Recuperar la voz y denunciar: los ciudadanos ilustres pueden ser abusadores Recuperar la voz y denunciar: los ciudadanos ilustres pueden ser abusadores
Pedro Moreira es un referente indigenista declarado Ciudadano Ilustre de San Miguel, sin embargo está acusado penalmente por abuso sexual Recuperar la voz y denunciar: los ciudadanos ilustres pueden ser abusadores

Por Florencia Maffeo* / Foto por Constanza Portnoy

Pedro Moreira es un referente indigenista que fue declarado Ciudadano Ilustre en 2009 por el Concejo Deliberante de San Miguel. Hace un año fue acusado penalmente por abuso sexual a jóvenes en su biblioteca popular y hoy, colectivas feministas y organizaciones sociales vuelven a instalar la temática. La causa judicial en su contra se encuentra en el Juzgado de San Martín, en el conurbano bonaerense, en la etapa de investigación.

 

¿Qué voz es más audible? ¿La de una adolescente que sufrió un abuso sexual o la de su agresor? ¿La de una mujer joven que se anima a denunciar un abuso sufrido hace diez años atrás, o la de un señor mayor con la apariencia de anciano sabio de la comunidad? ¿Qué relato tiene mayor lugar para ser enunciado? ¿El relato de dos jóvenes que cuando tenían entre 14 y 15 años sufrieron abuso sexual o la del referente político que las abusó?

Las dos jóvenes denunciantes se conocieron cuando entraban en la adolescencia, en la Biblioteca Popular Inti Huasi, de San Miguel oeste. Allí participaban de distintas actividades de este espacio, reconocido por su lucha por los derechos de los pueblos originarios. Inti Huasi funcionaba en la casa de su fundador y referente, Pedro Moreira. De ascendencia quechua-aymara, Moreira se convirtió en un referente nacional en la lucha por los derechos de los pueblos originarios. Por esta trayectoria social, Moreira fue reconocido en el 2009 como Ciudadano Ilustre del Honorable Concejo Deliberante de San Miguel.

En este contexto, las adolescentes dieron sus primeros pasos en la militancia social, como muchas otras niñas, niños y jóvenes, que participaban en las actividades de la organización. Sin embargo, esa participación se ve interrumpida por abuso sexual por parte de aquel referente político, de aquel guía espiritual en el que confiaban, haciendo uso y abuso de la relación asimétrica de poder que tenían. Según la antropóloga Rita Segato, “el hombre abusa de las mujeres porque puede hacerlo, es decir, porque éstas ya forman parte del territorio que controla”. Ese territorio que Moreira controlaba era la organización, y allí agredió sexualmente de estas jóvenes, y de otras, a quien Moreira acosaba.

Si bien se alejaron de Inti Huasi, las chicas no dejaron de ser amigas, y años más tarde, entre charlas, se cuentan una a otra lo sucedido, y tiempo después, una de ellas toma el impulso para, en primer lugar, pedir ayuda, y, de la mano de la escucha atenta de otras mujeres, ir lentamente destrabando las palabras que la vergüenza y la culpa que se encarnan en las víctimas de abusos sexuales, salgan a la luz, y la hagan sentir mejor, más libre. En mayo de 2014, el impulso deviene en denuncia, en la Comisaría de San Miguel, y en la Fiscalía 14 de Delitos contra la Integridad Sexual de San Martín, con la acusación de Pedro Moreira por abuso sexual, diez años después de haber sido cometidos los delitos.

Denunciar a un abusador no es fácil. Denunciar a un abusador que forma parte de tu entorno familiar y cotidiano es más difícil aún. Y hacerlo siendo adolescente, puede llegar a ser paralizante. Porque tomar coraje y denunciar un abuso sexual durante la infancia o adolescencia, con pocas o nulas posibilidades de acudir a las autoridades judiciales, habiendo sido agredida por una persona cercana, es un proceso que lleva tiempo. Sin embargo, animarse a hablar es un primer paso, y denunciar, penal y/o socialmente es un segundo. Aunque sea diez años después.

Así también lo entienden quienes han propuesto el proyecto de ley para que los abusos sexuales a niñas y niños sean imprescriptibles, aprobado en la Cámara de Senadores de la Nación en mayo de este año. El proyecto, presentado por la senadora entrerriana Sigrid Kunath -a raíz de de la causa contra el cura Justo José Ilarraz, acusado de abusos sexuales contra menores de edad que participaban del Seminario de Paraná, entre 1985 y 1993- contempla una modificación en el Código Penal, por lo que los delitos contra la integridad sexual, cuando se cometieran contra personas menores de edad, serían imprescriptibles. Esto permitiría que las personas que han pasado por abusos sexuales siendo niños/as o adolescentes, puedan denunciar a sus agresores.

Sabemos que el sistema judicial no es la respuesta a todo. Suele revictimizar a las mujeres, quienes muchas veces tampoco logran obtener justicia, tras el largo proceso que le sigue a la denuncia. Eso muy bien lo saben las organizaciones feministas y el movimiento de mujeres, que han venido evidenciando la (in)justicia heteropatriarcal y misógina hace años, y que se ha transformado en uno de los principales reclamos en la movilización ´Ni Una Menos´ del 3 de junio pasado. Es por esto que, apoyadas por organizaciones feministas, las jóvenes decidieron ir también por la denuncia social.

En agosto del año pasado se realizó una volanteada por el barrio donde se encuentra Inti Huasi, y allí las activistas conocieron otros casos de abuso cometidos por Moreira. Este sábado 1° de agosto, continuando con estas acciones, las organizaciones convocan a una radio abierta y realización de un mural en el barrio, para denunciar las violencias sexuales y de género, que acompañan un pedido al Consejo Deliberante de San Miguel, para que se remueva el título de Ciudadano Ilustre que este Concejo le otorgó a Moreira.

Moreira sigue afirmando que esto es una “movida de las feministas para quitarle sus propiedades”. No comprende, ni quiere comprender, que el reclamo sólo pretende hacer justicia, hacer oír la voz de quienes han sido calladas. La voz de las mujeres, en tanto sujetas subalternas, es silenciada una y otra vez, como sostiene la filósofa Gayatri Spivak. Las mujeres parecen “mudas”, en tanto su relato es imperceptible. Así, la historia de dos jóvenes de San Miguel, noroeste del conurbano, es ocultada, invisibilizada. Pero ya no más. Valientes, apoderadas y acompañadas, las jóvenes han decidido pedir justicia, por ellas, y por todas las niñas y jóvenes que han sido víctimas de Moreira, y que, según sospechan, todavía lo son hoy en día.

 

(*) Integrante de la Colectiva Feminista Rabiosa

 

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