El junio de las pibas

Por Camila Parodi y Laura Salomé Canteros / Fotos por Juan Noy y Marina Carniglia

Las recientes libertades, conquistas y condenas ejemplares del mes de junio ponen en evidencia la potencia de un movimiento que verdaderamente se propone revolucionarlo todo. En las calles, las plazas, los medios, las redes y las camas el feminismo ya ganó.

Mientras la Central General de Trabajadores (CGT) continuaba dudando sobre la realización de un paro general que se posicionara contra las políticas de ajuste y de acuerdos con el FMI del gobierno de Mauricio Macri, el feminismo lo volvió a hacer. Y, tras dos años consecutivos de paros internacionales de mujeres, lebianas, travestis y trans los 8 de marzos y más de 33 años de Encuentros Nacionales de Mujeres, el mes de junio volvió a comenzar, como desde hace tres años, en las calles. Con una consigna cada vez más clara de unidad y masividad las históricamente silenciadas volvieron a gritar:”Ni Una Menos – Vivas, libres, desendeudadas y con aborto legal nos queremos”.

Y junio no dejó de emocionar, luchas de años confluyeron en triunfos del feminismo organizado a lo largo de los días. Es así que hoy celebramos esas historias como victorias colectivas que deben ser compartidas y multiplicadas. Con el accionar patriarcal de las instituciones seguimos peinando la historia a contra pelo y por eso festejamos, el cumpleaños de Higui en libertad; la media sanción del Proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en la Cámara de Diputados; la condena a 24 años de cárcel a Fernández el femicida de Lulú; la prisión perpetua para Marino, el travestivida de nuestra hermana Diana Sacayán; y los 10 años de prisión para Palavecino por intento de femicidio a la compañera del Frente Popular Darío Santillán, Yanina Olmos. Se trata de las primeras conquistas que seguirán, porque estamos organizadas y en marcha ¡hasta que todas seamos libres!

 

La media sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo se instaló en la historia de una forma que ni la mejor escritora podría relatar. Tras 13 años de lucha, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, consiguió, por su activismo horizontal, transversal y de construcción política feminista, la despenalización social que llevó, pasito a pasito a que un millón de personas participaran del festival y la vigilia que convocó frente al Congreso ante la sesión histórica en la Cámara de Diputados que duró 23 horas.

En una noche helada, las fueguitas de pañuelos verdes se cantaron y bailaron todo. A la espera de los votos, supieron que no estaban solas, llevaban en sus cuerpos los abrazos de las al menos tres generaciones que en nuestro país luchan por el reconocimiento de nuestras decisiones soberanas, del derecho al aborto. Atrás habían quedado las especulaciones y los “poroteos”, los dos meses de debate y los “martes verde”, festival con el que desde las calles se acompañó a quienes adentro del Congreso expusieron los argumentos ganadores: los saberes colectivos que construimos durante décadas.

Y no solo estamos luchando las que arbitrariamente habitamos este territorio, la media sanción y la llamada “ola verde” se contagió hacia otros países hermanos. La Campaña por el aborto legal, seguro y gratuito ya empezó a construirse en Paraguay, Perú, Chile, Ecuador, México, Costa Rica, Brasil, Colombia, Venezuela y El Salvador. La lucha recién comienza y el llamado “siglo de los derechos de las mujeres” también. Porque vamos por todo.

Higui
El 13 de junio fue un día histórico para el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans. No solo conquistamos la media sanción de la ley que representa la mayor deuda de la democracia sino que festejamos en grito colectivo a exactamente un año de la liberación de Eva Analía de Jesús, Higui. Una fecha única para las que luchamos por la reparación de las criminalizadas por un sistema machista y heteropatriarcal que nos sigue negando derechos, que nos sigue violentando.

“Higui” es una torta del conurbano profundo que siempre anda acompañada de quienes lucharon por verla alegre e intenta reconstruir su historia de vida tras haber sido acusada y encerrada primero en una dependencia policial y luego en el penal de Magdalena. Ocho meses pasó privada de su libertad. Desde la noche en que se atrevió a defender su integridad del ataque de un grupo de varones violentos que la abordaron en su barrio, en el conurbano noroeste con fines disciplinadores de su orientación sexual. Una agresión en contexto de amenazas que podría haber sido mortal y por la que fue imputada de forma inmediata por herir de muerte a Cristian Espósito.

