Entrevista con Susana Toporosi: “En las generaciones actuales el abuso se cuenta”

Por Mario Hernandez y Alejandro Vainer

Entrevista a Susana Toporosi, psicoanalista de niños, niñas y adolescentes y autora del libro “En carne viva. Abuso sexual infantojuvenil”.

Alejandro Vainer (A.V.): Hay frases del libro que me llamaron la atención, porque homologás al hallazgo diagnóstico y al hallazgo físico después de un episodio de violación. ¿Podes contarnos un poco de esto?

Susana Toporosi (S.T.): En principio déjenme decirles que el hallazgo físico, durante muchos años, fue casi excluyente; si no había una marca física que diera cuenta de la presencia de algo de sexualidad adulta en el cuerpo del niño, no servía como demostración de abuso. Lo que traté de desarrollar y mostrar en el libro es que cuando un niño vive una situación que le resulta traumática (y esto no es sólo por abuso sino para otras situaciones), siendo el abuso donde más se ve, él no tiene herramientas para metabolizarlo, es como si le estallara una bomba en su cabeza con esto que le hacen en el cuerpo. Porque cada cosa que le va pasando, tiene que ir teniendo herramientas en su cabeza para ir incorporándolo y entendiéndolo.

El abuso no lo puede comprender, lo excede totalmente, entre otras cosas porque es la sexualidad de un adulto que el chico no puede conocer. Esa bomba que le estalla en la cabeza tiene efectos. ¿Cuáles son? El chico no va a poder jugar, dibujar, contar con un relato eso vivido, sino que generalmente lo que le pasa es que se le interrumpe esa posibilidad de jugar, dibujar y contar y lo que aparece son como pedacitos de eso que estalló que quedaron intactos y que aparecen después de un tiempo.

Eso lo podemos reconocer los terapeutas de un niño. Por ejemplo, un chico está jugando en una casita en un consultorio, con los muñecos y de repente toma una muñeca y comienza a succionar los “genitales” de la muñeca. Ese momento es una interrupción del juego y aparece un pedazo intacto de algo que él vivió y que le resultó traumático.

La posibilidad de que el terapeuta dentro del consultorio pueda reconocer esos elementos da la posibilidad de mostrar cómo esa sexualidad adulta actuó disruptivamente en su cabeza, que permite dar elementos en un informe a un juez de que ahí hubo un traumatismo.

Mario Hernandez (M.H.): Este es un tema que está muy presente por el caso de los jóvenes futbolistas del Club Independiente. Marta Dávila, una psicoanalista que armó la pensión de Independiente dijo que se reconoce un abuso a un chico enseguida porque lloran, se ruborizan, tienen otra expresión cuando se les pregunta qué pasó. ¿Por qué esta diferencia en cuanto al reconocimiento?

S.T.: De mi experiencia clínica de muchos años, pienso que posiblemente lo que quiere señalar es que hay formas de reconocerlo porque el problema es que en general son muy pocos los adolescentes que vienen a consultar porque fueron abusados, esa es la realidad en el hospital. Es muy baja la proporción. La mayoría de los casos son hallazgos que tiene que hacer el profesional. Ya sea el medico clínico que lo atiende, el pediatra o el psicólogo. Porque a veces eso está tapado porque el chico no se anima a contarlo, porque él mismo no lo quiere recordar y muchas veces está inclusive encapsulado en su propio aparato psíquico, como si hubiera sido apartado como un mecanismo para poder seguir viviendo con eso tan terrible que le pasó.

Entonces, la llegada a descubrir que un adolescente fue abusado, muchas veces no es por el relato, sino por la ausencia del mismo, o porque de golpe aparece una irrupción en llanto, porque va al consultorio del pediatra y no se quiere desvestir, porque no se deja revisar los genitales, porque cuando el pediatra le pregunta, como lo hace habitualmente, sobre relaciones sexuales, responde que no quiere tener nunca relaciones sexuales.

