Entrevista a Jorge Enrique Botero, reportero de guerra colombiano

Por Sergio Segura

Con 42 años de experiencia en el periodismo, Jorge Enrique Botero es uno de los periodistas que más conoció a las FARC-EP en el campo de batalla y quien mejor documentó la increíble vida de Simón Trinidad, el guerrillero latinoamericano que más tiempo lleva encerrado en una cárcel de Estados Unidos: 14 años.

La vida de Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda, alias Simón Trinidad, es de película y Botero la retrató como nadie. Trinidad nació en el seno de una familia pudiente al norte de Colombia y llegó a ser gerente de un banco. Antes de ser dirigente guerrillero se recibió de economista de una universidad privada de Bogotá. También fundó el movimiento Causa Común, integrado a la Unión Patriótica (UP), partido aliado de las FARC que sufrió el asesinato de alrededor de 5000 de sus militantes, entre ellos dos candidatos presidenciales, todos sus senadores, alcaldes y concejales, siendo dejados por fuera del escenario político. Allí es cuando Trinidad se encuentra en la encrucijada de irse del país, como lo pedía su familia, o de quedarse en Colombia y asumir los riesgos de seguir sus convicciones. Para definir su rumbo quiso reunirse con Jaime Pardo Leal, por entonces candidato presidencial del Partido Comunista, pero un día antes de la cita Pardo Leal fue asesinado por sicarios en Bogotá. No tuvo más alternativa que la clandestinidad y dio paso a la lucha armada.

Fue vocero de la guerrilla en los diálogos con el gobierno de Andrés Pastrana y en el 2004 en la ciudad de Quito (Ecuador) fue capturado bajo pedido del gobierno colombiano y norteamericano. Un año exacto después sería extraditado a los Estados Unidos. Detalles de su sorprendente vida se conocieron a través de la obra periodística de Botero, privilegiado testigo de las historias de la guerrilla en Colombia.

Pero la experiencia periodística de Botero es mucho más frondosa: pasa desde su participación en Prensa Latina, en Cuba, hasta la creación internacional de Telesur en Venezuela. Conoció de cerca el mundo de la insurgencia latinoamericana, “un mundo desconocido, distorsionado, objeto de todo tipo de estigmatizaciones y calificativos, pero al que pocas veces el periodismo colombiano se acercó con una mirada desprevenida o equilibrada”, afirma Botero en esta entrevista para Marcha.

A mediados de 2005 su petición de ingreso al campamento ubicado en la selva amazónica fue aceptada, lugar donde tenían retenidos a tres espías norteamericanos que realizaban labores de espionaje desde una avioneta. La idea de coproducir el material recopilado y editar las entrevistas llamó la atención de dos colegas en Estados Unidos, sin embargo, “no llevaban dos días en su trabajo cuando fueron abordadas por el FBI”, precisó el periodista. El documental finalmente se llevó a cabo y fue presentado por la cadena CBC, por lo cual tuvo un gran impacto en Estados Unidos.

Ese trabajo es el que lo lleva años después a los estrados judiciales norteamericanos en calidad de testigo del juicio que se dio contra Trinidad, quien actualmente cumple una condena de 60 años en la cárcel de máxima seguridad ADX Florence (Florence, Colorado) más conocida como el ‘Cementerio de los vivos’.

En el marco de la presentación de su libro Simón Trinidad. El hombre de hierro, en la 44º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, conversamos con el autor sobre la Colombia profunda que ha documentado con su pluma y sus cámaras. El Comité Internacional por la Libertad de Simón Trinidad exige no solo el retorno a su país del exjefe guerrillero sino también la libertad para Jesús Santrich, otro líder de las FARC capturado en Bogotá hace unas semanas por petición de la DEA y solicitado en extradición por el gobierno de Estados Unidos.

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¿Cuál es situación jurídica, política y humanitaria de Simón Trinidad?

La situación es que está condenado a 60 años, se hicieron todas las apelaciones que la ley estadounidense tiene previstas, incluso las de la Corte Suprema de Justicia. El gobierno gringo sigue con la idea de escarmentar con él y mantenerlo en la situación más precaria posible, un chivo expiatorio para descargar todo su odio, un plan de venganza por lo que ellos consideran una afrenta, que fue el secuestro de tres espías que sobrevolaban la zona del Caquetá y realizando labores de espionaje quedaron en manos de la guerrilla. Eso para ellos significa algo imperdonable, una muestra para el mundo de que no van a permitir que eso suceda en ninguna parte.

El enviado especial de Barack Obama dio a entender que la posibilidad de liberarlo existía, pero Obama no hizo uso de sus atribuciones presidenciales, como sí lo hizo para indultar a un puertorriqueño y a los cubanos liberados. Nos sorprendió porque el caso de Trinidad estaba sobre la mesa. Perdida esa posibilidad con la llegada de Donald Trump la situación sigue siendo muy difícil, pero en política han pasado muchas cosas. Él ya hizo la gestión legal para acogerse a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Eso a los gringos les resbala, pero si fuera repatriado, sería acogido por la JEP.

