Despidos y ñoquis o la represión justificada

Por Martin Nicolas Sotiru

Hace algunos días se desató una feroz represión en el municipio de la Ciudad de La Plata, en el marco del reclamo de trabajadores y trabajadoras que habían perdido su trabajo. Pequeño análisis de aquellas jornadas.

Junto con el cambio de gobierno, llego el fin de año. Entre la infinidad de decretos y las fiestas de diciembre, los despidos, en el marco de un consenso logrado en la sociedad de la existencia de infinidad de “ñoquis” en los diversos niveles de Estado, no se hicieron esperar. Y de la mano de los despidos, a las y los trabajadores no les queda opción más que la organización y la lucha en la calle.

Despido, luego, reviso

La Municipalidad de La Plata, bajo la dirección del nuevo intendente Julio Garro (PRO-Cambiemos) sufrió el mayor achicamiento desde el cambio de signo político. Previo a la asunción, diariamente se reunían frente al Palacio Municipal las y los cooperativistas, que bajo esta figura, trabajaban para el municipio comandado por el ex – intendente Pablo Bruera, quien había amenazado con despedirlos/as en caso de perder la elección. En la previa a fin de año, luego de las continuas concentraciones por parte de estos trabajadores y trabajadoras, el nuevo gobierno platense pidió que se empadronen en un registro, pero de todas formas continuaban los reclamos por los sueldos adeudados de noviembre y diciembre.

Aun así, la situación toco techo el día 5 de enero, cuando bajo el escudo de los “ñoquis”  y los cargos políticos, el intendente decidió firmar el despido de 4.500 empleados/as, que prestaban una diversidad de servicios al municipio platense. De esta forma, no solo durante años el bruerismo precarizó y negó el pase a planta permanente de todas y todos los trabajadores, sino que ahora la nueva gestión los utiliza como variable de ajuste para ordenar las cuentas del municipio, en vez de perseguir a los responsables políticos de la situación en que se encontraba el mismo.

Asimismo, a través de un comunicado de la ONG Las Mirabal, quienes ejecutaban el Programa “Centro Integral para la Mujer”, dio cuenta del despido de 700 trabajadores y trabajadoras que desarrollaban el mismo. De esta forma, se hace lugar a mayor vaciamiento en políticas de prevención, tratamiento, contención e inclusión de mujeres en situación de violencia, recordando que al bruerismo se le reclamaba la reapertura inmediata del refugio de mujeres, cerrado en el año 2014.

Cabe aclarar que esta ola de despidos no son casos aislados, sino que suceden en un contexto político, donde durante años el bruerismo utilizo los contratos para precarizar a sus trabajadores y realizar favores a sus socios políticos. A esto se suma el discurso disciplinador para que se impulsa tanto del gobierno nacional de Macri como desde los medios hegemónicos, insistiendo en que el Estado está repleto de grasa militante, la cual este nuevo gobierno vino a retirar con un bisturí sin anestesia.

El reclamo en la calle no se hizo esperar y el viernes 8 de enero, en una nueva concentración frente al palacio municipal, Garro decidió dar la orden a la policía bonaerense  de reprimir a las y los trabajadores. Las imágenes por distintos medios no se hicieron esperar. Sangre, balas de goma, y humo, formaron parte del escenario que se vislumbro en la Plaza Moreno. Desligándose del asunto, Garro justifico la represión distribuyendo culpas en la administración anterior y que quienes ese día estaban frente a la municipalidad no estaban preocupados por sus puestos laborales, sino grupos con claras intencionalidades políticas, que buscaban ser violentos y que los policías solo cumplían tareas de prevención.

En la última semana, se continuaron repitiendo las concentraciones de trabajadores, diversas organizaciones sociales y políticas y sindicatos frente al palacio, repudiando la anterior represión y en defensa de los puestos de trabajo, sumado al reclamo por la suspensión de las paritarias municipales que había decretado Maria Eugenia Vidal. Entre tanto puestos políticos y empleados de papel, la lucha logró que Garro informe sobre la reincorporación de 2.500 trabajadores y trabajadoras y, tras la reunión del viernes 15 en el Municipio con el secretario general de ATE provincia, Oscar de Isasi; el Secretario General del Sindicato de UPCN provincia de Buenos Aires, Carlos Quintana y el Secretario Adjunto del Sindicato de Municipales, Marcelo Elvira, se resolvió estudiar la situación de 500 trabajadores más.

Producimos Alimentos, no moneda de cambio en granos

Al margen de la lucha de las y los trabajadores en el municipio platense, el miércoles 13 de enero también se movilizaron los productores hortícolas y florícolas de la región, nucleados en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). Los productores denuncian que con la liberación del dólar, los costos de producción aumentaron entre un 30% y 50%, dependiendo el producto.

Los productores luchan por una “política macroeconómica y una política agropecuaria que garantice el bienestar del pueblo en su conjunto”, y por ello, en la medida que suelen trabajar a perdida, exigen la quita del IVA a insumos, líneas de crédito subsidiadas en bancos oficiales, el pago inmediato del subsidio de $5.000 (el cual Nación informo que ya pago a las municipalidades), el acceso a tierras para producir y vivir y políticas de precios mínimos regulados, entre otras.

Sin Tango, no hay Torre

En la intersección de las calle 12 y 51 de la ciudad, funciona “La Torre”, cuyo nombre oficial es Centro Administrativo Gubernamental de la Provincia de Buenos Aires. Allí, gracias a las características del hall externo del edificio, que al estar por sobre el nivel de calles funciona como una pista de baile, todos los domingos a la tardecita se practican clases abiertas al público de tango, con una posterior milonga. Para los transeúntes domingueros siempre representa una postal típica del centro de la ciudad.

El grupo funciono siempre con el aval provincial y municipal, que le ceden el espacio y les proveen electricidad para la reproducción de las milongas y tangos. El nuevo responsable del edificio, Carlos Rossi, recientemente prohibió la realización de estas jornadas porque “se derrocha mucha luz y se ensucia y desgasta el piso”. Por ello, miembros del proyecto colectivo realizaron una jornada de protesta pacífica con mucho tango para defender el espacio creado durante tantos años y para defender un espacio cultural que las y los platenses ya sienten muy propio.

Este último embate contra la cultura platense autogestiva, se suma (a los ya conocidos) ataques con el Centro Social y Cultural Olga Vázquez, donde durante los últimos días del mes de diciembre sufrió destrozos en las instalaciones del lugar y fueron robadas maquinarias, insumos y herramientas de las cooperativas que allí funcionan. Por ello, el jueves 14 de enero, las y los trabajadores de la cultura de la ciudad armaron una jornada de teatro, danza y música con tal de ayudar al espacio a empezar a recuperar parte de lo perdido.         

 

*Integrante del Colectivo Cultural Otro Viento