La Chusma Rock: “Si el rock molesta, es que lo estamos haciendo bien”

Por Sofía Ordynans

La Chusma Rock despide el año esta noche, desde las 21.30 en Casa Colombo, Abasto. Antes de la presentación, dialogaron con Marcha acerca de estos diez años de música. 

En la colorida terraza de su sala ensayo ubicada en Villa Crespo, el compositor y guitarrista Cholo Sileoni y el bajista Tano Fioramonti de La Chusma Rock, nos reciben con -agradecida- birra fría, en un atardecer que cae en la ciudad.

La Chusma es banda de rock, pero también de todo género que haya surgido alegre y contestatario: en sus sonidos se mezclan el reggae, el punk, hip hop, murga y ritmos urbanos, con letras que reivindican el amor, la amistad y la resistencia, haciéndole frente al llanto y la tristeza con acción y comunión entre individuos, rescatando raíces latinoamericanas en las que la naturaleza y el vínculo humano “es fundamental”.

Surgidos en 2006 en el barrio de Flores, el Cholo, el Tano, Lelo, Coyo y el Ruso están transitando sus 10 años de trayectoria que los encuentra, según ellos -y aún- “dándole como niños” porque “el rock te mantiene, la cultura, el arte, estar en conexión con eso, es como que te mantiene bien, activo, alejado del cáncer”. Desde Marcha, nos reunimos con ellos antes de su presentación en Casa Colombo, Villa Crespo.

-¿Como sintetizan los diez años de La Chusma?
Lelo: -Con constantes cambios pero más organizados. Se incorporó Max que es el manager y amigo que nos ordena bastante pero seguimos con cierta locura, gente que viene y va, incorpora su magia, la traen, la llevan, nos la deja. Los que estamos desde el primer momento siempre con ideas nuevas, intercambiando opiniones, generando lo que se puede que esta muy difícil todo lo que es la música, el rock, que está bastante bastardeado. Seguimos dándole como niños, desde hace diez años.

-Sus tres EPs están vinculados a los pueblos originarios y la protesta social ¿como comienzan a aparecer estos conceptos en sus trabajos?
Cholo.: -En “Nalai-Mapu-Uhj”, el tercer disco que estamos grabando – y que compila los 3 EPs- la idea fue incorporar a las comunidades, conceptos y filosofías de ver el mundo: Nalai quiere decir “Sol” en Toba, Mapu es “Tierra” en mapuche, y Uhj quiere decir “Luna” en Maya. Siempre tratamos de estar en contacto con nuestro alrededor, por más que nuestro linaje sea europeo está bueno saber qué dicen los vecinos. También por las giras que hicimos por Ecuador, Perú.

Tano.: -Es parte de la banda saber que quizá en vacaciones nos vamos a algun lugar por américa con los equipitos a batería, a tocar ahí, en la calle. Somos una banda que viaja mucho y eso repercute en los EPs, que son una reafirmación de lo que es la banda.

C.: -Es también cambiar un poco de lenguaje. Me tocó estudiar sociología en la UBA y es como que occidente siempre está ahí, sometiendo. Yo suponía que era una sociología universal y la verdad es que era una sociología alemana básicamente, no se escuchan otras voces y me pregunté “¿y la sociología aymara? ‘Y no, eso no, me contestaron’”

Eso “no es ciencia”.
C.: -Claro, no es ciencia. Y estuvo bueno atravesar eso, porque por yo esperaba otra cosa, escuchar otras voces que creo que tienen mucho más para decir hoy sobre el espíritu, más profundas que las palabras que nosotros usamos; es la única manera de poder sobrevivir en el contexto y que no nos hunda el cemento. Y eso lo ves en los viajes, nos llama mucho la atención y creo que es importante compartirlo.


-¿Cómo es ser independiente hoy? ¿Pueden vivir de lo que hacen?
C.: -No, es super difícil, todo nos cuesta: hacer gorras, calcomanías, volantes. La verdad es que no vemos nada, al contrario, ponemos todo.

T.: -Lo que notamos son unas cuantas trabas que se dan en esto. Tiempo antes no había tantas productoras metidas en el medio que te alquilan las fechas, antes arreglabas con el dueño, era otra cosa. Y también por lo que te imponen los lugares. Esta bien, entras si querés entrar, es una decisión de la banda, pero por ejemplo La Chusma le dedica mucho tiempo a los ensayos, hay mucho compromiso, entonces vos querés sonar bien, querés un lugar copado, y después esta el fotógrafo, el stage, el sonidista; todo es una suma de cosas. Creo que igual es la realidad de la mayoría de las bandas under, pero tener esa parte independiente esta bueno, es el camino que elegimos.

C.:- Ahora se incorporó Max, el manager, y a veces también contratamos prensa para que haya movimiento para que la rueda empiece a girar y nos permita proyectar cosas que tenemos pensadas hacer y no podemos porque no tenemos una moneda. Hemos tocado en Niceto alguna vez, lugares que no tienen mucho que ver con nosotros ni nuestro espíritu, pero también sabemos que la música es un mercado y que si podemos llegar a solventarnos con eso y que la rueda empiece a girar… Y porque esta bueno delegar, a veces organizarnos es difícil, y eso también nos enseña, tratamos de lograr un espacio donde nos cuidamos cada vez más, y la banda es eso, es nuestro lugar, como nuestra caja de cristal.

T.: -Si, el factor humano es fundamental, algo re lindo que tenemos desde la secundaria, son muchos años de conocerse y de cuidar la relación, sabiendo que una banda es un conjunto de gente con su vida y sus humores.


C.: -Y sigue el sueño, el espíritu está ahí, la juventud también la inventa uno, uno es viejo cuando quiere, y el rock te mantiene, la cultura, el arte, estar en conexión con eso te mantiene bien, activo, alejado del cáncer.


-¿Que les parece la situación que están viviendo muchos músicos que se ven implicados en denuncias por violencias hacia las mujeres?
C: -Lo que está sucediendo con la ola feminista, que las mujeres tengan más voz, es necesario y fundamental. Era hora de que empiece a suceder, que se empiece a escuchar esa voz. También es muy delicado porque algunos terminan no siendo como se creía que eran, y empieza a haber una cuestión mediática en la que es hasta difícil de hablar porque no cabe duda, no podes violar a una mujer, a un nene, si lo hiciste sos un hijo de puta, no hay otra alternativa. Pero también empieza a haber una cuestión que se traslada a todos lados, y en donde en las escuelas, por ejemplo, no podes tocar un nene porque parece que lo vas a violar, empieza a haber una psicosis permanente y creo que eso es parte de lo que genera la cosa mediática, de pelearnos los hombres con las mujeres, los ricos con los pobres, todos contra todos.


T.: -Está buenísimo todo este colectivo y movimiento que está sucediendo que antes, lamentablemente, era impensado y que sucedió un poco en todo el mundo, de denunciar, está buenísimo. Cada uno sabe lo que hace dentro de ciertos ambientes donde la exposición también es eso, ahí sos vos realmente, bueno, ¿como sos realmente?.

C.: -Que se empiece a ver, que se visibilice. Justo el otro día hablábamos de las películas de porcel y hoy decís: ¿qué locura no? Antes no lo decíamos, y no nos parecía mal porque también está en la educación, no me daba cuenta de cosas que hoy está bueno que la mujer tenga la voz para decir “che, son unos giles, mira lo que estaban haciendo, estaban equivocados, estaban en cualquiera”. Que caigan todos los giles, de todos los sectores.

