La catedral de los Negros

Por Leandro Frígoli

Una mirada sobre la obra del poeta, narrador y ensayista Marcial Gala. 

Marcial Gala es un poeta, narrador y ensayista, de vasta trayectoria en Cuba y en España, ha estado toda su vida dedicado a la literatura que varió entre poesía, cuentos y narrativa, también sobresale en el panorama literario de la Isla y la patria grande. El autor de La catedral de los negros (actualmente publicada por Editorial Corregidor – Argentina) fue distinguido con el Premio Alejo Carpentier, en la categoría novela, y el Premio de la Crítica Literaria en 2012.

Esta novela, se configura de una multiplicidad de voces corales que tejen un relato, una historia ligada con lo cotidiano, grotesco, mundano y realista de los vínculos humanos en la perla del Caribe.

La catedral de los negros, refleja un proceso lleno de carencias materiales que sufrió Cuba en la década de los noventas y aportó como correlato una gran fortaleza espiritual y humana que proyectó el desarrollo cultural cubano. En particular en la literatura, destaca Celina Manzoni que esta camada de escritores se forjó en los márgenes de lo establecido, es decir, que en el campo cultural y en particular la literatura, se vieron desafiados a imaginar y articular una necesaria reflexión crítica, lo cual configuró una nueva poética con características y dimensiones diferentes pero que puntualiza una relación siempre compleja en Cuba, con la ética, la política, la historia y la escritura.

En franca admiración por esta novela me permito construir una reseña literaria símil a esta obra literaria, donde confluyan diferentes voces que hablan, aportan, y admiran la novela rescatando la identidad, la cubanidad, el lenguaje que expresa la voz de los sin voz, en síntesis, que refleja una serie de costumbre que determinan el significado de ser cubano.

Marcial Gala:

La catedral de los negros está muy marcada, por ejemplo, por la manifestación cultural de las religiones afrocubanas, que son un factor muy importante en la conformación de nuestra identidad, de lo que nos define como cubanos. Además, elaboré una premisa literaria: lo terrible es mejor narrarlo de tal modo que no resulte terrible. Por eso el texto tiene en la trama principal un asesinato, una tragedia, y sin embargo, se basa mucho en el humor, en esa forma que tiene el criollo cubano del desparpajo y de la soltura al hablar, que es otra de las características que nos identifican.

Siempre he creído que el lenguaje es de las estructuras sobre las cuales se edifica un universo narrativo, en este caso una novela. Más que tratar de describir, más que crear grandes aparatos de ficción en base a palabras, quise sobre todo rescatar la psicología, la manera de entender el mundo de estos personajes, mediante su forma muy diferente y a la vez muy criolla, muy cubana de narrar. El cubano entiende y disfruta del español, con un criterio muy pintoresco. Y es una novela en la que están las huellas de ese pintoresquismo, de ese especial modo que tenemos los cubanos de hablar.

“En el texto también se preconiza el dinamismo. Es un relato que crea una especie de pseudo-testimonio sujeto al ritmo de este incipiente siglo XXI. Un ritmo marcado por la discontinuidad y por la búsqueda del hombre de completarse a sí mismo. Eso hace que la novela parezca mucho más dinámica y acelere la pulsión narrativa”.

La novela parte de la anécdota de dos hermanos matando a su padre. Tenía deseos de narrar eso, pero de soslayo, donde lo importante lo va construyendo el lector. Es una historia de reticencias y elipsis y, a pesar de que lo que cuento es muy violento, trato de emplear la sugerencia con un lenguaje de la poesía llevado a la novela. Es una búsqueda de un relato construido por fragmentos, una especie de collage. Sin dudas,  a la hora de hablar, el cubano típico emplea la metáfora y otros recursos literarios que provienen directamente de la poesía, el mito, la costumbre popular. El lenguaje popular cubano tiende mucho al adorno, a buscar la palabra bonita, a lo sintético, que es muy propio de la poesía.

Celina Manzoni:

Las voces comprometen al lector en un movimiento casi vertiginoso al comienzo cuando se deslizan apellidos, nombres y apodos, cuando los giros de lenguaje apelan sobre toda la jerga juvenil barriobajera, brutal y desbocada de El Tripa, de Barbara, de su madre y cuando se alude a ritos relacionados con las religiones heredadas de la trata. El sentido de refranes y expresiones populares, en las que muchas veces se cuelan sutiles toques de humor, puede recuperarse en el contexto aunque no, como es natural, con la plenitud del hablante cubano.

Marcial Gala:

Es una manera de darle voz a los que no tienen voz. En Cuba hay una cultura muy marcada por lo jerárquico y piramidal. Últimamente ha tomado mucha fuerza que las personas quieran expresar su real opinión porque durante años hubo una especie de reglamentación que determinaba quién podía decir lo que piensa y quién no. Cuba es un país muy plural donde cada persona tiene una opinión y donde es muy difícil definir a las personas como negros, blancos, homosexuales o cubanos. Hay muchas maneras de construir una identidad y esa es una de las pretensiones de este texto, además de entretener.