Por otro lado, está muy deteriorado de salud, las condiciones de cautiverio son brutales, el estado de confinamiento es una especie de tortura. Cómo puede ser que un ser humano pase días, semanas y años sin hablar con nadie diferente a su carcelero, sin tener expresión de afecto o sentir a alguien cerca. Nunca le apagan la luz ni le dan posibilidad de recibir un rayo de sol al día. Es una prisión bajo tierra, he pasado por ahí y es escalofriante, le llaman el cementerio de los vivos. Hace poco le cambiaron el estatus y ya tiene contacto con otros prisioneros, pasa unas horas del día con personas y parece que ya tiene cierto acceso a libros y algunas noticias. La última vez que lo vi estaba al día, ya sabía de la firma del Acuerdo de Paz.

En esas condiciones extremas Simón recibió la noticia de la muerte de su esposa en la guerrilla y de su hija Alina, quien fue a visitar a su madre como regalo por haber terminado el colegio. La operación es muy reveladora de la forma tan cruel como se ha operado en Colombia. Una niña de 16 años que le pidió a su abuela dejarla visitar el campamento donde se encontraba su madre, previamente fue seducida por un agente de la inteligencia colombiana. Entre unos aretes que le regaló el agente, había un chip y esa misma noche el campamento fue bombardeado. Él recibió esa noticia estando en el ‘Cementerio de los vivos’, lo cual me confirma que estamos frente a un hombre de hierro.

A la mamá, que tiene más de 90 años, le tocó exiliarse en Asunción (Paraguay). Desde allá emprendía el vuelo con varias escalas hasta Colorado para ver a su “carajito”, como le decía. También lo fue a visitar su gran amiga Imelda Daza. Ella le puso el nombre al libro, fue su conclusión después de pasar ocho horas hablando con Simón, separados por un vidrio blindado: “no me cabe duda que estamos ante un hombre de hierro”, me dijo.

De las vivencias con la insurgencia que ha relatado en varios libros y documentales, ¿qué aspectos le marcaron más?

Me estremece que quienes optan por la lucha armada vienen desplazadas de otras violencias, gente que llegó a tumbar monte para sobrevivir con sus familias, que sin embargo conservan una forma de ser alegres, ese colombiano me deslumbra y me hace ver más mezquina a la élite y a la clase dirigente. El contraste de ese colombiano luchador que se sobrepone a la arrogancia, eso a mí me parece que es un reflejo, un espejo muy terrible en nuestro país, lo que más me impactó cuando pasé esa frontera invisible es ese coraje.

Yo tuve dificultades, primero físicas porque esa topografía es jodida, además el tema de los insectos, del agua, del calor, de los aguaceros, un mundo complicado desde el punto de vista físico. También tuve que enfrentar la desconfianza lógica y habitual de los combatientes.

Durante una entrevista para un diario argentino, en el año 2009, usted afirmó que las FARC eran invencibles. ¿No cree que, por el contrario, están ante una derrota estratégica? La implementación de los acuerdos de paz y la captura de Jesús Santrich ha generado divergencia en las posturas y rupturas importantes en la dirigencia del nuevo partido, hay incertidumbre y deserción.

Yo creo que las FARC no fueron vencidas en el terreno militar, y a eso me refería cuando decía que eran invencibles. La victoria militar sobre las FARC era imposible, si hubieran seguido ahí estarían, la balanza militar estaba en desventaja por la irrupción de la aviación y las tecnologías desde el aire que daban golpes certeros, pero habían logrado adecuarse a la situación, prácticamente tenían un mundo donde podían moverse. El exterminio de esa fuerza insurgente no se dio y no se hubiera podido dar, me sostengo en que eran invencibles militarmente hablando.

La decisión de dejar las armas los convirtió en un partido político, no diría que es una derrota sino un salto del mismo objetivo pero por otra vía. El acuerdo es muy bueno, es una pieza maestra a mi modo de ver, no solo por su arquitectura como recurso para terminar el conflicto armado sino por la cantidad de reformas que traía al país en materia agraria, frente a los cultivos ilícitos, de apertura política, y tiene un capítulo que fue muy polémico pero que quedó bastante bien en materia jurídica, una justicia restaurativa en vez de la punitiva, con garantías para la reparación de las víctimas y la no repetición.

En buena parte el Acuerdo fue construido por Santrich, yo diría que no es el arquitecto sino el albañil de ese acuerdo, es impresionante como tenía su cabeza 20 horas diarias en función de eso. Es sordo e indignante que digan que estaba conspirando para sacar ‘coca’ a los Estados Unidos. La implementación del Acuerdo se fue desmoronando de una manera grosera, todo lo que pasó en el Congreso es la prueba más grande de la mezquindad, las circunscripciones especiales para que llegaran por voto directo los representantes de las víctimas y el movimiento social de las regiones donde transcurrió el conflicto es algo elemental, fruto de la terminación de una guerra, pero la hundieron, semejante posibilidad de desatorar esa desconexión entre el centro y la periferia la desperdiciaron. Eso solo por citar un caso. El tema agrario no ha sido convertido en ley, la sustitución de cultivos ilícitos es una cosa marginal, el Gobierno no adecuó la institucionalidad para la reincorporación de la guerrilla, garantías de estudio, de salud, de tierras para que cultiven, nada de eso ha pasado.

