Día de Las Madres

Día de Las Madres

Por Noelia Leiva. La maternidad como rol asignado por la sociedad obliga a las mujeres a tomarlo. Sus orígenes son ancestrales. Muchas se animan a desarticularlo y armar propios: tantas formas de ser mamás como mujeres que decidan hacerlo.

“Cultura”, “instinto” y “biología” son conceptos que se mezclan al analizar qué es ser mamá. La pantalla mediática suma otros, como “ternura”, “contención”, “cuidado del hogar”. Con ellos, impulsa el comercial Día de la Madre. Desde el movimiento de mujeres definieron para Marcha que criar hijos o hijas tendría que ser una elección y no un deber impuesto por la sociedad del machismo y la “heterosexualidad obligatoria”, aunque reconocieron que todavía faltan espacios internos de discusión. Acerca de las diferentes formas de crear ese vínculo ancestral.

Si los ‘lugares comunes’ permiten analizar las prácticas y las ideas imperantes en un colectivo, los referidos a qué es estar embarazada y parir no tienen desperdicio. Desde la típica vinculación de la mujer-madre a la cocina, su ‘espacio por excelencia’, hasta la obligación de cuidar a los chicos incluso si logró ‘liberarse’ y trabajar, hablan de los condicionantes culturales que acarrea el rol materno, que supera a lo biológico para asignar las tareas que se esperan que cumplan en el marco de lo social.

“Desde el Neolítico que se le asignó mecánicamente a las mujeres las labores relacionadas con la crianza y el hogar. Ahí aparece el tema del trabajo doméstico, que se entendió siempre como actividades voluntarias -entre comillas- no retribuidas. A pesar del enorme desarrollo tecnológico, todavía se conserva esa división”, entendió Nora Pulido, referente feminista, historiadora e integrante de la Campaña Abolicionista que comprende a la prostitución como explotación.

Entonces la “heterodesignación” de la mujer como madre, esposa y ama de casa se remite a los orígenes del patriarcado. “Primero los hombres se apropiaron de la sexualidad de ellas, luego del trabajo. En Occidente, la instalación del rol se logró con la figura de María en la iglesia católica; una madre casta, de quien se invisibilizó si tuvo contacto sexual”, analizó la también docente. La chilena Victoria Rubio, autora desde 2007 del comic lésbico que se difunde en la web “Lesbilais, la tortilla periférica”, coincidió con las imposiciones: “La idea clásica de la maternidad es la de ‘cuidar y dar la vida por los hijos’, cosa que muchas de nuestras madres tienen como concepto de vida”, señaló.

De hecho, incluso si se vivieron experiencias en las que se puso en evidencia el machismo es difícil correrse de los valores difundidos. “Una madre lucha desde que pare hasta el final de sus días. Es feliz si sus hijos sonríen y llora si sus ellos lloran”, definió Mónica González, vecina de Burzaco, Almirante Brown. A ella ese rol le demandó mucho más cuando su hija adolescente Milagros fue secuestrada y retenida por una red de tratantes durante diez días, en el sur del Conurbano bonaerense.

Mirian Cao, la maratonista bonaerense que corrió en las Islas Malvinas en marzo último, decidió involucrarse con la erradicación de la violencia machista hace dos años, luego de lograr “soltarle la mano” a un maltratador que formaba parte de su vida. Para ella, ser mamá es “sagrado”.

El patriarcado de cada día

En la pantalla chica, las jornadas previas al célebre Día de la Madre se colman de referencias a los conceptos habituales en los que se la representan. En las publicidades hay mujeres agotadas por la cantidad de tareas que deben hacer en simultáneo, por lo que un electrodoméstico multifunción resulta su mayor deseo. O están perfectamente peinadas y maquilladas, ya que si hay una idea que los ‘productos de belleza’ quieren recalcar es que las arrugas y ojeras generadas por la tarea maternal pueden ser ocultadas. Tras las puertas de cada casa muchas vivencias se asemejan, pero acaso por adopción -a veces no consciente- de esos parámetros.

“La forma de ser madre que está impuesta es muy ambigua. Una madre tiene que ser sacrificada, dulce, correcta, dejar todo por su ‘cría’, pero a la vez le imponen el ‘kit desapego´: tiene que dar la mamadera, necesita guardería, debe usar carrito porque a upa se malcría”, enumeró Laura Quinteros, una habitual participante del Encuentro Nacional de Mujeres que decidió tener a su hija Luciana en su casa.

Algunas militantes por la equidad de los géneros decidieron resignificar la idea de que “madre hay una sola”, porque si cada mamá es única, entonces hay muchas maneras de serlo. “Me gustaría una construcción desde la mirada de las mujeres, que para mí sería disfrutar de los hijos en libertad”, explicó, a su turno, la escritora y dibujante de Santiago de Chile. Lo mismo quiso y llevó a la práctica Quinteros, que, luego de mucho pensar, se negó a parir en un hospital, en una posición que facilite el trabajo del médico en detrimento de la comodidad de quienes protagonizan el momento: “Decidí buscar otra maternidad. Después de muchas peleas internas, elegí entregarme a mi hija, dejar algunas cosas y re adaptar rutinas para incluirla”, describió.

La lucha que hace falta

Lo que para muchas es la experiencia más reconfortante de la vida, tiene un peso tal en las relaciones familiares y sociales que es difícil darle un abordaje acabado. “Es una enorme deuda de las mujeres” debatir sobre cómo se cuela el machismo en el útero al decidir sostener el embarazo y la crianza, consideró Pulido. “Por un lado vemos todos los cambios que ocurrieron a partir de la participación (de las ciudadanas) en la política, la educación y el trabajo. Pero eso no se dio en el mundo privado”, observó.

En la mayoría de los hogares, por más que ellas estudien o trabajen, deben regresar al hogar para cumplir con las tareas domésticas, que “no se socializaron”. Eso ocurre pese a que “no hay instinto materno en las humanas y los humanos. Si bien la maternidad como reproducción biológica recae por ahora en los cuerpos femeninos, desde el rol social puede ser ejercida por cualquier persona que tenga las condiciones psicológicas para acompañar a la ‘cría’ en su desarrollo equilibrado”, instó. Defender lo que les sucede a las pares en el espacio íntimo de sus familias es una bandera a recuperar de las luchadoras de la década de 1970, que señalaron que por esas obligaciones las trabajadoras cumplían una “doble jornada” laboral.

“Las que elegimos ser madres nos encontramos muchas veces juzgadas y solas. Es como si tener un hijo y criarlo te alejara del feminismo, cuando es el momento en el que más se lo necesita para cambiar todo”, subrayó Quinteros, sobre su experiencia. Además, durante la gestación ellas “están expuestas a que todos y todas puedan opinar”, señaló la también educadora popular.

Así, cuestionadas y autoras de sus decisiones, muchas mamás buscan su propia manera de serlo. “Siento que fue una elección. Aprendo mucho y trato de no escuchar los mandatos”, concluyó Laura. Si de frases se trata, ellas prefieren darle sentido a otra: “Ni sumisa ni devota. Mujer, te quiero libre, linda y loca”.