A partir del derrumbe del campo socialista esa sensación de que Cuba era un lugar importante fue descendiendo y los cubanos se empiezan a dar cuenta de la diminuta dimensión de un país que tiene un eco fuerte, pero es un pequeño país. Ese deseo de traer la modernidad a una ciudad chica con un templo que emulara a los grandes templos del cristianismo es también uno de los elementos que mueve a la novela.

La catedral de los negros:

“… Berta

Que estaba enamorado de la hermana, no lo creo. El cubano es así, siempre buscamos darle un cariz melodramático a todo, en fin crecimos de un templo que nunca acababa de construirse, y que además, después de erigido. ¿Para qué iba servir?. Otro monumento más a la nada, aunque claro, yo no soy la más indicada para hablar de Grillo. Después que se fue de la casa apenas lo veía, ni loca que yo estuviera para llegarme al bar del Ruso, posiblemente el lugar de peor fama de Cienfuegos …”

Leandro Frígoli:

La pulsión narrativa, que desbroza la novela es una estrategia para propiciar un significado de un contexto dado, período especial, que implicó una manera de resistencia desde los márgenes, desde la palabra, lo cotidiano, las voces que abruman, se escuchan y colisionan entre sí. Es un claro ejemplo de lo que el cubano es en esencia, con sus virtudes, sus miserias, con sus preguntas, con sus respuestas, con sus carencias, con su folklore, en fin, una descripción de la identidad del ser cubano.

La novela, atraviesa ese camino porque son parte de las preguntas que debe responder, es la interpelación de una generación de cubanos, que vivió un proceso de abrumadora pobreza material. Leo y releo La Catedral de los negros y me pregunto, ¿Porqué escribir una novela que desarrolla una pulsión narrativa? ¿Que desvela lo fluido de la cultura cubana?¿Porque las voces intervienen en forma coral?. ¿Porqué el lenguajes es clave en el entramado del territorio cubano?

Las respuestas están en cada guiño que el autor establece con sus personajes, como caracteriza al ser cubano, como caracteriza los momentos históricos, todo ese fluir que constituye la cultura cubana. Sandra Massoni, dice que aceptar la incertidumbre que se vislumbra en los procesos sociales, es comprender que el mundo es fluido y la comunicación entre las personas no permite pensar que somos como una especie de calidoscopio humano que hacemos existir diversas realidades con nuestros movimientos juntos. En la novela, confluyen muchas de estos matices, vaivenes, desniveles, entre lo grotesco y lo poético, entre lo cultural e identitario de Cuba, en fin, lo dimensional, caracteriza y define la sociedad cubana.

El desafío de leer esta novela radica en dimensionar la cultura que apasiona, interpela y permite que los seres se enamoren de la perla del Caribe. Ni mas ni menos que entender la identidad de lo cubanos, en su cotidianidad y rutina, llena de miseria y épica.

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El lado áspero del recuerdo

Por Cezary Novek

Una lectura sobre La grafa, primera novela de Claudia Sobico, publicada por Alto Pogo en 2015. 

De construcción fragmentaria y realista, La grafa aborda la cotidianeidad de una familia trabajadora desde la perspectiva de una niña, que es testigo de los vaivenes económicos y sociales de su tiempo a través de las conversaciones que registra su óptica inocente. En toda la historia se respira una nostalgia peronista, de barrio obrero y modernidad plena.

La voz es solitaria y algo melancólica. Hay muchos personajes que pueblan la trama, muchos tíos con sus respectivas historias que se entrelazan en el túnel del recuerdo. La fábrica a la que se alude en el título nunca aparece. Todas las noticias que tenemos sobre lo que sucede en La grafa las recibimos en la casa de la protagonista, a través de las escuchas infantiles y los comentarios cazados al vuelo, a veces de forma involuntaria.

Tiene un ritmo de escritura muy parejo que convierte la lectura en una experiencia amena y veloz. La novela está compuesta por capítulos breves, casi microrrelatos de relativa autonomía pero con fondo común. Lo autobiográfico –aunque esté basado en testimonio ajeno, lo es de alguna manera– aparece tamizado por el filtro de la reescritura y corrección en fino, que no admite palabras de sobra.

Los diálogos y la trama no importan tanto como la atmósfera, la recreación de ese particular aire que se respiraba en un hogar obrero cualquiera de la década del ’50. La ilusión e ingenuidad de la voz narradora están bien logrados y se complementan con la historia para transmitir de forma adecuada el optimismo que caracterizó los sueños de ascenso social y prosperidad de las familias trabajadoras de la Argentina de mediados del siglo XX.

