Profecía cumplida: Macri será presidente

Por Redacción Marcha/ Foto por Los Ojos de Anita

Luego de intensas semanas de discusión y debates cruzados, finalmente Mauricio Macri será el nuevo presidente de la Argentina. Repasamos algunos acontecimientos que abrieron este nuevo mapa político.

Los datos

Al cierre de esta edición, ya se había escrutado casi el total de las mesas. Los resultado  arrojaban una ajustada victoria de Mauricio Macri, candidato de Cambiemos, con el 51,4 por ciento de los votos, sobre Daniel Scioli, del Frente para la Victoria (FpV), con el 48,6 por ciento.

Lo destacado es que Scioli ganó en más distritos, pero Macri se impuso por amplia diferencias en las ciudades donde hubo mayor cantidad de votantes, como la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza. Es verdad que en la provincia de Buenos Aires fue el candidato del kirchnerismo el que se impuso, pero por un margen muy pequeño por haber sido el lugar donde desarrolló su gestión.

Pasadas las 21.30, Daniel Scioli reconoció la derrota y afirmó que “el pueblo democrático y respetuoso de la voluntad popular ha elegido una alternativa; esperemos que Dios lo ilumine para mejorar lo que el país ha avanzado”. Por otra parte, agregó, en el tono relajado y conciliador que supimos conocerle: “Al corazón de los argentinos les digo que siempre voy a estar con esa vocación de servicio y ese amor por la Argentina para ayudar a los que más necesitan del Estado para salir adelante”.

Por su parte, Mauricio Macri se mostró muy eufórico y lanzó: “Tenemos que construir una Argentina con pobreza cero, unir a todos los argentinos, luchar contra el narcotráfico… eso requiere que no perdamos nada de nuestra vitalidad, la tenemos que poner en función de nuestro futuro”. Y para alcanzar estos objetivos, aseguró que necesitará el apoyo de todos y todas quienes lo votaron. “Les pido que no me abandonen”, sentenció.

Un voto ausente

Dentro del campo popular, tanto desde las organizaciones de izquierda como desde algunos sectores progresistas, el debate de estas últimas semanas fue sobre el voto en blanco. Al respecto, desde Marcha se abordó el tema con intensidad y apertura de voces. Nos interesa decir que finalmente la incidencia fue muy baja, ya que alcanzó apenas el 1,19 por ciento, algo más de 300 mil votos. Podríamos tener alguna lectura algo más tendenciosa y sumarle los votos nulos o recurridos (que generalmente son por cometer errores en la votación) e impugnados, y así serían más de 600 mil. Se podría afirmar que, por un lado, la fuerte campaña impulsada desde el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) no ha podido persuadir al conjunto de sus votantes, así como también que esos votos no hubiesen sido suficientes para cambiar la balanza.

Causas externas

Creemos que la victoria de Mauricio Macri se relaciona con varios puntos, ninguno de ellos acabados para este análisis. Podríamos pensar en el desgaste ciudadano luego de 12 años de gestión del kirchnerismo, el giro conservador que ha tenido en los últimos años, en los que le dio lugares relevantes a funcionarios como Sergio Berni, o aumentando los niveles de represión, estableciendo techos salariales y no pudiendo contener la inflación que afecta a las clases populares. Pero intentemos pensar en algo más concreto y cerca en el tiempo.

Hace algunos meses atrás se vivió una situación de balotaje en la Ciudad de Buenos Aires. Aquella vez, Rodríguez Larreta (Pro) se imponía en las elecciones porteñas, relegando al segundo lugar a Lousteau (ECO) y a Recalde (FpV) al tercer puesto, por lo que quedaba  fuera del balotaje.

En aquella oportunidad se percibía que el candidato de ECO podía vencer al Pro porque contaría con un amplio caudal de votos de la oposición (cosa que no ocurriría con el kirchnerismo, tal como ya lo había vivido Daniel Filmus en 2011). Sin embargo, ante la posibilidad histórica de que el macrismo perdiera su bastión electoral, el FpV llamó a votar en blanco ya que ambos candidatos, decía, representaban a la misma fuerza y esa segunda vuelta resultaba “una suerte de interna”. Así, Rodríguez Larreta triunfó por apenas 3 puntos.

