Día a día elegir este “violento oficio de escribir” y retratar

Por Colectivo Editorial Marcha Noticias / Foto: Ayelén Rodríguez

A 40 años de la Carta a la Junta Militar, a 41 años de la última Dictadura cívico-militar-eclesiástica, nuestra mirada sobre nuestro oficio y la manera en que decidimos reflejar cada día lo que pasa en las calles.

Es posible que este 24 de marzo haya sido uno de los que más gente encontró en las calles en los últimos años. Nadie quiso dejar de llevar la potencia de su grito a la conmemoración de los 41 años del Golpe de Estado cívico-militar-eclesiástico, porque “había que estar ahí”. Resistiendo en cada esquina, en la Plaza de las Madres. Ellas que nos enseñan que la historia es(tá) en permanente (re)construcción. Nos, herederos, sujetas activas de los sueños de un pueblo multicolor que se sueña en libertad, sin opresión ni explotación, y que se expresa sin descanso contra los abusos de poder y la impunidad de ayer y de hoy.

El golpe del 24 de marzo de 1976 se dio en el contexto de una avanzada liberal en la economía política y conservadora en las imposturas socioculturales, un plan sistemático y continental promovido por los Estados Unidos. Fueron los pueblos de nuestro país, pero también de Nuestra América que sufrieron el terrorismo que destruyó nuestras economías y trabajos, nuestros hogares y nuestras vidas. Hoy, luego de que el sistema que nos oprime y explota supo adaptarse a los “nuevos tiempos”, se nos impone por la vía democrática. Los gobiernos electos de la mayoría en el continente se inclinaron nuevamente hacia el conservadurismo y la derecha y junto al “socio” genocida del norte, intentan hacer tambalear a los gobiernos revolucionarios de Bolivia, Venezuela y por supuesto, la gloriosa Cuba.

A 41 años del Golpe, el contexto social y político de la Argentina y Nuestra América, nos impone la necesidad de reflexionar sobre similitudes y diferencias para tener roles activos. Porque han sido las y los 30 mil de acá, pero de toda nuestra querida tierra latinoamericana, quienes nos precedieron y dieron la tarea de no dar ni un paso atrás, de ser inclaudicables en sostener nuestros sueños de libertad, de seguir luchando por territorios libres y socialmente justos. Y esto es deber para quienes ejercemos la comunicación popular.

Parte de un pueblo que lleva la lucha en su memoria

Observamos y hacemos parte de un pueblo que tras décadas de demandas por “memoria, verdad y justicia” no se conforma y acciona contra los abusos de poder y la impunidad. Así es que comenzaron los juicios a genocidas. Y las condenas (aún a pocos e insuficientes) fueron una realidad gracias a la lucha y la organización. Sin embargo, a 41 años de la instalación de la última dictadura militar- cívico- eclesiástica en la Argentina, vemos con preocupación el surgir de un cóctel explosivo para los derechos de la gente de a pie: falta de diálogo de las patronales y las y los funcionarios de gobiernos con las y los trabajadores en lucha; represión a las protestas y criminalización a activistas por parte del Estado y sus poderes; y desinformación de la agencia pública y los grandes medios de comunicación comerciales.

Desde editoriales en el diario La Nación los sectores reaccionarios volvieron a pedir “justicia completa”, todo un mensaje mafioso contra los organismos de Derechos Humanos; desde las redes sociales un Ministro de Educación se suma a una campaña oscurantista y anti derechos de las mujeres; periodistas y conductores bogando por violencia en el horario central de la pantalla de TV ante las emergencias sociales que generó las políticas de un gobierno antipopular. En febrero de 2016 se aprobó el protocolo para manifestaciones públicas, conocido como “ley antipiquetes”, que incluye un corralito para las y los trabajadores de prensa. A un año, y si bien dicen que no se llevó adelante, en un marzo plagado de manifestaciones públicas, las balas y los palos de las fuerzas represivas; al servicio del capitalismo neoliberal, el racismo esclavista y el heteropatriarcado que viola y mata cada día; están cada vez más presentes. Y para demostrarlo, basta un breve recorte no de esta nueva etapa democrática, ni de este año, sólo de este mes.