Una clase dirigente que lo que quería era quitarle las armas a las FARC y listo, y lo lograron, por supuesto que esto ha desatado desconcierto. La base guerrillera, la que toda la vida estuvo cohesionada en una gran familia, se fue dispersando, atomizando, por la “mamadera de gallo” del Gobierno, por la sensación de abandono han ido tomando sus propios caminos. La cosa se va a poner fea porque se han ido para las disidencias. El caso de Santrich fue deliberado, pensado, lo que ha hecho es generar internamente una dificultad que se suma a las otras dificultades. Hace parte de una estrategia incluso burocrática, muchas cosas dependen de actas, de firmas, pero no hay voluntad.

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Usted fue estigmatizado por el expresidente Álvaro Uribe, también ha sido amenazado y exiliado, ¿cómo sigue su situación en ese sentido?

Mi trabajo como reportero de guerra, ahora reportero de la paz, me lleva inmediatamente a ese otro país profundo, a sacar las historias de allá, entonces cae sobre mí una estigmatización bárbara que me cierra las puertas del mercado laboral. Después vinieron las amenazas, seguimientos permanentes, advertencias de que debo irme del país. He tenido que sacar a mis hijos varias veces del país, ya hay una especia de diáspora familiar, yo me he tenido que ir varias veces.

Un caso particular fue la estigmatización que me hizo Álvaro Uribe, quien me acusó de ser un propagandista del terrorismo y jefe de prensa del ‘Mono Jojoy’ (excomandante de las FARC muerto en un bombardeo en 2010). Usted sabe que la palabra de Uribe es como una especie de orden.

¿Cómo ve el panorama de los diálogos entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Gobierno ahora que inició en Cuba el quinto ciclo de conversaciones?

Estuve en Quito (Ecuador) viendo los diálogos de paz con el ELN y pienso ir a La Habana. Estaba en Ecuador cuando sucedió la terrible muerte de los tres periodistas de El Comercio. El país entraba en un shock colectivo, era un viernes y me sorprendía cómo la muerte de tres personas mostraba un estado de postración, y nosotros como que vacunados contra eso, acostumbrados a contar y a ver los muertos como parte de nuestro paisaje y rutina.

Me tocó ver la patada, el embajador en un tono bastante hostil los conminó a ir preparando la salida de Ecuador, algo incomprensible porque el ELN nada tenía que ver con ese episodio, pero la llegada de Lenín Moreno al gobierno acabó con el espíritu solidario de ese país hacia Colombia. Le hice una entrevista a Pablo Beltrán (jefe de la delegación del ELN) y vi una absoluta vocación de avanzar en el acuerdo, él expresó que era clave dar unos pasos que impidieran que el gobierno colombiano echara abajo el proceso con ellos. Se debe avanzar en el cese bilateral al fuego y el proceso de participación de la sociedad. Por supuesto que miran con gran desconfianza lo que ha pasado con la FARC, ese espejo los llena de temor y de preocupación. Observan con lupa la captura de Santrich, les parece que no pueden repetir errores, pero igual no veo que tengan muchas opciones de seguir existiendo como guerrilla.

¿Están preparados los medios de comunicación para una etapa de posacuerdos?

A pesar de que algunos colegas lamenten el Acuerdo de Paz, porque parece que se han quedado sin tema, yo no solo lo celebro, sino que creo que es una ocasión extraordinaria para hacer un nuevo periodismo, construir una narrativa distinta, de llevarle al público la realidad de Colombia.

Ando coordinando un espacio de televisión nuevo en el Canal Institucional, fruto del Acuerdo de Paz. La paz no vende, le dicen a uno, no da rating. Soldados, guerrilleros y comunidad levantando un puente no vende, si no hay sangre cualquier otra cosa les parece una frivolidad. Yo creo que se puede, hay mucho periodista nuevo, joven, que quiere apostarle a ese tipo de programas y de historias.

Desafortunadamente el crecimiento de la prensa alternativa sigue siendo muy lento, de poco impacto, aquí en Argentina he podido contrastar y me alegra que tienen un abanico más grande para ofrecer a la gente, lo nuestro es muy precario. Sin embargo, la paz ha cambiado bastante el panorama y eso va a mejorar.

¿Por quién va a votar en las próximas elecciones presidenciales?

La obligación de cualquier persona que esté por la continuidad del proceso de paz y la implementación de los acuerdos, es la de dirigirse a aquellos que la están defendiendo con vehemencia. Sin embargo, yo no votaría por Humberto De la Calle. Como está el escenario, pensando en que la segunda vuelta sea entre Iván Duque y Gustavo Petro, le aseguro que no voy a votar por Duque.