Hay un escritor que vive

Por Cezary Novek

Una lectura sobre El negro corazón del crimen, la novela de Marcelo Figueras que narra el proceso de escritura de Operación Masacre. 

El hombre –que en la novela es identificado como Erre– es un periodista freelance que colabora con diferentes medios de escasa tirada. Ha ganado un premio municipal por un volumen de cuentos y se espera de él que escriba una novela. Mientras tanto, realiza traducciones y juega al ajedrez en bares. Tiene esposa y dos hijas pequeñas. Un día escucha una frase que le cambiará la vida: “Hay un fusilado que vive”.

Aunque se considere a Truman Capote el creador del género New Journalism o Non fiction, cabe mencionar que Rodolfo Walsh se adelantó en casi una década. A sangre fría –que reconstruye el minuto a minuto de una masacre en una localidad rural de EEUU– fue publicada en enero de 1966. Operación masacre –que investiga los fusilamientos de militantes peronistas llevados a cabo por La Libertadora en los basurales de José León Suárez el 9 de junio de 1956– salió en 1957 y fue completándose en sucesivas ediciones. El libro utiliza una gran variedad de recursos narrativos y periodísticos que convierten al conjunto no en un informe sino en una especie de novela anfibia, a mitad de camino entre el periodismo y la literatura.

En su novela El negro corazón del crimen (Alfaguara, 2017), Marcelo Figueras narra el proceso de transformación de Rodolfo Walsh, que empieza siendo un intelectual amante del policial inglés para terminar convertido en un hombre de acción que desde la clandestinidad –el revolver sobre el escritorio, junto a la máquina de escribir– denuncia lo que los grandes medios omiten: los abusos de poder, la corrupción, los asesinatos, la injusticia. Durante la investigación, tiene un romance con la periodista Enriqueta Muñiz (1934-2013), personaje de la vida real que en el libro tiene el rol de testigo privilegiado de esa metamorfosis. Ella lo juzga como un hombre a medio fraguar, y lo acompaña en ese viaje iniciático del que volverá convertido en el hombre que hizo historia.

Apoyada en una rigurosa investigación de los hechos reales, el libro de Figueras se puede leer como una novela policial pero también como un texto que indaga en las problemáticas del oficio, en el cómo escribir. Este es uno de los aspectos más ricos de la historia: cómo el autor imagina a Walsh corrigiendo, reescribiendo, buscando un título durante días, discutiendo con su compañera y con el editor cómo seguir. La historia de los fusilamientos, por otro lado, es vuelta a contar como subtrama, lo que convierte al libro en una suerte de reescritura/homenaje de Operación Masacre, pero sin intenciones de convertirse en cover.

El epílogo ya es conocido. Veinte años después, Walsh se oculta bajo la identidad de un profesor jubilado mientras escribe la célebre Carta abierta de un escritor a la Junta Militar un balance del primer año del gobierno de facto (“donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”), un documento lúcido y certero, que analizaba datos que sólo serían de público conocimiento muchos años más tarde; un texto que trascendió la coyuntura histórica del momento para convertirse en clásico vivo y en un modelo de periodismo de denuncia. Su hija mayor acaba de quitarse la vida durante un asedio de las fuerzas armadas. La cúpula de la organización de la cual forma parte lo ha dejado solo, en parte por no aceptar sus críticas a la conducción, en parte porque el grueso de la militancia ya ha sido diezmada por los militares y sólo quedan dos opciones: el exilio o la muerte. A diferencia de sus superiores, Walsh decide quedarse y hacer lo único que lo hacía sentirse vivo: denunciar, luchar, escribir “sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”.  Las últimas horas de Rodolfo Walsh son uno de los momentos más atrapantes y logrados del libro, con un pulso y una adrenalina que no dan respiro.

Cuarenta años después de su muerte, Walsh es un autor ineludible, con una producción textual viva, palpitante. El negro corazón del crimen, por su parte, cumple la triple función de ser un valioso complemento, una excelente novela-homenaje y una atractiva introducción a la obra de uno de los periodistas y escritores argentinos más importantes del siglo XX.

Sobre el autor

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962). Escribió las novelas El muchacho peronista (1992; Alfaguara, 2016), El espía del tiempo (Alfaguara, 2002), Kamchatka (Alfaguara, 2003), La batalla del calentamiento (Alfaguara, 2007), Aquarium (2009) y El rey de los espinos *(Suma de Letras, 2014). Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, holandés, polaco, hebreo, ruso y otros. Como periodista, entrevistó a Woody Allen, Paul McCartney, Arthur Miller, Madonna, Mick Jagger, Martin Scorsese y otras personalidades, además de cubrir la segunda intifada entre Israel y Palestina para la revista española Planeta Humano. Escribió junto a Marcelo Piñeyro los guiones de Plata quemada (Premio Goya a la mejor película de habla hispana, elegida por L. A. Times como uno de los diez mejores filmes del año) y La viuda de los jueves. También es autor de los guiones de Kamchatka (mejor guión del Festival de La Habana y película seleccionada para representar a la Argentina en los Oscar) y Rosario Tijeras.

http://www.marcha.org.ar/figueras-la-gran-maquina-de-engendrar-historias/