La vieja nueva fórmula: el ajuste sólo cierra con represión

Por Orlando Agüero

Una frase que por remanida no deja de simplificar el entramado político perverso del gobierno de Macri para aplicar las medidas económicas impopulares que afectan a la mayoría de la población. Sin dudas, necesitan reprimir.

Con apenas seis meses y unos días, el gobierno que Mauricio Macri preside ya mostró bastante de su artillería de medidas que tienden a realizar una escandalosa transferencia de recursos. Este traslado de bienes económicos, mediante las medidas políticas que adoptó hasta ahora, salen del seno de la clase trabajadora y van derechito a desembocar al sector más concentrado de la elite burguesa que hoy gobierna el país. Este proyecto de los grupos económicos, que desde la Argentina son subsidiarios de las principales potencias de la economía capitalista mundial y de los organismos internacionales de crédito, no desea realizar esta transferencia sin una quita considerable de derechos populares ganados a través de la lucha.

Hoy ya estamos en el famoso segundo semestre y la lluvia de inversiones que Cambiemos había anunciado no llega. Esto no sucede porque para el universo inversor capitalista es necesario despedir trabajadores y trabajadoras de sus puestos de trabajo, para que esa masa de personas genere un conglomerado que demande trabajar a cualquier precio. Esta situación –perversidad de la oferta y la demanda– hace que al haber mucha gente demandando trabajo, la oferta salarial que ofrece la patronal sea cada vez más baja. Es decir, en pocas palabras, que están haciendo todo esto con el objetivo de bajar rotundamente los salarios. Además porque para este sector social los sueldos son un costo. Pero también porque en la división internacional del trabajo, los lugares del mundo donde invierten son sólo donde se les ofrecen “garantías” de ganancias totales.

Esto explica, en parte, la lógica que viene desarrollando el Gobierno. La impresionante quita de retenciones y demás beneficios impositivos a los sectores exportadores, el engaño a los jubilados sobre el aumento de sus sueldos, para encubrir el blanqueo de capitales seguramente realizados a través de negocios sucios, como el narcotráfico o la trata de personas. La detención de Milagro Sala con el objetivo de disciplinar a las organizaciones sociales, para demostrar que pueden avanzar sin tabúes contra el entramado del movimiento social. Las represiones conocidas a los trabajadores de Cresta Roja, o a las y los estatales en La Plata muestran crudamente cómo piensan cerrar el círculo de esta nueva etapa de acumulación capitalista en nuestro país. Así, vemos cómo los viejos dinosaurios vuelven al protagonismo en este tiempo. Los Blaquier, familia cómplice de la dictadura militar, que permitió las desapariciones de trabajadores y trabajadoras de la planta azucarera Ledesma, en el Jujuy de Gerardo Morales, hoy vuelven a reprimir a obreros que reclaman por sus derechos. En este caso por aumento salarial, ante la terrible suba de precios en todos los rubros.

Pero es esperable que los tarifazos, la devaluación, los despidos de trabajadores y trabajadoras y el cercenamiento de derechos adquiridos no pasarán graciosamente sin respuesta popular. Todos los esfuerzos que realiza este Gobierno para neutralizar la protesta. La mordaza que está absolutamente vigente en los medios de comunicación masivos y las medidas que siguen tomando desde la nación, provincias y municipios, entrarán en una disputa de correlaciones de fuerza que se tendrá que destrabar con el pueblo organizado en la calle.

Sin embargo, debemos observar también que el proyecto del pequeño sector que domina hoy nuestro país pone en riesgo al pueblo trabajador, a la estabilidad política de ellas y ellos mismos y al equilibrio del país y la región continental, que con tanto esfuerzo sostuvo una unidad que sin dudas había beneficiado a nuestros pueblos. Es por eso que si continúan con este plan que reduce derechos y posibilidades populares, lo más probable es que intenten cerrar el círculo de su propia acumulación con la utilización de la fuerza del Estado. Nuestro país tiene ya una larga historia en el recorrido de este tipo de confrontaciones. Sólo esperemos, en este caso, que el pueblo logre colocar un freno ante tanta desidia antipopular.