El olor  y la textura de la materia prima textil, de la ropa de trabajo, es casi palpable. Esta reconstrucción del relato familiar hurga en lo más profundo del inconsciente para luego tomar distancia y tratar de cristalizar ese recuerdo de la manera más objetiva para el lector. El relato político se mezcla todo el tiempo con la historia pero sin asfixiarla, logrando un equilibrio que pocas veces se encuentra en la literatura realista y que, en palabras de Alejandra Zina –que escribió la contratapa– encarna el lado áspero del recuerdo: aquel de las tensiones, trampas y hostilidades.

*Claudia Sobico nació en Buenos Aires en 1973. Realizó el profesorado de Inglés en el Profesorado Joaquín V. González. Trabaja en Lenguas Modernas, Facultad de Filosofía y Letras. Realizó un taller de escritura con Julián López. Además de La Grafa (Alto Pogo, 2015), editó en 2016 el poemario Venus en el acuario (Qué diría Victor Hugo?, 2016)

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Nuevos despidos en el INCAA

Marcha dialogó con Camilo Moreira Biurra, delegado general de la Junta Interna de ATE en el INCAA.

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Historias sobre el amor que está en el aire

Por Laura Cabrera @LauCab

La directora Silvia Copello estrenó “Inmensos cachitos de amor”, obra teatral que desprende historias románticas  de otros tiempos que se entrecruzan con diálogos apasionados y canciones de amor. Se presenta todos los sábados a las 21 en el Teatro del Pasillo.

El público ocupa gran parte de la sala. La ocupa a tal punto que quien observa, comienza a preguntarse dónde va a desarrollarse la obra. No hay escenario, no hay demasiados elementos de escenografía. Apenas una luz cálida y otra fría lo hacen todo, ponen al espectador en el clima de cada escena, de cada canción. Y es ahí en donde comienza a entenderse la lógica de “Inmensos cachitos de amor”: el público forma parte de cada escena, el amor puede suceder en cualquier rincón, se puede contar al lado de cualquiera, puede pasarle a otro u otra sin que nos demos cuenta. Entonces ahí estaban espectadoras y espectadores siendo testigos de cada historia, tal como seguramente sucede a diario y en cualquier sitio sin que nadie se entere.

En “Inmensos cachitos de amor” predomina la simpleza que apela a la imaginación de quien escucha las historias cantadas entre valses, tangos y rancheras, relatos románticos que hablan del amor de cuentos, el amor de la infancia, el amor apasionado y el desamor. Y resulta llamativa no solo la manera en que se desarrolla la obra y la utilización del espacio escénico sino también las características quienes la interpretan: Silvia Copello y Jorge Capusotti se ponen en la piel de una mujer y un hombre sin nombres, con vestimenta convencional y actitudes típicas de jóvenes viviendo sus primeros romances y otras dignas de personas adultas con varios aciertos y desilusiones amorosas, de manera que si el espectador cierra los ojos y solo escucha, se encuentra con dos personajes en cualquier edad, cualquier tiempo y cualquier característica particular que quiera asignarle. Ahí surge nuevamente la premisa de que el amor es tan simple y común que puede suceder en cualquier edad, tiempo y contexto.

El día que me quieras, Alma en pena, Muriéndome de amor y Las Margaritas, son algunos de los temas musicales que se rescataron allá por 2015 y que en 2016 fueron “descubiertos” como conectores entre cuentos y melodías. Es que aquellas canciones alguna vez inspiradas en historias pasaron a ser canciones que inspiraron historias apasionadas, asfixiantes, románticas, infantiles, posibles y e imposibles, con finales felices y hasta fatales.

“Inmensos cachitos de amor” se desarrolla en un ambiente íntimo que interpela  a los espectadores y espectadoras, llamándolos así a evocar el pasado, revolver en el propio pasado, en las propias historias vividas, esas que son tan parecidas a las que cualquier noche de sábado una persona puede sentarse a escuchar en una de esas sillas de la sala de Teatro el Pasillo, en ese contexto tan simple como interesante que genera la atmósfera perfecta para hablar de eso que también es simple y cualquier ser humano suele vivir de una manera tan intensa como compleja: el amor.

*Inmensos cachitos de amor puede verse todos los sábados a las 21 en Teatro del Pasillo, Colombres 35, CABA. Localidades: 150 pesos. Descuentos a estudiantes y jubilados.

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Canciones de Los Redondos con “tufillo a política”

Por Natalia Pascuariello

El autor de la estética de Los Redondos, Ricardo “Mono” Cohen habla de su último libro “De regreso a Oktubre: Lo que quedó en el tintero”, la relación entre el arte e Internet, el gobierno de Macri y el recital del Indio en Olavarría.