-¿Cómo notan la escena musical actual teniendo en cuenta que vienen de la generación post cromañón?
C.: -Fue un momento triste para el rock y la comunidad under en todo sentido y creo el mismo sistema lo usó para su favor, siempre ganan ellos, son muy perversos y avaros; pasó cromañón, el rock de luto y los chabones hicieron un mercado de eso, solo podíamos tocar en lugares con menos estructura, y, los lugares chicos de los que vienen los compañeros que están en esa parte del arte, fueron cerrados con la excusa de que se puede prender fuego. Fue un luto tremendo porque no solo se murieron pibes que podríamos haber sido nosotros, sino que además se elitizó el under. Nadie quiere que se prenda fuego un lugar, pero tampoco lo legal hace que no se prenda, es raro. Cromagnon género leyes que son antirock, antiurbano, en contra de la gente y la cultura, entonces siempre ganan ellos.

T.: -Es un día que nadie se va a olvidar, lo sufrimos todos como público, como músicos, y como todo ese ambiente en el que crecimos, no por entrar en esa de “fue por esto, fue por aquello” yo voy más allá, lo tomo como el oportunismo del poder; a base de la muerte crear y censurar y hacer un montón de cosas, es atroz.


C.: -Si, y es que siempre se busca un culpable, y la verdad es que nos pudo haber sucedido a nosotros que vamos con buena voluntad a hacer cultura, a tocar, no queremos plata, ni poder, queremos compartir un mensaje de justicia y colaborar con el mundo desde ese lado que nos sentimos cómodos. Después obviamente, si buscas un culpable van a agarrar  a los giles, pero una banda no sale a matar gente, a recortar presupuestos, no sale a sacarle la plata a los jubilados, ni la comida a los nenes. Una banda comparte, más si sos del rock, porque en la Creamfield mueren pibes todo el tiempo que están re drogados, y también habría que plantearse porqué la juventud se droga tanto en lugar de echarle la culpa. Siempre es más fácil echarle la culpa a los más vulnerables, a los pobres, a los jóvenes, y a los rockeros también. Capáz que tienen bronca porque queremos ser felices o libres, y ellos no saben como hacerlo, no sabrían ni como empezar porque su vida es miserable y eso habla bien del rock, porque si les molesta es porque algo bueno debemos estar haciendo.

http://lachusma.com.ar/

https://www.facebook.com/pg/LaChusmaOficial/about/?ref=page_internal

https://www.youtube.com/user/sarrrrna

Evento del show: https://www.facebook.com/events/514342488922369/

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#VivasNosQueremos, un solo grito en campaña gráfica

Por Vivian Palmbaum @vivi_pal/ Foto: Editorial Muchas Nueces

El viernes pasado se presentó el libro #VivasNosQueremos- Campaña Gráfica, material de ralización colectiva y anónima que recoge las producciones de distintos sectores y regiones nuestramericanas. Un grito que se unifica para crear sentido y llegar a las calles porque, tal como expresó una compañera del  Colectivo Mugre de México, “las calles también son nuestras y tenemos derecho a caminar sin miedo” y “porque Vivas nos queremos, una apuesta a la vida entre tanta muerte”.

Un grito fuerte y visible al alcance de cualquiera

Así es la consigna desde donde nace la iniciativa colectiva de una campaña gráfica dirigida a visibilizar el derecho de las mujeres a no ser violentadas, para derribar la cultura machista y patriarcal que constituye el sentido común, desde el cual las mujeres son violentadas, asesinadas y maltratadas. El viernes pasado, en el Espacio Mu,   se hizo la presentación del libro #VivasNosQueremos – Campaña Grafica. Natalia, Carolina, Florencia, Gaby, Florencia, Alejandra, y Ángeles fueron las encargadas de presentar la cuidada elaboración del material que reúne la campaña gráfica compuesta de estampas y grabados que intentan plasmar un mensaje que esté en las calles, para replicar, para concienciar, para darle fuerza a las mujeres en la vida cotidiana.  Se trata de una producción editorial conjunta y compartida por los colectivos Muchas Nueces, El Colectivo y Chirimbote junto a la campaña #VivasNosQueremos.

“La campaña comenzó en el 2015, es anónima y por eso las imágenes no están firmadas y la idea es reproducir una imagen en xilografía, grabado, en blanco y negro con la frase Vivas Nos Queremos y  salir a la calle. La idea del libro fue reunir todo el proceso desde el 2015 hasta ahora”, se explicó al inicio de la presentación.

#VivasNosQueremos es una campaña gráfica que nace en México como una iniciativa de poner el cuerpo en la calle.  Con un mensaje visual que enviaron las compañeras de la colectiva Mujeres Grabando Resistencias (MUGRE) se describió la iniciativa.  Un relato en donde se fue trazando la genealogía de esta campaña que hoy se recoge en la edición de la campaña gráfica en formato de libro. Una acción nacida en México, que surge en el año 2012 en el espacio de una escuela popular, donde estas mujeres coinciden y escuchan las resonancias comunes acerca de que “vivimos como mujeres en una ciudad tan caótica y violenta, con colonialidades, como es México, donde el número de feminicidios viene aumentado terriblemente” .  Así fue que tomaron el grabado como lenguaje que permite plasmar un mensaje en las calles, retomando la tradición del grabado mexicano como parte de las luchas populares y de contenido social.

Ante  esta dificultad de enfrentar la vida cotidiana y por la ausencia de espacios, para expresar la solidaridad con las luchas de mujeres en México y en el mundo, para enfrentar la exposición mediática que objetiva el cuerpo de las mujeres.   “Frente a esta negativa visual nuestro sentido es generar imágenes desde un sentido propositivo, apostándole a la vida. Así surge la campaña gráfica #VivasNosQueremos. Las calles también son nuestras y tenemos derechos a transitarlas y habitarlas día a día”, indicaron quienes impulsan este proyecto.  Repartir estos carteles para que sean pegados en cualquier lugar del mundo, sin ningún costo, porque la idea es que la gráfica hable por sí misma.  La campaña se fue expandiendo,  tomó contacto y enlace con otras experiencias en otras regiones: “Que tengan eco en piases tan distintos como Argentina, nos hace saber que no estamos solas, que venga lo que venga vamos a trabajar juntas”.

También la campaña toma la problemática del femicidio como riesgo laboral, y la imagen de Laura Iglesias que forma parte de la campaña. Laura Iglesias fue  la trabajadora social del Patronato de Liberados, asesinada en plena actividad laboral. Una de sus compañeras relató cómo fueron encontrando la solidaridad entre mujeres, con la imagen de la compañera asesinada como bandera de lucha contra la precarización laboral y las condiciones riesgosas  que aún no se modifican.  “Una imagen que pone sobre la mesa, el femicidio en el ámbito laboral y las condiciones en que aún siguen trabajando sus compañeras y para poder acercarse a otras compañeras”. “Que su imagen sirva para seguir construyendo solidaridad entre las compañeras, para ser parte de algo más colectivo. Para que las condiciones laborales tengan una perspectiva de género, para cuidarnos entre nosotras”, indicaron.

