyendo que las cosas podían ser diferentes. Pero en realidad, nada había cambiado.

La voz de Dahyana es tranquila cuando recorre la espiral de violencia que marcó su vida. Sin embargo, quienes escuchamos no podemos evitar la angustia de imaginar a esa Dahyana, aún niña, sometida a un maltrato que, de tan cotidiano, se había convertido en “natural”. No es menor entender que las reiteradas mudanzas hacían que no pudiera consolidar ninguna relación de amistad, ni permanecer en la escuela. La soledad iba creciendo a medida que los años pasaban y la violencia machista se le iba haciendo carne.

Para Dahyana, los momentos de tranquilidad, cuando se sentía bien, eran cuando no estaba el padre de sus hermanxs en la casa. El miedo que sentía ante él era cada vez más intenso.

La etapa siguiente de la vida familiar ubica a Dahyana en un periplo de refugios de la organización Portal de Belén, a partir de una nueva denuncia de violencia contra su padrastro: “Primero fuimos yo y mi mamá ahí porque el papá de mis hermanos le había pegado mucho, entonces hicimos denuncia todo y nos llevaron ahí. Después la llevaron a mi hermana también. Es como una casa con varias mujeres con niñitos. Después nos fuimos al Portal de Belén que está en Ituzaingó y de allí nos pasaron al Portal que está en Argüello. Así de un lado para el otro siempre íbamos”.

Mientras estaban en el Portal de Belén en Argüello, le ofrecen a la mamá de Dahyana una casa en Villa Allende con la condición de que Oscar, su pareja, no conociera la dirección. Dahyana recuerda que su madre -a diferencia de Oscar, que no trabajaba-, siempre se las rebuscó, limpiando casas, cuidando señoras, en lo que podía. Sin embargo, una vez instaladas, le avisó a su pareja y volvieron a convivir.

En esa casa de Argüello, Dahyana cumplió sus 15 años, en el mes de noviembre. Esa Navidad -recuerda- “el padre le pegó a mi hermana, le quería pegar también a mi mamá entonces fue un problema muy grande (…) y ahí eran como departamentos que toda la gente lo escuchaba, entonces salí y fui a la comisaría que estaba a cuadras de donde estábamos, no era lejos. No me dieron mucha bola porque era la Navidad, y tuve que esperar horas, hasta el otro día que volví. Siempre pasaba lo mismo, cosas así, discusiones, y eso no me gustaba porque yo sí le tengo mucho miedo al padre de mis hermanos. Él venía en pedo y yo ya sabía que algo le iba a hacer a mi mamá”.

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Escapar de la violencia para encontrar más violencia

En ese momento, Dahyana iba al colegio secundario Raúl de Llano en Villa Allende, donde conoció a Bárbara Oroná, prima de Luis Oroná. Dahyana recuerda con claridad el episodio que la decidió a aceptar la invitación de su amiga a irse a su casa. “Una vuelta habíamos salido temprano del colegio con mi hermano, él se había ido a la casa y debe ser que no le gustó mucho al padre. Fue y me buscó en el polideportivo ese que está en Villa Allende. Yo estaba ahí con Barbi, y me insultó diciéndome que vuelva a casa, que me iba a hacer cagar, pero tratándome mal ahí adelante de todos, había chicos de colegio, todos. Cuando se fue, le conté toda esta situación de violencia a Barbi y ella muchas veces me sabía decir que ella vivía sola. Ella me dijo ‘vamos a mi casa hasta que vos puedas hablar con tu mamá y todo eso’, y me fui a la casa de ella, y ahí fue cuando lo conozco a Luis”.

Dahyana empezó a salir con Luis. Nunca más volvería a la casa de su madre. Pensó que en la casa de los Oroná iba a estar a salvo de la persona que más miedo le provocaba, su padrastro. Incluso tuvo que dejar el colegio porque él iba repetidamente a esperarla a la salida. Cuenta que, en un principio, todo le parecía lindo, pero que con el tiempo, fue comprendiendo el funcionamiento de la familia Oroná y las historias cruzadas y complejas, y comenzó a intentar alejarse. La casa era grande, y en ella habitaban muchos miembros de la familia Oroná: primos, hermanos, hermanas, tías y sobrinos.