¿Qué hubiese pasado si Oktubre, en vez de un disco, hubiese sido un libro? Esta fue la pregunta – guía de Ricardo ‘Mono’ Cohen (Buenos Aires, 1943) – el autor del arte de tapa de los álbumes de Patricio Rey y sus redonditos de Ricota – que dio como resultado “De regreso a Oktubre: Lo que quedó en el tintero” (2016), el libro de ilustraciones en homenaje al segundo disco de “la banda de universitarios platenses que hacen música en sus ratos de ocio”, a treinta años de su primer lanzamiento, en 1986. “Con Lucas Lombardía y Flavio Mammini nos pusimos a imaginar cómo serían las canciones de Los Redondos ilustradas”, dice con mirada anhelante detrás de sus anteojos de marco redondo.

Además de los nueve temas que componen el disco, Rocambole ilustra bonus tracks o misceláneas de canciones que según él tenían “cierto tufillo a política o a ideología” tales como “Queso ruso”, “Todo preso es político”, “El regreso de Mao” y “La parabellum del buen psicópata”. En total, suman veinticuatro canciones ilustradas (más códigos QR que llevan a videos exclusivos) en las que desfilan históricos revolucionarios como Ho Chi Minh, Mao, Frida Kahlo, Trostky, el Subcomandante Marcos y ficticios oprimidos como Olga, la mujer de los versos finales de las versiones en vivo de “Jijiji”: “Olga sudorova…/vodka de Chernobil/ ¡pobre la Olga! ¡crepó!”. Si bien no todos los dibujos son de estética anarquista “sovietcoide”, la mayoría remiten al estilo de la imagen que más se ha instalado entre los ricoteros: la del esclavo con cadenas.

-¿Cómo surge la idea de editar este libro?

-Hace treinta años atrás, cuando se editó “Oktubre” se hizo en base a un concepto. Como se hacía siempre con Los Redondos, previamente acordábamos una idea, un relato o un guión y estábamos también de acuerdo en que el mensaje tenía que ser sustentado por tres pilares fundamentales: el pilar textual o poético, el pilar musical y el pilar visual. Asique era un mensaje en tres partes. Yo a veces digo que quiero separar el asunto de lo que es la ilustración porque mucha gente me dice: ¿Cómo hacías? ¿Escuchabas los temas y después ideabas una imagen? No, era paralelo porque yo no ilustraba, no interpretaba. Yo incorporaba una parte al mensaje para que pudiera ser comprendido. La idea era que si al mensaje le faltaba alguna de esas tres patas, quedaba incompleto. Entonces, lo habitual era que cada cual trabajara en su disciplina respecto a un concepto general.

-Que en este caso era el tema de las revoluciones…

-Claro, el tema de las revoluciones a través de la historia de la humanidad. Sobre todo cuando los desprotegidos o los desangelados se rebelaban contra el Poder, contra poderes feudales, aristócratas, etcétera. En toda la historia hubo revoluciones: desde la Revolución de los Gladiadores hasta la Revolución Cubana. Queríamos hacer un homenaje general. No era ideologizado con respecto a algún tipo de partidismo, pero era siempre de los oprimidos contra los opresores. En ese momento, yo tenía que hacer la ilustración para la tapa del disco y no tenía demasiado margen como para desarrollar las cosas. Entonces, quedaron como dice el subtítulo del libro: “Cosas en el tintero”. Cuando se cumplieron los treinta años del aniversario del disco, los amigos con los cuales trabajo en producciones editoriales, Lucas Lombardía y Flavio Mammini, pensamos en imaginar cómo hubiera sido si en vez de un disco, hubiera sido un libro.

-La estética de la tipografía de Oktubre está basada en el alfabeto ruso…

-Sí, yo quise inventar una especie de tipografía que recordara al alfabeto ruso que es parecido al nuestro pero no igual y hay algunas letras que parecen al revés. Entonces di vuelta una letra para que tuviera ese aspecto de alfabeto cirílico. Además, la intención cuando pensé la ilustración en aquella época era recordar esos afiches anarquistas de principio de siglo. El color negro, el rojo que siempre estaba presente en esos afiches. Y bueno, una multitud. Hay muchos personajes allí que van a rebelarse ante algo.

– Una imagen muy actual…

– Sí, desgraciadamente siempre son actuales los hechos de injusticia y la reacción del pueblo, de la multitud, de gente que se revoluciona.

– El slogan de campaña del gobierno de Macri fue “La Revolución de la alegría”. ¿Qué opina de que se haya tomado ese término?