De la presentación participó la licenciada Silvia Dolinco, con “ideas en borrador dichas en voz alta”, tal como expresó. Dolinco como historiadora puso en valor las genealogías que pudo ir encontrando en el libro. Así  mostró  que “estas imágenes hechas por mujeres y publicadas por mujeres” son un hecho inédito que le da continuidad a la idea de lxs artistas del pueblo o clubes de grabado.  Al mismo tiempo señaló que el tratamiento de estas imágenes como públicas, de libre uso, patrimonio de todes se asemeja a la idea de imágenes viajeras. Entre otras cosas le dio gran valor al poner el cuerpo de las mujeres: mujeres imprimiendo, que pasan de la acción en el taller a la salida en la calle. Poner el cuerpo como acción manual y física del realizar. A la vez que destacó la imagen colectiva, hecha de símbolos, imágenes y palabras y la presencia de esa alianza de clases sociales del mayo francés que se puede encontrar en la tradición del grabado, obreros, artesanos, artistas. Imágenes públicas que se expresan en el grabado: del taller a la pared, del taller al libro impreso, del libro impreso a la red.  Fue parte del valioso aporte de la historiadora del arte.

Para finalizar, otra de las artistas participantes subrayó “el poder multiplicador” de estas imágenes, y explicó el “valor del desplegable”, que es parte del libro,  que intenta  multiplicar el concepto, sacarlo del libro para que esté pegado  en el taller, para que ayude a poder llevar adelante esta tarea, para que cualquier persona que no lo haya hecho antes pueda hacerlo a partir de estos símbolos imágenes, palabras y poner el cuerpo, hacer y salir a pegatinar estas imágenes, es una invitación que trae el libro para seguir haciendo, cualquier persona que no sepa hacerlo a partir de estas imágenes pueda hacerlo.

“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”. Con esta frase, Minerva Mirabal respondía a las amenazas del régimen del presidente Trujillo.

Desde 1981, cada 25 de noviembre, se levanta la voz para recordar que las mujeres rechazamos la violencia de género. La determinación de ésta fecha fue elegida en Colombia, en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en conmemoración del asesinato de las hermanas Mirabal, Minerva, Patria y María, a manos de la dictadura de Leónidas Trujillo en República Dominicana. Conocidas como “Las Mariposas”, estas mujeres nacidas en una familia acomodada en la provincia dominicana de Salcedo, con carreras universitarias, casadas y con hijos, contaban en el momento de su muerte con cerca de una década de activismo político.

Desde 1981 la fecha de su muerte se convirtió en un día señalado en Latinoamérica para marcar la lucha de las mujeres contra la violencia, realizándose el primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe, en Bogotá (Colombia).

En dicho encuentro las mujeres denunciaron los abusos de género que sufren en el nivel doméstico, así como la violación y el acoso sexual por parte de los Estados, incluyendo la tortura y la prisión por razones políticas.

En 1999 la ONU lo convirtió en un Día internacional.

Para conmemorar esta fecha #Vivas Nos Queremos – Campaña Gráfica, una producción editorial colectiva, un material de trabajo compartido y para compartir, para hacer visible lo que aún está invisible, que nos ayude a multiplicar y a cuidarnos de manera colectiva.

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“Se me dio una vida”

“Se me dio una vida”

Teatro 25 noviembre, 2017 0

Por María Eugenia Miqueo @Eugemiqueo

“Angá Rodolfo”, obra dirigida por Matías Gómez, narra la dificultad de un hombre de cuarenta años para atravesar la navidad en soledad. Se presenta todos los lunes a las 21.30 en el Teatro La Lunares.

“¡Se me dio una vida! ¿Y qué hice con eso?” se pregunta Rodolfo, medio desnudo, borracho y después de varios días de luchar cuerpo a cuerpo con su soledad. La navidad, mezcla de tradición y marketing, reúne a las familias alrededor de la mesa, nos embiste de un clima festivo que comienza con los preparativos necesarios para el gran banquete y concluye recién después del brindis de año nuevo. Días y días de espíritu navideño que puede ser una daga clavada en el pecho para quienes no tienen con quien festejarlo. Este es el caso de Rodolfo, quien a raíz de su incapacidad para relacionarse se va quedando cada vez más solo. Solo y desesperado.

La sala casi a oscuras, solo iluminada por un arbolito de navidad, y la melodía de la guitarra criolla de Diego Coqui Salvatierra reciben al público y lo van preparando para presenciar la batalla de un hombre consigo mismo: desgarrada, cruel, épica. Nadie saldrá inmune. Ricardo Torre le da vida a Rodolfo en una interpretación a la que cualquier adjetivo calificativo le queda chico. La entrega de ese hombre a su personaje es tan grande y absoluta que resulta difícil imaginar el estado emocional en que queda luego de cada función.  La dureza del relato está tamizada con la calidez de la música en vivo que interpreta Salvatierra. Su voz dulce y potente acompañada de guitarra, bombo leguero y tambor son de una belleza absoluta y necesaria.  

Una puesta despojada, magníficamente iluminada, buena música y una interpretación brillante hacen de Angá Rodolfo una obra tan bella como cruda que interpela espectadores y espectadoras y de la cual no saldrá inmune.

Ficha técnica:

Actúa: Ricardo Torre

Música original: Diego Salvatierra

Fotografía: Felipe Castro

Diseño gráfico: Felipe Castro

Asistencia de dirección: Nadin Jezabel Gulman

Prensa y difusión: Kazeta Prensa

Dirección: Matías Gómez

La Lunares Teatro – Humahuaca 4027

Tel: 4867.3105

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Natalia Romero: “Uno escribe porque ama”

Por Laura Cabrera @LauCab /Foto: Andrés Álvarez

La escritora Natalia Romero presentará este miércoles en el Centro Cultural Matienzo el libro “El otro lado de las cosas”, tercera producción colectiva surgida del taller de escritura que coordina. Estos ejemplares editados por el sello Peperina Editora cuentan con relatos de cuarenta autores y autoras que, motivados por la “fascinación ante el mundo”, lograron rescatarle otra esencia a lo ya conocido.

Todo comenzó hace tres años atrás cuando la escritora Natalia Romero comenzó a coordinar el taller de escritura al que llamó “El otro lado de las cosas”, en homenaje un verso dentro del poema “La cara oculta”, de una de sus autoras de cabecera, la argentina Diana Bellessi. Para ese año, una de las primeras en llegar al taller fue Sara Paoletti. El taller crecía, la necesidad de exteriorizar las producciones que allí nacían se hacía cada vez mayor, y fue entonces cuando Sara, que además es diseñadora gráfica, propuso comenzar a pensar en la idea de un libro. Fue entonces cuando en ese ámbito íntimo, de comodidad y amistad que se generaba en la casa de la escritora, comenzó a materializarse esa idea de una publicación en papel.

“Al taller lo doy en casa y para mí siempre lo más importante de la literatura es que haya confianza, que uno se sienta cómodo, que pueda liberarse y ser sincero. Se armó una cosa de mucha amistad, entonces a partir de la propuesta de Sara de armar el libro, empezamos a organizarnos en 2015, juntamos plata entre todos para pagar el costo de la imprenta”, rescata Natalia al hablar de esa idea surgida de manera grupal y también como resultado de sus experiencias como participantes de talleres en donde una vez finalizado un texto surge esa necesidad de plasmarlo, dejar de modificarlo, de tan solo dejarlo ahí, para que otros y otras lo lean, lo interpreten, porque al fin y al cabo lo importante es soltar lo que cada uno escribe para que “haga su camino”, como explica Romero.

