Mariano Pacheco: “El movimiento piquetero jugó un rol de vanguardia”

Por Laura Cabrera @LauCab

En diálogo con Marcha, el autor de “De Cutral-co a Puente Pueyrredón. Una genealogía de los movimientos de trabajadores desocupados” realizó una revisión por los orígenes de este material que, a veinte años de la pueblada y a poco de cumplirse un nuevo aniversario de la Masacre de Avellaneda, fue reeditado y vuelve a través de la resignificación de sentido. El libro se presentará hoy a las 18 en ADEMYS (Solís 823, CABA).

Año 2016. 20 años de la pueblada de Cutral-Co. 14 años de la Masacre de Avellaneda. Una consigna que podemos asociar en común entre los hechos que se encuentran lejos de ser “aislados”: #JunioArdeRojo. ¿Qué sucedió entre 1996 y 2003 con los movimientos sociales en Argentina? Definitivamente estos dos hechos se materializan en “De Cutral-co a Puente Pueyrredón. Una genealogía de los movimientos de trabajadores desocupados” como un punto de partida y otro de corte, como el recorrido de las luchas populares, del surgimiento de nuevos movimientos sociales y la importancia del movimiento piquetero como una vanguardia que dio lugar a las luchas que encuentra hoy a tantos y tantas en la misma vía.

Pero para que el contexto actual sea lo que es, tuvo que haber un pasado. De esa época, el escritor Mariano Pacheco tomó como referencia el periodo 1996-2003 para compactarlo en reflexiones e información sobre aquellos años en los que el autor cuenta hechos en los que no sólo fue espectador sino además partícipe.

“De Cutral-co a Puente Pueyrredón. Una genealogía de los movimientos de trabajadores desocupados” encuentra hoy una reedición por parte de la editorial El Colectivo. Antes de la presentación en Buenos Aires, Mariano Pacheco dialogó con Marcha sobre pasado y presente, épocas en las que este libro vive: en el pasado de los relatos y en el presente de la reedición y de las luchas que aún siguen de pie.

-¿En qué contexto surge este libro?

El libro habla de Cutral-Co a Puente Pueyrredón, es decir, de 1996 a 2003. El libro finaliza con un 26 de junio de 2003, primer aniversario de la Masacre de Avellaneda. Es todo el periodo en el cual yo participé como militante de una organización política y además con los estudiantes secundarios desde 1996 hasta el 2000. Con los estudiantes de secundaria salimos a hacer pintadas por la pueblada de Cutral-Co  y estuvimos acompañando  desde las luchas que dábamos los estudiantes de secundarios cada vez que había pueblada  o experiencias de levantamientos populares en el país. Salíamos como a hacer campaña, pintadas. Después de esto, en enero de 2000 ya fui parte con Darío de la conformación del Movimiento de Trabajadores Desocupados en Almirante Brown y de toda esa experiencia de lucha que fue 2000/2001, hasta el 26 de junio de 2002, siendo parte de la coordinadora Anibal Verón.

– ¿Cuánto hay de vivencias propias?

Combina una narración desde adentro, desde un protagonista pero no en primera persona. Digamos que tiene el plus quizá, a diferencia de otros materiales periodísticos o académicos, de que se trabaja con diarios de la época, con algunas entrevistas y con algunos análisis a partir de diez reflexiones, tratando de ver la perspectiva teórico política, de pensar el periodo y no solo contarlo. Lo que tiene como plus es que incluye no solo lo que uno puede encontrar como investigador si es que anda buscando, como son comunicados de prensa o documentos de las organizaciones de la época; además tiene algunos volantes que se perdieron y que fui guardando siempre en cajas mudanza tras mudanza. Tiene vivencias, recuerdos, charlas, anécdotas en cortes de ruta, cosas que son imposibles  de captar si uno no fue parte de esa experiencia. También tiene anotaciones en cuadernos y libretas sobre debates que se daban en las reuniones y en la militancia. El libro surge un poco en ese contexto.

-¿Cómo se fue elaborando?

En el contexto de tratar de dinamizar un proceso de reflexión y de memorias en torno a lo que había sido muy reciente, porque el libro comienza a ser escrito en 2004 en el marco de una beca de muy poco dinero pero que me empieza a facilitar ese proceso de la mano de  Miguel Mazzeo. Siempre agradezco a él porque yo era un militante de base, no sabía usar una computadora, por ejemplo. La primera parte del libro está narrada y redactada en cuadernos, con birome y ni siquiera sabía tipear. El me ayudó con esos primeros pasos: tipear, ir ganando rapidez y además incentivarme en este proceso que era doble, poder ponerme a recordar y reconstruir esa historia medio cronológicamente al principio y también ir leyendo y sacando conclusiones de ese periodo. Del libro primero salió “Del piquete al movimiento”, un pequeño cuadernillo. Después fui retomando como para hacer una segunda parte. El tiempo se fue demorando, la escritura no fue de 2004 a 2010, que fue cuando salió el libro de forma directa, sino que fue de forma interrumpida. En 2004 salió una parte, en 2005 un montón, 2006 y 2007 nada, 2008 un montón hasta que surgió la idea de hacer un libro que fuese de Cutral-Co a la actualidad. Así iba surgiendo esto de que la Masacre de Avellaneda cerraba de algún modo un ciclo y que convenía clausurar el relato ahí, con la asunción de Néstor Kirchner a la presidencia, que abría un periodo que todavía estábamos viviendo y que era conveniente dejar pasar un tiempo para pensar qué había pasado con esos movimientos durante el kirchnerismo. Por eso el libro termina en 2003.

