La izquierda frente al balotaje de la derecha

Por Sebastián Levalle*

¿Qué escenario se configura con uno u otro candidato para las luchas del campo popular? La respuesta gira en torno a cuál de las alternativas exigirá resistencias o desarrollar un proyecto de sociedad distinto.

Este balotaje nos incomoda. Nos plantea un escenario que no es el nuestro, nos impone sus reglas y nos somete a un menú que nos disgusta. Pero al mismo tiempo nos muestra un estado de cosas, da cuenta del avance del discurso y de las demandas de las derechas en sectores mayoritarios de la población. Y de ese modo nos enfrenta a nuestros propios límites, a nuestro propio estado de situación en la lucha social. En esta reflexión pretendo argumentar que el voto al mal menor en el balotaje presidencial del próximo domingo, podría ofrecernos un escenario más favorable para la profundización de nuestras luchas.

Como tantos de nosotros/as no encuentro elementos positivos para apoyar a un representante de la derecha peronista. Si consideramos quién es Scioli, a qué sectores representa, qué hizo en su provincia durante todos estos años, podemos afirmar que estamos frente a una puja de fracciones (no solamente de la burguesía) sino de la derecha. En este sentido todos/as sabemos que no hay garantías de continuidad del “proyecto” kirchnerista, menos aún de profundización (que es lo mínimo a construir desde una posición de izquierda) con Scioli triunfando en el balotaje.

Sin embargo, en esta instancia creo que desde una posición de izquierda es importante pensar qué escenario se configura con uno u otro candidato para las luchas que tendremos que desarrollar o profundizar de aquí en adelante. Entonces la pregunta que quiero plantear es: ¿cuál de estas alternativas nos ofrece mejores chances para desarrollar nuestro proyecto de sociedad?

Parto de cuatro ideas respecto del balotaje:

  1. No está en juego la legitimidad del ganador. Lógicamente no es lo mismo triunfar con el 20% que con el 50% de los votos, pero la legitimidad de esta elección quedó asegurada desde que votó más del 80% del padrón en la primera vuelta. El voto en blanco no parece ser una estrategia capaz de condicionar al futuro presidente.
  2. En este sentido un eventual triunfo de Scioli (que fue el perdedor simbólico de la primera vuelta) será un triunfo austero, que lo enfrentará a la necesidad de negociar cuotas de poder con otros sectores.
  3. Cambiemos representa, por primera vez en la historia argentina, la posibilidad de la derecha de triunfar en elecciones con un partido propio. Como me hicieron notar algunxs compañerxs no es lo mismo el triunfo de la derecha en el peronismo –como la segunda elección de Carlos Menem- que esta versión “pura” de la derecha que forma a sus cuadros en las ONG internacionales en articulación con el avance de las derechas continentales.
  4. Ese es el cuarto elemento: si ampliamos la mirada vemos que el avance de las derechas no es exclusivo de Argentina sino que es una nota del continente. Un eventual triunfo de Cambiemos fortalecería más directamente la articulación de las derechas continentales según las orientaciones de los Estados Unidos.

Encuentro dos respuestas posibles al interrogante que planteé arriba.

Si ponemos la lupa en los análisis que postulan al kirchnerismo como una “revolución pasiva”, es decir, como un modo de reconfiguración conservadora de las relaciones de dominación que no afecta el esquema de poder vigente, puede parecer indistinto optar por Scioli o por Macri. Es más, partiendo desde esta posición podemos sostener que un triunfo de la derecha más “pura” (como Cambiemos), despojada del proyecto modernizador del kirchnerismo, ofrece mejores chances para las luchas futuras. Aquí encuentra sustento la postura de ciertos sectores de la izquierda que llaman a no confundir a las bases sociales, a no ofrecer falsas expectativas, a no limitarnos a elegir a nuestros verdugos. No es una posición descabellada, de hecho es muy probable que debamos enfrentar el ajuste en las calles gane quién gane.

No obstante, podemos remitirnos a otro concepto de Gramsci para llegar a una conclusión distinta. Si partimos de la metáfora de la política y de la lucha social como una “guerra de posiciones” que se libra en todas las esferas de la sociedad -incluido el Estado- configurando correlaciones de fuerza en constante transformación, la opción por Scioli -frente a la de Macri- no da lo mismo. Desde esta perspectiva un triunfo de Scioli aumenta relativamente las posibilidades de mantener algunas posiciones en la estructura del Estado y algunas posiciones en la batalla político-cultural. Pienso en el lenguaje de los derechos humanos y sociales, en la defensa de lo público, en la idea de integración regional, y en los formatos de sentido común bajo los cuales tendremos que establecer las disputas. Para poner un ejemplo en el campo de la educación superior: no es lo mismo cuestionar la idea de “educación pública inclusiva”, con todas sus falencias conceptuales y sus interpretaciones simplistas, que enfrentar la propuesta de mercantilización de la educación superior de Cambiemos. Aunque Scioli proponga a un ministro de educación reaccionario y corrupto como Alberto Barbieri –un verdadero retroceso para la comunidad docente y para las nuevas universidades- es probable que los símbolos y los discursos disponibles para la lucha continúen.

Esta segunda posición, que creo puede ser interesante para profundizar nuestras propias construcciones, no está exenta de riesgos. No hay garantías, son sólo hipótesis. Yo estoy bastante convencido de que el PRO aprendió bastante en estos años. Descreo de las historias de terror de la campaña sciolista. La historia es más compleja, menos lineal que el relato que busca explicarla. No imagino un fin de año de despidos masivos, cierre de escuelas y de programas sociales, privatizaciones y palazos en todas las calles del país. Veo en Cambiemos a una derecha más inteligente, centrada en su estrategia pero aggiornada en sus tácticas. Creo que los cambios que se vienen serán estructurales, menos visibles en el corto plazo y más complicados de desandar en la larga duración. Por eso me parece que la idea de Macri-crisis-Cristina peca de simplista.

No podemos predecir el futuro pero tampoco podemos esperar a que nos pase por arriba. Creo que en este balotaje se trata de elegir a nuestro mejor enemigo. Y yo creo que ese es Scioli.

* Licenciado en Sociología, Universidad de Buenos Aires