La soberanía alimentaria es un deber del Estado

Se realizó el pasado 5 de abril la VI Jornada de Salud, Nutrición y Soberanía Alimentaria en la Facultad de Medicina de la UBA, organizada por la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria.

Por Vivian Palmbaum | Foto: CALISA

En vísperas del Día Mundial de la Soberanía Alimentaria, y a escasos días de conmemorarse el Día Mundial de la Salud, se realizó la VI Jornada de Salud, Nutrición y Soberanía Alimentaria en la Facultad de Medicina de la UBA. Una actividad en la que se compartieron saberes y actividades dentro y fuera de la universidad. En este marco, se realizaron distintas actividades: charlas académicas, una feria agroecológica y saludable en la calle, radio abierta, el lanzamiento del curso de huerta agroecológica y hasta donación voluntaria de sangre.

Como cierre de una jornada intensa de trabajo, debate e intercambio se presentó el panel: “Sin organización social y políticas públicas no hay soberanía alimentaria”, fue la introducción sobre las articulaciones necesarias entre soberanía alimentaria, salud pública y organización social.

La Lic. Miryam Gorban, directora de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria (CALISA) y reconocida por su histórica lucha por la soberanía alimentaria, dio apertura a la mesa afirmando que “es posible hacer políticas públicas con la soberanía alimentaria”. Así fue como se presentaron las temáticas salud pública, producción de alimentos y políticas públicas a cargo del Dr. Mario Róvere, reconocido médico sanitarista y director de la maestría de Salud Pública de la Universidad de Rosario, Rosalía Pellegrini, referente de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) y el Dr. Jorge Maradei, viceintendente de Gauleguaychú.

¿Qué es la salud?

Eso se preguntaba Mario Róvere y, citando al médico sanitarista Floreal Ferrara, sentenciaba: “La lucha es salud”. Esta afirmación cuestiona el paradigma de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según la cual “la salud es el estado de completo bienestar bio-psico-social, cercano a un modelo de adaptación al sistema”. Róvere continuó con la interrogación para mostrar que es posible llegar al mismo lugar por otro camino: “El Dr. Halfdan Mahler -uno de los históricos directores generales de la OMS- , explicaba que la definición de la OMS de ‘completo estado de bienestar bio-psico-social’, fue hecha por un militante de la resistencia francesa que pensó que en algunos momentos de su vida había alcanzado este completo estado de bienestar porque en esas luchas encontró la máxima coherencia entre pensar y hacer.

La meta “Salud Para Todos” (y todas), propuesta en el año 2000 por el Dr. Mahler en la Declaración de Alma Ata,  movilizó una enorme cantidad de recursos en todo el mundo para que la tres cuartas partes del planeta tuvieran acceso a la salud. Mahler se paró en la meta del año 2000 para expresar que “Salud para Todos” no va a existir jamás sólo por la decisión de los gobiernos. El domingo es el Día Mundial de la Salud en homenaje a la creación de la OMS, pero Mahler redefine el Día Mundial de la Salud y dice que es el Día Mundial Por La Salud de los Pueblos. La salud no se trata de un acuerdo intergubernamental de las naciones sino que necesita de la participación de los pueblos. La pregunta es: ¿cómo se da la relación entre pueblos y gobiernos? Un ejemplo es la experiencia en Gualeguaychú, donde a partir de la participación comunitaria y popular en las luchas ambientales se transformó el sentido común que hizo que el órgano local de gobierno legisle contra las fumigaciones.

Para finalizar, Róvere no pudo dejar de mencionar: “Uno de los primeros determinantes de la salud es el derecho a la alimentación que hoy se haya en jaque. Que haya hambre en un país productor de alimentos es una infamia”.

Políticas públicas hacia la soberanía alimentaria

El Dr. Jorge Maradei, viceintendente de Gualeguaychu y presidente del Consejo Deliberante, historizó acerca de la génesis de las políticas del municipio donde se legisló una ordenanza para la prohibición de las fumigaciones en el tejido urbano y se hallan impulsando políticas públicas de soberanía alimentaria.

La historia más reciente de Gualeguaychú en cuanto a las luchas ambientales tiene su origen en el conflicto con las pasteras. “Una noticia que llega de la mano de las mujeres de Frai Bentos, en el año 2003”, relató Maradei. “Así se comienzan a organizar los primeros colectivos de vecinos autoconvocados para luchar contra la instalación de este foco de contaminación ambiental”. En 2012, docentes de la provincia también comenzaron a reunirse para poner freno a las fumigaciones. Se comunicaron con su gremio, AGMER, y con la Asamblea Ciudadana de Concepción del Uruguay. Así se gestó la campaña “Paren de Fumigar las Escuelas”. En esa misma época nació la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú, que movilizó mucha gente. Estas experiencias también se conectaron con otras como Madres de Ituzaingó, Asambleas Ciudadanas de todo el país, Ciencia Digna, la investigación de los pueblos fumigados de Córdoba. “Todas estas organizaciones nos han ayudado a gestar estas políticas hoy en día. Fabian Tomasi es quizás el más triste y difundido ejemplo del envenenamiento que ocurre”, agregó Maradei.