-Me parece contradictorio. A lo mejor los asesores de imagen no manejan tan bien el lenguaje. Yo muchas cosas no las entiendo porque me parecen torpes. “Revolución de la alegría” no me dice nada. No es ni siquiera una figura poética. Es una figura contradictoria. A mí me parece que una revolución es un poco más seria. En las revoluciones ha corrido mucha sangre. Es difícil ver a alguien que se revolucione alegremente. Más bien si hay revolución es porque la gente está mal.

-Cuando comenzó la presentación del libro, usted habló de la lucha docente. ¿Qué opina de la represión que tuvo lugar en Plaza de Mayo ante el aula itinerante?

-Me parece coherente con una administración, una ideología que no comparto que tiene que ver más con empresas, con capital privado que con lo que pueda hacer el Estado por su propia sociedad. Es posible que haya una idea de disciplinar a un pueblo que a lo mejor consideran que estaba indisciplinado.

-Tanto con este libro como con “Arte, diseño y contracultura” (2014) elige el camino de la independencia y la autogestión ya que ambos fueron financiados a través de Panal de ideas…

– Sí. Cualquier realizador siempre tiene ese viejo sueño de hacer un libro. Pero queda siempre en el terreno de los sueños porque producir un libro es muy difícil, sobre todo si uno lo quiere hacer de manera independiente. Si lo hace una editorial, es porque ha decidido o lo ha elegido, no porque uno vaya a la editorial y acepten hacer un libro. Pasa como pasaba con los sellos grabadores con respecto a la música que las corporaciones se quedan con casi todo el porcentaje de ganancia que puede haber y para el autor casi siempre quedan migajas. Tenés que firmar contratos que son leoninos. La editorial tiene la potestad de poder reeditarlo o no. No sos dueño del producto que vos hacés. Al aparecer estos sistemas que los norteamericanos llaman crowdfunding – que son plataformas para colgar proyectos en los que uno consigue adherentes y puede financiar su proyecto – me pareció interesante. Internet tiene muchas ordalías pero también tiene cosas que sirven. Y, en este caso, a mí me sirvió para poder hacer este proyecto.

– ¿Y qué cosas no le gustan de Internet?

– Bueno, no me gusta el poder que tiene. Yo lo veo como otro poder omnímodo. Ya no trabajar en Internet es no existir. La realidad electrónica está reemplazando absolutamente a la realidad real. Si uno no se saca la selfie con el teléfono visitando Puerto Madryn es como que no estuvo. Y además tiene que estar colgada en Facebook porque si no, no existe. Un proyecto para dominar el mundo

Durante la amarga dictadura de Onganía (1966 -1970) surgió La Cofradía de la Flor Solar, una comunidad de artistas en la que Rocambole conoció a Skay Beilinson. El rocambolesco arte de tapa y los primeros versos de la banda homónima de rock psicodélico: “Quiero ser una luciérnaga con una luz propia” reflejan el espíritu de época: vivir como artistas y estar en el centro de la escena.

-En los 70 recibió una nota que decía: “Tenemos un proyecto para dominar el mundo y contamos con vos”. ¿Qué recuerda de ese momento?

– Era una postal que me enviaron Skay y la Negra Poli que estaban visitando un museo en Nueva York. En La Plata había un grupo de gente que resistía a la época negra de la última dictadura haciendo situaciones culturales casi siempre clandestinas porque era muy difícil reunirse con gente. Hasta uno podía perder la vida por eso. Skay empezó a armar algunas bandas musicales para hacer la música incidental de unos films que realizaba su hermano Guillermo y se hicieron eventos que eran una especie de happening. Yo no sabría cómo definirlo porque le decíamos “deformidad”. Eran espectáculos que incluían teatro, música, acrobacia. No había límite. Pero después fue decantando en una banda donde se incorpora Solari como cantante y además, sobre todo, como poeta. Nosotros siempre dijimos que él tiene el don de la palabra y de la escritura.

– A pesar de cierto contenido críptico, las letras de Solari se han instalado en la cultura popular…

-Si hay algo que la intelligentzia cultural argentina, o sea, la Academia de Literatura le debe al Indio es un homenaje porque él ha incorporado al lenguaje argentino, cantidad de frases que se usan a diario incluso en las portadas de las noticias. No hay semana que no vea un titular que no sea alguna de las frases de un poema del Indio. La ha incorporado al lenguaje frecuente porque por ahí uno se encuentra con chicos y te dicen: “Violencia es mentir”. Entonces le deben la aceptación al circuito culto porque siempre hay una alta y baja cultura aunque nosotros reaccionemos contra eso. Pero yo creo que por provenir del rock, no lo incorporan a la Literatura argentina. Yo veo por ejemplo las facultades de Letras que estudian tremendamente a (Marcel) Proust, a Walt Whitman y no se dan cuenta de que tienen un Walt Whitman a la vuelta de la esquina.