Estos tres años de historia tuvieron sus frutos en “El otro lado de las cosas”, compilado colectivo de más de 40 autores y autoras que pasaron por el taller y que presentarán sus producciones este miércoles 22 desde las 20 en el Centro Cultural Matienzo (Pringles 1249, CABA). Antes de esta fecha, que además incluirá música de la mano de Camilo Cipolat (quien también fue parte de uno de los talleres) Natalia Romero dialogó con Marcha acerca de esta experiencia puntual y sobre el hecho de escribir, de despojarse de ciertas cuestiones para dar lugar a una acción en la cual considera que el amor y la fascinación por el mundo cumplen roles fundamentales.

 

– “El otro lado de las cosas” surge de un taller de escritura, por ende es además un libro de creación colectiva. Teniendo en cuenta las individualidades de cada escritor o escritora que participó, ¿qué une a cada relato en lo colectivo?

-Lo que une a cada relato creo que tiene que ver con el espíritu del taller. Tiene algo de renovar o volver a mirar las cosas, de encontrarle el otro lado de la mirada más automática de las cosas, como de volver a ver por primera vez. Hay un texto de Patii Smith que a mí me gusta mucho, que es como el centro de todo, cuando ella en “Eramos unos niños” ve un cisne por primera vez y le pregunta a su madre qué es eso. La madre le dice que es un cisne y ella contesta “la palabra no me alcanzó” para decir todo lo que ella estaba viendo en ese cisne que se desplegaba en el lago. Entonces, me parece que lo que une a cada relato es un poco esa fascinación por el mundo. Para mí es importante que cada uno desarrolle lo mejor de su propia voz. Cada uno tiene una forma distinta de contar su experiencia, su vida o lo que surja.

– Yendo un poco al antes, a los talleres y a la idea de escritura, ya sea de cuentos, poesías, relatos, ¿cualquiera puede escribir?

-Cualquiera puede escribir siempre y cuando quiera escribir, siempre y cuando lo sienta. En el taller no trabajamos con formato cerrado, la forma viene sola. Creo que hay como una forma que cada uno tiene adentro y lo más difícil es encontrarla, lo más difícil es encontrar la propia voz, que a veces está un poco más oculta. Por eso también tiene que ver con el deseo: tiene que haber algo que uno no puede parar, algo irreflenable.

-¿Qué elementos son importantes a la hora de escribir literatura?

Lo más importante a la hora de escribir literatura es mucho amor, fascinación por el mundo, no tenerle miedo a la escritura, al misterio, no tener miedo a soltar el control. Uno se entrega a la escritura. Uno tiene que aprender que en la escritura no controla nada y que va a descubrir cosas propias que ni sabía que sabía. Uno para escribir tiene que tener confianza, disfrute, todas esas cosas que hacen a por qué uno escribe. Uno escribe porque ama.

-Teniendo en cuenta que la literatura siempre encierra un contexto en el cual un texto fue producido y que en ese sentido el arte es también una herramienta de lucha, ¿qué rol considerás que cumple hoy la poesía y los cuentos?

-La poesía, la literatura, es una gran herramienta de resistencia sobre todo. Yo aprendí mucho de Diana, de Paula Jiménez España, de Claudia Masin, que son mujeres que me marcaron en relación a lo que implica una poesía de resistencia. Sobre todo lo es también como dice María Teresa Andruetto, que es como que uno le gana al caos del mundo cuando se sienta a escribir un poema. Son esos gestos de devolvernos algo que todo el tiempo parece que nos están quitando. El rol es un rol de salvación, de resistencia y de fortaleza.

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Teatro: Sembazuru, las mil grullas

Por María Eugenia Miqueo @eugemiqueo

La obra teatral de Juan De Lonardi desata minuto a minuto una historia que al inicio parece ser un misterio. Un hombre y sus vivencias, un hombre y su necesidad de escribir. 

No hay juicio más severo que el que nos hacemos a nosotros mismos. Con nadie somos más implacables, a nadie le exigimos más. Y cuando no estamos a la altura de lo que consideramos es nuestro deber ser… la tragedia se desata. Somos capaces de infringirnos los castigos más severos pero aún después de haber pagado la condena, el beneficio de exoneración nunca nos llega.

Horacio escribe, borra, tacha, rompe y vuelve a empezar.  Rompe y vuelve a empezar, cada día, todos los días. Sentado en su escritorio, en calzoncillos porque se tiró la taza de café encima de los pantalones, intenta terminar esta historia antes que su cabeza lo olvide todo. Los recuerdos se desdibujan cada día un poco más, las caras de los seres amados van perdiendo el color. Los nombres que eran propios pasan a ser comunes y las referencias temporales desaparecen. Pero Horacio escribe para resguardar lo que queda de memoria antes que el apagón sea definitivo.

Sembazuru (las mil grullas) es la historia de Horacio, un escritor que intenta terminar su obra antes de perder definitivamente la memoria. Durante el transcurso de la obra el espectador irá descubriendo cuál es la historia que está escribiendo y cuál es esa pena terrible que no se perdona y por la cual está entregando todo, hasta sus recuerdos.

Escrita y dirigida por Juan de Leonardi, Sembazuru, es una pieza bellísima y delicada, con muy buenas actuaciones y una puesta en escena conmovedora. La música y la coreografía aportan un grado de sutileza que marida muy bien con el drama que se narra.

Sembazuru las mil grullas se presenta los domingos de noviembre en Buenas Artes Social Club, Guatemala 4484. Las entradas se consiguen por Alternativa Teatral.

Ficha técnica:

 Dramaturgia y dirección: Juan De Leonardi

Asistencia general: Natasha Goldman

Coreografías: Leandro Sala
​Música original: Diego Gonzales Farina

Fotografías: Leandro Escobedo

Intérpretes: Julieta Boland, Octavio Alvarez, Gustavo Bozzano, Eliana Barrios

Prensa: Kazeta Prensa

 

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Pensar los lugares de pertenencia como salas de cine

Por Laura Cabrera @LauCab

Cualquier realizador o realizadora puede proyectar sus películas en cualquier espacio, todas las películas tienen que contar con un lugar de proyección, todas las personas deberían acceder a la posibilidad de ver cine sin necesidad alejarse de su lugar de pertenencia. Estas son algunas de las premisas que dieron vida a Conurdocs, festival itinerante de cine que viaja por el conurbano buscando activar las inquietudes culturales de espectadores y espectadoras. Este domingo la jornada se realizará en Monte Chingolo, partido de Lanús.

De acciones foráneas a experiencias propias. Una vez, Emiliano Romero probó la experiencia de estrenar su largometraje llamado “Topos” en paralelo a la proyección en salas. La película llegó a centros culturales y fue vista por los espectadores y espectadoras de forma gratuita. Otras tantas veces, el realizador Patricio Escobar decidió presentar sus películas al aire libre en el Parque Lezama. En otro momento, el realizador Néstor Saracho presentó su corto Crónicas Emergentes en un festival internacional. Ganó un premio por ese trabajo, pero faltaba aún que los más cercanos y las más cercanas, aquellas personas que se identificarían con las imágenes y sonidos, pudieran verlo. De la experiencia de los dos primeros realizadores que creyeron que no solo las salas podían ser espacios de proyección y de las inquietudes por dar vida a ese mismo proyecto en espacios barriales es que nace Conurdocs, festival de cine que plantea la importancia de hacer circular las producciones de realizadores y realizadoras fuera de las salas y a su vez generar mediante actividades culturales puntos de encuentro para vecinos y vecinas, espacios con identidad propia, con la posibilidad de generar además distintas actividades útiles o representativas para la comunidad.

