La rebelión de La Nación

Por Tomás Eliaschev

La respuesta de los trabajadores al editorial del diario La Nación, como una expresión de la fortaleza construida desde las bases. Hoy también reconocido en un sindicato antiburocratico.

Los dueños del diario La Nación creyeron que podían marcarle la cancha a su candidato, Mauricio Macri, lanzando un panfleto prodictadura al día siguiente del balotaje sin que haya consecuencias. Reclamaron impunidad para los genocidas y, envalentonados, se atrevieron a comparar a los militantes de los ’70 con los terroristas de ISIS. Más allá de su defensa a los militares presos buscan evitar que haya cualquier avance con la investigación de las complicidades civiles, como las que involucran al propio directorio con la apropiación de Papel Prensa. Pero el tiro les salió por la culata. Superaron todo límite imaginable. Y provocaron una rebelión entre los trabajadores y trabajadoras del centenario matutino.

Primero fue a título individual. Los propios trabajadores se encargaron de expresar su desagrado con el editorial a través de sus cuentas de twitter o Facebook. Se sumó un apoyo estratégico, cuando el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) lanzó un comunicado repudiando el pedido de impunidad a los genocidas y apoyando la valentía de los trabajadores de La Nación. Y luego se gestó un hecho histórico cuando la comisión interna de prensa junto a los gráficos convocaron a una asamblea que resultó masiva e histórica. El resultado fue una acción inédita, reflejada en la foto donde cientos de trabajadores dieron la cara para decirle no al editorial y sí a la Memoria, Verdad y Justicia. Al día siguiente, el diario se vio obligado a publicar el comunicado de los trabajadores. De esta manera, hicieron el mejor homenaje posible a los siete periodistas de La Nación asesinados por el terrorismo de Estado.

El repudio se expandió como reguero de pólvora por todas las redacciones. La organización gremial permitió que en el grupo Clarín, Página 12, Canal 7 e Infobae los trabajadores levantaron la voz para protestar ante el editorial y apoyar a los trabajadores de La Nación.

Este nivel de organización y conciencia se alcanza después de varios años de paciente trabajo de base y vocación unitaria de un conjunto de activistas que se cristalizó a partir de la lucha en contra del vaciamiento de Crítica. A partir de ahí se empezó a recuperar la vida gremial en las empresas donde había sido prohibida, como en el grupo Clarín o en Infobae. Se llegó, pese a la burocracia de la UTPBA, a lograr las paritarias de prensa. Se conformó del Plenario Autoconvocado de Delegados de prensa escrita, radio y televisión. Y se constituyó una oposición contra el fraude de la UTPBA, donde se logró dejar en claro que el viejo sindicato tiene la mitad de su padrón con afiliados truchos. Ese fue el detonante para que más de 2000 trabajadores votaran en un plebiscito por la conformación de un nuevo sindicato. Así, nació el SiPreBa, que acaba de recibir un fuerte triunfo al obtener el reconocimiento legal por parte del Ministerio de Trabajo. Se trata de una organización gremial democrática que tiene entre sus prioridades la reivindicación del rol del oficio periodístico, para que la comunicación se ponga al servicio del pueblo trabajador. Por eso decimos que sin libertad sindical en los medios no hay libertad de expresión.

La discusión sobre los contenidos y la necesaria distinción entre los dueños de las empresas y los trabajadores tiene su recorrido. En un libro de reciente aparición se anticipó lo sucedido en La Nación. En uno de los capítulos de “Diez ironías sobre la libertad de expresión”, publicado por el Colectivo de Trabajadores/as de Prensa (CTP), se hace un recorrido por distintas experiencias en las que gracias a la organización sindical se puso de manifiesto que los trabajadores no somos la empresa en donde trabajamos. Al calor de la lucha gremial, se logró denunciar la utilización de los medios públicos como pura propaganda estatal, como en la Agencia Télam y en Canal 7. Además, se pudo cuestionar la censura en Página 12 y en la revista 23. Y se criticaron los contenidos del diario Muy, del grupo Clarín. Siempre gracias a la organización sindical, también se había podido plantear el desagrado con un editorial de La Nación. Fue cuando los dueños del diario quisieron comparar al kirchnerismo con el nazismo en ascenso, en un editorial titulado 1933, banalizando el holocausto y formulando un señalamiento disparatado contra un gobierno constitucional.

En el libro del CTP se plantea una idea que resultó ser un anticipo de una realidad: “Si el movimiento avanza, llegará el día en el que los trabajadores puedan impugnar desde adentro otros aspectos nefastos de la línea de La Nación, como la defensa que hacen los editorialistas de genocidas y cómplices civiles de la dictadura o de la Campaña del Desierto (que no estaba desierto), así como el permanente bombardeo contra gobiernos populares latinoamericanos”. Gracias al paciente trabajo de organización de base y a la vocación unitaria de decenas de delegados y activistas gremiales, los trabajadores de prensa podemos celebrar que, por fin, llegó ese día.