Noches agitadas en Extremaunción

Por Cezary Novek

Una lectura sobre El humo y la ceniza, primera novela de Emanuel Rosso.

Walter Reycielos es una especie de detective que reúne los rasgos comunes al arquetipo de investigador en la novela hard boiled: recio, afecto al sarcasmo y a la bebida destilada por partes iguales, con un pasado oscuro y tormentoso del que no puede desligarse, solitario y sensible, violento y reflexivo, tosco y complejo. Pertenece a una organización secreta cuyos objetivos apenas se traslucen en algunos comentarios ambiguos entre los personajes. Todo sugiere que es una agencia subterránea que se ocupa exclusivamente de los casos que involucran fenómenos paranormales. Reycielos busca a un colega –Baudracco– y tiene trabajo por hacer –investigar un asesinato de características misteriosas– en una localidad del interior de Córdoba que parece ser el epicentro de lo maldito desde la época de su fundación: Extremaunción.

Capítulo a capítulo se van sucediendo pequeñas historias que hasta se pueden leer de forma autónoma, como si fueran cuentos. En apariencia, no tienen más relación que la geografía común. La mayoría de los relatos tienen a Reycielos como testigo del horror. Mientras estas piezas se enhebran en silencio, fragmentos documentales extraídos de los archivos del Cónclave nos dan un paseo fugaz por el arsenal de reliquias mágicas de las que hicieron acopio durante más de un siglo. Y es que al final de todo los espera Cughall’a, una suerte de aproximación al mal absoluto, ese que repta entre lo más abyecto de nuestra oscuridad y que celebra con risa maliciosa cada vez que muere un niño de forma horrible.

En su primera novela, Rosso tira todos los cortes posibles de carne al asador. A saber:

-Detective atormentado al estilo Harry Angel (protagonista de la novela Falling Angel, de William Hjorstberg y que más tarde adaptada en 1987 por Alan Parker bajo el título de Angel Heart, conocida por aquí como Corazón satánico).

-Recreación de tópicos clásicos del horror con vuelta de tuerca al final al mejor estilo Alan Moore en la saga American Gothic de Swamp Thing.

-Agencia secreta de investigación parapsicológica cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, con claros guiños a la A.I.D.P. de Hellboy.

-Creación de una mitología propia que mezcla elementos del folklore local junto a cosmogonías europeas y otras inventadas a la mejor manera de Lovecraft.

-Pequeño pueblo mal parido, desde sus comienzos,  en el que sucede absolutamente de todo y cuya historia es en sí misma otra novela de terror, como el Derry de It, pero desindustrializado y conservador.

-Un epígrafe antiquísimo e inquietante de Heráclito de Éfeso, que abre el libro de esta manera: “La humanidad es una bestia irremisiblemente hipócrita, obtusa y cruel, a la cual no vale la pena intentar enseñarle nada”.

Dicen que el secreto de la originalidad está en ocultar las fuentes. En el caso de Rosso, el mérito principal,  que alcanza con El humo y la ceniza,  es el de haber sabido combinar con sabiduría y moderación todos los ingredientes arriba mencionados,  sin pretender ocultar las influencias. Muy al contrario, la historia tiene guiños que constituyen una verdadera delicia para los entendidos, aunque sin dejar afuera a los no iniciados en el género. Otro acierto que tiene la novela es la manera en que hace equilibrio sobre la cuerda floja entre dos territorios bien delimitados: el policial y el horror sobrenatural. Pocas chances de lograr un resultado feliz podría tener un autor que debuta con un objetivo tan ambicioso. Rosso, no obstante, lo logra y esta novela no tiene mucho que envidiarle a cualquiera de los tomos que constituyen la “Saga de Charlie Parker”, del irlandés John Connolly.

Hay sólo dos aspectos, que podrían constituir la llamada pata floja de la mesa, y ambos son discutibles. El primero es que el protagonista, Reycielos, no acciona mucho. Por momentos es más periodista que policía. Sin embargo eso no es importante, ya que lo que interesa es más la manera en que el nos cuenta lo que ve que verlo pelear o saltar medianeras. El otro punto es que el final es algo precipitado y nebuloso, lo cual deja también el camino arado para una posible secuela. El protagonista es interesante y narra de manera entretenida y con estilo. Nos quedamos con ganas de saber más sobre El Cónclave.

Extremaunción parece no habernos mostrado aún todos sus secretos. Despiertan preguntas: ¿Qué pasa con las localidades vecinas? ¿Y Baudracco? ¿Y Cughall’a? ¿Qué bando ganó el duelo final? ¿O fue tablas? Por todas estas razones, una secuela sería más que bienvenida. En tiempos en que la autoficción, la literatura del yo y los imitadores de clásicos ahogan el mercado independiente por saturación, encontrar un autor con una historia para contar y un universo de personajes para presentarnos es un verdadero hallazgo. Es de esos hallazgos que refrescan y devuelven las ganas de seguir leyendo cosas nuevas.

El humo y la ceniza fue publicado en 2018 por Sello fantasma. Se trata de un proyecto editorial de Rubén Risso –quien fue parte de la recordada Colección Pelos de Punta, que puso el género de terror en primera plana durante 2015/16–. Con un catálogo algo desparejo en contenido (no todos los títulos están al mismo nivel) pero sumamente homogéneo en presentación (maquetaciones bellísimas, diseños cuidados) y eficiente en la  distribución (a nivel nacional), Sello fantasma ha logrado hacerse un lugar en el panorama nacional en muy poco tiempo. Además, junto a las editoriales independientes Santa Guadaña y Cineficción, conforma el colectivo De la Fosa.

Emanuel Rosso

(General Baldissera, 1982) Estudió Cine y Comunicación Social. Obtuvo el segundo premio en el Concurso Literario H.P. Lovecraft (Revista Fabulantes, España) con su relato El arrullo de las bestias. Mantiene desde 2018 una columna literaria en el programa de radio Sintonía Fina, los lunes de 18 a 20 horas por 102.3 FM. El humo y la ceniza es su primera novela. Ficciones breves de su autoría se pueden leer en :

CRÓNICAS DE EXTREMAUNCIÓN