“La primera experiencia fue en Villa Corina, en un estacionamiento que hay en medio de los monoblocks. Fue a cielo abierto. Cuando  le pregunté a Patricio Escobar si podíamos pasar “Sonata en Si menor” me dijo que me podían prestar equipos (pantalla, generador). Se hizo a cielo abierto y la única entrada era que el espectador se lleve silla o almohadón, buscamos que el espectador también participe con esto de que traiga su silla. De los cinco días, dos estuvieron bastante llenos”, comenta Néstor Saracho al recordar los inicios de ese proyecto al que dio el nombre de Conurdocs. En esas primeras jornadas, el cine fue la excusa para dar lugar a una muestra fotográfica de la Isla Maciel y otra dentro del proyecto de arte urbano “Pintó la Isla”, del mismo lugar. Pero Conurdocs tiene un fin más allá de lo cultural, trabaja sobre las identidades de cada lugar en donde se instala, por ese es que en esta primera experiencia, vecinos y vecinas dejaron reflejado en un mural la historia de un niño del barrio que había sido masacrado en el ’76, casi como pintando su propia historia. “La idea era que el mural tenga un sentido en ese territorio, en esa jornada que tenía que ver con la temática de la dictadura”, explicó Saracho.

Con la alegría de que el primer Conurdocs se haya realizado en el barrio en el que vive, Saracho llevará este domingo el cine al Centro Cultural Crecer Luchando (Salcedo 1026, Monte Chingolo) en donde se proyectará “Bienaventurados los mansos” de Patricio Escobar y los cortos “Que el barrio no calle” (María Fernanda Maidana) y “La Transmisión” (Cultivarte Isla Maciel), estos dos últimos pensados desde la posibilidad de que aquellos cortometrajes producidos en talleres barriales tengan la posibilidad de ser presentados en pantalla gigante. Mientras esto sucede, un tercer Conurdocs se gesta con destino Laferrere, donde el festival de cortos y largometrajes tendrá lugar los días 8, 9 y 10 de diciembre con un trasfondo solidario, ya que además de las muestras dentro del marco cultural y en esa búsqueda de interpelación desde lo local, habrá un bufet para que quienes asistan puedan comprar alimentos y, mediante esa compra, colaborar en la colecta de dinero para lograr que un vecino pueda realizar las modificaciones necesarias para volver a su hogar luego de sufrir un accidente que lo dejó cuadripléjico.

Pensarse desde lo colectivo

Néstor Saracho cuenta su experiencia desde lo individual pero siempre dentro de un marco de lo colectivo, desde esta idea de que cuanto más organizados y organizadas, mayores posibilidades de generar actividades que sigan involucrando a toda la sociedad. En este caso en donde el cine es herramienta para la generación de conciencia sobre las identidades, el realizador destaca que este proyecto que hoy está a cargo de la cooperativa Níspero Audiovisual busca de alguna forma descentralizar, romper con esa logica centro/periferia en donde todo se centraliza en Capital Federal y muchas veces deja afuera al conurbano o las afueras de otras provincias.  “Yo quiero que las películas sean vistas en lugares que no son la centralidad de la Capital y además que haya más exhibición. Quizá debería ser una política pública del gobierno, pero como eso no está hay que empezar a agitar un poco eso y mover las películas”, analizó Saracho.

Ante la falta de políticas públicas que favorezca la producción y distribución de cine nacional, Níspero busca darle una solución al problema de la exhibición de películas, tanto para realizadores como para estudiantes de cine que quieran dar a conocer sus trabajos. “Yo creo que desde que uno empieza a estudiar se tiene que empezar a preocupar por la exhibición, no cuando terminás la película y tenés que esperar turno por dos semanas en el Gaumont, después de haber estado trabajando durante cinco años. El Conurdocs es eso”, finalizó.-

 

 

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Teatro: Hija de papá, relato de una noche

La obra teatral de Luz Moreira recorre la vida de una joven en la búsqueda de su identidad, muy ligada a las dictaduras en Argentina y Chile. Volver al pasado para no olvidar, volver para encontrase. De eso se trata.    

Por María Eugenia Miqueo @eugemiqueo /Imagen: Hija de Papá

Cuando algo nos duele necesitamos contarlo. Una vez, varias, muchas veces nos escuchamos repitiendo el mismo relato. Primero atragantados en lágrimas,  después, éstas irrumpen esporádicamente el hilo narrativo para finalmente tomar distancia y con la herida cerrada poder contar nuestra tragedia con tranquilidad, habiendo incorporado las lecciones que el hecho nos dejó, y al fin habiendo sanado, poder continuar nuestro camino. El proceso dictatorial que vivieron Argentina y Chile en el pasado siglo veinte todavía es una herida abierta. Todavía nos duele y la contamos una y mil veces; ya sea para entender y así sanar o para que se quede grabada en la memoria colectiva de los pueblos y no volvamos a permitirlo. ¡Nunca más!

Hija de Papá, relato de una noche, escrita y dirigida por Luz Moreira, nos introduce en el drama de búsqueda de identidad que viven los hijos de desaparecidos. Romina, interpretada magníficamente por Andrea Villagrán, es chilena, vive en Buenos Aires, y concurre a una vidente luego de una desilusión amorosa que termina revelándole secretos sobre su origen y el antiguo trabajo de su padre. A partir de esta revelación forzada, Romina, luchará cuerpo a cuerpo con la angustia, el miedo y  la necesidad de saber y reconstruir su identidad sobre bases firmes, antes de encontrarse con sus padres en la mañana del día siguiente.

En  esta reiteración del hecho narrado, la dictadura, la pieza teatral cuenta con la gran ventaja de contarlo a través de un lugar poco común que le aporta originalidad al relato. Esto se hace visible en la tensión entre el código dramático y el humorístico, muy presente en toda la obra, en el uso de tecnología moderna y en la forma de vivir la noche de la mayoría de los jóvenes de la actualidad. Es destacable el uso del humor que se realiza en Hija de Papá, anclado sobre todo en el lenguaje y los dialectos del español americano. Romina es chilena y cuánto más se angustia o se enoja, mas se marca la entonación propia de este país. Por otra parte, la vidente, interpretada por Emilia Rebottaro, se conecta con el espíritu de una anciana brasileña que le aporta el tono divertido a la trágica revelación que está por hacerle.  Completa este coctel de variedades lingüísticas El Francés Cordobés, interpretado por Gabriel Carasso, originario de La Falda, Córdoba pero con descendencia de franceses que le aporta originalidad a su discurso.

Todas las interpretaciones son muy sólidas y logradas y es muy interesante el trabajo de la puesta en escena que logra, con muy pocos recursos, hacernos viajar con Lucía a través la noche porteña en busca del valor necesario para enfrentar a sus padres en la mañana siguiente.

Hija de Papá se presenta los sábados a las 20.30 hs en el Teatro El Estepario, las entradas se consiguen por Alternativa Teatral.

Ficha técnica:

Actores: Andrea Villagrán (Romina)Gabriel Carasso (El Francés Cordobés)Emilia Rebottaro (Mónica/Padilla), Jorge Vilar (Matías)Stéfano Sanguinetti (Manu)

Diseño teatral: Tamara Figueroa AS.

