La ciencia, al borde del colapso

La situación del sector de ciencia y tecnología es crítica. A los recortes en la planta de investigadores y investigadoras del CONICET, apoyándose en un brutal ajuste presupuestario, se suma la precarización de cientos de becarios y becarias. Los funcionarios del gobierno abordan el problema con la liviandad y el cinismo característico de la gestión cambiemita.

Por Cecilia Sánchez* | Foto de Leandro Teysseire

En una entrevista reciente publicada en el diario Clarín, el secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva Lino Barañao sostuvo, con la despreocupación y el cinismo que lo caracterizan, que por más que hoy en día se defienda el derecho a contar con financiamiento para investigar en ciencia y técnica, esto no siempre fue así. El exministro también se aventuró a sugerir que los investigadores e investigadoras argentinas deberíamos salir a formarnos en el exterior y dejar de aspirar a incorporarnos al CONICET como si se tratara de la única vía para continuar con nuestras carreras científicas. Un doctor, afirmó Barañao, puede ingresar “a la universidad, al INTA, donde sea”.

Estas polémicas declaraciones suscitaron de inmediato el unánime repudio de la comunidad de ciencia y técnica porque quienes nos desempeñamos como trabajadores y trabajadoras del CONICET sabemos que la dura crisis que atraviesa el sector se expresa en una realidad bien distinta de la que plasman los dichos del secretario.

Política de desmantelamiento

A comienzos de abril, unos pocos días antes de que fuera publicada la nota a Barañao, se dieron a conocer los resultados de la última convocatoria a la Carrera del Investigador (CIC) de CONICET. Los números fueron verdaderamente escandalosos: sobre un total de 2595 postulantes, el directorio del organismo resolvió aprobar el ingreso de sólo 450: apenas un 17,3%. Esto implica que 2145 investigadores e investigadoras que fueron formadas por el Estado argentino, a través de becas de doctorado y posdoctorado a lo largo de entre cinco y ocho años, hoy se quedan sin posibilidades de seguir trabajando para el CONICET y de continuar sus líneas de investigación.

Se trata, de esta manera, del despido encubierto de cientos de profesionales altamente calificados que vienen trabajando en el CONICET de manera precaria y que ahora quedan en la calle, expulsados y expulsadas del sistema científico por causa de las feroces políticas de ajuste del gobierno macrista y, particularmente, por el brutal recorte sobre la investigación y la educación pública.

Si bien una de las promesas de campaña de Cambiemos había sido llevar la inversión del país en ciencia a un 1,5% del Producto Bruto Interno (PBI), el financiamiento que recibió el sector en 2018 se correspondió con apenas un 0,26%. Uno de los aspectos más graves de una política de ajuste que se orienta hacia el desmantelamiento del CONICET y del sistema científico-tecnológico en su conjunto es que ésta impacta con mayor fuerza sobre las y los trabajadores más precarizados del sector: las y los becarios.

La precarización como modelo

El drástico recorte en los ingresos a CIC, que implican la incorporación a la planta permanente del CONICET, solo es posible porque desde hace ya largos años, previos a la asunción de Macri, el sistema científico se cimenta sobre la base de la precarización de cientos de investigadores e investigadoras que nos desempeñamos como becarios y becarias, ya sea de doctorado o de posdoctorado. Como tales, no somos reconocidas como trabajadoras por el CONICET y no contamos, por lo tanto, con derechos laborales básicos como aguinaldo, aportes jubilatorios, obra social extensible al grupo familiar y licencias por enfermedad.

Debemos dedicar un mínimo de cuarenta horas semanales al desarrollo de nuestras tareas de investigación y somos impedidos de tener otros trabajos porque las becas solo son compatibles con cargos docentes, bajo el argumento de que “somos estudiantes” o de que “nos estamos formando”. El CONICET se empeña en negar nuestra condición de trabajadores y trabajadoras. Aunque realizamos tareas análogas a las que le corresponden a cualquier investigador de planta (publicamos papers, participamos de congresos especializados, formamos parte de grupos de investigación), somos tratadas muchas veces como “privilegiadas y privilegiados” por poder acceder a una beca de investigación, cuando en realidad se trata de todo lo contrario: nuestro trabajo se desarrolla bajo condiciones sumamente precarias y esto implica que cotidianamente quedamos expuestos a numerosas situaciones de desigualdad, injusticia, maltrato o violencia.