– En 2014, la facultad de Letras de la UBA dictó un seminario de Letras de Rock como género literario autónomo…

– Yo llamo poesía a aquella confusión de palabras que llega a todos. Y si bien parece críptico el mensaje, yo veo muchos chicos que entienden que les habla a ellos. Por ahí alguna frase la toman y la entienden perfectamente. La poesía tiene ese poder de ser polisémica como la mayoría de las obras de arte. O sea que cualquiera le puede dar el sentido que tiene. Y esa es la pertenencia a la obra. Esa es la intervención del espectador cuando se arma la relación entre obra, emisor y receptor. La ida y la vuelta.

– ¿Cómo le cayó la noticia de las dos muertes en el recital del Indio en Olavarría?

– De la misma manera que me caen las noticias de que tiraron a un tipo por un balcón en un partido de fútbol o que se muere ahogado alguien en un balneario porque no había un bañero. No me parece que sea muy loco o muy raro eso en un evento de 300 mil personas. Incluso aunque no hubiera habido el evento yo creo que en un pueblo de esa cantidad de habitantes diariamente a veces hay una muerte. No creo que sea por culpa de un recital si no por la decisión de alguien que a lo mejor quiso ir a suicidarse allí.

– Hay periodistas que dicen que un recital del Indio es una nota policial.

– Desde que existieron Los Redondos yo nunca encontré en el diario Clarín algo que mencionara a su música. Siempre fue porque iba mucha gente o porque podía pasar algo, pero jamás pensaron en la contribución cultural. Por otra parte, vos me decís: una muerte. Yo te puedo contar cantidad de chicos que vienen a las charlas y me dicen: “Mi papá y mi mamá se conocieron en el recital de tal año o porque seguían a Los Redondos”. Entonces, cuentan los muertos, pero si tienen que contar los nacimientos, la balanza se inclinaría muchísimo.

-¿Y qué opina de la cobertura que hicieron los medios? ¡Télam publicó siete muertos!

– Para mí fue un festival de idioteces. Yo me reí mucho porque nunca escuché tantas estupideces juntas en tan poco tiempo. Apareció un resentimiento de todos: músicos, escritores, otros poetas, periodistas que intentan ser escritores. Y bueno, cada cual metía la cuchara. Yo no tengo una opinión de que fue trágico. Primero porque yo no estuve. Lo sé por aquellas personas que fueron y me contaron. Pero no me pareció nada excepcional porque una persona pasada de drogas o de alcohol va a un recital de rock que no es un festival de danza acuática. Hay que aguantarse saltar, gritar. Hay que estar en un estado físico que más bien tiene que ser joven. Creo que hubo un grupo de gente sacada. Hay muchas contradicciones. Muchos que dicen que no era gente habitual de Los Redondos o del Indio.

Jubilado desde hace tres años de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, a Rocambole no le cabe el mote de artista y se define como un “dibujante de rock”. Mientras trabaja en su taller escucha en la radio bandas platenses como El mató a un policía motorizado, Sr. Tomate y Mostruo! Pero cuando tiene que pintar en gran tamaño (cuadros de dos o tres metros) elige la ópera porque “le amplía el alma”. Sobre la mesa del bar del Hotel donde se aloja en Puerto Madryn, están abiertas las páginas del libro “Volverse público: las transformaciones del arte en el ágora contemporánea” (2014), del filósofo Boris Groys. –

¿De qué va el libro?

-Groys habla de los fenómenos de transformación del arte en estos tiempos y de cómo la realidad está siendo reemplazada, como si se estuviera diluyendo. Como dice Paul Virilio que todo se disuelve en el aire o se vuelve líquido. Entonces pienso que no será raro un futuro donde las ventanillas de los ómnibus o los trenes sean pantallas que transmitan comerciales. O, directamente, como leí hace poco que en un pueblo al norte de China donde en invierno casi siempre es de noche la gente añoraba ver puestas de sol. Entonces pusieron pantallas grandes donde proyectaban a las siete de la tarde, puestas de sol. Eso me parece muy simbólico de cómo puede llegar a ser el futuro. Yo no descarto esa posibilidad de que todo se hunda en una especie de agujero negro y que de repente desaparezca la humanidad. También imaginaba una raza interplanetaria que llegara y observara los restos de la civilización humana y mirando algunos restos se asombrara diciendo: ¿Cómo pudieron llegar a tanta sofisticación artística y tanta estupidez moral junta?

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Discos: Raíz canción

Por Angie Ferrero

El 29 de abril en La Cúpula del CCK, la cantante Patricia Zappia y el compositor, contrabajista y cantante Pablo Tozzi, presentaron su disco de música popular latinoamericana “Raíz Canción” que cuenta con la participación de destacados músicos invitados.

Patricia “la piojo” Zappia, es una cantante que hizo de su carrera un camino atravesado por  distintos ritmos. Entre ellos, podemos mencionar el jazz, la bossa nova y la música afroperuana.