Ella percibe que el quiebre se dio cuando confrontó a Luis Oroná por un romance. Ahí sufrió el primer hecho de violencia física. Sin embargo la violencia, en otras formas, se había presentado antes, cuando Luis la abandonaba para salir y no volver por muchas horas, justificado por su madre, que le decía a Dahyana “que no le dijera nada porque venía tomado, y esas cosas, sino se enojaba, que bueno, se iba con los amigos pero que no pasaba nada, que lo tenía que dejar pasar”. Ella debía limitarse a cumplir con su rol de mujer: “Limpiar y cocinar a veces, para todos los que vivían en esa gran casa”. En ese interín, cuando Dahyana todavía barajaba la posibilidad de irse de esa casa, es que se entera de su primer embarazo.

La segunda vez que Luis le “levantó la mano” fue cuando ella se negó a viajar a Cabana, a donde una parte de la familia Oroná se había mudado. Su suegra y un hermano de Luis la acorralaron para obligarla a ir, bajo la amenaza de echarla de la casa. “Yo ya no podía volver a mi casa, y si llegaba a caer embarazada, peor. Yo siempre pensaba en el padre de mis hermanos, porque él le iba a hacer problemas a mi mamá. Entonces no, no tuve más alternativa, y fui. Yo rogaba que Luis no tomara mucho porque si tomaba mucho y nos íbamos a la casa ya sabía qué iba a hacer. Era como que me estaba pasando lo mismo que a mi mamá cuando estaba con mi padrastro. Eso me estaba pasando”.

El embarazo de Dahyana no aplacó la violencia que sufría en la casa de los Oroná. Tampoco cambió a Luis como ella deseó, creyendo -como los mitos cuentan- que “ el primer hijo cambia al padre”. Pero para ella, el embarazo sí fue una vuelta en su vida. Cuando nombra a Luisito, sus ojos se llenan de lágrimas. Desde el día en que nació, fue el centro de la vida de Dahyana, ya nada a su alrededor importaba: todo era para él. Es el primer momento en el relato de Dahyana que una puede percibir una expresión de alegría, de algo que se parece a la felicidad.

Tiempo después vino su segundo embarazo y el terrible desenlace. Fue forzada a parir en un descampado, le fue arrebatada su hija y abandonada en el lugar. Durante los días siguientes, Dahyana fue sometida a un peregrinaje mediático por su pareja y su familia política, amenazada y extorsionada por el miedo de no volver a ver a Selene. La joven no supo que la niña había fallecido hasta que la Policía encontró el cuerpo en la casa de la familia de su pareja. El hallazgo se produjo tras cuatro allanamientos en el mismo domicilio, mientras Dahyana permanecía custodiada en el hospital Rawson, con una infección severa dadas las condiciones inhumanas en que fue obligada a dar a luz.

La Justicia acusó a Dahyana de no haber impedido el homicidio de Selene y por eso pasó un año en la cárcel. En mayo de este año, luego de que se instalara socialmente el reclamo, la Cámara de Acusaciones ordenó su libertad y dictaminó que existieron indicios de violencia de género que el Juzgado de Control y la fiscalía pasaron por alto. Gracias a la lucha del movimiento de mujeres y feminista, pudo aguardar el juicio en libertad y ahora espera su absolución definitiva.

Nosotras sólo escuchamos, no podemos creer cómo una joven, tan corta en años, puede haber vivido tanto. Hoy, Dahyana cursa su tercer embarazo, y con su panza de 5 meses relata su vida como si estuviese muy lejos. Porque desde que salió de Bower, ella es otra.

Hoy puede decidir qué hacer con sus días. Alejada de las múltiples violencias -incluso institucionales- a las que fue sometida, participa en las luchas por su absolución y acompaña a otras mujeres en situación de violencia. Para que su vida esté completa, sólo le falta la absolución y su hijo mayor, Luisito, cuya presencia lleva a modo de tatuaje sobre el cuerpo. O quizás, nunca lo esté. En su brazo tiene otro tatuaje: el nombre de su beba, Selene, que la acompañará por el resto de su vida.

Entrevista a Dahyana Gorosito (1a. parte): una historia de violencias contada en primera persona

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Con Furia Trava, la Matanza Avanza

Por Camila Parodi. Se realiza la Primer Marcha del Orgullo TLGBI en La Matanza.  Con el objetivo de visibilizar el movimiento matancero, organizaciones convocan a marchar contra los travesticidios y la represión a las travas, tortas y maricas en las tierras de Diana Sacayán.

Desde el conurbano profundo la resistencia trava se hace escuchar, el ¡basta de travesticidios! comienza a rugir desde las barriadas y las calles de tierra para llegar a los centros sordos del poder. Es la Matanza, que ahora sí avanza por el reconocimiento de los derechos de las travas, tortas y maricas contra el control y la mercantilización de los cuerpos en el propio territorio de Diana Sacayán.

