Sábado, 20de Diciembre 2014
Política y literatura en Argentina: Kike Ferrari

Novena entrega de la encuesta a escritores argentinos sobre el vínculo entre literatura y política. Hoy nos responde Kike Ferrari.


- ¿Considerás que tus búsquedas literarias, tanto al escribir como al leer, se corresponden con búsquedas políticas de algún tipo? ¿Por qué?

Podríamos decir que lo busco en política, en literatura -a veces- lo encuentro.

Como lector y como escritor lo que busco, en primera instancia, es una historia -contarla o que me la cuenten- y después, lo que podríamos llamar los recursos técnicos. De éstos, los que más me interesan son los que son complejos en su factura y sencillos en su apropiación. Por supuesto un libro que tiene esas dos características suele tener más de una lectura posible y, por lo tanto, inquietudes políticas en alguna de sus capas. Algo parecido pasa cuando escribo: lo hago buscando una historia, sólo que, como la política ocupa un espacio importante entre mis preocupaciones, en esas historias el componente político simplemente decanta y cobra vida.

- ¿La literatura argentina actual ofrece o intenta ofrecer respuestas e intervenciones sobre problemas y acontecimientos de la Argentina contemporánea? ¿En qué casos y de qué modos?

Creo que más intervenciones que respuestas, por suerte. Y me parece que esas intervenciones aparecen de modo tangencial, soterrado. No explícito. Cruzando los relatos, poniéndolos en tensión y, a veces, completándolos. El gran tema político de la literatura argentina actual es, por supuesto, el cuerpo. Lo que pasa sobre el cuerpo: el abuso, la explotación, la identidad, la violación, la muerte. En ese sentido, la gran exponente de la literatura política argentina actual es Gaby Cabezón.

- En esta línea de pensar vínculos posibles entre política y literatura, ¿qué autores nacionales rescatas o están entre tus lecturas?

No descubro nada si hablo de la línea que marca gran parte de nuestra tradición literaria, en la que la política -y la violencia- son centrales: Echeverría, el Loco Sarmiento, Arlt, Walsh. O, más acá: Andrés Rivera, Ricardo Piglia. Dentro de esa tradición, me interesa, sobre todo, lo que se cuenta de manera subterranea. Aquello que cuela entre los nudos de las historias, lo que se repone en los puntos ciegos. Digamos, tomando de ejemplo a Walsh, que esa vinculación me parece más productiva -tanto en terminos políticos como literarios- en Esa mujer o Un oscuro día de justicia que en Operación Masacre. Leida así, El cerco de Martini, una novela policial que no tiene ubicación temporal y en la que casi no hay violencia, es uno de los relatos más completos que se haya escrito sobre la dictadura. Y es de 1977. 


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