Que en todos lados se vea el poder de las piqueteras

Por Camila Parodi y Laura Salomé Canteros/ Fotos de Espacio de Mujeres del FPDS

Al calor de la goma quemada y la olla popular, los 26 aparte de resistencias y rabias, parieron nuevas relaciones y formas de organización. Es así que en octubre de 2003 surgió la Asamblea de Mujeres en el Puente a partir de la necesidad de las compañeras de un espacio propio. Marcha entrevistó a Adriana Pascielli, integrante de esa primera Asamblea quien sostiene:las reivindicaciones siguen siendo las mismas”.

Las espacios comunitarios barriales, los piquetes y los movimientos de desocupados/as en el cotidiano tenían (y tienen) cara de mujer. Mujeres que resolvieron la crisis y la crianza desde lo colectivo. Un nuevo 26 las encuentra como aquel octubre del año 2003, esta vez es en junio recordando como siempre el ejemplo de Darío y de Maxi, pero también es una oportunidad para reflexionar sobre los espacios que a partir de allí se fueron gestando y el protagonismo de las mujeres organizadas en el campo popular.

Piqueteras visibles: “cuando avanzamos ningún varón retrocede”

La primera asamblea del espacio de mujeres del FPDS se realizó el 26 de octubre de 2003. “Surgimos con el olor a gomas quemadas en la lucha por justicia para Darío y Maxi” dice la memoria de ese primer encuentro. Cuentan que un poco antes un grupo pequeño de “cumpas” que se definían feministas comenzaron a pensar en hacer movidas en “nuestro Puente” porque allí estaban todos los movimientos. “Y así creamos la asamblea en el Puente” relatan, “con muchas ganas pero también con miradas de desconfianza de parte de algunas mujeres y de los varones”.

El 8 de marzo de 2004 hicieron una gran Asamblea de Mujeres con participación de otras organizaciones de los compañeros varones participando de los debates en talleres y haciendo místicas en común. De la crónica de ese día dicen que hay un testimonio que sintetiza: “comenzamos a participar en la organización primero por necesidad, pero en esto de pelear por nuestros derechos nos fuimos dando cuenta de que pudimos romper con mandatos. Me hice feminista y soy del espacio de mujeres”.

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Las mujeres resistimos y luchamos

Recopilando fotos y archivos Adriana Pascielli, la Tana para las compañeras, quien participó de las primeras Asambleas de Mujeres en el Puente y continúa en el Espacio de Mujeres, comparte sus recuerdos y experiencias colectivas. Los primeros piquetes, la organización luego de la Masacre de Avellaneda y los nuevos espacios que de allí se fueron generando.

-¿Qué recuerdan de la primera asamblea en el Puente?

Todos los 26, desde el 26 de junio de 2002, subimos al puente Pueyrredón para reclamar justicia por los asesinatos de nuestros compañeros Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en aquel frío junio de reclamos piqueteros. Los cortes del puente arrancaban a las once de la mañana y se extendían hasta las cuatro de la tarde. Allí comíamos de la olla popular y también hacíamos las reuniones organizativas de diferentes áreas de trabajo que teníamos como organización: administración, alimentos, formación, productivos, relaciones políticas.

En aquellos primeros encuentros, intercambiábamos sobre las actividades que se hacían con las mujeres en los barrios. Entonces la composición del movimiento piquetero era mayoritariamente de mujeres y jóvenes. Fueron las mujeres las que salieron a pagar la olla en momentos de hambre y desocupación. En los diferentes territorios donde militábamos, se realizaron algunos talleres o trabajos con las mujeres: anticoncepción, prevención de enfermedades de trasmisión sexual, sida, entre otros temas más desde la perspectiva de la salud.

Con este recorrido sobre todo los MTD de Lanús, Alte. Brown, La Plata, Berisso, Ensenada, Lugano, nos encontramos en el puente también charlando de las problemáticas de las mujeres. Era llamativo que la mayoría de las integrantes de los MTD, las que sosteníamos las tareas cotidianas éramos mujeres, y la representación política o la voz ante la prensa y aún las negociaciones en las movilizaciones, las hacían los varones.

-¿Cómo se resolvió la necesidad de generar ese espacio en el mismo puente?

Fue todo un proceso de participación, movilización, asambleas en los barrios, talleres de formación o de salud. El punto de quiebre, lo que marcó a fuego la convocatoria a la Asamblea de Mujeres en el Puente, fue el Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó en Rosario en 2003 que esa vez se hizo en agosto. Allí, la legalización del aborto, la visibilización lesbiana y de las travestis fueron muy importantes. A ese Encuentro fueron algunas compañeras de los barrios y volvieron con todas las pilas cargadas, haciendo realidad eso que solemos decir: “ninguna mujer vuelve igual después de participar de un encuentro”.

Lo hicimos en septiembre y nos propusimos para el 26 de octubre realizar nuestra primera asamblea. Y a la vez confeccionamos un volante que entregamos desde que comenzamos a concentrarnos en la estación Darío y Maxi (ex Avellaneda) y durante toda la subida al puente. Colocarnos delante del piquete tenía que ver con que muchas mujeres estaban allí y queríamos que participaran de la asamblea. El volante decía: “¿Hablas en las asambleas? ¿Decidiste sobre tu maternidad? ¿Sabes cómo cuidarte? ¿Representas a tu movimiento fuera del barrio? A las 13 hs. Asamblea de Mujeres delante del Piquete”.