Las detenciones y judicialización, la cacería y la violencia selectiva sobre más de una veintena de lesbianas y mujeres el 7 y 8 de marzo en contexto del primer Paro Internacional de Mujeres, algunas de ellas comunicadoras feministas independientes; la desinformación producto de la ignorancia y la apología represiva que ejercen opinadores y operadores políticos desde el poder de la pantalla de TV y el compartir en redes sociales de los medios hegemónicos contra las recientes movilizaciones de las y los trabajadores de la economía popular y el movimiento piquetero en general; el asesinato de una mujer trans migrante en el penal de Florencio Varela y las golpizas y castigo del 13 y 14 de marzo a las mujeres privadas de su libertad en el Complejo Federal IV de Ezeiza, prácticas sistemáticas de los Servicios Penitenciario, fuerzas militarizadas; las amenazas represivas de parte de los ejecutivos nacional y bonaerense a la inmensa organización docente que lucha por el salario digno y la educación pública -laica y de calidad-, acompañado de las operaciones de prensa “comparando” la educación privada y pública y del relevamiento de la policía en la provincia de Buenos Aires de quienes adhirieron al paro o asistieron a la Marcha Federal Educativa; y por último el accionar de la Policía Bonaerense que, a los tiros por el barrio de La Boca, dejó una vecina muerta.

Junto a los atropellos, la provocación de quienes siempre tienen voz y que ahora gobiernan. En recientes declaraciones, Patricia Bullrich, Ministra de Seguridad, dijo que desde el gobierno de Cambiemos ven “un intento permanente de grupos políticos, de gente que dicen ser organizaciones sociales, que lo que hacen es estar permanentemente en la calle”. La opción parece ser desoír, deslegitimar y reprimir los reclamos de quienes vienen sintiendo las violencias del sistema, la falta de trabajo, la inflación y los aumentos del costo de la vida. “Las fuerzas de seguridad van a actuar como se actúa en cualquier parte del mundo, dispersando, y esa dispersión puede tener alguna consecuencia”, agregó, en tono que más que aviso, sonó a amenaza viniendo de quien da las órdenes a las fuerzas represivas. Toda una reacción al poder popular que se manifiesta en las masivas marchas feministas, de gremios de bases combativas, organizaciones sociales y docentes.

Construir memoria en cada nota

Como Colectivo Editorial de Marcha Noticias seguiremos estando en las calles, como desde hace cinco años, escribiendo, retratando, registrando la etapa histórica que nos toca: la de un pueblo protagonista. Y seguiremos estando, en cada marcha y en cada 24 de marzo porque seguimos apostando a la comunicación popular. Porque es desde esta construcción comunicacional –colectiva y cotidiana– que podemos difundir y romper el cerco mediático sobre las movilizaciones populares, en los abusos policiales y las represiones.

Esta es nuestra manera de, a 41 años del Golpe genocida, sostener la bandera y el proyecto político de las y los 30.000. Es el homenaje, a partir de la práctica concreta, a figuras y referentes como Rodolfo Walsh cuando su Carta a la Junta se hace, escalofriantemente, cada vez más actual. Porque día a día elegimos este “violento oficio de escribir” y porque sabemos –con humildad– que este aporte permite brindar herramientas para la práctica y construcción política de los movimientos populares en un ejercicio de retroalimentación.

Este 24 de marzo nos encontró reafirmando nuestras convicciones y pilares de construcción colectiva: informar con las voces y experiencias a la par de las y los protagonistas; construir, comunicar y multiplicar desde los movimientos populares y los movimientos feministas nuestra mirada de la realidad. Y no solamente como batalla de contrainformación, sino también para mostrar lo que no quieren que se vea: la construcción cotidiana de mundos nuevos y más justos. Porque allí donde la resistencia se vuelve creación también está Marcha Noticias para hacer memoria. Aportando desde la comunicación una mirada popular (y feminista) de la Argentina y el mundo.