“No es en soledad que ocurren estas políticas que se llevan adelante en el municipio. El Concejo deliberante propició un debate y un diálogo con distintos actores de la sociedad para impulsar esta ordenanza que defiende la salud, el ambiente y, sobre todo, los derechos humanos, la vida”, enfatizó el vice intendente.

La reacción de los intereses afectados no se hizo esperar y, en plena feria judicial de enero, se interpuso una cautelar por parte de un juez federal. Ahora se plantea una cuestión acerca de la competencia con un juez local, que debe resolver la Corte Suprema de Justicia.  El presidente Mauricio Macri, en Gualeguaychú, criticó el fallo que limitaba las fumigaciones a las escuelas rurales en Gualeguaychú.

Organización social: trabajadoras de la Tierra  

Rosalía Pellegrini habló en nombre de la organización de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT). “Es un desafío que estas consignas, que están acá, de cómo producir una propuesta de alimentación sana, sea accesible para el pueblo, para los sectores populares”, comenzó Rosalía. “¿Cómo escapamos a la idea, como decía el entonces ministro Echevehre, de que la agroecología es algo para una élite de la sociedad y que a lo sumo el proyecto de producir agroecológicamente es para la exportación? Y que nosotros como pueblo comamos la porquería porque es más barato”.

En la articulación entre organización social y políticas públicas, las y los trabajadores de la tierra vienen tejiendo estrategias en distintos sentidos. Por un lado con el Verdurazo, que mostró que “detrás de lo que comemos hay campesinos y campesinas que producen lo que tenemos en el plato. Aca nomás, muy pobres, sin acceso a la tierra y que viven precariamente en casillas de madera y trabajan doce horas por día junto a su familia en algo que es una fabrica de verdura. Además producen con un modelo de alimentación industrial, basado en el consumo de agro tóxicos porque se instaló en el sentido común de las y los pequeños productores que es necesario producir usando estos venenos, que además los enferman”.

Acceso a la tierra hoy aparece como la mayor necesidad para que se sostenga la soberanía alimentaria, porque permitiría otro modo de producción de los alimentos que consumimos.

“La UTT lucha principalmente por políticas públicas porque no hay soberanía alimentaria sin políticas públicas de acceso a la tierra y sin políticas públicas no podemos cambiar el modelo de producción y generar un modelo de vida más justo. Porque los que no tenemos, las y los que producimos, terminamos comiendo la peor porquería del sistema, bajo la esclavitud de las grandes corporaciones que son quienes deciden qué vamos a producir, cómo lo vamos a producir y cómo lo vamos a comercializar”, agregó Pellegrini.

“No hay soberanía alimentaria sin perspectiva de género”

Otro punto de la exposición de Rosalía Pellegrini, a cargo de la Secretaría de Género de la UTT, es que están trabajando fuertemente en el sector para instalar la perspectiva de género, porque la cultura patriarcal también es parte de un sentido común que es necesario deconstruir.

“En este sistema de producción, las mujeres no sólo trabajamos en las casas sino que también trabajamos en la quinta. Sin embargo, se sigue viendo que el hombre es el que decide y en esa cultura patriarcal es donde se asentó la política de las grandes corporaciones con la producción con agroquímicos. No es casual que las decisiones de producción estén en manos de los varones de la familia, no es casual que sean los varones quienes apliquen el veneno, que sean los varones quienes compren. No es casual que estas corporaciones de la muerte, que se basan en gastar gastar, gastar, pierden el sentido de que la alimentación es vida”.

“Nosotras como mujeres veíamos que había repetidos embarazos, que el día que se curaba los chicos se sentían mal, que esa verdura tenía sabor feo. Pero el hombre decía: el agrónomo me dijo que es lo que tengo que poner”.

“Cuando empezamos a trabajar de manera agroecológica y pensamos en volver a nuestras raíces, empezaron a surgir otras relaciones con la tierra, relaciones de amor, uso del tiempo libre, un montón de cuestiones que como mujeres veníamos diciendo que son importantes”.

“No hay soberanía alimentaria si no se incluye una perspectiva de genero, si las mujeres no formamos parte de la toma de decisiones de qué modelo de producción queremos, porque no es decisión puramente de los varones”, concluyó Pellegrini.