El ajuste no solo se expresa en los cientos de despidos motivados por el recorte presupuestario, sino también en un preocupante retroceso sobre derechos adquiridos por el colectivo de becarios y becarias tras años de lucha. En los últimos meses, las autoridades del CONICET se excusan en la falta de presupuesto para negarse a responder solicitudes que hasta hace poco solían resolverse favorablemente. El directorio del CONICET viene rechazando numerosos pedidos de licencias por maternidad de becarias, escudándose en mecanismos discrecionales y recurriendo a argumentos totalmente arbitrarios, en una decisión política repudiable que no hace más que perpetuar las desigualdades de género existentes en nuestra sociedad. El organismo también se ha negado a otorgar solicitudes de licencias por enfermedad y no ha intervenido frente a casos de abusos de poder sufridos por becarios y becarias. Estos casos no remiten a situaciones puntuales o excepcionales, sino que ilustran las condiciones de extrema precarización bajo las que nos desempeñamos como becarias y el modo en que las consecuencias del ajuste repercuten todavía con mayor fuerza sobre quienes no somos reconocidos plenamente como trabajadores.

Salarios de miseria y condiciones de trabajo deterioradas

Otra señal de la acuciante crisis presupuestaria que atraviesa el sector de ciencia y técnica, y el CONICET en particular, es el creciente deterioro del poder adquisitivo de nuestros salarios: los becarios y becarias cobramos cuatro mil pesos por debajo de la canasta básica, que hoy está en $28.750. También los trabajadores administrativos del CONICET perciben salarios que se ubican por debajo de la línea de pobreza. La devaluación, la inflación sin freno y los aumentos en las tarifas de los servicios no solo licúan el poder adquisitivo de los magros salarios de los y las trabajadoras de ciencia y técnica, sino que también impactan negativamente en el funcionamiento de los laboratorios e institutos de investigación. Al no recibir financiamiento suficiente, muchísimos lugares de trabajo se encuentran prácticamente al borde del cierre porque no cuentan con fondos para comprar insumos y materiales ni para pagar las cuentas de electricidad o de gas o bien los servicios de limpieza y seguridad. La situación es tan grave que en algunos institutos se solicita incluso a los y las becarias e investigadores que aporten dinero de sus salarios para afrontar los gastos de funcionamiento.

La organización frente al ajuste

¿Qué opciones quedan ante este preocupante panorama? Para algunos y algunas la alternativa es buscar trabajo en el extranjero. Para muchos otros, sin embargo, la denominada “fuga de cerebros” no es una opción viable: los y las investigadoras que tienen familias e hijos a cargo no pueden relocalizarse fácilmente en otro país, y en esos casos se ven forzados a buscar trabajos en otros sectores, principalmente la docencia, donde también probablemente vayan a ser contratados y contratadas bajo condiciones precarias.

Pero si algo queda claro frente a este brutal recorte en ciencia y técnica es que los y las trabajadoras siguen en pie demostrando su capacidad de organización y movilización. Fue ese camino el que condujo a alcanzar algunas importantes conquistas en materia de derechos laborales para becarios y becarias (por ejemplo, la obtención de obra social y el derecho a licencias por maternidad, todavía mejorables), y fue también gracias al masivo proceso de lucha desencadenado a partir de diciembre de 2016 que fue posible revertir los quinientos despidos de entonces a través de la incorporación de doctoras y doctores a las universidades y a otros organismos de ciencia y técnica.

En el último tiempo se han llevado adelante incontables medidas de lucha que demuestran la potencia colectiva para organizarnos por nuestras reivindicaciones y seguir peleando contra el ajuste y por la conquista de mejores condiciones de trabajo para hacer ciencia en y para nuestro país: asambleas abiertas y movilizaciones al Polo Científico, al Congreso y a Plaza de Mayo; ferias de ciencia y performances que lograron atraer la atención de los grandes medios de comunicación; petitorios, plenarios y encuestas nacionales para poner en común los problemas a los que nos enfrentamos cotidianamente en nuestro trabajo. Como ha quedado demostrado en experiencias anteriores, es solo a través de la profundización de la participación activa y la organización horizontal de los y las trabajadoras de ciencia y técnica que será posible poner un freno al ajuste y construir colectiva y democráticamente los lineamientos de una política científica que esté al servicio de las necesidades del conjunto de la sociedad.

 *Becaria doctoral del CONICET. Delegada de Jóvenes Científicxs Precarizadxs Bs. As.