“Argentina en semifinales es el logro natural al que tiene que aspirar”

Los favoritos de Víctor Hugo Morales, las posibilidades de Argentina en Rusia y algunos recuerdos a 40 años del Mundial 78.

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Para salir a la cancha primero hay que salir a la calle

Por Laura Cabrera @LauCab

El sábado 24, la Coordinadora de los Derechos Humanos del Fútbol Argentino realizó su primera actividad conjunta desde su creación. Con camisetas de varios clubes y la clara consigna de armar “un equipo que juegue de memoria, con la verdad en los pies y la justicia en el corazón”, los integrantes de la coordinadora demostraron que este deporte popular une, que la rivalidad  que puede durar noventa minutos también se puede dejar de lado, que puede ser la excusa para abrir el juego a la memoria.   

Eran las doce del mediodía. Todo estaba programado para la una. Como es usual en el fútbol, la hinchada suele llegar temprano. El sábado 24, cientos de agrupaciones se reunieron en las inmediaciones de Plaza de Mayo para conmemorar el Día Nacional de Memoria por la Verdad y Justicia. Ese mismo día y bastante antes de que comiencen a llegar en masa las agrupaciones sociales y políticas, algo nuevo e inusual comenzaba crecer. Entre remeras con consignas de todo tipo, Avenida de Mayo y Bernardo de Irigoyen comenzaba a llenarse de camisetas de diferentes clubes. Eran los miembros de la recientemente conformada Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino, quienes entre abrazos, charlas y mates, comenzaban a organizarse en lo que sería algo nunca visto en las marchas: la primera foto de ese equipo diverso en sus pasiones futboleras que juega de memoria por los derechos de ayer y de hoy.

Los primeros en llegar desplegaron a lo largo de la avenida la bandera blanca de letras negras que los identificaba. Otros tantos se quedaron alrededor de ella mientras algunas miradas curiosas aceptaban los volantes en donde se podían leer los principios de este equipo y observaban a ese grupo que estaba a tan solo minutos de su primera jugada con público. “Los de San Lorenzo entendieron todo”, lanzó un hincha de Banfield mientras que dos hinchas del Cuervo colgaban entre postes de luz otra bandera de su comisión de derechos humanos. Otros se llamaban entre sí por el nombre de los equipos, el que se daba vuelta seguro recibía un mate.

La “condición” para sumarse a la foto del equipo era una sola: cada hincha que se acercaba, debía tener puesta la camiseta de su equipo. Y así fue que Belgrano de Córdoba, Lanús, Rosario Central, Banfield, Boca Juniors, Racing, Temperley, Ferro y otros tantos estuvieron ahí desde temprano. “Esto atraviesa a todos los socios. Uno como persona es persona no solo donde se desenvuelve en su vida cotidiana, también lo es en su club, por eso tratamos de juntar a la mayor cantidad de clubes para que se tome conciencia de lo que fue la dictadura cívico-militar y de todo lo que está pasando hoy con los derechos humanos”, expresó Mariano Colángelo, hincha de San Lorenzo, al explicar qué los movilizó hasta ahí.

Y ahí estaban. Luego de cinco reuniones, los y las hinchas que conforman la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino se preparaban para levantar su bandera, para agitar los brazos esta vez no por un equipo de fútbol, sino por un equipo que en realidad son muchos dentro de uno que no distingue colores y que entiende que este deporte popular es  una herramienta para visibilizar las problemáticas vinculadas a los derechos humanos, a las violencias y al olvido.

“Nosotros entendemos que el fútbol une”

Hace tiempo que no hay tribuna visitante. Hace tiempo que en los medios no se escucha hablar más que de la “violencia en el fútbol”, la “violencia entre hinchadas”. Pero poco se habla de la violencia institucional, otro de los temas que tratará esta coordinadora que llegó para quedarse y para marcar la diferencia entre lo que se cuenta y lo que hoy está sucediendo.  “Nosotros pensamos totalmente diferente. Lo que tenemos en común los que formamos parte de la coordinadora de derechos humanos y de la de hinchas también, es que precisamente todos tenemos una pasión que es la pasión por la camiseta y a su vez militamos los derechos humanos”, expresó Colángelo en una clara definición de que aquello que los separa, la pasión, es exactamente lo mismo que los unió, lo que los llevó hasta allí a todas y todos esos hinchas que además de realizar un aporte a la memoria colectiva, dan muestra de que es posible un cruce de hinchadas sin esa violencia de la que tanto hablan los medios.