-Este es un libro que habla de las luchas populares. Hoy se reedita. ¿Notás que haya cambiado el sentido de las luchas populares en este contexto social?

Noto muchísimos cambios. Creo que de hecho no existe más el movimiento piquetero como movimiento social y que si existiera no tendría el peso que tuvo en ese periodo en el que creo que fue vanguardia de las luchas populares en el sentido. Tenemos que remontarnos a la experiencia de los Hijos, sobre todo en el campo de los derechos humanos, a la experiencia del cine y la historiografía, todo lo que surge en torno a los setenta y la dictadura después del 24 de marzo de 1996 con esa movilización que hubo, la experiencia de los docentes y los estatales, sobre todo los sectores enrolados en la CTA enfrentando el menemismo. El movimiento estudiantil secundario y universitario enfrentando la ley federal y la ley superior de educación, experiencias culturales, los encuentros de mujeres. Una diversidad de expresiones. Pero el movimiento piquetero jugó un rol de vanguardia en el sentido de que marcó camino, dinamizó procesos y con sus luchas ayudó a que crecieran y se desarrollaran otras luchas y procesos organizativos. Eso creo que como tal movimiento ya no existe más, que lo que ha quedado al día de hoy en el mejor de los casos son organizaciones sociales de base que hacen una política situada en algunos territorios, organizaciones de base que han ido perfilando el tema político en estructuras mayores o con otros sectores sociales y que están todos en una búsqueda que con este contexto actual, cambia. Hay un cambio respecto del proceso que se vivió hasta diciembre del año pasado.

-A 20 años de la pueblada de Cutral-Co y a poco de un nuevo aniversario de la Masacre de Avellaneda ¿cómo vivís esta reedición del libro en un momento tan particular en relación a esas luchas de las que hablás?

Un poco surgió en charlas de estos días centralmente esta cuestión ligada con el proceso político desde diciembre a esta parte donde hay algo muy claro, algo que fue una marca distintiva de las organizaciones populares en el periodo 1996/2003, que fue que más allá de sus estrategias políticas cada una apostaba a contribuir a un proceso creciente de resistencia popular frente al modelo neoliberal. Ahí estuvo el tema: cada uno cuando el modelo neoliberal mutó tomó posiciones  distintas: algunos apoyaron al kirchnerismo, otros estuvieron totalmente en contra, otros viendo qué apoyar y qué no. Pero quizá lo que no hubo fue un proceso de luchas sociales que acompañara desde abajo por ejemplo al gobierno kirchnerista identificándose con él. Y las luchas que fueron contra el gobierno estuvieron siempre enmarcadas en esta dinámica que como toda lógica más peronista y más clásica de lo que se denomina los populismos, tiende a partir en dos el campo político no desde lo social sino desde lo identitario, entonces surgen kirchneristas o antikirchneristas, hacer el juego a la derecha o no. Lo real es que no hubo procesos salvo desde los sectores más ligados a las luchas ambientalistas en algún momento, pero no hubo grandes procesos de masas de luchas sociales. Entonces creo que hoy es un momento en el cual tenemos como un doble ejercicio, revisitar críticamente el proceso kirchnerista y revisitar críticamente los límites de las experiencias de las organizaciones sociales antes del kirchnerismo. Pero revisitarlo críticamente implica también rescatar el proceso de crítica como conocimiento, como rescatar experiencias y enseñanzas de esos momentos que son fundamentales. Entendemos que hoy hay una ofensiva conservadora neoliberal desde el Estado nacional y que no hay un proceso de resistencia popular sino que esa es la tarea, es el desafío cómo gestamos dinámicas que aporten a construir un proceso de resistencia contra el macrismo y entender la resistencia nuestra no solo como posición, como políticas de bloqueo a esas políticas de Estado, sino como algo que estuvo muy presente en 2001, que fue la resistencia como creación, la dinámica de organizaciones sociales que puedan construir en los territorios dinámicas comunitarias que apuesten a otro tipo de ética y valores, otras formas de hacer la política. Y en eso creo que es central el proceso de Cutral-Co/Puente Pueyrredón, que puso en juego la lógica de la representación política de la democracia parlamentaria y de la mano de eso la lógica del capital.-

pacheco