Fontanarrosa mirará una tribuna vacía

Por Santiago Nuñez

En un caso insólito, pero ya no sorprendente, el clásico rosarino entre Newell´s y Rosario Central por los cuartos de final de la Copa Argentina 2018 se jugará sin público y en una cancha a más de 300 km de Rosario.

“Si uno pudiera elegir la manera de morir, ¡yo elijo ésa, hermano!”, dijo un hombre en una historia de ficción, protagonista de uno de los mejores cuentos jamás contados. El mismo habla del secuestro de un viejo hincha de Rosario central, que un grupo engañó para llevarlo a ver la semifinal del Campeonato Nacional 1971, contra Newell´s, clásico rival, en la cancha de River.

La historia, contada como ninguno por el Negro Fontanarrosa, es ficcional pero pasó en serio: efectivamente, el 19 de diciembre de 1971 los dos más grandes de Rosario jugaron una semifinal, un “todo o nada”, para pasar al encuentro definitorio de aquel campeonato. También es verdad que lo jugaron en Buenos Aires, en el Antonio Vespucio Liberti. Es cierto además que la cancha se llenó con gente que viajó de ambos colores como podía desde Rosario, en tiempos en los cuales no había autopista.

El clásico rosarino es el más viejo de los que se sigue jugando. En efecto, el primer encuentro entre Newell´s y Rosario Central ocurrió en 1905, con victoria para la “lepra” 1 a 0 con gol de un tal Faustino González. A partir de allí, el derby del río Paraná se convirtió en uno de los escenarios de gloria y pasión más importantes de la historia del fútbol argentino.

El partido es apasionante por sus historias hermosas. La palomita de Aldo Pedro Poy en la ya mencionada semifinal del 71´ que los hinchas de Central se juntan a recordar todos los 19 de diciembre; el cruce por la Copa Libertadores de 1975; el “abandono” de 1997; el gol de Zanabria en 1974 para que la lepra de la vuelta en la cancha de Central; el día que Newell´s lo eliminó de la Copa centenario en 1993. Y miles más.

Pero ni eso ni Maradona, el Chacho Coudet, Kempes, el Tata Martino, Poy o nadie puede explicar la especificidad y la piedra basal de la importancia del clásico.

“Este partido se empieza a vivir desde el lunes”, dicen los que saben del clásico rosarino, y esto es la clave del encuentro: su gente. Newell´s y Central dividen al medio a la ciudad de Rosario, una de las que tiene más hinchas de sus clubes locales que de River o de Boca. Es grande el clásico porque la cancha se llena jueguen donde jueguen. Es enorme el clásico por los banderazos previos si no puede ir el visitante. Es grande el clásico porque uno le dice al otro “sos hijo nuestro” y el otro responde “no ganas nada hace más de 30 años”. Es grande el clásico por la pasión inigualable de la tierra de Fito o el Che.

24 de octubre. Sin público. En cancha de Lanús. Se iba a jugar en Santa Fe, pero el gobernador y la Policía no pueden garantizar las condiciones de seguridad. O, al menos, eso dicen. Los mismos que garantizaron que la Ciudad se convierta en un lugar de refugio de las mafias narcotraficantes (y utilizaron barrabravas para eso) ahora se llenan la boca de la “violencia en el fútbol”. Los dirigentes tampoco hicieron mucho y pensaron más en no quedar en desigualdad con la parte de enfrente del mostrador que en su gente, que en el clásico.

Finalmente, los cuartos de final de la Copa Argentina 2018 entre Newell´s y Central, posiblemente el clásico más importante de al menos los últimos 10 años, con eliminación directa, con otra página de gloria por contar, se jugará sin gente en el Estadio Ciudad de Lanús Néstor Díaz Pérez. Es otro ejemplo de cómo el deporte más popular de la historia argentina se aleja de su gente, de su pueblo, de sus hinchas.

Nadie lo había definido mejor. Desde el 2007, el inigualable Fontanarrosa mira el fútbol desde un poco más arriba que la popular del Gigante de Arroyito. Pero esta vez, el escritor mirará desde el cielo una tribuna vacía, de colores que no son ni de Newell´s ni de Central.

Se escuchará el eco en los goles. Se oirá en voz baja el festejo de los jugadores que ganen en el círculo central y pasen a semifinales. No habrá ningún viejo en la tribuna que, luego de ser engañado por un grupo de jóvenes, se muera feliz luego de ganar el clásico. No habrá Río Paraná de fondo. Sólo un Conurbano solitario, que ni siquiera es el de Rosario.

Publicado originalmente en Lástima a nadie, maestro