FAMILIA: modelo para desarmar

Por Gabriela Mitidieri / Foto por Ana Casas Broda

Una muestra curada por Sub Cooperativa de Fotógrafos se propuso curar familias. Un álbum gigante, bellísimo, que reúne el trabajo de 25 miradas a suerte de amorosa indagación antropológica.

Raíz y mapa. Una carcajada que estalla y se enrieda en miradas cómplices después del brindis. Gestos íntimos que se entrevén en los rincones: un pedacito de empapelado, estampillas viejas, el borde del mantel. Un lugar del que fugarse o al que volver buscando refugio. El olor de la infancia, la luz que se filtra por una ventana a la mañana temprano. Espacios del límite y la norma, del mandato y el rigor, de los secretos guardados, de los roles de género impuestos. Y un tiempo largo, denso, que marca violentamente nuestros cuerpos y los cuerpos que amamos, detrás de cada arruga y estría, en los dientes que se caen. En las ausencias.

Sub Cooperativa de Fotógrafos se propuso curar familias. Curar un album gigante, bellísimo, que reúne el trabajo de 25 fotógrafos y sus modos de ver el núcleo primal del que casi todxs venimos y al que algunxs eligen volver. La muestra es una invitación a revisar el “modelo para armar”, esa idea de institución/dispositivo-que-formatea, porque al mirar de cerca se perciben los matices. En una suerte de amorosa indagación antropológica, el trabajo de Sub, al poner en diálogo las diferentes perspectivas de colegas de diversas latitudes, consigue elaborar una profunda reflexión en torno a la complejidad de las relaciones sociales que se entraman ahí dentro, los cortes de clase que las suturan, el lenguaje de género que moldea vínculos pero que, a veces, logra ser poroso, flexible y se resignifica en familias nuevas que arman nido y cuestionan al hacerlo las lógicas patriarcales y de heterosexualidad obligatoria de las que fugaron.

En el catálogo de la expo, las palabras con las que Sub refuerza el hilo conector entre los ensayos fotográficos, vuelven sobre la historia que emparenta familia y fotografía. La foto ha sido y es un dispositivo que construye, consolida, el relato que nos contamos como familia, nuestra memoria oficial coagulada en imágenes. La difusión de la herramienta y la democratización de su uso atravesó clases sociales. Así, el registro de lo festivo popular en familia, de las cenas compartidas, entre las sobras del pollo y una lengua que desafía el peligro de un filoso cuchillo embadurnado de torta, los rituales cotidianos en los que se entreveran símbolos varios de argentinidad, toman cuerpo en los trabajos de Cecilia Reynoso y Verónica Mastrosimone.

Por otro lado, Ines Taoira y Liliana Contrera arman un contrapunto sentido, al traernos los matices de clase que se ponen en juego en las distintas formas del amor de dos parejas que logran envejecer juntas. Entre el sofisticado formato medio de Taoria y un blanco y negro en Contrera que disuelve las distancias de esos padres de ayer y de hoy, encontramos el registro íntimo de quien se asoma al amor-tandem de quienes nos criaron.

La familia y sus imágenes en tanto que marca de identidad, huella del lugar del que salimos, es a veces una memoria a disputarle al arrebato violento de las fotos negadas. El trabajo de Lucila Quieto arma collage en el que su retrato de niña se funde con el de su padre desaparecido, guirnaldas de hojas, mariposas y estampillas. En el ensayo de Gerardo Dell Oro, la evocación de su hermana Patricia secuestrada junto con su marido durante la última dictadura militar, y la proximidad de esos registros con las fotografías de su sobrina, la hija de Patricia, vuelven a reunir, remedan un recuerdo de familia que existe en la combinación de los fragmentos que teje Gerardo.

También son fragmentos de sensaciones, de momentos, de objetos que quizás sean símbolos, amuletos o talismanes fotográficos, los que aparecen como piezas de rompecabezas en el trabajo de Nicolás Pousthomis, que con “Gloria” ensambla una familia de atardeceres, tormentas y tajos de amor profundo.

Santa Fé de Marcos López tiene el clima de “recuerdos de provincia” de los primeros trabajos del fotógrafo. En sus retratos que combinan algo de mirada etnográfica con una pizca de ironía cándida, quienes posan se funden en ese fondo que dice mucho de ellos: un empapelado antiguo, un muro repleto de fotos de familia, una antena parabólica en el medio de la nada.

Ese vínculo entre forma y fondo también se desliza en el trabajo de Cecilia Estallés Alcón, un homenaje a su abuela en donde el retrato descansa como quien se deja acariciar, acompañado por la inmensidad de la textura de una roca o un abismo de mar nublado.

La serie de portarretratos volteados de Beto Gutierrez, quizás como imagen de una familia-hermandad deseada por todxs aquellxs indeseables escondidxs de la mirada de las visitas que toman el té en el living, contrasta con el ensayo fotográfico de Oriana Eliçabe: familias diversas, ensambles sin mapa infalible ni receta preestablecida, madres lesbianas jugando con sus hijxs, viéndolxs crecer, inventando nuevos retratos y relatos posibles. O con los abrazos de Gabriela Muzzio, que dejan la sensación en la piel de la familia (la propia, la elegida, la reensamblada) como ese refugio incondicional que nos sostiene bien fuerte en medio del temporal.

