Guerra China – EEUU: Marines contra mandarines en las puertas de un nuevo cielo

Por Juan Pablo Sorrentino

¿Qué hay detrás del actual enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y China? ¿Se trata de una “guerra comercial” como es presentada en los medios hegemónico de comunicación? ¿Puede el G-20 ser el escenario donde se dirima este conflicto? A poco más de dos semanas de realizarse la cumbre del G-20, un aporte para empezar a entender qué está en juego en la tensión comercial entre los dos imperios .

La actual “guerra comercial” entre Estados Unidos y China va camino a cumplir su quinto mes de existencia, lo que es un dato menor si centramos el análisis en sus efectos económicos conocidos y aun desconocidos.

Para encontrar la génesis de esta rivalidad debemos remontarnos al mes de Julio cuando Donald Trump anunció la imposición de aranceles del 25% en un gran número de importaciones chinas a Estados Unidos, medida respondida equivalentemente por Xi Jinping, presidente chino desde el año 2013. Estos aranceles proteccionistas, como los defiende Trump, se fueron multiplicando y diversificando tanto en porcentaje como en variedad, llegando a un punto actual de no retorno, al menos en el corto plazo.

Visto de este modo, pareciera que sus efectos se reducen únicamente a variables micro y macroeconómicas, exclusivamente chinas y norteamericanas, pero veremos que no es tan sencillo. Si bien es un conflicto económico de gran envergadura, no podemos agotar nuestro análisis sin comprenderlo como un enfrentamiento geopolítico que data de muchos años, de dimensiones mundiales que afectan a toda la comunidad de naciones e involucra otros actores.

A nivel geopolítico, este enfrentamiento se inscribe en el cuestionamiento que distintas potencias hacen a la unipolaridad estadounidense cimentada en los años ‘90s y defendida aun en el corriente año, como pudo observarse con el correr del siglo XXI en los denominados BRICS. Actualmente, con algunos de sus países atravesando situaciones económicas y políticas menos prometedoras, Rusia y China se presentan como los principales contendientes de EE.UU., aunque el primero de ellos en menor medida debido a auspiciantes alianzas y contactos entre Putin y Trump.

¿Quién arbitra esta contienda?

En medio del enfrentamiento dual entre China y Estados Unidos, aparecen como árbitros los Organismos Financieros Internacionales, que persiguen fehacientemente la resolución de esta “guerra comercial”, con resultados favorables a sus designios, ya que creen que se ha puesto en peligro el sistema de comercio global.

Con la entrada de este tercer actor, es que esta contienda presenta su verdadero rostro. Aunque pareciera un retroceso temporal a los siglos XIX y XX donde modelos económicos disputaban su hegemonía entre los principales Estados capitalistas, detrás de este enfrentamiento entre China y Estados Unidos se esconde el interés de organismos tales como el Fondo Monetario Internacional de imponer la proliferación y coexistencia de tratados de libre comercio (TLC) de distinta escala (bilaterales, regionales, interregionales y globales) por sobre medidas proteccionistas, protagonistas del enfrentamiento.

Debe reconocerse que el avance de los TLC no es novedad, ya que los Organismos Financieros Internacionales y las principales potencias mundiales los utilizan como herramienta de ofensiva neoliberal hace décadas, con aciertos y fracasos, persiguiendo siempre el objetivo de liberar y desregularizar el comercio sin la intromisión de controles estatales.

Latinoamérica no está exenta de estas ofensivas neoliberales, pero cuenta entre sus laureles más recientes el haber dado por tierra con el tratado de libre comercio configurado en el llamado Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en el año 2005. Cuyo fracaso puede explicarse en la defensa de la soberanía regional, coincidente en los principales jefes de Estado de las naciones latinoamericanas. Con un escenario distinto a aquel, actualmente los intentos de instaurar TLC en el continente se han recrudecido llevando a la aplicación de varios de ellos, dentro de los cuales el Tratado de Asociación Transpacífico (TTP) se destaca por su envergadura y promoción.

Localmente, el TTP fue sponsoreado por el gobierno de Mauricio Macri desde iniciado su mandato, cabildeado por Hillary Clinton y la administración demócrata de Barack Obama desde el año 2009, vigente actualmente, pero perdiendo vigencia desde el año 2017 cuando Donald Trump anuncia la salida de Estados Unidos del mismo. Esta salida llevó a que el campo de acción del TTP en la economía mundial se reduzca de un 40% a un 13%.

China y Estados Unidos: los contendientes.

