#FueraOMC: Bienes comunes y Justicia Climática

Por Vivian Palmbaum@vivi_pal / Fotografía: Fuera OMC

Al mismo tiempo que la ministerial de la OMC, sesionaba en nuestro país, el pasado lunes 11 de diciembre en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) se iniciaba la Cumbre de los Pueblos, un dialogo sobre la soberanía popular, bien lejos de los negocios.

Desde diferentes lugares de la región y el mundo llegaron delegados de distintas organizaciones interesados en debatir acerca de la agenda de los pueblos. Diagnósticos y propuestas de solidaridad y articulación entre movimientos y organizaciones parecen ser la alternativa a un modelo extractivista y depredador de la vida. Finalmente la ministerial de la OMC culminó sin los acuerdos esperados por el presidente Macri, que reprimió las protestas con una violencia como no venía sucediendo desde 2001-2002.

Apuntes de la jornada

El primer día de encuentro (11/12) en Sociales, una importante concurrencia participó del foro de “Bienes Comunes, Justicia Climática y Soberanía Energética”. Una sucesión de paneles en donde se expusieron preguntas, respuestas y los modos de organizarse de los pueblos, que enriquecieron con sus propuestas y saberes y abrieron al dialogo de las y los asistentes.

Asistieron representantes de trabajadores del petróleo de la patagonia, trabajadores de la tierra y delegados de Fuera Monsanto de Paraguay, representantes de Colombia, delegados del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales de Chile, representantes de las asambleas contra el extractivismo minero, delegados de pueblos originarios de la comunidad diaguita amaichense, del pueblo mapuche, también participaron delegaciones de trabajadores de la tierra de Brasil, académicos de la región, delegadas de República Dominicana, Venezuela, Mexico entre otros pueblos hermanos que asistieron a un necesario debate para enfrentar las políticas que van explícitamente contra los pueblos, para mostrarnos sus modos de organización, sus sentires y como piensan y hacen su realidad cotidiana.

Con gran claridad un trabajador de la tierra paraguayo presentó al sujeto que más padece este sistema extractivo: el campesino. Explicó que el sector más combativo es el campesinado, en un país con una producción primarizada, donde “nuestro principal eje de lucha es la tierra y la agricultura”, al tiempo que afirmó “nuestro sector campesino es el que está siendo despojado de su tierra y entonces pasa a las ciudades, donde se convierte en trabajadoras y trabajadores informales, consumidores y vendedores de droga de distintas clases e incluso la prostitución”.

La región

La socióloga Maristella Svampa, fue enfática al afirmar: “América Latina aún es la región más desigual y la región donde más activistas ambientales son asesinados. Ni los neoliberales ni los progresismos han construido modelos alternativos al extractivismo y al contrario, lo han consolidado”.

Delegados de Colombia expusieron la situación del extractivismo en ese territorio: Colombia que ha sido la vitrina de la paz, donde le dieron el premio Nobel a su presidente, hoy viene siendo sistemáticamente incumplido el acuerdo, modificado por el Congreso unilateralmente y ya son 50 líderes sociales asesinados por defender sus tierras, afirmaron. Además se presentó la particular situación que está surgiendo a partir del pos acuerdo (y no pos conflicto) en Colombia, donde los intereses en definir las políticas para liberar los territorios de la guerrilla permite las inversiones de las corporaciones donde “se aceleran los procesos extractivistas sobre esos territorios, con las facilidades que otorga el gobierno”.

En representación del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales de Chile, Luciano Cuenca, puso de relieve como la articulación de las luchas obtiene resultados, que tienen escasa o ninguna difusión. Allí los movimientos populares han logrado echar abajo grandes inversiones mineras, energéticas. Aquellos movimientos han logrado incidir en las agendas más generales, tal el caso de la crisis del agua que luego toma la presidenta Bachelet. “El capital ve al territorio como una plataforma para continuar avanzando y multiplicándose. Los mecanismos para defender los territorios, que usa el capital, son las lógicas que permiten multiplicar el capital. Las empresas trasnacionales son las que se manejan con gran impunidad y para ellas la crisis se vuelve una oportunidad de negocios”, afirmó Karin Nansen de Uruguay.

En cuanto a la situación climática también aparece la desigual distribución. En el panel de Justicia Climática se explicó como los países contaminan el ambiente de manera diferenciada, y eso varía en función de los niveles de desarrollo. Los países que más contaminan son aquellos que más preparados están para enfrentar la contaminación, y además usufructúan bienes de consumo que se producen a bajo costo en países empobrecidos con un bajo costo laboral. Los países más alcanzados por el impacto de las catástrofes asociadas al cambio climático global son los países más empobrecidos: “El golpe cae sobre los que tienen menos responsabilidad”, eplicaron.

El efecto invernadero no deja de crecer mientras EE.UU. tiene una actitud negacionista respecto a la crisis climática. “Se ha neoliberalizado la cuestión ambiental” expresó José Seoane, que puso el acento en explicar cómo las corporaciones han tomado el término economía verde para darle un tratamiento neoliberal a la cuestión ambiental. Se trata de volver eficiente el medio ambiente haciendo negocios y, entonces, a la crisis ambiental habría que responder con enfoques de mercado: economía verde. En ese sentido el medio ambiente no es sinónimo de ambiente humano. La naturaleza se transforma en activos ambientales y esta estrategia, explicó, implica una transformación cultural. La ofensiva extractivista se ha cobrado en corto tiempo dos vidas: Santiago Maldonado y Rafael Nahuel.

Agenda de los pueblos

Llegada desde Andalgalá, la delegada de la Asamblea El Algarrobo, explicó que los pueblos originarios, por su contacto cercano con la naturaleza, son los primeros que detectan la amenaza inminente y son los que empiezan a tomar las acciones. En Andalgalá, además del trabajo de la abogada, son los mismos vecinos los que van semana tras semana a presentar papeles, a pedir informes, son los que no se quedan quietos, no se conforman, se han vuelto preguntones para enfrentar a los gobiernos que les quieren decir “ustedes tienen que vivir de esta manera”. También se trata de ser felices y vivir como queremos, no como nos quieren decir que tenemos que vivir. Del caos también sacamos mucha virtud: reírnos y alegrarnos y festejar cosas y contenernos entre nosotros, porque estamos huérfanos de instituciones, porque el poder quiere más poder, y nosotros queremos agua, queremos vida.

Hubo consenso frente a las palabras del académico boliviano Pablo Solón que expresó: “esta lógica de organizar el planeta y organizar la renta no la queremos, ni la necesitamos, no es para nosotros”. La palabra capitalismo, esta locura del suicidio de la cultura humana es parte de la lógica de acumulación, es un camino que hay que frenar como sea. Es necesaria la solidaridad. Retomar el paradigma del “vivir bien” que se basa en la complementariedad con otras visiones, nos va a permitir evitar la destrucción del planeta, como una premisa básica parece ser una consigna compartida.

Los pueblos diaguitas de la localidad de Amaicha también mostraron la potencialidad que implica el control y uso comunitario de la tierra. En sus tierras en autonomía viven 70 mil personas que manejan su economía entre el empleo público, la autosubsistencia (agrícola ganadera) y la producción de artesanías, mientras enfrentan el impacto del extractivismo que intenta convencerlos de entrar al paradigma de la minería que ofrece empleo y un futuro de asenso social.

“Una especie está en extinción, el ser humano”, decía Fidel Castro. No hay más ayuda que la conciencia y la unión, poniendo en foco la defensa de la vida. Esta lógica para organizar el planeta, ni la queremos ni la necesitamos, es asunto ajeno.