La cita, como siempre, es en las calles para visibilizar la confluencia amplia y organizada en el territorio que se propone construir en la diversidad contra la represión y disciplinamiento de los cuerpos. Es así que desde las 16 del próximo sábado 11 de noviembre se realizará la primer Marcha del Orgullo TLGBI Matancera que comenzará en la rotonda de San Justo para finalizar con un festival en la Plaza de San Justo. Marcha Dialogó con Florencia Guimaraes de Furia Trava, una de las organizaciones convocantes.

“La lucha del colectivo en el este contexto tiene que seguir resistiendo en las calles”

¿Porque una Marcha del Orgullo en la Matanza?

Fue una necesidad, algo que veníamos deseando hace mucho tiempo. Poder salir a nuestro territorio, un espacio tan hostil para muchas de las identidades disidentes que habitamos en él. Se trata de un lugar donde hay muchísimas compañeras travestis y trans en situación de prostitución, todas las noches y madrugadas en todas las esquinas y rutas que están siendo reprimidas y perseguidas por la policía desde siempre pero sobretodo ahora con el actual contexto, donde vemos que la policía tiene la mano mas suelta que nunca. También se trata de un homenaje, una conmemoración y un pedido de justicia por nuestra compañera matancera Diana Sacayán. Este es el momento justo para salir a las calles donde estamos bajo un gobiernos que nos reprime, amenaza y que lanza protocolos intimidatorios y estigmatizantes a toda nuestra población, por eso venimos a decir acá estamos, somos matanceras y nos mostramos con orgullo y sin miedo, estamos todos los días en las calles trabajando territorialmente.

¿Cómo se organizó esta iniciativa?

La marcha se viene organizando hace aproximadamente dos meses en un lugar que para nosotras es muy simbólico como lo es la escuela de Ate Leopoldo Marechal, se trata de un espacio de resistencia. Allí hemos logrado con el Centro de Estudiantes Violeta Parra del mismo lugar, que nos cedieron espacios para que nos juntemos y organicemos. Somos varias organizaciones participando de esta acción como la Consejería diversa La Berkins,Universidad Trashumante, M.A.L, Sembrando Rebeldias, Toples con todo al aire, Partido Comunista, PSOL, Seamos Libres, Corriente Nacional Lohana Berkins, Murga Mata Mufa, Furia trava noticias, Centro de estudiantes Violeta Parra, Caracolas, Cefyl Puan, Descamisados, libres y dirversxs, Mamatanza tierra e independientes y la Agrupación LGTBI 1969.

¿Cuales son las principales reivindicaciones de esta primer marcha?

La consigna principal de esta marcha es decir ´basta de travesticidios´, sobretodo con este enunciado sentamos posición y nos contraponemos a los ejes de la marcha hegemónica que se va a realizar el sábado 18 de noviembre en Capital. Donde, nos parece brutal que se haya sacado la figura de travesticidios y que quede todo englobado como feminicidios a “mujeres travestis y transgéneros”, nuevamente siendo binarios sin respetar a nuestras referentes históricas como Lohana Berkins y Diana Sacayán que reinvindicaban por la figura travesticidio como figura legal, por eso nos parece una falta de respeto.

A su vez, nuestra posición es fuertemente abolicionista, las agrupaciones que organizamos esta comisión organizadora de la marcha decimos que nuestros cuerpos no son mercadería. Entendiendo lo que pasa en nuestro territorio y que la prostitución atraviesa brutalmente a las feminidades travestis y trans pobres es importante para nosotras reforzar esa consigna, por eso estamos exigiendo no sólo el desmantelamiento de todas las redes de trata con fines de explotación sexual sino así también la derogación del articulo 68 de los códigos contravencionales de l Provincia de Buenos Aires que son inconstitucionales. Se trata de un articulo de la epoca de la dictadura que persigue y encarcela a personas en situación de prostitución.

Otra de las denuncias concretas que se propone esta primer Marcha del Orgullo Matancera es exigirle a la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, quien deje de hacer oídos sordos la implementación del cupo laboral travesti trans Diana Sacayán, ya pasaron más de dos años y seguimos sin poder acceder a un trabajo digno.

¿Cómo entienden que debe ser la lucha del colectivo TLGBI en el actual contexto?