Distintas reflexiones sobre la maternidad también se entrecruzan mientras subimos y bajamos las escaleras que conectan los tres pisos por los que se despliega la exposición. El contundente trabajo de Ana Casas Broda “Kinderwunsch” es también un registro biográfico en donde devenir madre también es albergar cicatrices, es un cuerpo dado vuelta brutalmente y es un lazo de vísceras, piel, leche (mucha leche), uñas y dientes con unx otrx que salió de nosotras. La paternidad de Martín Estol en “Violeta”, una serie en blanco y negro que retrata a esa niña-hija que crece, resulta un reverso de la maternidad de Broda que invita también a pensar: ¿cómo es ese nexo entre padre e hija que se construye en ausencia de la brutal visceralidad, de los esencialismos que sí rodean “lo maternal” y a los vínculos de madres e hijxs? Son también imágenes sobre el ser padre las de Jorge Sáenz y sus pájaros que crecen, niñxs en disfraz de súperhéroe, primeros planos cerca muy cerca, de rostros amados, de manos, sonrisas, puertas que se abren.

La “Luz en la palma” de Florencia Lo Re guarda algo de lo mágico presente en esos relámpagos de recuerdo de infancia, entre ositos y virgencitas y persianas con aire de siesta. Un poco como esos espacios vacíos de las “Cuñadas” de Franco Verdoia: lo que queda impregnado de la historia de vida de algunas señoras en los manteles, las repisas y los figurines de porcelana.

Lo público y lo privado suelen ser temas en cruce que se abordan en los estudios sobre la familia. Algunas economistas feministas, por ejemplo, vuelven sobre la idea del espacio doméstico como el ámbito en el que las mujeres despliegan un conjunto de trabajos no remunerados entre la alimentación, la limpieza, la crianza y el cuidado de los miembros de la famila.

La pregunta de quién cuida a quién y qué se juega en ese cuidado atraviesa varios trabajos curados dentro de la muestra. El ensayo de Alejandro Kirchuk documenta el delicado acompañamiento entre los abuelos del fotógrafo y el cuidado del abuelo hacia su mujer en esos últimos tramos de vida compartida juntxs. “Los martes con Carlitos” de Hector Río guarda junto con el de Kirchuk esa mirada que se posa amable, imperceptible en los espacios de un muchacho y su discapacidad. Las formas del cuidado familiar que protege, que ampara frente a las mil hostilidades de un afuera, pero que no alcanza quizás a tender un puente que conjure la soledad, lo inconmensurable en Carlitos con su guitarra en una habitación en penumbras.

El adentro promiscuo, enmarañado, lúdico, de aprendizajes cuerpo a cuerpo segmentados por género -entre el forcejeo viril de varones y las posibilidades de que quepa finalmente un corpiño- se cuela también en los trabajos de Alain Laboile y la Caja de Zapatos de Cia de Foto. Los retratos de hermanas mellizas de Gabriela Messina también dicen algo de ese devenir, en este caso mujeres, con una otra que espeja esa construcción, que refuerza en los gestos, la ropa repetida, las hebillas de pelo que se comparten, el carácter ensayado de lo femenino.

Con Res y Martin Weber se ingresa en otro mundo, el del ser hijo y hablar de la relación tejida con el padre, dar cuenta del legado que se encarna en valores, una idea del deber ser, la contemplación de la propia adultez frente a la vejez del otro, que se resignifica y se reactualiza con la posibilidad cierta de la partida de ese sujeto.

El trabajo de Valeria Belusci puede ser el anverso de varios de los ensayos más luminosos de la muestra. Paisajes siniestros de niñxs solxs en bosques que recuerdan a pelis de David Lynch, camas amortajadas. Un clima ominoso que tal vez hable algo acerca de la vulnerabilidad de la infancia, entrelazada también con esa presencia fantasmática de los secretos guardados en cada familia y que sea el espanto lo que también nos una.

Dice Sub y cita en el catálogo: “…el acting de la familia es la obra más acabada de la historia; la copia de la copia de una tribu original.” Y aunque la frase juega con la idea de la familia como performance, como ensayo y repetición y lo hilvana con eso de copia de la copia para llevarnos de la mano hacia la foto, yo no puedo menos que pensar que esa tribu original es Sub, una familia inventada de amantes que conspiran, compañerxs-hermanxs, amigxs cercanxs, descubiertxs en mil ciudades invisibles, hijxs-aliadxs y camaradas de lucha y camino compartido. Y que esa copia de la copia en realidad de lo que habla no es del cuentito benjaminiano de la reproductibilidad técnica y el aura que se pierde, sino de un trabajo de hormiga curatorial artesanal, con copias que circulan en una mesa mientras se editan 25 ensayos fotográficos en simultáneo para contar una historia que nos sigue resonando en el cuerpo varios días después de haber salido de recorrerla.

 

Podés visitar la muestra Familia: Modelo para desarmar hasta el 18 de junio, de Martes a Viernes de 13.30 a 20 hs y los sábados de 13.30 a 16 hs. ( Lunes, domingos y feriados cerrado) en Arte x Arte – Lavalleja 1062

 

Podés conocer más de Sub en www.sub.coop, en su FB https://www.facebook.com/subcoop/ o en los talleres que dictan este año https://www.facebook.com/subcoop/photos/a.359962215827.201160.341526455827/10154656936835828/?type=3&theater