Entre el espíritu ganador y el corazón juguetón

Por Ricardo Frascara. Una declaración de un nuevo volante boquense puso nervioso al cronista, quien aún mantiene la ilusión de que el fútbol es un compendio de destreza con la pelota, estrategia, buenos reflejos, agilidad física y mental, fortaleza espiritual, pasión y picardía, y, como concesión al clamor actual: huevos.

 

 

Nicolás Lodeiro textual: “Entre ganar o jugar bien, elijo ganar, que es lo único que importa”. Error. Es una disyuntiva falsa. Por más que se haga para destruirlo, el fútbol es un juego. Y aunque como en todo juego deportivo uno busca ganar, el triunfo favorece al que juega o interpreta mejor ese juego. El nuevo volante de Boca Juniors sella con ese comentario una actitud negativa, destructora de ilusiones. Quedaría, de ser como él opina, instaurado un salvoconducto para los malos jugadores. Ya que los tenemos que soportar en nuestras canchas, por lo menos no les acordemos inmunidad. Como dice mi nieto señalando en la pantalla: “Esos son los malos”… y empieza a bajarlos a tiros. No lleguemos a tanto, pero no soporto que me sugieran sólo como opción jugar bien. ¿Es que no hay más ejemplos en el fútbol para los chicos de las tribunas? ¿Ya no pueden decir “quiero jugar como aquél”?

El fútbol sería, lamentablemente, la única actividad del hombre que no importaría llevarla a cabo o no con las mejores artes, la única que aboliría el instinto de superación.

El chico que juega al básquet y sueña con ser Manu; o el que juega al tenis y se ve como Federer, o el que elige el camino de ser puma; todos ellos trabajarán intensamente para jugar cada vez mejor, con orgullo, con corazón, y siempre apostando a la calidad. Si en el fútbol nos conformamos sólo con ganar, clavemos estacas en la cancha, pintémoslas con nuestros colores favoritos e impulsemos la pelota entre ellas a ver qué destino lleva rebotando de una estaca a otra. No, Lodeiro, que no te oiga Pep Guardiola… El DT catalán recuerda una de sus jugadas preferidas: cómo Mascherano conducía el balón para lograr superioridad en el centro; cómo Messi arrastraba al central lejos de la zona y dejaba un gran espacio vacío, con lo que se creaba el terreno propicio para que entrara a todo galope la manada goleadora. No me digan que eso es lo mismo que si cargara un grupo de aporreadores de pelotas para empujarla aunque fuera con el culo al fondo del arco.

Ya a veces esto lo tenemos que sufrir. Pero no le demos carnet habilitador a los malos. Sufrámoslos porque la realidad es así. El exitismo a ultranza es el rey. Pero entonces me pregunto: ¿Por qué Racing y River son en este momento dos de las mejores expresiones de nuestro fútbol? ¿No vemos acaso cómo se mueven y se alternan y definen Milito-Bou? O, en River, ¿quiénes le abren el camino a Sánchez para sus entradas goleadoras? ¿Y Pisculichi, o Carrillo, o Mancuello o Gago, a qué juegan? ¿Cómo llegó a ganar la copa Libertadores San Lorenzo, si no de la mano del fútbol de Piatti y Correa?, que por algo emigraron.

No, reniego de nivelar para abajo. No voy a caer en la ingenuidad de pensar que la belleza debe reinar sobre la eficacia. No. Pero nuestro objetivo debe ser fortalecer a las dos y para eso, necesariamente, debemos trabajar intensamente sobre la habilidad natural de cada jugador. Sentir pasión por ese trabajo y aplaudir, sí, y es claro, cada tanto, gritar GOL.