Escenografía: Claus Da Silva

Vestuario: Roberto Mancilla Cruz

Diseño de luces y sonido: José Binetti

Fotografía: Alejandro Chaskielberg – Guido Barraco

Teaser: Juan Esteban Montoya

Prensa: Correydile

Asistente de dirección: Virginia Curet

Dramaturgia y Dirección: Luz Moreira

Duración del espectáculo: 70 minutos

Fan Page: @hijadepapaobra

Instagram: @hijadepapaobra

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Discos: La destrucción total

Por Laura Cabrera @LauCab

Luego de los cortes “Siempre con vos” y “Tranqui”, Nacho Rodríguez se encuentra presentando su primer trabajo como solista, un disco con una amplia variedad instrumental y poesía en clave romántica.

Luego de la experiencia grupal junto a Onda Vaga y Nacho y Los Caracoles, entre otras bandas, Nacho Rodríguez se renueva y explora mezclas sonoras en su primer disco solista: “La destrucción total”. Si hay algo de lo que se escapa este disco es de la destrucción, ya que en melodías y poesía está más cerca del amor, de las conexiones, del desahogo para dar lugar a la sanación de todo eso que nos hace mal en la vida diaria. Este, el primero y muy lejano a la destrucción, es un disco con vibra positiva.

A lo largo de las doce canciones que componen este trabajo (entre ellas “Siempre con vos”, “Sol”, “El verano” y “Cerro Colorado”), la voz y la guitarra de Nacho están acompañadas por Facundo Flores en batería, Jano Seitún en bajo, Juanfa Suárez en trompeta y Manuel Toyos en rhodes, además de los invitados como Moreno Veloso (en “Me perdí), Pedro Sá, guitarrista de Caetano (en “Cerro Colorado), Javier Casella de Bajofondo (en “Solita” y “El verano”), Catalina Recalde (en “Tranqui) y Clara Trucco (“Solita”), de Fémina.

Si hablamos de la poesía encerrada a lo largo de los 44 minutos de disco, es imposible que todo esto no suene a ternura entre la voz suave de Nacho y las letras que hablan de desamores, de cuestiones que se terminan, que no fueron. Es un disco que va desatando historias tristes y otras esperanzadoras entre melodías alegres, como equiparando cuestiones, como si realmente en lo malo estuviese también lo bueno, como si fuera tan solo cuestión de saber escuchar.

Si hay algo que distingue a este disco son sus melodías relajantes y el amplio abanico instrumental que hacen de cada tema un ambiente único que conecta con el siguiente. Y en la historia de tanta perfección, el disco que fue grabado en tan solo tres días llevó una preparación de dos años, periodo de maceración suficiente como para entender la calidad y variedad musical y sonara de La destrucción total.

 

 

 

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Violeta Parra: tras los pasos de una artista nómade

Por Nadia Fink

Desde el 4 de octubre de 2016 hasta hoy, artistas chilenos de diversas disciplinas impulsaron más de 300 actividades culturales para homenajear la figura y obra de Violeta. A cien años de su nacimiento, recordamos parte de la vida de la cantora de los pueblos. 

Esa que anda lento levantando polvo en los caminos del Chile profundo, la que lleva la guitarra al hombro, la misma que supo tomar las voces de los que no tenían voz, para hacerla grito y devolvérselas al pueblo. Esa es Violeta Parra.

…que me ha dado tanto…

Cuando Violeta llegó a la comuna de Barrancas en 1952, conoció a doña Rosa Lorca, “una fuente folklórica de sabiduría”. Mujer campesina, curandera, partera y arregladora de angelitos; acompañaba y asistía en la vida y en la muerte y le relataba gustosa sus versos…

Un poco por consejo de su hermano, otro poco porque todo lo que latía empezaba a asomar con fuerzas, Violeta decidió meterse campo adentro, en el Chile profundo, casa por casa, para recopilar todas aquellas canciones tradicionales que pasaban de boca en boca y que se estaban perdiendo, porque se iban muriendo los más viejos o porque las memorias fallaban y era difícil encontrar a quienes las recordaran completas. Con 36 años arranca la Viola el camino que la llevará al cariño y al reconocimiento del pueblo.

La vieron tocar puertas, primero hacia la zona central de Chile, donde tomó el canto a lo humano y a lo divino (ambos forman el “canto a lo poeta”, son décimas acompañas por guitarra o guitarrón y difieren en su denominación por la temática de sus composiciones), luego en la zona más austral, en Chiloé, aprendió las canciones más ligadas a lo ancestral, a las fuentes indígenas; y la última etapa fue la de más al norte, donde el folklore se distingue por las quenas y los charangos. Quince años iba a durar su recorrido, más de 200 canciones fueron aprendidas y registradas, primero en un rústico cuaderno, luego en una especie de magnetófono; todo a pulmón, sin contar con subsidios ni apoyo alguno de parte de funcionarios o instituciones. Anquilosados en archivos estáticos, no fomentaron la difusión del arte vivo del pueblo chileno.

Violeta Parra nació un 4 de octubre de 1917 en San Fabián de Alico, un pueblito del sur de Chile y pronto se mudaron a Chillán con la familia. De su madre, costurera, heredó su lucha por el amor, la condición de nómade y la habilidad con las manos. De su padre, profesor, las ganas de que lo aprendido circule, el desprecio por las instituciones y el alma bohemia. De ambos, una tendencia innata que traen los Parra por la música, el canto, la poesía; el arte. “Parra eres y en vino triste te convertirás”.

Tenía ocho años cuando encontró el cajón donde guardaban las llaves del lugar secreto que escondía la guitarra del padre. Folklorista aficionado, cantaba y tocaba la guitarra acompañado por su esposa en cuanta fiesta y reunión surgiera, pero sólo entre familiares y amigos, nada de querer ganarse la vida con la música.

La Viola la descubrió como se descubren las cosas prohibidas: desde la fascinación, desde la curiosidad, se fue apropiando de sus formas. Sentada en una sillita, con la guitarra que le sobraba por todos lados, rasgó las cuerdas durante días, mientras imitaba las posturas de su padre y cantaba las canciones que le escuchara a su madre en las jornadas de costura. La sorprendieron recién el día en que ya las tocaba y cantaba enteras. Semilla que empezaba a germinar en la Viola: autodidacta empedernida, nunca se ató a reglas ni a partituras ni a estudios para componer su arte. Así aprendió, sola, y en plena fusión con los instrumentos, muchos años más tarde, a tocar arpa, piano, guitarrón, charango… Tal como escribió en una carta a su amigo Patricio Manns: “Destruye la métrica, libérate, grita en vez de cantar. (…) La canción es un pájaro sin plan de vuelo que jamás volará en línea recta. Odia la matemática y ama los remolinos”.

La infancia de Violeta, tercera de diez hermanos y hermanas, se movía entre la pobreza y la libertad. A Malloa iban los niños Parra para quedarse por unos días, zona campesina en la que vivían las Aguilera, unas primas lejanas que estaban un poco mejor económicamente. Fue allí donde empezaron a esparcirse las semillas, un poco al voleo, que brotarían más tarde y que guardaban latentes todas las expresiones de arte popular que iba viendo con sus ojos grandes la niña Violeta: cerámica, tapicería, pintura, figuras con alambre, canciones y cantos con guitarra, todo estaba allí, al alcance de las manos torpes y la curiosidad intacta. “Ya después cuando fue grande seguro que se acordó y así fue desarrollando todo tal como lo había visto de niña”, dice su hermana Hilda.

¿Qué otra cosa es la infancia que el lugar al que se vuelve, una y otra vez, a medida que crecemos? Para algunos, la patria; para casi todos, el instante en el que queda arraigado lo más inocente visto y sentido, y que luego puede llenarse de significados y de palabras cuando la capacidad de abstracción y de transmitir el arte se agiganta; para Violeta, sin dudas, el momento en el que vio y palpó lo que iba a ser materia de su arte tan polifacético durante todo su camino.

