Dos exquisitas lecturas

Por Cezary Novek

Breve comentario sobre dos nuevos títulos de Martín Cristal: Aplauso sin fin y Bosque bonsai

El año 2019 parece ser más que promisorio para el escritor cordobés Martín Cristal, quien publicó dos títulos nuevos, tan disímiles como interesantes: Aplauso sin fin y Bosque bonsái. Cristal es uno de los autores más respetados y prestigiosos de la literatura cordobesa, que aún no ha recibido el reconocimiento que se merece a nivel nacional. Su obra –sólida, construida con paciencia y constancia– se va abriendo paso a través del ruido y las novedades efímeras.

La danza de la realidad

Aplauso sin fin es una novela ganadora de la XLII Edición del “Premio Cáceres de Novela Corta 2017”, en España. Se trata de una fábula divertida y melancólica a la vez sobre la vida de Arturo Ibarra, un ficticio poeta de provincia que vive hace años en medio de un bucólico retiro. Un día, un joven funcionario lo visita para comentarle de que un antiguo poema suyo fue publicado en una antología regional y que deberá participar de una serie de charlas y lecturas en ferias. Mientras los recuerdos de Arturo desfilan en desorden por su conciencia fatigada, el público de las lecturas –ya de por sí escaso– decrece y decrece hasta convertirse en una cifra negativa. Un día, al cruzar la lona de una carpa de la feria, notará que su realidad está ligeramente diferente. A partir de ese momento, la verosimilitud construida por una narración pausada y detallista se va torciendo y deformando como un dibujo animado hasta hacernos sentir la realidad como una barra de metal calentada al rojo vivo que se va torciendo por su propio peso.

Partiendo de una idea muy simple, que parece de dibujo animado, Cristal logra una amena parábola sobre los sinsabores de ser una figura pública en todos sus matices. La fama, el olvido, el prestigio, la vanidad y la frivolidad de los afectos son algunos de los ejes sobre los que gira la trama de esta novela, sin olvidar los elementos fantásticos o de ciencia ficción que son el motor que permite que este viaje funcione de forma vívida.

La presidenta del jurado que la premió, Elvira Lindo,  destacó la escritura “sencilla con toques realistas” en un relato que pronto “levanta vuelo hacia lo fantástico”. Es para destacar la fina ironía del autor para retratar los ecosistemas literarios de provincia de las décadas pasadas –la era pre internet–, con sus miserias, intrigas, laureles y desencuentros ¿Cuántas vidas posibles aguardan a la vuelta de la esquina? ¿Cuáles son las consecuencias cósmicas de intentar recorrer los caminos paralelos que nos están vedados desde el momento en que tomamos una decisión? Estas son algunas preguntas que podrían haber disparado esta trama redonda y efectiva, además del consabido ¿Y si hubiera hecho esto en vez de aquello?

Las palabras justas, definitivas

Bosque bonsái, por otra parte, es un libro objeto con forma de acordeón en el que los textos e ilustraciones se alternan en las diferentes caras que, una vez plegadas, son contenidas por una caja de impecable factura. Estos microcuentos pertenecen a una serie de textos lúdicos que el autor fue publicando en una sección de su Facebook entre los años 2010 y 2012, que luego fueron quitados de circulación, seleccionados y editados junto a las ilustraciones de El esperpento (quien también es uno de los editores del sello responsable, Ediciones de la Terraza). El estilo sintético y paradójico de estas ficciones breves remiten a los mejores relatos anónimos de las tradiciones orales china, árabe, judía y sufí así como también hay referencias al imaginario borgeano, tan caro a este tipo de relatos. Son treinta fábulas que juegan con diferentes situaciones y elementos como el tiempo, la tradición, la cacería, la vida, la muerte y –sobre todo– la misma escritura creativa.

Al final del libro, un tren se aleja con las siguientes palabras: “El paseo por este bosque debía ser breve por definición. Ahora saldremos del otro lado, al paisaje abierto más allá de la sombra”.

La obra está registrada con licencia Creative Commons (como los demás títulos de la editorial) y se puede leer de forma gratuita o descargar su versión PDF solicitándola a la página de la editorial www.edicioneslaterraza.com.ar.

Mención aparte reciben las bellísimas ilustraciones vintage de El esperpento, que remiten al clasicismo victoriano de Edward Gorey, por un lado, y a las collages humorísticos de Mariano Lucano.

En la contratapa, un texto del autor presenta el libro se presenta a sí mismo mejor de lo que podría hacerlo cualquier comentarista: “A quien desee apagar el incendio de los bosques con el agua de un dedal. La brevedad de un texto no siempre implica rapidez en su ejecución. Un claro ejemplo son los epitafios: apenas una frase o unos versos, pero hay que vivir toda una vida para que al fin sea posible grabar en una piedra las palabras justas, definitivas”.

Martín Cristal

(Córdoba, 1972) Es autor de  Las ostras (Caballo Negro, 2012), que ganó el premio Alberto Burnichón al libro mejor editado en Córdoba y Mil surcos (Caballo Negro, 2014); estas dos novelas forman parte de una tetralogía en proceso. Entre otros tíulos, también ha publicado las novelas Bares vacíos (México, 2001) –reeditada en Nueva York, en 2012– y La casa del admirador (Córdoba, 2007) –reeditada en México, en 2011–; y los volúmenes de cuentos Manual de evasiones imposibles (México, 2002), que ganó el Premio Iberoamericano de Cuento, y Mapamundi (Córdoba, 2005). Es autor del libro infantil El árbol de papas fritas (Córdoba, 2007). Colabora con artículos y relatos en medios gráficos de la Argentina y de México (país en el que vivió durante cinco años). Formó parte de la revista de géneros Palp (Llanto de Mudo) y fue jurado en distintos concursos literarios. También coordina grupos de lectura. En su blog, El pez volador, comparte apuntes personales sobre narrativa y comentarios sobre lecturas diversas.

 

www.elpezvolador.wordpress.com