M.H.: Nosotros tratamos un caso vinculado a una colega, una docente con la que damos clase en un bachillerato popular. Ella descubre el abuso por parte del padre de su hija de 3 años, porque en un momento la niña le pide “haceme como me hace papá”. En este caso, la que detecta la situación es la madre. Porque también hay madres que niegan estas cosas.

S.T.: Lo importante ahí fue que hubo un adulto que logró darle un sentido a lo que dijo la nena que le hizo prender una alarma. Eso es lo que también tenemos los profesionales que trabajamos en este campo, un montón de elementos para entender dónde tenemos que encender alarmas.

Con respecto a las madres te puedo decir varias cosas, nos hemos encontrado con madres cómplices, pero también hay muchas madres que no detectan estas situaciones, o porque están muy desconectadas, deprimidas, o en muchos casos también hemos visto madres que han sido abusadas en su infancia y que para no recordar su propio abuso, ellas también han implementado ciertos mecanismos de defensa que son extremos, como el de encapsular la experiencia traumática y tenerla apartada. No pueden recordar nada que tenga que ver con eso y además no pueden reconocer o ver alguna situación actual que pudiera tener que ver con eso que ellas mismas encapsularon, para no sacar a la vista ese recuerdo.

Entonces, es muy complejo el tema, porque hay muchos casos. En nuestra generación actual el abuso se habla, se llega a contar, se llega a decir, pero en la generación de los padres de los adolescentes actuales o de los abuelos, esto no se hablaba, se mantenía tapado durante toda la vida, porque había una sociedad que no le iba a creer jamás a un chico, ni a una mujer, ni a una chica, entonces los relatos se guardaban porque a las personas les daba vergüenza contarlo porque encima eran culpabilizadas. Entonces hoy tenemos muchas madres que han vivido esto y que no pueden detectar y no pueden cuidar a sus hijos/as de esto, se repite la situación de abuso justamente porque ellas vivieron algo así que fue guardado, encerrado bajo muchos candados dentro de su aparato psíquico.

A.V.: Todo esto tiene implicaciones con la justicia, porque no es solamente la detección sino que tiene que ver con una operación de todo el aparato judicial. ¿Cuál es la relación con la justicia una vez que se descubre y se puede afirmar fehacientemente que hubo un abuso?

S.T.: Por un lado en nuestra justicia tenemos un sesgo todavía fuertemente patriarcal que hace que muchas veces no se le dé valor, por más que estén los elementos en un informe de los profesionales que están tratando a los chicos. Muchas veces sucede, o que los niños no sean escuchados, que no se les dé valor a su palabra, o si el niño no relató en la Cámara Gesell con palabras el abuso vivido por parte, por ejemplo, de su papá, muchas veces se considera que no sirve como prueba.

A.V.: O sea que le piden a un niño que relate como un adulto frente a la justicia. Aclará qué es la cámara Gesell.

S.T.: Es un dispositivo que se usa para tomar la declaración de un niño. Es un adelanto que exista esto en Argentina, porque en muchos países los llevan a declarar directamente al juicio. Se toma una declaración en condiciones particulares, cuidadas, pero sobre eso hay mucho que avanzar, porque la idea que pesa es que la declaración de un niño tiene que parecerse al relato de un adulto. Todavía no está la posibilidad de pensar que los niños tienen otros medios para manifestarse y que tal vez no pueden contarlo con palabras. Esto es a veces un obstáculo para que se demuestre el abuso cuando realmente sucedió y es absuelto el abusador en el terreno penal.

Cómo un niño va a poder contar en primera persona, con la distancia necesaria que se requiere para un relato, objetivando los hechos, cómo la persona, que generalmente es el padre, que lo tenía que cuidar y proteger, a quien además muchas veces le tiene miedo porque suelen haber amenazas, cuente los hechos vividos. Es muy difícil que eso suceda. Por eso muchos abusadores quedan absueltos en el juicio penal, porque no están las pruebas de acuerdo a lo que nuestra justicia considera. Nada es homogéneo, hay jueces y juezas que trabajan de una manera muy interesante.

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