Pablo Tozzi, compositor, contrabajista y cantante, formó parte de quintetos, tercetos y orquestas que lo llevaron a realizar giras por el mundo. Latinoamérica, fue uno de sus destinos.

Cada uno de ellos, supo compartir escenario y grabaciones con notables y reconocidos músicos de nuestras tierras.

Los mapas trazados por sus trayectorias, los llevaron a reunirse en este dúo y hoy nos dejan en la palma de la mano “Raíz Canción”, un disco que guarda la memoria de nuestra música popular y  nos abraza con las cuerdas de una guitarra, la dulzura de una flauta, el vozarrón de un bandoneón.

“Raíz Canción”, es un viaje por Latinoamérica que cobra vida con su poesía, con sus lenguas, con sus amores. Las voces en dúo de Patricia Zappia y Pablo Tozzi, nos cuentan las historias que nos atraviesan y nos identifican, nos acercan paisajes, distintos sabores, nostalgias.

El río corre, fluye entre montañas y llanuras, así como las pistas de este disco que se tiñen de color, de bolero, de grito de libertad; se viste con la luz del sol y la fuerza de la noche, testigos de nuestros susurros, esperanzas y batallas cotidianas.

“Raíz Canción”, es un disco que se nos hace nuestro como las mañanas, la chicha, las vidalas, el tango; la vida misma que zarandea la pollera al ritmo de las voces de Latinoamérica y nos hermana.

 

Enlaces:

https://pablotozzipatriciazappia.bandcamp.com/releases

 

 

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“Un Cóndor teme a los pañuelos”

A las Madres de Plaza de Mayo, a 40 años de su lucha.

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Piquetero

Piquetero

De Autor 25 abril, 2017 0

Por: Quimey Figueroa / Ilustración: Cabro

 

1

Piquetero
Pobre
Sucio
Irrumpe el paso
Dice que tiene hambre
Dice que tiene hambre
¿Por qué no trabaja?
Que limpie vidrios
Que corte el pasto
Que junte basura
¿Cuántos hijos tuvo?
¿Cuánto vino compro en la semana?
Y encima desea zapatillas nuevas!
Piquetero
Pobre
Sucio
Su primer hijo roba
Su segundo hijo, droga
Su tercera hija trola
Y la moral ¡Dios Mio! ¿dónde?
¿y mis derechos dónde?

2

Piqueterx
Pobre
Digno
Sueño
Me cuesta porque tengo hambre
Pero sueño
No tengo trabajo entonces lucho
Corto
Incendio
El vuelto de lxs demás ya no me alcanza
Mi primer hijo robó
porque tenia hambre
Mi segundo hijo drogó
poque tenia hambre
Mi tercera hija trola
porque tenia hambre
¿cuántas veces tuviste vos
en la panza un vacio
y en las manos nada?

Y el amor ¿dónde?
¿Y mis deseos dónde?

 

***

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Hasta que el oxígeno se acabe

Por Cezary Novek

Una lectura sobre Memoria de lo posible, primer libro de relatos de Angie Pagnotta.

Memoria de lo posible es un grupo de cuentos breves, fragmentarios, cuya materia prima está constituida por los recuerdos, la especulación sobre finales alternativos y el anhelo de lo que podría haber sido, casi como ucronías personales.

Lo autobiográfico está presente, bajo las máscaras y antifaces de los diferentes personajes que toman el lugar de la voz narradora. Breves, simples y directos, los cuentos de Pagnotta recortan un momento específico: aquel donde todo lo cotidiano y familiar que se supone perdurará empieza a desintegrarse antes que pueda ser fotografiado. Los personajes de los diferentes relatos experimentan momentos de inconsciencia, ensueño, extrañamiento. No quieren, no saben o no pueden enfrentar las adversidades y el desgaste natural de los vínculos humanos; a la manera de los personajes de Murakami, prefieren mirar para otro lado y regodearse en el mono no aware la nostalgia de lo que no se dio. Los lugares por los que se mueven los protagonistas de estos cuentos se confunden con su paisaje interior como una forma de proyección de sus emociones que terminan por envolverlo todo hasta dejarlos al borde de la asfixia.

La melancolía se respira de principio a fin y vuelve entrecortada la respiración de la prosa, llevándola al borde del tropiezo. Por momentos los personajes parecieran deshacerse en sus propias angustias como cera fundida para terminar disueltos en el otro, confundiendo su esencia con la ajena. Memoria de lo posible es un breve paseo por algunos aspectos de las relaciones humanas –especialmente, las de pareja– en el momento en que empiezan a viciarse y a morir. Pagnotta disfruta dibujando una y otra vez ese instante en que el circuito se cierra, todo se loopea y sólo queda respirar el mismo aire usado una y otra vez hasta que el oxígeno se acabe.

