No me verás en el subte: crónica del espectáculo arriba del tren (III)

Por Luciana Sce

Ginno Minichiello canta temas de los grandes del rock nacional, los toca en esa guitarra que lleva agarrada de un hilo y entiende que tocar en el subte es como aprender a andar en bici: “Al principio cuando estás aprendiendo tambaleás un poco, pero cuando ya estás canchero no te para nadie”.

 Puente

No importa el género, importa la conexión, la llegada. Hay algo que se activa cuando entra la música al vagón. A pesar de que la gran mayoría esquiva el contacto visual directo con el portador de esos sonidos, los cuerpos hablan: algunos mueven la cabeza siguiendo el ritmo, otros entre labios dejan escapar alguna gesticulación en forma de canción y nunca falta aquel que simplemente esboza una sonrisa. Jamás presencié un vagón en el que faltaran los aplausos. Pueden ser más o menos, pero siempre los hay. La gente simpatiza con la labor del músico, con la canción, con la letra o con el clima que se genera durante el viaje. Una energía que irrumpe en todos de distinta manera, que evoca a partir de distintos acordes y melodías algún sentimiento, algún escenario de la vida, algún recuerdo o simplemente conmueve poralguna característica propia de la voz y la interpretación.

A Gino lo seguí en cuanto lo vi con la guitarra colgada de una especie de piolín. Entré al vagón al que se subió y escuché tres canciones que para muchos funcionan a modo de himno: Bajan de Luis Alberto Spinetta, Cerca de la revolución de Charly García y Luz del alma de Divididos. El compromiso con la melodía y la entrega ante la letra eran reales.  Gino ponía todo su cuerpo en cada palabra y yo creí en lo que se planteaba hacer arriba de ese vagón. Pude abstraerme de la cantidad de estaciones que pasaban y presenciar como con su voz pelada lograba movilizar a la gente.

Nacido en el pueblo de 25 de Mayo, Provincia de Buenos Aires, Gino Minichiello (24) lleva dos años en Buenos Aires persiguiendo su sueño.

-Te fuiste muy chico de tu pueblo, primero a La Plata y ahora acá: ¿cuál fue la reacción de tu familia cuando les dijiste que te ibas para vivir de la música?

En un principio quizá se asustaron y me plantearon otras posibilidades que a ellos les gustaban para mí. Pero no tardaron en entender que yo buscaba otra cosa para mi vida y que iba a luchar por eso, así que no dudaron en apoyarme.

Me dijiste que es difícil tocar tus propias canciones en el subte, ¿por qué crees que es así?

Primero creo que es difícil para uno mismo poder interpretarlas, poder hacer que suenen como querés en un lugar en el cual no se oye demasiado. Y después está el hecho de que a la gente le gusta escuchar lo que ya conoce, es un poco así. Le gusta saber lo que está escuchando, el cerebro no tiene que esforzarse para descifrar lo que el cantante está diciendo y creo que así ambas partes lo disfrutan más.

¿Te imaginaste alguna vez tocando en el subte?

Siempre vi esa posibilidad, pero me costó animarme. Una vez que le agarré la mano me encantó. Es como andar en bicicleta: al principio cuando estás aprendiendo tambaleás un poco, pero cuando ya estás canchero no te para nadie.

¿Cuál es tu sueño como músico?

Mi sueño siempre fue ser músico y creo que estoy viviéndolo. Estoy dentro del sueño. Ahora tengo metas por cumplir y algunas ya cumplidas. Por ejemplo: me fui armando mi home estudio, fui comprando cosas, una placa de grabación, unos monitores posta e instrumentos. Mis próximas metas son adquirir un par de herramientas más que me faltan y grabar un buen material con mis canciones y salir a tocar. Ese es el fin: comunicar a la mayor cantidad de personas que se pueda el mensaje que uno quiere compartir.