Hoy hay una pregunta retórica ineludible: ¿Qué hubiese pasado si el kirchnerismo convocaba al voto por Lousteau? Es verdad que gran parte de los votantes de ese espacio redireccionaron su decisión (los números lo avalan), pero la incertidumbre de la respuesta a esta pregunta abre una perspectiva distinta.

Si Macri perdía en su ciudad, ¿cómo quedaba posicionado para las elecciones presidenciales? Creemos que este fue el primer gran error que cometió el kirchnerismo para permitir el crecimiento de Cambiemos.

Por otro lado, el mismo espacio tuvo como candidato en la provincia de Buenos Aires a Aníbal Fernández, alguien que puede ser muy simpático al interior, pero que no tiene ningún aval por fuera del kirchnerismo. Responsable político de la muerte de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki durante la represión en el Puente Pueyrredón y la ex-estación Avellaneda en 2002, y promotor del hambre de las y los argentinos durante el menemismo. Además, por su estilo confrontador, es ampliamente rechazado por el resto de la sociedad.

Si a esta descripción le sumamos las traiciones al interior del movimiento y del PJ, los portazos de candidatos fuertes (como Florencio Randazzo), el campo se allanó para que una porteña con casi nula experiencia de gestión, María Eugenia Vidal, ganara el distrito.

Finalmente, en el marco de un progresismo acabado, se optó por Daniel Scioli como el “candidato del proyecto”, rechazado por toda el ala progresista del kirchnerismo. Desde la militancia de base, pasando por Carta Abierta hasta llegar al kirchnerismo duro. En ese contexto, se privó a las y los seguidores del espacio de poder dirimir la elección con el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, dejando a un candidato referenciado con el menemismo y a una tibia derecha, frente a la contundencia con la que crecía Mauricio Macri.

A esta altura podríamos sostener que, al menos en los últimos meses, la derecha creció masivamente gracias a un juego que evidentemente no fue jugado por la izquierda. Pero si alguien quiere sostener  que ese espacio marginal también lo jugó, la incidencia fue muy dispar, dejando al FPV como al gran responsable.

Méritos propios

Este eje es bastante complejo y se podrá desarrollar con el paso del tiempo. La gestión del macrismo en la ciudad es nefasta: incluye recorte de presupuesto en salud, vivienda y educación, subejecución, asignación de obras a empresas amigas sin llamado a licitación, sobreprecios, represión, espionaje, fuerzas parapoliciales. Y, como contrapartida, mucho maquillaje.

Si afirmamos esto pero el Pro gana sistemáticamente, podríamos decir que hay protección mediática, buen marco de alianzas tanto en los aparatos del Estado como con sectores privados, entre otros. Pero hay que ir más allá.

La imposición de candidatos que no vienen del terreno pero que son personajes conocidos, el discurso desprovisto de política, pero cargado de “diálogo” y “amor”, a los que se les suman títulos y eslogan. Y no sólo esto; Macri ganó las elecciones sin anunciar su gabinete. Es decir que si se compone de caras reaccionarias, sería una profecía cumplida, pero no advertida por los nombres. Y sin embargo, la mayoría de la población lo votó.

Pero el macrismo tiene, además, otras aristas importantes para entender este triunfo. Frente a la despolitización que propone desde el discurso debemos reconocerle que ha logrado constituir y fortalecer una construcción territorial en muchos barrios humildes de la Ciudad de Buenos Aires. Posee una estructura punteril, manejada por Ritondo y Montenegro, que cosechó sus logros en la Ciudad pero también en la provincia de Buenos Aires.

Es posible que para sostener todo esto, las contradicciones evidentes que se desprenden del anuncio de políticas sociales -como asegurar el sostenimiento de planes sociales, su ampliación, un millón de créditos hipotecarios-, pero al mismo tiempo, del fin de las restricciones al dólar, fin de retenciones a los sectores agrarios o la apertura del mercado; muestran un evidente problema de financiación para las políticas de Estado (esto también lo dijo en campaña, pero se lo votó). Entonces, es probable que los ajustes sean paulatinos, asegurando cierta paz social durante los primeros tiempos de gestión.

Tenemos dudas acerca de las formas, no del fondo. Sabemos que el próximo gobierno es fuertemente neoliberal: estará marcado por el ajuste y tendrá políticas y medidas de austeridad frente a las necesidades de los sectores populares y, especialmente, frente a sus reclamos.