Viernes, 19 de Septiembre 2014
Nicolás Maduro, del Metro de Caracas a Miraflores

Por Juan Manuel Karg*. El recorrido del Canciller y Vicepresidente a cargo del Ejecutivo venezolano: de conductor del Metro de Caracas a la Asamblea Nacional, Cancillería y Miraflores. Sus desafíos ante la ausencia temporal del Comandante Chávez, quien se recupera en La Habana.


Nicolás Maduro fue, en su juventud, dirigente estudiantil en educación media, y militante de la Liga Socialista. Con el título de bachillerato en mano, ingresó a manejar autobuses en el Sistema del Metro de Caracas, volcándose a la actividad sindical con fuerza, al punto de llegar a dirigir el sindicato al poco tiempo. Allí reside, quizás, uno de los puntos que mayor encono le produce a la clase alta venezolana: Maduro es un trabajador que, desde ese lugar en la sociedad, llegó a lugares de poder. Esto es algo poco digerible para aquellos que, durante la IV República, vulneraban derechos laborales amparados en la dirigencia de Acción Democrática y COPEI, los partidos del “status quo” venezolano, que gobernaron los destinos del país hasta 1999.

La Asamblea Nacional y Cancillería

En paralelo con la fundación del Nuevo Sindicato del Metro de Caracas (SITRAMECA), Maduro se convirtió en uno de los miembros fundadores del Movimiento Quinta República (MVR). Luego fue elegido Diputado al Congreso, y a la Asamblea Nacional Constituyente que tuvo lugar en Venezuela entre Agosto de 1999 y Enero del 2000. Dentro del parlamento fue integrante de la Comisión Permanente de Asuntos Sociales, que adquirió especial relevancia en el debate sobre el salario mínimo y las condiciones laborales en los primeros años de gobierno bolivariano. Del mismo modo, a partir de 2001 presidió la Comisión Permanente de Desarrollo Social Integral y la Comisión Mixta que estudiaba las Iniciativas Legislativas para el Fomento del Empleo. Desde Enero de 2006 se convirtió en Presidente de la Asamblea Nacional, dejando luego el cargo para pasar a dirigir el Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores (MPPRE).

Desde la Cancillería, y por exigencia del propio Chávez, Maduro ha impulsado instancias de integración regional como la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA), fundada en 2004, y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), nacida en 2008. Ambas cumplen papeles diferenciados, pero sustanciales para América Latina: la primera tiene una clara delimitación ideológica, antiimperialista y por un horizonte emancipatorio (y socialista) para nuestros países, siendo liderada por Venezuela, Cuba, Bolivia y Ecuador; la segunda ha jugado un rol de contención -defensivo- frente al avance de EEUU en nuestra región (por ejemplo, ante el golpe de Estado en Honduras y Paraguay), contando además con la importante presencia de Brasil y Argentina.

La creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) también se produjo con Maduro a cargo del MPPRE, a fines de 2011. Este organismo continental es el primero sin ningún tipo de tutelaje por parte de EEUU y Canadá, representando a 33 países con una población total de unos 550 millones de habitantes y con una extensión territorial de unos 20 millones de kilómetros cuadrados.

Los desafíos de Maduro a cargo de la Vicepresidencia ejecutiva

Con Hugo Chávez recuperándose en Cuba de una nueva operación a la que tuvo que ser sometido el 11 de diciembre pasado, Maduro ha quedado a cargo de la Vicepresidencia ejecutiva de la República Bolivariana de Venezuela. Incluso el propio Chávez, antes de su viaje, advirtió que, de quedar inhabilitado por alguna circunstancia, “Nicolás Maduro no sólo en esa situación debe concluir como manda la Constitución el periodo, sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable absoluta, total, es que en ese escenario que obligaría a convocar a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente".

Dicho esto, y más allá de las numerosas especulaciones que los medios masivos de comunicación a nivel internacional vienen haciendo sobre la “sucesión” en Venezuela, se le abren a Maduro algunos desafíos hasta la vuelta de Chávez. El primero de ellos, mantener la unidad en las filas de la Revolución Bolivariana, evitando disputas que sólo pueden dañar la continuidad del proceso de cambios iniciado hace ya casi 14 años. Esto ha sido advertido por el propio Chávez antes de su viaje, y debe ser tomado con la seriedad que el caso amerita.

Por otra parte, y también con una importancia de primer orden, se hace necesario aprovechar el impulso de las últimas elecciones regionales (del pasado 16 de diciembre, donde el PSUV obtuvo 20 de 23 Gobernaciones, y 22 de 23 Consejos Legislativos) para avanzar en la profundización de la Revolución Bolivariana. El derrumbe de la Mesa de Unidad Democrática (MUD, que aglutina a la oposición a Chávez) debe servir para reimpulsar los Consejos Comunales, Consejos de Trabajadores, las Misiones Sociales -en salud, educación, vivienda y trabajo-, y todas aquellas instancias protagónicas para que la sociedad venezolana termine de tomar en sus manos su propio destino. Maduro debe jerarquizar -y por tanto fomentar- estas instancias de participación popular, aprovechando la desmoralización reinante en la derecha venezolana luego de los comicios de octubre y diciembre. El cumplimiento de este objetivo es tan importante como la propia unidad de cara al próximo año, en momentos donde los ojos del mundo entero se vuelven a posar sobre Venezuela.

 

* Licenciado en Ciencia Política, UBA