Entendemos y comprendemos que la lucha del colectivo en el este contexto tiene que seguir resistiendo en las calles como hace tiempo lo hacemos muchos y muchas. Es de total necesidad salir orgullosamente a las calles, salir del closet como lo venimos haciendo cotidianamente las organizaciones en este territorio que recorremos la ruta 21, el camino de cintura a la noche para poder acercarnos a las compañeras y que también salimos a las marchas a reclamar cuando asesinan o desaparecen a algún compañero o compañera tal como fue con el caso de Santiago Maldonado como así también cuando buscamos a alguna piba. No podemos dejarnos amedrentarnos por estas amenazas de los protocolos, hay que seguir en las calles pero fortalecer también las redes de cuidados porque entendemos que estamos en un contexto de un gobierno que te desaparece, que te persigue.

 

 

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“Ahora más que nunca es tiempo del ´golpe de timón’”, Hernán Vargas

Por Gerardo Szalkowicz y Lucio Garriga*

El chavismo logró una rotunda victoria en las elecciones regionales, quedándose con 18 de las 23 gobernaciones y dejando a la oposición aún más debilitada luego del fracaso de su intento insurreccional. En esta entrevista, Hernán Vargas, referente del Movimiento de Pobladoras y Pobladores de Venezuela y miembro de la Secretaría Operativa de la articulación continental ALBA Movimientos, analiza las razones del triunfo y el escenario que se abre. Además, proclama la necesidad de poner en foco la idea-fuerza del ”golpe de timón’’, aquel célebre discurso de Hugo Chávez en el que exhortaba –hace justo cinco años- a retomar la apuesta estratégica del socialismo bolivariano.

-¿Por dónde ves las claves de la sorpresiva y contundente victoria del chavismo en las elecciones regionales? ¿Cómo se explica que en esta situación económica tan crítica el pueblo haya ratificado al gobierno de Maduro?

– Creo que definitivamente el pueblo venezolano nos está dando una lección. Tanto a quienes estamos en Venezuela como a todo el continente. Nos ha dado una lección de cosas que no entendíamos con tanta fuerza hasta ahora. Por un lado, cómo la hegemonía cultural que tienen los medios sobre la gente puede revertirse; un pueblo que, más allá de toda la propaganda mediática, ha podido definir un criterio propio para poder determinar cuál es la opción más cercana a su futuro, qué es lo que le permite pensar en esperanza.

En este momento el pueblo venezolano está pensando en la esperanza de resolver las cosas, tiene una enorme voluntad de salir de la crisis y, en ese sentido, claramente el pueblo ve en el chavismo la posibilidad de esa esperanza de salir, y ese es un gran reto que tenemos quienes venimos apostando por la construcción del proyecto socialista: saber responder a la esperanza del pueblo.

-La oposición quedó en una situación de debilidad y fragmentación aguda, ¿cuáles podrían ser sus próximas estrategias?

– La derecha venezolana tiene varios dramas. Por un lado, su estrategia política ha sido incorrecta. No le habla al pueblo, no le habla ni a sus bases, ni a las bases que se encuentran indecisas políticamente y mucho menos a las que están próximas al chavismo. Una demostración de eso es que en las últimas dos elecciones, claramente, el pueblo ha votado castigando lo que fue la iniciativa de las guarimbas en todos estos meses. La gente le ha dicho ‘’no a la violencia, sí a la paz’’. Y la derecha tiene el problema de que está operando de manera clara bajo el lineamiento de Estados Unidos. Siempre ha sido así pero en este momento es mucho más evidente: Trump ha asumido directamente la ofensiva y ya las líneas se marcan de manera directa.

La oposición está precisamente en la complejidad de cómo hacer para tratar de construir políticas a lo interno del país pero respondiendo a una línea norteamericana que es de conflicto. La línea de las guarimbas fue la línea del imperialismo. Es la línea del ‘’no hay vuelta atrás’’, es la línea de sembrar en Venezuela caos, guerra, muerte, por eso el chavismo ha asumido la bandera de la paz y eso coloca a la derecha en una situación muy difícil.

-Después de varios meses de intento “insurreccional” de la oposición, con un asedio internacional y mediático sin precedentes que puso al gobierno “contra las cuerdas”, el chavismo demostró capacidad de unidad e iniciativa política para sobreponerse. Ahora con un poco más de aire, ¿cuáles son los desafíos que se abren para el proyecto bolivariano? ¿Hay mejores condiciones para afrontar las contradicciones y los debates internos pendientes en torno a temas como la incapacidad para revertir la crisis económica, la corrupción o el freno al impulso del proceso comunal?

