La voz más distante o el lenguaje de las pérdidas La voz más distante o el lenguaje de las pérdidas
Una lectura sobre el poemario de Eugenia Cabral La voz más distante o el lenguaje de las pérdidas

Por Cezary Novek

La voz más distante fue publicado por la editorial Pan Comido en 2015 y pertenece a la colección Música del lugar. Más conocida por su lucha política y su militancia social, la autora devela en este volumen una ventana a lo más hondo de sus experiencias individuales, personales, internas.

Son poemas escritos entre 1999 y 2001. La aclaración del final da a entender que es un libro macerado con los años, como si entre esas fechas se pudieran encerrar bajo llave las vivencias más dolorosas hasta que el núcleo se enfríe.  La voz más distante parece ser una pastilla de dolor que puede ser contemplada recién cuando el tiempo y la distancia cicatrizaron lo suficiente el dolor de las pérdidas. Porque es un libro sobre los duelos y la lejanía. Como si la experiencia de vivir fuera un proceso de pérdida continua en favor del aprendizaje.

El libro se divide en breves capítulos. En el primero, La voz del ruiseñor, habla de un poema secreto e infinito que anida en el interior de cada ser humano, de la cualidad única que se pierde con cada vida que termina. Una de esas vidas es la del joven poeta y amigo de la autora, Marcelo Torelli, fallecido a los 24 años. En La voz de unos artistas, se explaya sobre lo aterrador de la belleza, la armonía y la perfección “Todo, exasperadamente bello”. “La materia suplica un préstamo al infinito, al cero”, sugiere respecto a la fuerza elemental de la naturaleza. Lo bello en el paisaje adquiere dimensiones que rozan el panteísmo, mientras la hermosura de la mujer se vuelve exuberante y monstruosa: “Virgen de barroca lujuria, tu sexualidad es Arte dirigido al porvenir”.   En la tercera parte, Las voces extrañas, hay un eco abstracto y helado de racionalización: “Es que no hay muerte sino violaciones/ incesantes y frías de la cerradura,/ no hay espejo sino agua diluyente, /una melodía barroca, / un caramillo mal sonado. / Espejos y espejismos/ sobre dilatadas aguas”.

Pero el misterio de la muerte permanece inalterado, hierático, y sólo genera más y más cuestionamientos, dudas y angustias: “¿Cuánto color se filtra en la memoria/ y cuánta sombra acaba los perfiles?”, “¿Cuánto de sangre habrá en el misterio?”, “¿Cuánto de fe hay en la sangre?”. La cuarta parte se denomina La voz herrumbrosa, donde todo se vuelve más árido y hostil: “Todo el mundo de la infancia converge/ hasta que la sed nos doblega la espalda”.  La última parte, el momento más duro del libro, se titula El día breve. La muerte infantil –del hijo, del nieto, el hermano– es muy probablemente el golpe que nadie quisiera recibir, el lugar por el que la mayoría de las personas ruegan no tener que transitar nunca. Porque la muerte infantil es la negación del orden natural –que los viejos se van primero, los jóvenes después–, porque es el horror y el dolor en un hecho que no tiene nombre ni adjetivos. Y llegado a este punto, Cabral se hace la pregunta definitiva, la que atraviesa todos los poemas del libro:

“¿en qué lengua se han escrito

 las leyes de la Muerte,

que tan difícil se hace leerlas?”

Y nada es más desesperanzador que formular preguntas sin respuesta posible ante la cruel indiferencia de la naturaleza y la biología. Al final de todo, la conclusión es devastadora por su resignada calma:

“Seremos niños de habla incompleta

para el lenguaje de las pérdidas”

La voz más distante es un libro breve y de intensa tristeza, donde los recuerdos caen como una lluvia de escombros ante la contundencia de lo que ya no está. Un libro hermoso en su dureza, difícil de asimilar, personal y alambicado; todo lo que debería ser la poesía, en síntesis. Son poemas capaces de matar las mariposas y tapar el sol en pleno mediodía, pero que dejan preguntas que aunque causen desolación, permitirán –parafraseando a Coleridge– que “una persona más triste y sabia sea quien despierte al otro día”.

 

Eugenia Cabral

(Córdoba, 1954) Dirigió Ediciones Mediterráneas (1988-1992) y la revista Imagin Era (1991-1993). Colaboró con el diario La Voz del Interior (1993-2000). Realizó dramaturgia en el teatro La Cochera en obras de Paco Giménez (1995-2012). Estrenó en teatro El Prados del Ganso Verde, dirigido por Giovanni Quiroga (2013). Ha coordinado talleres literarios entre 1993 y 2015. Publicó El buscador de Soles (Editorial Municipal de Córdoba, 1986); Iras y Fuegos- Al margen de los tiempos (Último Reino, 1996); Cielos y barbaries (Alción, 2004); Tabaco (Editorial Babel, 2009); En este nombre y en este cuerpo (Editorial Babel, 2012); La almohada que no duerme (Ediciones del Boulevard, 1999); prólogo y selección a Poesía Actual de Córdoba- Los años ’80 (Ediciones Mediterráneas, 1988); estudio preliminar de Un Golpe de Dados, de Stephan Mallarmé, versión en español de Agustín Oscar Larrauri (Editorial Babel, 2008). Ha recibido distinciones nacionales e internacionales por sus obras.

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