Sin TRAVAjo no hay libertad

Por Ignacio Saffarano/ Foto por Nadia Sur

Claudia fue condenada a 5 años y 3 meses de cárcel por el delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización”. Una sentencia que combina transfobia, clasismo y xenofobia en partes iguales, una cobertura mediática cómplice y un Estado ausente de políticas públicas pero presente para la aplicación de medidas represivas.

“… Alias Claudia”. Violando la Ley de Identidad de Género (que no requiere que una persona realice el cambio en el DNI, para que sea tratada con su género autopercibido) comienza la primera línea del fallo, que vio la luz el martes 10 de mayo, en el Tribunal Oral Criminal N° 1 de la ciudad de La Plata. El final de este fallo, para muchxs ya es conocido. Claudia, travesti, migrante, de 31 años fue condenada a 5 años y 3 meses de cárcel por el delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización”.  Pero vayamos a los hechos de una historia, que desde la partida, tuvo como fin criminalizar a una persona, por ser trava, pobre y peruana.

Claudia fue detenida durante la madrugada del 12 de abril de 2014 en la “Zona Roja” platense. La detuvieron por “sospechosa”. No había ninguna prueba que ameritara la detención. Claudia fue trasladada a la Comisaría 9° (allí donde hace veintidós años fue visto por última vez, el joven estudiante de Periodismo, Miguel Brú).

Sin que medie autorización judicial, y aduciendo el carácter de “urgencia”, Claudia fue dirigida al Gabinete de Investigaciones, donde fue desnudada y requisada. En esta práctica vejatoria, fueron encontrados una serie de envoltorios, con un total de 3,5 gramos de cocaína; cantidad suficiente que justificó que tanto que tanto el poder judicial como los medios hegemónicos locales, hablaran de “narcotravestis”.

El fiscal Martín Chiorazzi tuvo una incesante labor militante del nacionalismo más retrógrado. Muestra en los argumentos que fundamentaron el agravar la pena, un profundo desprecio por quienes vienen de otros países, a habitar suelo argentino: “la condición de extranjera de la imputada, por venir de una nación hermana y delinquir en el país que la recibe”. Con ese justificativo, el fiscal pidió que Claudia pasara más tiempo en la cárcel. Producto del trabajo de los abogados defensores (con Josefina Rodrigo a la cabeza), Claudia había logrado una morigeración de la pena, lo cual le permitió llegar en libertad hasta el último momento del juicio.

La sentencia

La lectura del veredicto, realizada por el juez Juan José Ruiz (acordémonos de este nombre para sumarlo a la lista de Piombo, Sal Llargués y varios más), debería hacerse acompañado de una generosa dosis de Reliverán; la única forma posible de evitar las náuseas provocadas por el conglomerado de frases xenofóbicas y  transfóbicas. Previo a este aviso, creemos que es importante conocer, cuales son las deducciones “lógicas” que hace un juez al momento de fallar. Un montón de afirmaciones fascistas que pretenden vestirse de elucubraciones con el fin de asegurar el “principio de igualdad ante la ley”.  Vamos con algunas:

  • “El art. 21 de nuestra Constitución Nacional (CN) dice: ‘Todo ciudadano argentino está obligado a armarse en defensa de la Patria y de esta Constitución… los ciudadanos por naturalización –punto intermedio entre extranjero y nacional- son libres de prestar o no este servicio’. Es decir, mientras nuestros nietos, padres, hijos, hermanos y amigos, morían en el conflicto de Malvinas en defensa de la Patria; los extranjeros, que gozaban de todos los derechos (aunque no de todas las obligaciones, como se ve) veían desde la comodidad de su hogar el conflicto, sin temor a ser convocados. Me pregunto entonces si en este punto, ¿existe igualdad ante la ley? Como derivación del art. 21, ejemplo éste, que bien pueden entender los que hoy tienen más de 40 años, el ciudadano estaba obligado a hacer el servicio militar. Esto es, mientras muchos de nosotros debíamos postergar los estudios, en algunos casos, por más de dos años, sin contar las penurias que se pasaban; nuestros compañeros extranjeros que compartían los pupitres con nosotros en la escuela pública y gratuita, se recibían antes, ¿y la igualdad ante la ley?”.
  • En esta cita textual, el juez Ruiz aprovecha para descargar todo su racismo: “Una madre (la CN) le dice a su hijo (extranjero): ‘si te portas bien, mamá te va a querer como a mis otros hijos (nacionales). No me importa cómo seas, flaco, gordo, rubio, morocho, etc.; lo único que te pido, ya que te doy de comer, te doy vivienda, estudio y salud, es que te portes bien, que estudies, hagas la tarea, acomodes tus juguetes, tomes la sopa, porque si no lo haces, vas a defraudar la confianza que deposité en vos, y mamá se va a enojar‘. ¿Es tan difícil de entender lo que la Madre de todas las leyes, nuestra Constitución Nacional, nos dice? El art. 25 y el Preámbulo de la CN –a contrario sensu- no dejan dudas; el principio de igualdad ante la ley y de no discriminación deben ceder ‘excepcionalmente’, en relación a un extranjero que comete un robo, asesina, viola, comercia estupefacientes, usurpa una propiedad, etc.; porque así como Ella (la CN), excepcionalmente, deja de lado el principio de igualdad entre un argentino y un extranjero, al pedirle al primero que de su vida por la patria; así también, excepcionalmente, deja de lado el principio de igualdad y de no discriminación entre un extranjero y un argentino, cuando el foráneo comete ‘delitos comunes’ en el país. Entender lo contrario es, a mi modo de ver, lo único inconstitucional. Pero esto se da, no por ser un extranjero, que quede claro, sino un delincuente que defraudó la confianza de la sociedad, pagó con ingratitud la gratitud brindada por el Estado Argentino, y se burló de la hospitalidad que le brindó el mismo. Las conclusiones a las que arribo, aterran a más de uno y hablan de xenofobia. Nada más lejos de la verdad. ¿Quién de entre nosotros los argentinos, incluso el suscripto, no tiene un abuelo o abuela español, un nono o nona, un opa u oma, un grandfather o grandmather, etc. corriendo por la sangre de sus venas?”.

“El Día” de la complicidad

La mayoría de las y los platenses nos desayunamos con esta terrible noticia a partir de la viralización de una nota web del anacrónico periódico. Allí titulaban “Más de cinco años de cárcel a una travesti por vender droga y ser peruana”. El inmediato repudio comenzó a manifestarse a través de las redes sociales, convirtiéndose la búsqueda del fallo, en una tarea central de la mañana.

No es la primera vez que el Diario “El Día”, carga tintas contra las travestis. Haciéndose pasar por la voz de la moral de las y los vecinos de la ciudad, se ha encargado de gestar una clara estigmatización de este colectivo, asignándole históricamente tareas delictivas. Jamás en las páginas de este pasquín se han preocupado por conocer la cara real de lxs trans, que día a día sufren las consecuencias de ser actores marginados por el Estado y la sociedad en todos sus niveles.

Por eso, una respuesta inmediata de parte de los medios de comunicación populares y alternativos, es más que necesaria, para salir a luchar de frente contra la visión hegemónica que pretende instalar “El Día” y sus aliados.

La otra cara del veredicto

Los más de cinco años de cárcel para Claudia no es lo único que forma parte de la faz resolutiva del fallo. También se exhorta a la Dirección Nacional de Migraciones a que constate bajo qué circunstancias legales (tanto de admisión como de permanencia), “se encuentran los ciudadanos extranjeros que ofrecen servicios como travestis en la denominada Zona Roja de la Ciudad de La Plata”.

El fundamento para esta disposición es que esconden bajo la realización de una actividad legal (la prostitución), una serie de actos delictivos. Una vez más, la estigmatización en todo su esplendor.

En la misma sintonía, se exhorta al intendente platense de Cambiemos, Julio Garro, a que tome medidas respecto a la “Zona Roja” platense, ya que allí “se causan reiteradas molestias a los vecinos”. ¿Qué medidas podrá tomar un tipo como Garro, abiertamente transfóbico como lo demostró en su campaña cuando declaró que “no se le ocurre darle trabajo a un travesti, cuando hay padres y madres con hambre?”. Seguro que esas medidas serán de más persecución a todo el colectivo trans-travesti.

Todos estos sectores se encuentran envalentonados y con margen para descargar su odio de clase, de raza y de género. Más que nunca se hace necesaria una respuesta unitaria y en las calles, para poder frenar a tiempo esta avanzada y evitar que otras trans sigan cayendo en las garras del Estado punitivista que se hace presente sólo para meterlas en cana. La lucha por la implementación completa de la Ley de Identidad de Género y por la reglamentación de la ley provincial de Cupo Laboral Trans, deberían ser dos banderas innegociables que todx militante popular debe levantar. Organización y Furia Travesti, hasta que todo sea como lo soñamos.