El Puente Pueyrredón, el movimiento piquetero entonces, no estaba solo. Éramos muchas las organizaciones que desde las asambleas barriales, los centros culturales, de estudiantes, etc. concurríamos al puente y nos movilizábamos en forma conjunta. El puente era el lugar de encuentros. Unas cien mujeres participamos de aquella primera Asamblea y convocamos a un encuentro de mujeres en Roca Negra para noviembre de ese año, previo al 25 para organizarnos y movilizar.

-¿Qué generó en el momento esa “novedad” para la estructura de la organización?

La problematización de ese entonces estaba en que si bien mayoría mujeres constituían los movimientos, algo estaba sucediendo que no lográbamos tener voz en los lugares considerados más políticos. Y así fuimos construyendo nuestra identidad, nos organizamos para participar de los Encuentros, sistematizar experiencias y realizar talleres en los diferentes territorios. La resistencia en la organización de parte de los varones no tardó en llegar. Algún referente osó decir que las mujeres nos juntábamos para hacer reuniones de tapper.

Igual seguimos, avanzamos firmemente y decidimos que se hacía necesario conformarnos como espacio de mujeres, pero también que la organización se involucrara en movilizarse al menos en dos fechas: 8 de marzo y 25 de noviembre. Así nos sumábamos a las actividades generales y centralizadas convocadas en la capital haciendo intervenciones propias que visibilizaran opresiones diversas de las mujeres. Nos formamos, aprendimos, leímos, nos fuimos definiendo un poquito más en cada cosa.

Lo más importante es que nunca estuvimos solas, nunca nos planteamos empezar de cero, siempre recogimos los saberes pre-existentes, tanto en el conjunto de las mujeres como de las organizaciones feministas y de mujeres que tenían un recorrido nada desdeñable en nuestro país. “Las mujeres Resistimos y luchamos” fue la consigna que nos identificó con el dibujo que nuestra compañera Florencia Vespignani hiciera para nosotras y que sin dudas nos sobrepasó, afortunadamente. Fue un impacto en la organización pero también fue muy importante que quienes impulsábamos ese espacio éramos compañeras referentes de nuestras organizaciones.

-¿Y a partir de allí cómo continuaron?

El conformarnos como Espacio de Mujeres fue una gran fortaleza que nos permitió encontrarnos, aprender y realizar talleres y campamentos de formación con otras organizaciones feministas como Mujeres Públicas o De boca en Boca, y Pañuelos en Rebeldía. Fue una experiencia muy rica que nos exigía profundizar nuestra formación en temáticas como la violencia, el aborto, las decisiones, la anticoncepción, entre otras. Allí aprendimos de estereotipos y mandatos, de patriarcado y de la ineludible lucha contra ambos sistemas de dominación en la construcción del socialismo. Hacia el año 2007 este proceso nos llevó a dar un debate interno en la organización que en un plenario nacional luego de horas de fundamentaciones y debates, se proclamó como antipatriarcal.

-¿Cuáles eran los desafíos del feminismo en ese entonces y cuáles son los actuales?

Las reivindicaciones de 2003 siguen siendo las mismas: basta de violencia hacia las mujeres, aborto legal seguro y gratuito, igual remuneración por igual tarea, espacios de cuidado para los niños y niñas, reconocimiento del trabajo doméstico no remunerado, igualdad en la representación política en las organizaciones, entre tantos otros.

Seguramente lo diferente es que así como nosotras, fue creciendo la lucha reivindicativa por derechos y ser feminista no pasó a ser una mala palabra. Por otro lado, nuestra gran fortaleza fue impulsar la lucha a nivel continental, convidar a compañeras de organizaciones y movimientos sociales, feministas, de mujeres y populares a proyectarnos conjuntamente como anticapitalistas pero también antipatriarcales y feministas.

-Darío con su ejemplo nos refuerza la decisión de poner el cuerpo a las adversidades y al cotidiano. ¿Cómo lo relacionan con sus prácticas concretas?

Nacimos poniendo el cuerpo en el Puente Pueyrredón y donde se requiera, antes durante y después del 26 de junio y nuestra identidad está indefectiblemente ligada a la construcción de poder popular, de compromiso militante que tienen a Darío como ejemplo. Y como ese 26 de junio de 2002 en el que el conjunto del movimiento piquetero se movilizó todos juntos, nosotras, seguimos apostando a la unidad como herramienta fundamental en la construcción de poder popular, de lucha y de conquistas. Somos parte de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, la Campaña Nacional Contra las Violencias Hacia las Mujeres.

Aquellas luchas de entonces siguen vigentes pero con muchas más mujeres feministas organizadas y en las calles, más allá del Frente Popular Darío Santillán y aún con la fragmentación que sufrimos. La lucha por el socialismo latinoamericano, anticolonial, feminista para que todas y todos seamos libres continúa tan vigente o más que en esos días del año 2003 que nos parieron como Espacio de Mujeres.

“Cuando una mujer avanza… ¡Ningún hombre retrocede!”, gritan. Cuentan que en aquel 8 de marzo de 2004 se tomaron todas/os de las manos y comenzaron a girar bailando y cantando alguna canción conocida y que los gritos de despedida que eran entonados por un varón que decía: “¿Dónde nos vemos compañero?, ¡en la lucha!”, ahora incluye a una mujer que responde gritando: “¿Dónde nos vemos compañera?, ¡en la lucha!”.

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