Angie Pagnotta

(Godoy Cruz, Mendoza, 1987) Escritora y Periodista. En 2012 fundó Revista Kundra: literatura aleatoria y el portal de Arte y Cultura, Baires Digital. Trabajó en contenidos de Redes Sociales y publicidad para Duro de Domar, TVR, Fútbol para todos, 678 y Diario Registrado, entre otros. Colaboró y colabora en distintos medios de Argentina como Revista El Gran Otro, el suplemento Cultura Registrada, Continuidad de los libros, Diario Femenino, el portal de entrevistas Entrevistar-Te, Solo Tempestad y Revista Kunst. En 2013 obtuvo una mención en Narrativa por su cuento “Alejandra”, otorgado por Guka, revista de la Biblioteca Nacional. Memoria de lo posible (2017, Peces de Ciudad), es su primer libro de cuentos. En febrero de 2017  “Versiones sobre el río”, el relato que abre Memoria de lo posible, fue traducido al portugués por Felipe Buenaventura para FRONTERA, un proyecto que une escritores latinoamericanos alrededor del mundo.

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Profeta de sí mismo

Profeta de sí mismo

Libros 17 abril, 2017 0

Por Cezary Novek

Una lectura sobre El águila ha llegado (Nudista, 2016), segunda novela de Bob Chow.

El águila ha llegado es el título de una película de John Sturges, de 1976, con Michael Caine, Robert Duvall y Donald Sutherland. También da nombre a una de las novelas más originales e interesantes de los últimos años. Bob Chow es un autor que no pasa inadvertido. Mucho menos después de haber lanzado tres novelas casi en simultáneo a lo largo de un año: El águila ha llegado, La máquina de rezar (Marciana, 2016) y Todos contra todos y cada uno contra sí mismo (La Bestia Equilátera, 2016). Esta última, además, ganó el premio La Bestia Equilátera 2015.

De profesión traductor, Aivars Holms (a.k.a. Bob Chow) nació en 1963 y se ha nutrido de muchísimas experiencias a lo largo de su vida. Fue tenista, mochilero, antena de la secta Rahma, bloggero, músico, performer. Hasta que en 2014 que debuta como novelista con El momento de debilidad (Nudista).

A diferencia de su primera novela, El águila ha llegado es algo más lineal y equilibra mejor los elementos de la trama bizarra con una estructura más simple. Gustavo Gerber es un músico que ha caído en coma. Solange Segula es una chica que se prestó para experimentos con sustancias y tiene la habilidad de caer en ataques epilépticos que le provocan una suerte de trance que le permite acceder a la isla desierta en la que habita la conciencia de Gerber, que permanece meditando y comiendo hormigas. Ella toma nota de las nuevas composiciones del músico y las transcribe una vez que despierta. Planea grabar un álbum para que Gerber pueda tocarlo en vivo cuando se despierte. Por otra parte, su psicóloga, Penélope Nea Royce, junto con el Dr. Nolan, le piden a Solange que escriba un diario con sus visiones. Resultado de esto, surge una trama paralela aún más desmesurada que la anterior, que incluye conspiraciones de chinos que planean colonizar Marte, el caso de un asesino serial que viaja en el tiempo y un misterioso ideograma con varias interpretaciones: El asesino ha llegado, El futuro ha llegado, El águila ha llegado. En el medio de todo, un médico de la peste se pasea entre los personajes con intenciones no muy claras. Las dos tramas permanecen en tensión a lo largo de todo el libro, en pugna por ver cuál devora a cuál. Hay teorías científicas, vestigios de intervenciones alienígenas, juegos con el lenguaje y mucho pensamiento especulativo en torno al potencial de las redes. El disco que compone Solange según sus conexiones con Gerber se llama “El verdadero camino hacia el aeropuerto”. El libro incluye dicho disco en formato CD, que es en realidad un disco de Bob Chow. En las presentaciones en vivo, el autor se caracteriza como el médico de la peste, el águila y el cantautor, convirtiéndose de esta manera en una suerte de profeta o chamán de su propio mundo imaginario.

El águila ha llegado es una novela que juega con la realidad en diferentes capas, logrando que el lector termine creyendo y habitando la que más le atraiga. Las novelas de Bob Chow pueden gustar o no, pero en cualquiera de los dos casos no habrá medias tintas. Flor de un día para algunos, emisario del futuro para otros, la propuesta de Bob Chow sigue en construcción, erigiéndose como una de las obras más interesantes y prometedoras de la década en curso.

 

Links:

-El verdadero camino hacia el aeropuerto:

https://victorvolpirec.bandcamp.com/album/bob-chow-el-verdadero-camino-hacia-el-aeropuerto-2014

-Blog: http://noleer.blogspot.com.ar/

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