El pan nuestro de cada día

Por Juan Rocchi

Entre las lecturas a las que resulta necesario volver está “Mal comidos”, texto de Soledad Barruti que desmenuza algunos interrogantes acerca de la industria alimentaria nacional. Ante nuevas noticias que alertan sobre aquello que comemos, este libro que ya tiene tres años vuelve a la actualidad.

“¿Qué comemos?, ¿Por qué?, ¿Cuál es el efecto que está teniendo eso sobre nosotros?” Estas tres preguntas dieron origen a un libro fundamental para entender la industria alimentaria en nuestro país. Dicen que uno escribe un libro no cuando conoce un tema, sino cuando quiere comprenderlo; es así que Soledad Barruti se tomó tres años para investigar uno de los procesos más tétricos de la Argentina de hoy. A más de tres años de su publicación, algunas noticias que salen hoy en los diarios ya tenían su anticipación en Mal comidos.

En los últimos años, a través de documentales, publicaciones en internet, libros y demás, se ha vuelto más popular la cuestión acerca de nuestra alimentación. Cada vez son más los que tienen una idea de cómo son los horribles establecimientos en los que se crían vacas y pollos. O de que las frutas y verduras no obtienen naturalmente esos colores tan brillantes y homogéneos. Aun así, el tema parece no solucionarse ni perder actualidad.

Hace algunas semanas se publicaron dos noticias escandalosas: el salmón que se importa de Chile (es decir, prácticamente todo el salmón rosado que se vende en Argentina) estalla de antibióticos; y por otro lado, dos multinacionales de origen brasileño, JBS y BRF (ambas con sede en nuestro país y dueñas de algunas de las marcas más importantes de alimentos procesados) comercializan productos adulterados y hasta podridos. Ambos casos están claramente preanunciados por Barruti, enmarcados ambos en la completa desregulación que hay en el proceso de producción de alimentos.

El siniestro asunto que se desovilla aquí es el efecto del neoliberalismo servido decorosamente en nuestros platos. La destrucción de las economías rurales, la persecución de los pobladores originarios que luchan por mantener el sustento de sus comunidades, la crueldad en la crianza de los animales, los desastres ambientales y un largo etcétera. Todo eso avalado por un Estado cuya ausencia es protagónica. A pesar de las denuncias y luchas que fueron surgiendo, los sucesivos gobiernos intentaron siempre deslegitimar y callar esas voces: la panacea de las corporaciones.

Es difícil hablar de un tema tan cotidiano y tan grave sin parecer preso de la paranoia. La claridad impasible de la autora lo vuelve posible, y las miles de víctimas fumigadas con glifosato, necesario. Ordenadamente, Barruti recorre los distintos sectores de la producción y su historia, y narra sus experiencias con productores y habitantes de los lugares afectados. Mal comidos es un libro que se lee con dolor, pero también es un libro básico para poder empezar a cambiar algo.