La Plata: “¡trava que se organiza, no aguanta más paliza!”

Por Gabriela Mitidieri

Desde hace unas semanas, las travestis de La Plata comenzaron a denunciar el recrudecimiento de la persecución y violencia de efectivos policiales sobre sus cuerpos en las “razzias” que se suceden noche tras noche en la llamada zona roja platense. El avasallamiento de derechos y las coberturas mediáticas que legitiman la transfobia.

A días del 24 de marzo, a 40 años del golpe cívico-militar-patronal-eclesiástico que se llevó las vidas de infinidad de compañeros y compañeras, se hace necesario seguir levantando la bandera de los Derechos Humanos y no permitir que las fuerzas del orden hagan uso de su poder represor sobre ninguna trans más.

La cobertura mediática que recibió la persecución y el hostigamiento policial a travestis en la ciudad de La Plata, lejos de recuperar las voces de las damnificadas por el accionar de la policía, puso en evidencia el modo en que estos medios construyen y legitiman sentidos transfóbicos que, en última instancia, terminan por justificar la violencia.

En primer lugar, se encuentran las permanentes alusiones a supuestas ventas de estupefacientes, que incluyen el uso del término “narcotravesti” en distintas notas y, en general, la referencia a una atmósfera decadente que sólo podría remediarse con más y más presencia de policía bonaerense en las calles.

En segundo lugar, sin contar con demasiadas evidencias al respecto, comenzó en la última semana a hablarse del delito de trata de personas dentro de la zona roja. De acuerdo al diario, la existencia de mujeres trans migrantes de países limítrofes y de Centroamérica sería una señal de alarma para sospechar esta posibilidad.

De la imagen de “travesti narco” a la de “mujer trans víctima de trata” hay una distancia, pero lo mismo resultan figuras que terminan legitimando la militarización de la zona roja, como la única política posible que el gobierno local propone. Basta como ejemplo una nota, en la que la investigación a la que se hace referencia incluye interrogatorios policiales a clientes y mujeres trans, permanentes requisas en búsqueda de estupefacientes, pero ni una sola vez se menciona la intención de que se haga efectiva la ley de cupo laboral trans que rige en la provincia desde septiembre del año pasado.

En definitiva, el debate de fondo parece ser: ¿a qué tiene derecho una persona trans? Y en ese sentido, la contracara de la figura que se construye en los medios de comunicación sobre las mujeres trans en la zona roja platense, es la de “vecino”. Ambas figuras, aunque no siempre sea explícito, cargan con presupuestos de clase, raza y roles de género específicos, que delimitan sentidos, un cis-tema moral de lo que es entendido como “normal”.

Así, en una nota también de El Día del 28 de noviembre de 2015, una vecina anónima señalaba que la presencia travesti “hace que esta zona quede con un ambiente delictivo y marginal, que lo termina sufriendo el vecino común”. Y para darle un refuerzo patologizante al relato vecinal, quien escribe la nota comenta que “la falta de limpieza y orden en la calle se aparece como algo ´contagioso´, que se expande a lugares donde hasta hace pocos meses esta tendencia no se notaba”.

En este modelo para armar de un otrx que es tan otrx que no podría nunca gozar del status de vecinx, se va asentando la propuesta del Concejo Deliberante de trasladar la zona roja hacia el corazón del mítico Bosque platense. El “traslado” es un eufemismo para la sucesión de razzias de las que son víctimas las mujeres trans cada noche desde hace casi tres semanas.

“Se bajan del patrullero y nos corren a palazos”

En diálogo con Yoyi, compañera travesti de La Plata, contó que “la represión es a palos, ni siquiera te hablan ni nada, te pegan directamente. Se bajan del patrullero y nos corren a palazos”. Relató que “el sábado pasado (12 de marzo) a la madrugada me llamaron las chicas comentándome que las estaban sacando de la esquina a los golpes. Yo por suerte me pude imponer. Que conmigo no vengan a hacer abuso de autoridad”.

Yoyi cuenta que a algunas las retienen y las largan al par de horas. Que muchas veces las compañeras golpeadas no se animan a ir al hospital. “Somos como NN, no somos nadie, para ellos no somos nadie. La policía ni siquiera se dirige a nosotras en femenino. LOS travestis, dicen. Es todo muy humillante”.

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“Trasladarlas” hasta el bosque -el bosque como borde, como frontera, como espacio alejado del buen vecinx- tampoco parecería ser suficiente, de acuerdo a algunxs. Por ejemplo, en una nota del 5 de marzo de este año, Analía Lanteri, investigadora y jefa de la División Entomología del Museo de Ciencias Naturales, decide hacer oír sus inquietudes en las mismas páginas del diario, expresando su preocupación por la proximidad que esa relocalizada zona roja tendría con el histórico Museo. Allí deja asentado que “El Museo de La Plata es una de las instituciones educativas y culturales más prestigiosas de la Ciudad, donde trabajan diariamente alrededor de 600 personas, entre investigadores, docentes, alumnos y empleados no docentes de la Universidad Nacional de La Plata. Muchos de ellos concurren al edificio por la mañana muy temprano, para realizar tareas de limpieza antes que el Museo abra sus puertas, a los más de 400 mil personas que lo visitan anualmente. Ellos son principalmente niños que llegan desde toda la provincia de Buenos Aires, a fin de disfrutar del Museo y de otros atractivos del Bosque platense, como el Planetario, el Zoológico, los paseos en bote o en trencito, y los picnics al aire libre, allí mismo donde se pretende relocalizar a ´las trabajadoras sexuales´”.

En este paisaje que ilustra la investigadora, es necesario preguntarse: ¿a qué ciudad tienen derecho lxs trans? ¿A qué paseo en bote, a qué pic nic al aire libre? ¿Habrá acaso personas trans trabajando en ese Museo? ¿Y entre sus visitantes? ¿Qué posibilidades de acceso y permanencia en la Universidad, de convertirse en entomólogxs como Lanteri tiene unx trans?

En un arranque de sinceramiento, El Día también hace visible otra de las aristas involucradas en la persecución y hostigamiento a las trans, en una nota del 26 de febrero de este año se comenta que, en lo que hace al proyecto de traslado, “la iniciativa ya había sido planteada en 2012 por el ex concejal Javier Pacharotti, luego de que un estudio sobre la problemática arrojara que la circulación constante de travestis, transexuales y prostitutas por la zona devaluara las propiedades hasta un 50% y provocara serios trastornos en la vida cotidiana de las familias”.

No más silenciadas, organizadas

La Coordinadora Antirrepresiva lgbtttiqp viene acompañando en este último tiempo los reclamos y en un comunicado reciente comparte sus demandas frente a estos hechos de violencia y discriminación, “basta de persecución, criminalización y maltrato a la comunidad trans y travesti”, “no a la militarización de la zona roja. Fuera gendarmería de nuestras calles”, “traslado SI traslado NO eso lo decido YO”, la exigencia de “¡TraVajo YA! Implementación efectiva del Cupo Laboral Trans”, “ley de reparación histórica para el colectivo trans y travesti, por parte del Estado”, “justicia por el travesticidio de Diana Sacayán y por cada crimen de odio”, “no estamos todas, faltan las travestis presas” y concluyen, “trava que se organiza, no aguanta más paliza”.