Ecuador: “La xenofobia mata, el machismo también”

Por Carla Perelló* / Foto: Aborto Legal Ecuador 

Las respuestas políticas al odio, el racismo y la opresión de parte de los gobiernos de derecha en la región son de los feminismos. En Ecuador, tras la reacción xenófoba del presidente Lenin Moreno contra las y los venezolanos tras un femicidio, se realizó una marcha. Su bandera llevaba esa frase. 

El debate por el aborto llegó a la Asamblea Nacional de Ecuador. A fuerza de marchas, organización y concientización, el movimiento de mujeres y feministas junto con legisladoras y legisladores sumaron al debate de las reformas al Código Orgánico Integral Penal (COIP) un proyecto de ley que propone despenalizar el aborto en casos de violación, malformaciones del feto que hagan inviable su vida, estupro, incesto e inseminación no consentida.

Pero la salud sexual y reproductiva no es el único terreno en el que disputan: esta semana un mensaje con tinte xenófobo del presidente Lenín Moreno las volcó a las calles por miles otra vez. “La xenofobia mata, el machismo también”, decía la bandera que llevaron para repudiar las medidas contra venezolanos y venezolanas que anunció tras el femicidio de una mujer embarazada por parte de un ciudadano de ese país. Sobre este derrotero, entrevistamos a Verónica Vera, activista feminista e integrante de la plataforma “Vivas Nos Queremos”.

En Ecuador desde hace tiempo el movimiento de mujeres y feministas comenzó a pisar fuerte. Hace diez años formaron La Colectiva Salud Mujeres, la primera experiencia de América Latina y el Caribe que se encargó de brindar información sobre aborto con medicamentos, anticoncepción y sexualidad. En 2013, el debate por el aborto llegó por primera vez al Parlamento, pero el entonces presidente Rafael Correa acabó por sancionar a las legisladoras que llevaron adelante el proyecto e incluso amenazó con renunciar a la presidencia.

– ¿Cómo se dio el proceso para que la despenalización del aborto llegue a la Asamblea Nacional? ¿Qué posibilidades hay de que efectivamente se aprueben los cambios que se plantean?

Esto ha sido una demanda histórica de las mujeres en el país. Nosotras desde hace varios años intentamos incidir para que se debata y se discuta la despenalización del aborto, al menos en caso de violación. En 2013 tuvimos un primer debate, una primera posibilidad de que esto se dé en el país, sin embargo, por cuestiones políticas y por incidencia del Ejecutivo, no fue posible. Los asambleístas no tuvieron el papel de legislar en base a la realidad y a los derechos de las mujeres. Ahora ha habido varios casos que hemos logrado confluir para que esto se debate en la reforma del Código y que existan propuestas concretas de despenalización. Hemos articulado, por ejemplo, con el ex Defensor del Pueblo Ernesto Pazmiño Granizo, que presentó un proyecto de ley sobre la temática con algunos asambleístas y hemos redactado los proyectos. Así hemos participado de todo este proceso hasta llegar a donde estamos. Para nosotras es una prioridad que debe tener también con una voz propia y esa voz es justamente la de las mujeres que estamos detrás de la temática.

Y en cuanto a las posibilidades de los cambios, esperamos que sea favorable para que beneficie a la mayoría de las mujeres, pero más allá de lo que suceda en la Asamblea creemos que siempre hay un avance social cuando se genera este tipo de debates porque logramos mirar también cómo la sociedad en este país empieza a entender que obligar a una mujer o a una niña embarazada producto de violencia y llevar ese embarazo que no desea es una forma de tortura. Siempre ganamos socialmente, ya sea en el debate, ya sea que avanzamos poco a poco, porque lo más importante es que más allá de lo que suceda es que tengamos conciencia de lo que eso implica.

– ¿Qué análisis hacen sobre el impacto del reclamo del aborto a nivel social y político?