Si bien ya fueron presentados los Organismos Financieros como protagonistas de este complejo escenario, para comprender mejor el camino recorrido hasta la actualidad del conflicto, es preferible atender las declaraciones y señales que dan los protagonistas, Donald Trump y Xi Jinping.

La ofensiva tejida por Trump hacia China, basada principal pero no exclusivamente en arancelar las importaciones chinas debe entenderse como un reconocimiento a la reorientación económica que China viene realizando desde hace ya varios años, la cual será abordada en breve. Pero también la estrategia de Trump está mirando hacia Estados Unidos: coincidente con su slogan de campaña en 2016 “makes America great again”, con la aplicación de estos aranceles y sendas medidas proteccionistas anunciadas desde que asumió el poder del salón oval de la Casa Blanca, persigue el objetivo de incrementar y mejorar la inversión de empresas (pequeñas, medianas, grandes) de capital norteamericano en su país, sin depender del abastecimiento Chino (una especie de Industrialización por Sustitución de Importaciones, como conocemos en nuestra región). Otro signo de esta “mirada hacia adentro” es la decisión de Trump a mediados de octubre de no continuar con las declaraciones públicas sobre este conflicto hasta la cumbre del G-20, evitando así que este impacte negativamente en el desempeño de su fuerza en las elecciones de medio término celebradas el 6 de noviembre pasado.

Del otro lado, nos encontramos con la China de Xi Jinping, quien desde su asunción como Presidente en 2013 ha perseguido un proceso de transformación económica que comenzó a mostrar claros resultados.

China ya no destaca exclusivamente por su capacidad de exportación de su variada producción industrial, sino que ha desarrollado un incremento sustancial de sus importaciones, tanto por la ampliación de su mercado interno como por el pasaje de su matriz industrial de un crecimiento extensivo a uno intensivo. Esta búsqueda del desarrollo intensivo de su industria podemos verla reflejada en la aceleración de la robotización industrial, ya que en 2017 China adquirió el 36% del total de robots industriales del mundo, superando a cualquier otro país.

Como dato resonante de esta metamorfosis cabe destacar que en 2017 las importaciones chinas crecieron un 15,9% respecto al año anterior, lo cual es visto con buenos ojos por sus socios comerciales y por la misma Christine Lagarde, con quien Li Keqiang, Primer Ministro chino, se comprometió a defender y promover el libre comercio superando las históricas barreras arancelarias de protección a la industria China.

De camino hacia el G-20

A pocos días de la cumbre del G-20 en Buenos Aires, lejos se está de una resolución de esta “guerra comercial”.

Los Organismos Financieros Internacionales continúan presionando a ambos actores buscando que se resuelvan las diferencias entre ambos Estados, pero no a cualquier precio, sino garantizando el libre comercio internacional y condenando en Foros Internacionales y medios de comunicación las medidas proteccionistas vigentes, principalmente las asumidas por Donald Trump, tomando las respuestas de Xi Jinping como reacciones esperables.

Por parte del gobierno chino, se ratificó públicamente su compromiso asumido a puertas cerradas con Lagarde, de avanzar hacia la resolución del conflicto. Estos anuncios públicos se emitieron en la Exposición Internacional de Importaciones en China concluida el 10 de noviembre pasado, a donde Trump no envió emisario alguno, todo un signo de su posición.

Las acusaciones cruzadas, las medidas arancelarias teledirigidas, las presiones de los Organismos Financieros y las planificaciones a futuro de reuniones entre las partes, dan cuenta que lejos está la pacificación del conflicto y que se avecinan nuevos episodios del mismo.

Hace pocos días, Trump volvió a la carga amenazando arancelar el total de las importaciones chinas en diciembre si la solución al enfrentamiento no era favorable a Estados Unidos. De ambas partes se anuncian estrategias a abordar que van desde la manipulación monetaria, corridas bancarias exorbitantes y hostigamientos impositivos a empresas foráneas, lo cual confirma que el recrudecimiento de esta disputa comercial y geopolítica no es descabellado.

Tanto Trump como Xi Jinping acordaron reunirse en el marco de la cumbre del G-20 para comenzar a limar asperezas, lo cual busca ser capitalizado políticamente por el gobierno de Mauricio Macri quien será el anfitrión de la misma, buscando ocultar la escalonada y sin retorno crisis social y económica que Argentina atraviesa, como resultado del fracaso de las recetas neoliberales aplicadas de 2016 en adelante.

Los intereses en juego, la multiplicación de amenazas y la verdadera disputa geopolítica que trasciende este conflicto, son muestra suficiente para asegurar que en una reunión como la prevista no se saldarán las cuentas que el librecomercio quiere cobrarse.