Ser mujer y candidata en Brasil: de sus alcances y límites

Por Julia Giménez desde Brasil 

A casi ocho meses del impune asesinato de Marielle Franco, a días de la masiva manifestación que gritó #EleNão y en vísperas de elecciones en Brasil, la pregunta en torno a cuál es el lugar que ocupan las mujeres en el sistema político brasileño, aún es un tema que precisa ser discutido.

El asesinato de la concejala de Río de Janeiro, Marielle Franco (PSol), en marzo de este año, hizo eco en todo el mundo. Marielle era mujer, negra, favelada, lesbiana, madre y militante de izquierda que, en 2016, tras ser la quinta candidata más votada (con 46 mil votos), osó ocupar una banca en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, órgano representativo que al igual que la mayoría de las instituciones del sistema político brasileño, se presenta como un espacio predominantemente masculino.

A casi ocho meses del impune asesinato y en vísperas de elecciones en Brasil, la pregunta en torno a cuál es el lugar que ocupan las mujeres en el sistema político brasileño, aún resulta un tema que precisa se discutido.

Para María Vitoria de Almeida, doctoranda en Ciencia Política en la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) e integrante del Observatorio de las Elecciones, “actualmente el sistema electoral brasileño es muy competitivo, existen muchos candidatos para pocas vagas y eso torna la candidatura de mujeres más difícil”. Según los números relevados por la investigadora, en relación a las elecciones anteriores, existe una manutención del perfil de las candidaturas: en 2014, el 68,95 % de las candidaturas eran masculinas y sólo 31,05% de mujeres, y en estas elecciones, la relación es semejante, 68,74% a 31,26%. “Entonces aun hay una desigualdad en el propio lanzamiento de las candidaturas, lo que aumenta la chance de los hombres vencer las competiciones. Una vez que tenemos menos mujeres disputando, las posibilidades de ellas vencer, también son menores”, argumenta.

Con el objetivo de reducir una brecha histórica en la desigual participación de hombres y mujeres en los órganos de gobierno, desde el 2010 existe una ley en Brasil que exige una cuota femenina del 30% de las y los candidatos en las campañas electorales. Pero, aunque los datos del Supremo Tribunal Electoral (STE) levantados por el Centro de Políticas y Economía del Sector Público (CEPESP), muestran que ha habido un amento del numero de candidatas a vice gobernadora y suplentes a senador/a -alcanzando para el primer caso el 36,7% en relación al 22% del 2010 y para 2° suplente de senador/a el 29,2% en relación al 20,8% del 2010-, este crecimiento no se corresponde en las candidaturas para gobernadora (el 14,6%) y para aquellas que encabezan como senadora (el porcentaje bajó del 20,4% en el 2014 al 17,2%).

Hoy existen solo dos candidatas a la presidencia (Marina Silva por REDE y Vera Lúcia por el PSTU), mientras cinco acompañan la chapa electoral como a vice- presidenta (entre ellas, Manuela D´Avila del PCdoB comparte el armado electoral con Fernando Haddad del PT, la lideranza indígena Sonia Guayayara junto a Guilhermo Boulos por el PSOL, y la ruralista Kátia Abreu, junto a Ciro Gomes por el PDT).

Como explicó la investigadora, a partir de la constatación de estos datos -“que no son recientes”, remarcó-, en mayo de este año el TSE aprobó una medida que busca reducir la desigualdad entre hombres y mujeres en el acceso de recursos partidarios para las campañas políticas. Según la nueva normativa, los partidos son obligados a destinar al menos 30% fondo especial de financiamiento de campañas y del tiempo de radio y tv para las candidaturas de mujeres. Sin embargo, aunque la medida es considerada un avance en lo que refiere a reducir la desigualdad de hombres y mujeres en el acceso a cargos electorales, existes cuestionamientos en torno a cómo debe ser aplicado este reciente mecanismo.

Junto a los cuestionamiento en torno a la fiscalización del 30% sancionado en 2010 (como las denuncias en torno a “candidatas naranjas” sin densidad electoral, elegidas sólo para cumplir la cuota de género en las planchas proporcionales), existe una preocupación en torno a si la obligación de destinar más dinero para las campañas de mujeres aumentará el número de mujeres electas en 2018. Para María Victoria, aunque a primera vista estas decisiones en torno al Fondo Espacial de Financiamiento de Campañas pueden parecer positivas para las mujeres, la justicia aún no estableció parámetros para la distribución de los recursos entre candidaturas, dejando a los partidos con libertad para definir la forma en la que va a ser repartido ese valor.

Como advierten las investigadoras Catarina Barbieri, Lara Mesquita y Luciana Ramos del CEPESP, frente a la ola de correrías y tentativas de postergar la aplicación de esta medida por parte de los partidos tradicionales, no se descarta que el aumento del número de candidatas a vices sea parte de la estrategia de algunos partidos para acceder a los recursos que deben destinarse a las campañas de mujeres, incluso cuando la dupla esté encabezada por un hombre. Para ellas, conforme hay una correlación positiva entre gasto de campaña y votos, la no priorización en la asignación de los recursos a las candidatas proporcionales pude generar un efecto contrario al que pretende la ley de cuotas: en lugar de aumentar la cantidad de diputadas electas, esa cifra podrá disminuir, dependiendo del modo en que el partido prioriza la distribución de los recursos.

Según María Vitoria, “existe una profunda necesidad de democratizar el sistema político brasileño y garantizar el acceso de las mujeres“, para ello un desafío inmediato es reglamentar la forma en que se va a aplicar la nueva medida y buscar mecanismo de fiscalizar para que ella sea garantizada. Pues, como dicen Barbieri, Mesquita y Ramos, “al cabo de ese ciclo electoral, las nuevas reglas podrán generar los mismos resultados de siempre y significar el mantenimiento del escenario de baja representatividad de mujeres en nuestras casas legislativas, así como de las mismas viejas corbatas en el control de la política brasileña”.

Sin duda, el sistema político brasileño precisa encontrar nuevas reglas de juego electoral que garanticen el acceso de las mujeres, así como también negros y negras, representantes de pueblos originarios, colectivos LGBTs; históricamente subrepresentades en estos espacios. Mientras eso no sucede -o mientras suceda muy despacio-, las movilizaciones del 29 de septiembre, #EleNão ya advirtieron una serie de transformaciones y que viene desde las calles.

 

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