Facsímil: una cicatriz en la nada

Por Julieta Sbdar

La lógica del borrado, el secreto y la separación en un texto inclasificable que produce cicatrices: Facsímil, de Alejandro Zambra y la copia del modelo de la “Prueba de Aptitud Verbal” (examen pre-universitario chileno vigente desde 1967 hasta 2002).

 

Comenzar a leer Facsímil implica adentrarse en el universo de la “nada”. En las primeras páginas, unas pocas palabras perfectamente ordenadas y numeradas flotan en el blanco de la hoja. A medida que avanzamos en la lectura (o que rendimos la prueba) las palabras comienzan a ganar terreno y darle forma al vacío. Pareciera que el examen, en tanto discurso predominante, busca construir un relato a partir de opciones que copian, duplican y fijan la experiencia.

  1. Exclusión

Marque la nada

Facsímil se inicia con el borrado. Entre las opciones que figuran como respuestas, hay una que se inserta –intrusa– contradiciendo la coherencia del campo léxico. Lo que debe hacer el estudiante, y en este caso el lector, es excluir el término, fijar la cohesión, no permitir que ninguna grieta se interponga. Sin embargo, el primer ejercicio concluye con el silencio:

“24. SILENCIO
A) silencio
B) silencio
C) silencio
D) silencio
E) silencio”.

  1. Orden

Marque la herida

El “Plan de redacción” (título del segundo capítulo del texto) rige el examen. Opuesto radicalmente a la idea de rizoma, el plan ordenado es una estructura posible en el formato examinador contrapuesto al desorden literario en términos de Zambra, para quien “la literatura siempre estuvo ligada al desorden.” El formato elegido, la contabilidad numérica, supone la idea de un texto previo al origen de la experiencia: evaluar, en este sentido, es crear ficción. Sin embargo, en el texto de Zambra, las opciones no aparecen como una sucesión cronológica posible de reconstruir, sino como elementos fragmentarios, inconsistentes o repetitivos:

“26. La segunda
1. Intentas recordar tu primera comunión
2. Intentas recordar tu primera masturbación
3. Intentas recordar tu primera relación sexual
4. Intentas recordar la primera muerte en tu vida
5. Y la segunda

  1. 1-5-2-3-4
  2. 1-2-5-3-4
  3. 1-2-3-5-4
  4. 4-5-1-2-3
  5. 4-3-2-1-5”

El capítulo se cierra con el ejercicio “36. Cicatrices”. El plan se quiebra, se resquebraja, produce una herida. El lector no construye el relato a partir de opciones: es el texto, el examen (o la presencia de un Dios supremo), el que preestablece la opción a elegir, y el error lleva a la muerte. Pero al ingresar la idea de “cicatrices” a la base del ejercicio el dilema se vuelve imposible de resolver. El esquema se lacera y, si bien se intenta medir la fisura (“1. Piensas que la distancia menor entre dos puntos es el trazo de una cicatriz”), la laceración es inconmensurable a medida que invade el cuerpo, y el discurso formateado ya no tiene incidencia: “8. Lo concreto es el dolor de los demás incidiendo en tu cuerpo hasta invadirlo por entero”.

  1. Completar

Complete copiando

Las oraciones del tercer capítulo o ejercicio presentan un hueco que el estudiante, o el lector, debe completar. La falta de conectores requiere que el estudiante sea capaz de reproducir, obedecer y repetir: “40. Los estudiantes van _____ universidad a _____ estudiar, no _____ pensar” (tomado de la frase de Pinochet: “Los estudiantes van a la universidad a estudiar, no a pensar… y si aún le quedan energías, para eso está el deporte”, 3 de enero de 1999). Este procedimiento, que vacía de contenido el discurso a fuerza de repetición (la frase se repite en las distintas consignas con diversos huecos), muestra que no hay nada que completar porque ya

está todo dicho.

La copia (o el facsímil) aparece como alternativa al hueco: “Lo que aprendimos a la perfección, sin embargo, lo que nunca olvidaríamos, fue a copiar en las pruebas”. Si la falta se completa a partir de lo preestablecido, la idea de copia como reproducción automática del saber se hace presente. Los estudiantes se copian porque todos ocupan el mismo lugar simbólico, son intercambiables, así como los gemelos. Sin embargo, la idea de duplicación recibe un giro interesante en el texto. Al copiarse en las pruebas, los estudiantes generan una comunidad solidaria, opuesta a la sociedad chilena, vista como “una inmensa sala de espera” en la cual “vamos a morir esperando el número”. Si los sujetos se conglomeran en un bulto indisociable e inseparable (el matrimonio que no puede divorciarse, los gemelos intercambiables, la copia como procedimiento que era “parte del asunto”), la alternativa comunitaria hace ingresar la idea de frescura, de juego, e incluso, de rebeldía.

  1. Eliminación

Encuentre el secreto

Bajo la forma de negación, silencio u ocultamiento, el secreto recorre el texto: la idea de ocultar la información aparece en diversas ocasiones y constituye su poética, motivada por el contexto socio-político, posterior a la dictadura de Pinochet, en el cual el silencio es el procedimiento que impera. El examen calla, a partir del bulto y de la duplicación, un discurso que se halla suspendido en la nada, en el blanco, en las opciones ilegibles. Pero el secreto, de acuerdo con su origen etimológico, “segrega”, separa y también hace surgir una sustancia de él. En este sentido, si la copia y el bulto funcionan como dinámicas propias del examen y, por ende, de la fijación numérica de la experiencia, el secreto rompe con el bulto, separa al original de la copia, aparta a un mellizo de otro y permite el divorcio. Lo que no se dice, actúa y segrega una cicatriz: “Y sin embargo creo que ese abismo que nos separa es más profundo e irrevocable que el abismo que siempre separa a los hijos de sus padres”.

  1. Comprensión

Niegue la posibilidad de elegir

La última parte del libro es de comprensión textual. En el examen, el elemento de comprensión parece preceder al texto. De esta manera, así como Zambra expresa que “en ese tiempo creíamos que era sólo uno, un único Dios-dictador-autor que sabía todas las respuestas correctas y te las escondía”, la idea de un Dios anterior al discurso recorre la lógica del examen en el texto: “44. _________ los hombres esto es imposible, _________ Dios todo es posible.” De esta manera, el “Plan de redacción” fijado al comienzo aparece como una ficción de la elección: en la medida en que todo está prefijado, no hay ensayo ni prueba, sino una especie de “Lotería en Babilonia” donde reina la pantomima de la elección, dado que hay una compañía detrás que gobierna la suerte de los estudiantes. Pero, como dijimos anteriormente, el secreto funciona como superación del discurso, a medida que lo que se silencia arma una lógica paralela en la cual es posible la grieta y la creación de sustancia. Hacia el final del texto, las opciones toman el discurso del foro online: “Otra cosa, aprovechando el espacio, sobre perros y gatos: los padres quieren que sus hijos sean perros, pero los hijos siempre son gatos”. La idea de “aprovechar el espacio”, es decir, de apropiarse de un discurso para torcerlo y hacer ingresar el discurso propio, funciona como símbolo del movimiento de Facsímil.  Si el texto no presenta un narrador, si es inclasificable genéricamente y excluye la posibilidad de la interpretación, es en la separación del bulto y en la apropiación de la copia donde se produce el error, la falla, y la negación de un Dios que establece las preguntas. últi