Pero Higui hoy espera el juicio rumbo a su absolución libre. Está terminando el secundario, participa de actividades y hasta lucha por la absolución de Joe Lemonge, varón trans condenado a 5 años de prisión por defenderse de un ataque parecido al que sufrió Higui.

Lulú

Y mientras la euforia de la marea verde continuaba festejando la media Sanción en diputados al proyecto de IVE el pasado jueves 14 de junio, en los tribunales de San Martín otra noticia aparecía tímidamente para ser celebrada. Por fin se había condenado al femicida de Lulú, la hija de Yanina González, tras muchas violencias e irregularidades propias de la justicia patriarcal. El sábado 17 de agosto de 2013, Luzmila quien estaba por cumplir dos años, cuando su mamá Yanina González cansada de la violencia machista de su pareja decidió abandonar la casa fue asesinada por Alejandro Fernández. Este, no quería que se fuera, por eso, en represalia la golpeó hasta matarla. Acción que fue señalada por quienes acompañan a Yanina como un femicidio vinculado.

La historia de Yanina y sus dos hijas Lulú y Tiziana es una de las tantas que pone en evidencia la violencia machista de las instituciones estatales. Por ser mujer, pobre y con un retraso intelectual -propio de las violencias cotidianas y sistemáticas que sufrió- Yanina fue acusada. Se trata de caso un paradigmático, ya que durante dos años y cuatro meses fue la única enjuiciada por abandono de persona. Mientras que quien habría asesinado a golpes, Alejandro Fernández, estuvo libre y fue imputado recién en septiembre de 2014. Si bien la condena de Fernández fue una alegría para Yanina y sus compañeras que, desde su encarcelamiento lucharon para verla libre, la justicia patriarcal otra vez hizo de las suyas. “No se tuvo en cuenta la violencia de género ni la carátula de femicidio vinculado porque interpretaron que Fernández no cometió el asesinato para causarle dolor a Yanina” explicó Clara Alemán del Gallo Rojo, organización comunitaria de la que Yanina es parte. Y en ese sentido explicó que durante las jornadas del juicio “se seguía creyendo que tuvo alguna participación” por más que haya sigo absuelta por la justicia y liberada por el feminismo hace más de tres años. “Si bien se le dieron 24 años por homicidio simple salimos con gusto amargo pero con mucha alegría de tener un femicida en la cárcel” manifestó Alemán. Le arrebatamos 24 años de justicia a este sistema

Diana

La Justicia condenó a cadena perpetua a Gabriel David Marino por el asesinato de Diana Sacayán. Una sentencia histórica que reconoce por primera vez la figura de Travesticidio como un crimen de odio y violencia de género. La lucha de amigxs, familiares, compañerxs, diversas organizaciones sociales y políticas hizo posible este histórico resultado.

Amancay Diana Sacayán nació en Tucumán en 1975, entre 15 hermanos y hermanas. Cuenta “eramos tan humildes y dormíamos tan amontonados que podíamos participar de los sueños de nuestros hermanos y hermanas”. Siendo niña todavía, su familia emigró a Buenos Aires en busca de mejores condiciones de vida, asentándose en Gregorio de Laferrere. Allí, Diana inicia su militancia desde temprana edad, construyéndose orgullosamente travesti, a pesar de ser perseguida, detenida y maltratada innumerables veces por la fuerza pública por “contravenir el Código de Faltas de la Provincia de Buenos Aires”, que consideraba el travestismo como un crimen. Diana, además de militar por la libertad sexual y las identidades diversas, se reconocía indígena, feminista, comunista y abolicionista y fundó en 2002 el Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (M.A.L.).

En 2015, fue asesinada brutalmente en su casa, mientras en Mar del Plata se realizaba el 30°Encuentro Nacional de Mujeres, al que Diana no pudo llegar. Tras once audiencias, el pasado lunes 18 de junio se sintió en Tribunales un ambiente de tensión y mucha emoción, puesto que ese día lxs jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Nº4 de la Capital Federal –Adolfo Calvete, Julio C. Báez e Ivana Bloch- condenó “por ser coautor del delito de homicidio calificado por odio a la identidad de género y por haber mediado violencia de género a la pena de prisión perpetua” a Gabriel David Marino. Si bien Diana no está entre nosotras el reconocimiento de su muerte por crimen de odio hacia su identidad travesti, logra, como en sus años de vida una nueva conquista para todas sus hermanas como siempre luchó.