Creo que a nivel social la tendencia en América Latina y en el mundo es ir de avanzada. Sabemos que el año pasado en Argentina hubo toda una movilización callejera y eso está empezando a pasar también en otros países. Creemos que cada vez más como sociedad tomamos conciencia de los índices tan altos de violencias contra las mujeres, que la violación es real, que existe que cualquier mujer, cualquier niña, más allá de su condición o discapacidad, sea violentada, viva violencia sexual y quede embarazada producto de esa violencia. Frente a eso, como sociedad, debemos dar una respuesta y una opción a las mujeres. En ese sentido, la opinión pública diría que es federal sobre la despenalización del aborto en caso de violación, creo que cada vez son menos las personas que creen que esto no es un derecho. Eso responde a creencias propias y a desinformación, porque muchas de estas personas no entienden que despenalizar implica quitar del Código Penal, la cárcel para las mujeres que abortamos y lo confunden y hasta piensan que va a ser una obligación cuando más bien lo que hacemos es abrir un abanico de opciones para que sean ellas únicamente las que tomen la decisión.

En el ámbito político, creemos que los y las legisladoras tienen la obligación de pensar en la pluralidad del país en el que viven, tienen la obligación de pensar que legislan no en base a sus creencias personales sino con base a una realidad que es la de nuestro país, y la realidad es que cada día en nuestro país once mujeres denuncian una violación, que hay más o menos siete niñas menores de 14 años que son madres cada día. En la mayoría de estos casos ese embrazo fue producto de violencias que muchas veces viene por parte de personas cercanas como sus padres, padrastros, hermanos o tíos y estas niñas y mujeres deben tener opciones. Una persona que pretenda enviar a la cárcel a las mujeres que deciden abortar en caso de violación es alguien que no está anclando su criterio en la realidad y que de alguna manera también comete un trato cruel, inhumano y degradante contra nosotras.

– Una de sus consignas de las marchas de estos días fue: “El machismo mata, la xenofobia también”. ¿Por qué?, ¿qué análisis hacen sobre la situación actual del país?

Nosotras como “Vivas Nos Queremos” hemos planteado que la respuesta contra la violencia machista, contra la violencia hacia las mujeres y contra la violencia sexual y a los feminicidios no puede ser de ninguna manera fomentar el odio contra una población específica, porque eso es no reconocer que este es un problema que es estructural y que estos son casos que no son aislados. Los casos de Diana y de Martha (N de R: el nombre es pseudónimo para una mujer que sufrió una violación por parte de tres varones) no son casos aislados, sino que responden a una estructura donde las mujeres seguimos siendo violentadas, violadas, golpeadas y acosadas y no pasa nada porque está legitimado. Entonces, justamente, en ese sentido como plataforma Vivas Nos Queremos, como feministas, planteamos que la xenofobia no es una respuesta de ninguna manera. El odio a una población no es una respuesta.

Lo hemos dicho claro y fuerte: en nuestro nombre y en nombre de nuestras muertas, de nuestras hermanas que ya no están, de las sobrevivientes de violencias, no permitiremos que se fomente el odio contra una población. Esa no es dar una respuesta integral. Eso es querer generar una cortina de humo para no mirar el verdadero problema y por qué las mujeres en este país estamos siendo asesinadas. Más bien hacemos un llamado al Estado, a las políticas públicas y a los legisladores para que efectivamente se implementen medidas de prevención. Tenemos una ley de prevención de la violencia contra las mujeres que existe, pero que en la vida real y concreta de nosotras no está todavía mejorando o previniendo. No se está trabajando de manera integral, no cuenta con el prepuesto adecuado ni con una institucionalidad que le permita implementarse a nivel de las localidades. Ese es más bien el pedido: que se implementen las políticas públicas que ya tenemos, que se ejecuten y se empiecen a tomar medidas reales y concretas e integrales frente a la violencia, que permitan sancionar las agresiones y también reparar y garantizar que no se van a repetir.

 

*publicada originalmente en NODAL