-Están habiendo afortunadamente muchos análisis al respecto, el chavismo está ahora muy abierto a reflexionar sobre cuál es el momento que le corresponde, creo que eso es necesario y es sano. En lo particular, considero que no es exactamente una situación en la cual logramos estabilidad política y ahora toca avanzar. Ciertamente toca avanzar pero no estamos en un escenario de estabilidad política. Si bien la correlación de fuerzas conseguida en las elecciones regionales es importante, no es menor el dato de tener una derecha que tiene el oeste del país con una condición de ‘’medialuna’’, pensado en aquella experiencia de la ‘’medialuna boliviana’’ como alternativa de agrupamiento de la derecha con un proyecto secesionista, y aquí sumado a la penetración paramilitar en esos estados fronterizos con Colombia. Aun así, es importante haber logrado salir del escenario de guerra en el cual estábamos hace unos meses.

Y allí hay dos cosas fundamentales: una es el liderazgo del presidente Maduro que ha sido clave; la orientación estratégica de la Asamblea Constituyente evidentemente fue correcta como guía para salir de la guerra, para avanzar hacia la paz. La otra es que logramos construir una clave que nos ha costado en Venezuela y en general a la izquierda en el continente: que es pensar al socialismo como un proyecto en el cual se avanza en crisis. El socialismo no es un proyecto en el cual se avanza cuando tienes correlación de fuerzas favorables, que es una tesis política que hemos reproducido mucho en este tiempo.

¿Qué quiere decir eso? Que ahora más que nunca es tiempo del ”golpe de timón’’, ese célebre discurso del comandante Chávez donde plantea que había que avanzar al socialismo. Y creemos que el socialismo ahora es una necesidad. En estos cuatro años de crisis económica intensa que hemos tenido, por ejemplo en el tema de la alimentación, que es el tema central para la mayoría de la gente, hemos logrado afrontar esa crisis desde las formas colectivas, y no necesariamente colectivas politizadas, pero digamos que el pueblo ha resuelto juntarse y colectivizarse. Los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) son la expresión de una forma organizada del pueblo que ha desplazado a las formas de distribución mercantil. Ya la comida no llega fundamentalmente a los mercados sino que hay una cantidad de comida que llega por vía de una red de distribución comunitaria. No es perfecta, no es ideal, no está exenta de contradicciones, pero es una expresión concreta. Hay varias comunidades del país que han venido aumentando sus niveles de producción, sobre todo en zonas rurales, y se empiezan a generar mecanismos de distribución, de intercambio entre comunidades. También encuentras una cantidad de familias que se han empezado a articular para intercambiar productos. Esas son claves importantes que te dicen que es un momento para avanzar y la única forma de resolver esto es comunalizando, colectivizando, porque estas son formas colectivas que nos han permitido afrontar la crisis. Necesitamos entender que esa es la clave para salir de la crisis. No se trata de formas eventuales con las que hemos resuelto la coyuntura para luego volver a la misma forma vieja de reproducción social. Nosotros necesitamos, justamente, utilizar la crisis para fortalecer esas formas: fortalecer desde los CLAP, desde las comunas, desde los consejos comunales. Es el socialismo como una necesidad.

-¿Cómo se enmarca esta victoria en el contexto de ofensiva internacional contra el chavismo?

-Indudablemente estamos en un punto donde una importante parte del consenso internacional está con una postura injerencista con Venezuela. Varios gobiernos de la región se pronunciaron con posiciones claramente irrespetuosas de la soberanía nacional venezolana, exigiéndole al país por ejemplo términos para las elecciones regionales, en un país que cuenta con un sistema electoral bastante seguro, blindado y transparente. Sigue existiendo un consenso injerencista que necesitamos remontar.

Lo que ha estado haciendo el gobierno venezolano es ir desmontando todos los argumentos de ese consenso de derecha internacional para que no tengan posibilidades de seguir planteando cosas que no tienen asidero en la realidad. Hablar de Venezuela como una dictadura en este momento es parecido a lo que ocurrió durante en el período de la acumulación originaria en nuestro continente, cuando se hablaba de “las brujas” como el demonio a atacar y a acabar, que fue además parte de lo que encubrió el proceso de acumulación originaria: desconocer el trabajo y el rol de las mujeres en la reproducción.

*Entrevista realizada en el programa radial “Al sur del Río Bravo” que se emite los martes de 20 a 22 hs por Radionauta FM 106.3 (www.radionauta.com.ar)

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