Cuando al padre de Violeta lo echaron del trabajo, no volvió a emplearse. La madre hacía lo que podía con la costura, pero fueron los niños los que empezaron a cantar por monedas, quedarse con alguna que otra guitarra de la cual los dueños se olvidaran, recorrer la zona en algún circo familiar para ganarse la vida.

Nicanor, como hombre mayor de la familia, se había trasladado a Santiago para estudiar. Violeta fue la primera en tomar la decisión de ir hacia allá. Partió sin decir adiós, como lo haría muchas veces más en su vida. Armó una pequeña valija, se vistió de domingo un día de semana, con la falda larga cortada y cocida a partir de las cortinas nuevas, se colgó la guitarra y se fue a la pensión en la que casi seguro estaba su hermano. Poco tiempo después, se le sumaría el resto de la familia: otro dolor de pueblo vivía Violeta en sangre propia, el traslado del campo, del pequeño pueblo a la ciudad, con el desarraigo a cuestas y la incertidumbre del trabajo y la vivienda.

Violeta de greda, en tu textura porosa fuiste absorbiendo el sentir del pueblo, su dolor y su festejo…

…con él las palabras que pienso y declaro…

Después de tocar en la calle por monedas, el dúo que formaron con Hilda empezó a recorrer los boliches de los barrios populares, Matucana, Quinta Normal, las canciones a la moda de la época, las que se escuchaban en la radio antes de que llegara a ella Violeta con su folklore auténtico: boleros, rancheras, corridos, pasodobles. Boliches frecuentados por hombres rústicos, que buscaban un respiro después de las duras jornadas de trabajo, que aplaudían con manos ajadas y rostros curtidos, aflojaban las penas y terminaban aullando emocionados las canciones románticas. En uno de esos lugares conoció a su primer marido, un maquinista de tren con quien tuvo dos hijos, Isabel y Ángel. Poco importan acá los entramados sentimentales de esta historia. Sí importa que Luis Cereceda era hombre celoso, de tradiciones fuertes, de mujer en su casa y se salió con la suya sólo por un tiempo. La fuerza creadora de Violeta, las ganas de andar, de perderse, de escuchar, de cantarse, latían con mucha más fuerza que cualquier atadura que le impusieran, aunque fueran las de su esposo y padre de sus hijos, en una sociedad chilena de mujeres sin palabra. “La única ventaja mía –aseguraba– es que gracias a la guitarra dejé de pelar papas. Porque yo no soy nadie. ¡Hay tantas mujeres como yo en cualquier comarca de Chile! Ellas pelan el ajo todo el día; la vida es muy difícil. Lo que pasa es que ellas se han quedado cocinando y cuidando a sus hijos y yo me he largado a cantar con lo que sé”. La Violeta cortó las cuerdas, soltó amarras después de diez años y se liberó del mandato de tantas mujeres oprimidas por el trabajo en el hogar, sirvientas de sus maridos y de sus familias enteras. Liberó en ese gesto, a muchas de las mujeres sin voz.

Violeta de barro, que renace y se transforma en cántaro firme que lleva el agua para que otras bocas puedan beber y soltar el grito…

…me ha dado la marcha de mis pies cansados…

Juan de Dios Leiva también es de la comuna de Barrancas. Su historia llega profundo en Violeta, y es ella quien relata el encuentro: “´On Leiva: 85 años, chacarero, cantor y tocador de la comuna de Barrancas, Santiago. Es un anciano delgadísimo, erguido y huraño. No quiere hablar con nadie. Cuando le pedí que me enseñara sus cantos, me respondió: ‘Yo juré no cantar más en mi vida porque Dios me llevó a mi nietecita regalona. Y la noche terrible que tuve que cantar para ella la tengo anudada en el pecho y la garganta’. On Leiva rompió su juramento cuando le dije que la patria necesitaba sus cantos. Tomó la guitarra, la afinó y tocó los primeros acordes del acompañamiento del canto a lo divino, a la modalidad de los cantores de Barrancas. Como en un gemido le salieron las primeras palabras”.

Durante la infancia en Malloa, ninguno de los Parra quería perderse la oportunidad de acudir a las fiestas campesinas: allá iban los hermanos y se quedaban cantando unos días. Es que en el campo se festeja todo. Ante las jornadas de trabajo que se extienden, que se hacen duras, la opresión y la exigencia por parte de los patrones, la dificultad de rebelarse; las cosas sencillas de la vida no se dejan pasar y se celebran; en esas fiestas mezcla religiosa y pagana, nacidas del cristianismo y de lo más ancestral de los pueblos originarios, en las que se venera a dios, a la virgen, y con ella a la madre, a la tierra; pero también a los ciclos de la vida, a la uva, a la cosecha, a la trilla. “Porque los pobres no tienen/ adónde volver la vista/ la vuelven hacia los cielos/ con la esperanza infinita/ de encontrar lo que su hermano/ en este mundo le quita”.

Años más tarde, con unas cuantas recopilaciones a cuestas, Violeta llega a la radio con un ciclo en el cual podía empezar a hacer escuchar lo que iba juntando por los caminos. “Así canta Violeta Parra” fue diseñado por ella como un programa temático, en el que en cada emisión se hablaba sobre, por ejemplo, la trilla, el velorio del angelito, las fiestas a las que Violeta asistía ahora de grande. Alguna vez la acompañaban al estudio alguno de los cantores con los que había establecido un vínculo más estrecho; otras veces, llegaba a las casas y convencía a los habitantes de que salieran a la calle y ahí nomás armaban una fiesta que transmitían en vivo. Eso lo permitía, sobre todo, la llegada que Violeta tenía en la gente. Su hijo Ángel recuerda un programa sobre “La cruz de mayo”, una fiesta pagano-religiosa donde se mixturan las creencias más arraigadas en el pueblo de la zona central. Allí, el símbolo de la cruz cristiana coincide con algunas de las creencias indígenas de que es “el madero sagrado”: representa el árbol de la vida, de las flores y de las frutas. Dentro de los rituales que se realizan en honor a la cruz, se manifiesta agradecimiento y se hacen peticiones relativas a la necesidad de lluvia para los campos; se rinde homenaje a la naturaleza y se da la bienvenida a una época que se espera con buenas cosechas. “¡Lo hicimos todo en la calle! Invitamos a la gente de la cuadra para que participara, instalamos fogatas y un grupo de cantores iba casa por casa, cantándole a todo el mundo. Y el programa se grababa ahí mismo, en directo, mientras mi mamá hacía el mote con huesillos (bebida típica de verano)”.

El velorio del angelito se desplegó en otro programa. Allí fue Violeta, ante la mirada azorada del personal de la radio, a transmitir el rito en vivo, con un muñeco disfrazado, con doña Rosa Lorca y otras comadres: era costumbre, ante la muerte de un niño (que por su corta edad y su pureza, seguro se iba al cielo) un velorio lleno de cantos y festejos, vestido el niño para la ocasión con alitas y colores en la celebración que duraba un día.

