Cecilia Merchán: “Debemos continuar con nuestros pañuelos a la vista”

Por Laura Salomé Canteros / Foto: Gala Abramovich

Tras el rechazo del Senado de la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo el pasado 9 de agosto y ante un nuevo día de lucha por la despenalización y legalización del aborto, surgen los balances, análisis y desafíos. Por eso entrevistamos a Cecilia “Checha” Merchán, diputada del Parlasur.

Entre marzo y agosto vivenciamos la toma de la agenda política por asalto. Argentina y Nuestra América debatieron, a fuerza de la movilización popular que se tiñó feminista, un proyecto de ley que tras décadas venía a saldar una deuda de la democracia, un reconocimiento histórico demandado con argumentos surgidos de una articulación inédita en la política.

Tras el rechazo del Senado de la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo el pasado 9 de agosto y ante un nuevo 28 de septiembre, día de lucha por la despenalización y legalización del aborto, surgen los análisis y desafíos. Entrevistamos a Cecilia “Checha” Merchán, diputada del Parlasur, quien nos adelantó desafios para los campos populares: “que la feminización de las organizaciones se transforme en una feminización de las decisiones y las conducciones”.

– ¿Qué significó para la Argentina y para toda Nuestra América el proceso de debate social, político y legislativo de la Ley de IVE?

El debate por la legalización del aborto significó un avance increíble del movimiemto feminista para nuestro país y para toda la región. Todavía no vamos a poder terminar de analizar todo lo que este fenómeno significó y todo lo que condensó; porque unió años de lucha con la novedad de la incorporación de nuevas generaciones muy jóvenes que tiene que ver con todo lo que hemos sembrado las anteriores, y que hoy, en ellas, empezamos a cosechar una especie de sanación.

Que tantas jóvenes puedan hablar de sus cuerpos, de lo que significa la libertad, la justicia, de que se atrevan a vivir el feminismo y a vivir su participación social y política sin temor a equivocarse, es un avance para todas nosotras que todavía no podemos analizar. La mayoría de las mujeres que venimos participando desde hace tiempo en distintas organizaciones sociales, políticas del campo popular, siempre tuvimos algún temor de que lo que decíamos estaba mal, de equivocarnos, de ser juzgadas; y lo que las jóvenes nos enseñan es a no tener miedo, y eso es un montón.

El debate por la legalización masificó algunos debates, es increíble estar discutiendo, por ejemplo, el lenguaje inclusivo a partir de lo que jóvenes estudiantes secundaries introdujeron en esta pelea. Es una maravilla.

Lo que agregan estas discusiones es condensar otras, como por ejemplo, qué hacemos con el machismo y el patriarcado dentro de nuestras organizaciones políticas, sociales, sindicales, estudiantiles del campo popular. Para nuestro país y para toda la región significa que el movimiento feminista es un nuevo actor político, una nueva presencia que además trae grandes disrupciones y alternativas, y que, si no somos capaces de interpretar y que se internalice en nuestras prácticas/ lógicas/ formas de vivir la política, difícilmente seremos capaces de llevar adelante los procesos transformadores a este avance neoliberal.

– ¿De quién fue la derrota si es que vale el término y si es que vale pensar en “ganadorxs” y “perdedorxs”?

Es al revés: nosotras ganamos. Y mucho. Porque hemos avanzado en instalar esta discusión de manera masiva. En diciembre del año pasado asumí como diputada del Parlasur con un pañuelo verde, y muchos no sabían qué significaba, y en febrero de este año el pañuelo verde era conocido por toda la región, a punto tal que los diputadxs me pedían que se los lleve de regalo. Ganamos además, porque no tenemos nada que perder. Porque somos las hijas de las brujas, de las perseguidas, de las que nunca nombraron, de las negras, de las indias, de las gringas patasucia.

Perdieron en esta discusión los dinosaurios, aunque vayan a seguir estando y vayan a seguir reaccionando; porque por eso se llaman reaccionarios. Y ante eso tenemos que mantener nuestro fueguito intacto, porque a nosotras no nos pueden quemar, porque somos el fuego.

– ¿Qué enseñanza nos deja este momento histórico?Que somos muy fuertes, que tenemos mucha fortaleza, y que esto se logra cuando se siembra verdaderamente y se tiene confianza plena en que los procesos históricos llevan tiempo pero que la siembra siempre florece. Por otro lado, nos deja la enseñanza de que si nos organizamos, si tenemos una mirada diferente de la lógica patriarcal de construcción, si buscamos una manera más demócratica de construir los ejes de nuestras luchas, una manera más federal, en red; somos capaces de dar estos saltos en calidad que son increíbles.

Otra enseñanza clara fue que, si bien las grandes capitales pueden verse más nutridas en estos debates, fue impactante ver como en cada cuidad pequeña de nuestro país ha habido mujeres de todas las edades que han estado batallando para que un tema como este, que tiene que ver con la soberanía de nuestros cuerpos, se instale. Y no solamente para que sea ley, sino para que cale profundamente en la cultura de nuestros pueblos.

– ¿Cómo seguimos? Como movimiento, como Campaña, como protagonistas de acciones y estrategias para el cambio social…

Debemos continuar con nuestros pañuelos a la vista, por todos lados, organizándonos en cada lugar, dando los debates en talleres, actividades e instalando otros debates como lo estamos haciendo con dividir la iglesia del Estado.

Desde los feminismos populares, tenemos que avanzar en algunos debates muy necesarios en este tiempo como poder plantear con claridad que la legalización del aborto no está disociada de la lucha contra el avance del FMI sobre nuestras políticas económicas y de la lucha contra la pobreza. Porque justamente, con la feminización de la pobreza, también se feminizan las organizaciones, por lo tanto, nuestra pelea conjunta y la continuidad en este tiempo, será poder buscar que la feminización de las organizaciones se transforme en una feminización de las decisiones y de las conducciones. Que podamos pensar con una lógica no patriarcal desde nuestras organizaciones del campo nacional, popular, de las izquierdas y de todos los hermanos y hermanas de lucha.