En su recorrido, ahora, donde llegara ya la estaban esperando. Violeta era esa señora que cantaba en la radio, “a lo divino”, que empezaba a devolver al pueblo lo que estaba dejando de cantar porque no encontraban el eco. Alberto Cruz, de 35 años, le contó a la Viola en Salamanca: “En una cantina la radio estaba cantando un verso por el fin del mundo. Entonces dije yo: ‘Ese verso lo cantaba mi padre’. Y corrí para la casa a dar la noticia: ‘En la radio están cantando a lo divino’, les dije a todos. Desde entonces, les estamos cantando a los angelitos otra vez”.

El folklore que se emitía por la radio en esa época, antes de la Violeta, era de un Chile de “postal”, no de gente del campo, sino de gente que admiraba la vida de campo. Entre bucólicas y exaltadoras de la patria, estas canciones bonitas y bien arregladas, como “Mi banderita chilena”, “Chile lindo”, “Si vas pa’ Chile”, le iban sacando el gusto a la propia gente por sus canciones tradicionales, auténticas. Violeta no era la primera en hacer este relevamiento antropológico; algunas otras personas ya habían hecho un trabajo de recopilación del folklore, casi siempre como parte de estudios académicos, que habían sido registrados en ensayos o en libros que dormían en las bibliotecas de universidad. Pero Violeta no se había quedado en una simple acumulación de canciones y versos estáticos; ella había ido a buscar el folklore, lo había recopilado, escuchado, interpretado, aprehendido, y se lo devolvía al pueblo en cada interpretación. Ese fue el valor más grande de la Viola. Como menciona Gastón Soublette, el musicólogo que trabajó con ella en una de sus etapas de compilación: “Tomó lo que antes había sido objeto de investigación más o menos privada y se lo devolvió a la gente”.

Violeta de tierra, caminadora de todos los caminos, desanda los sueños y las palabras y deja su huella por donde pisa…

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The Handmaid’s Tale: Futuros poco alentadores en un presente distópico

Por Ana Paula Marangoni

Fue recientemente elegida por los premios Emmy como “mejor serie de drama”. Aunque breve, sus capítulos reflejan realidades no muy lejanas a la ficción. Un análisis de The Handmaind`s tale.

La reciente entrega de los premios Emmy resignificó y contribuyó a darle mayor difusión a una serie cuya única temporada no hizo tanta mella en la audiencia, a pesar de su calidad argumentativa, fotográfica, de guión y actuaciones. En pleno boom de series, la permanente entrega de nuevos productos hace de la atención del público un bien tan preciado como frágil, y en muchos casos, las modas no siempre coinciden con el resultado artístico. Pasan muchas series buenas que mueren en dos o tres temporadas, mientras que otras se prolongan casi al infinito, más por lo que pegan que por lo que valen, si es que se permite hablar de “valor” para estos productos de la industria cultural.

The Handmaid’s Tale, o El cuento de la criada, elegida en los 69 premios Emmy como mejor serie de drama es una reciente adaptación de la novela de Margaret Atwood (hubo una versión televisiva en la década de los ’80, una versión cinematográfica en los ’90 e incluso una versión de Ópera), en este caso, creada por Bruce Miller, dirigida por Reed Morano y con la impecable interpretación protagónica de Elizabeth Moss.

En la línea de la brillante y nockeadora Black Mirror, un futuro pesadillesco acoge a la audiencia, tal vez acaso el primer filtro de este tipo de productos: despejan poco, y alienan bastante menos. En el caso de este poco deseable futuro, en medio de una crisis de crecimiento de la población mundial y alimentaria (consecuencias ficcionales pero no inverosímiles del cambio climático, la contaminación y el calentamiento global) una dictadura teocrática, netamente patriarcal y misógina,  logra con “mano dura” resolver el déficit de esta tendencia mundial. Obviamente, a un altísimo costo, en especial para las mujeres fértiles.

El vínculo político trazado entre la serie y el gobierno de Trump, es inevitable. Un representante de las corporaciones abrumadoramente misógino gobierna uno de los países centrales de la geopolítica mundial. Y para quienes estamos en el país más austral del mundo, la comparación se hace amiga al instante: también podemos darnos el lujo de tener un presidente Ceo cuyas declaraciones machistas y cuya exhibición de su esposa como bien de lujo son apenas los aspectos más superficiales de una lógica que reafirma la ideología machista de un modo abierto y explícito.

Pero además de las comparaciones obvias, que son inevitables, la serie pone en contraste otro asunto un poco más delicado. El presente de la serie, tan violento como inasimilable, se hace lugar pausadamente por las evocaciones de la protagonista, Defred, quien, en medio de tan alienante presente, despojada de su vieja identidad, y avocada por completo a cumplir con su deber de criada sexual, puede aun así recordar cada tanto parte de su vida pasada.

Los recuerdos de la llamada “Defred” permiten al espectador reconstruir cómo se llegó al presente, enhebrando de a poco una suerte de narrativa de lo imposible o de lo que, para cualquier mente humana, jamás podría suceder.

El pasado de Defred permite trazar identificaciones inmediatas. Ella era una mujer independiente, profesional, activa políticamente. Tenía una hija con un hombre a quien amaba. Unir a las dos mujeres es una tarea lenta y dolorosa que permite tejer un manto de sospechas sobre cualquier estado de derecho. Los derechos tienen vigencia hasta que dejan de convenirles a las castas o clases gobernantes. Las democracias son más débiles de lo que nos enseñaron a creer.

De la única temporada de la serie, y de las evocaciones de Defred hacia su pasado, lo que convierte a este personaje, como en toda distopía, en un espejo a la inversa (“ese futuro de horror no es tan distante de mi experiencia como yo creía”), hay una en particular que me llamó la atención: cuando le quitan a las mujeres el derecho a trabajar, ella y su amiga van a una marcha, como tantas veces, confiadas en que tal aberración no podrá sostenerse. Pero la manifestación termina en una represión brutal y sangrienta, de la que escapa a duras penas con vida.

La escena, breve pero fuertemente semiótica, da cuenta del cambio de época al que asiste la protagonista. Las cosas ya no son como lo eran. Su universo simbólico de derechos, certezas, e incluso, de organismos internacionales de DDHH, comienza a caer bajo el uso extremo de la violencia. La militarización y las ejecuciones ganan rápidamente las calles. El miedo a perder la vida gana la partida.

No pude evitar sentirme parte de una transición similar. La serie parece más bien reescribir los hechos de violencia represiva que cambiaron el clima de las manifestaciones en la Plaza de Mayo. Los comentarios al pasar de cualquier persona pidiendo “mano dura”, la justificación de la violencia de las fuerzas de seguridad, el intento de indultar a los torturadores del último golpe militar o el encubrimiento de la desaparición de Santiago Maldonado por altos funcionarios, son algunos de los flash back que nos hermanan con Defred más de lo que creemos. Si trasladamos esto a la crisis democrática que se está viviendo en general en América Latina, el panorama se tensa más aún. El cambio de época, a pesar de los indicios que la realidad nos ofrece, resulta intolerable.

En medio situaciones límite para tantas y tantos alter ego de Defred, ir y venir entre el presente de la serie y las esquirlas que lo preceden puede aportar algunas estrategias para dialogar con un presente de non fiction que se torna cada vez más insoportable: la sororidad como estrategia de subsistencia y herramienta de poder; la memoria como primer bastión de resistencia; la sospecha, a priori, sobre las clases gobernantes; las batallas cotidianas contra un sentido común que puja por meterse dentro y serenarnos en la alegre opresión.

Por estos motivos, y porque cada espectador y espectadora podrá pensar aún en más cosas (y seguramente con mayor lucidez), es que se recomienda la serie.

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