Se acercaba la una del mediodía. La bandera tuvo que ser movida de lugar en varias oportunidades porque claro, por allí debían pasar otras organizaciones que querían llegar a la plaza. La jugada de gol estaba cada vez más cerca y comenzaban a escucharse los nombres de diferentes equipos, de manera que cada uno se vaya acercando. Con el “trapo” ya tendido en la calle y los y las hinchas acomodados de un lado y del otro, el agite comenzó al grito de  “a donde vayan los iremos a buscar”.

Finalmente llegó la foto. Y después de la foto llegaron los abrazos, esos abrazos de gol que no se comparan con otros. Sin lugar a dudas lo que sucedió en ese momento fue el inicio de todo lo que vendrá, el puntapié inicial para que todos y todas empiecen a pensar al fútbol desde otra perspectiva, desde un costado más humano, como una trinchera desde donde generar nuevos debates. Esa foto del sábado fue el inicio, fue la conformación de un equipo que sale a jugar algo más que noventa minutos, de un equipo que tal como dicen sus integrantes “llegó para quedarse”.

En esa foto, la efeméride: el primer partido de la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino se jugó un sábado 24 de marzo de 2018, a 42 años de la dictadura cívico – eclesiástico- militar en Argentina, alrededor de la una del mediodía y en la intersección de Avenida de Mayo y Bernardo de Irigoyen. Tuvo público. ¿El resultado?Ganaron todas y todos. Es inevitable: para ir a la cancha primero tenés que pisar la calle. El sábado, este equipo conformado demostró que los partidos también se ganan ahí, con la camiseta puesta y con la justicia en el corazón.

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Messi, no vengas a jugar a la Argentina

Por Gabriel Casas

En su última aparición para la prensa, Lionel Messi declaró nuevamente que le encantaría si al final de su carrera le surge la posibilidad de jugar en la Argentina y que lo haría solamente en Newell’s Old Boys, el club de sus amores. Sin embargo, La Pulga también se encargó de manifestar que se tienen que dar muchas cosas para que eso suceda. En síntesis, esa posibilidad aún está demasiado verde.

Con el regreso de Carlos Tévez a Boca y ahora de Andrés D’Alessandro a River, se armó una ola de grandes jugadores que vuelven a los clubes que lo vieron nacer al fútbol. Sergio Agüero ya anunció que más temprano que tarde volverá a su querido Independiente. El Kun, amigo y compinche de Messi, seguramente le hablará en la concentración de la AFA en Ezeiza, sobre la experiencia de jugar en nuestro bendito fútbol. Y Messi lo escuchará con atención.

Pero, ¿está Messi preparado para venir a la jungla en la que se ha transformado hace mucho tiempo nuestro fútbol doméstico? A simple vista, no. Si bien Messi viene a jugar seguido por la Selección Argentina por las eliminatorias mundialistas, jugar todos los fines de semana y vivir acá es otro cantar. Algo a lo que no está acostumbrado para nada.

La Pulga se hizo grande muy lejos de su Rosario natal. Y no es necesario aclarar las diferencias que hay con crecer en La Masía y en una ciudad como Barcelona, respecto a la de nuestra pequeña Chicago.  Una cosa es estar aislado, junto a su familia y amigos íntimos, cuando viene de vacaciones. Y otra transformarse en la estrella que se calce la camiseta rojinegra.

Que me perdonen los hinchas de Newell’s y los amantes del buen fútbol, pero yo le recomendaría a Messi que se quede donde está y es feliz. ¿Se lo imaginan sufriendo un asedio como el que sufría (y sufre) Diego Maradona en cada movimiento que hacía o hace por la Argentina? A Messi se le van a colgar del hombro todos los días, no como le sucede ahora cada dos o tres meses.

¿Se lo imaginan a Messi teniendo que reunirse con los capos de la barra brava leprosa? Si ya cuando venía antes, le metieron de custodio sin que supiera quién era, a un barrabrava de Nueva Chicago apodo El Gusano. Estos mercenarios se las arreglan para llegar adonde quieren en su área de influencia. Sino, pregúntenle a Tévez o a D’Alessandro (que junto a Martín Demichelis cobijó a los ex capos de River, Adrián Russeau y Alan Schlenker cuando estuvieron con Los Borrachos del Tablón en el Mundial de Alemania 2006).

¿Se lo imaginan a Messi escuchando a Caruso Lombardi o a Pedro Troglio repetir de eso de que en la Argentina no marcaría la diferencia como lo hace en Europa? ¿Se lo imaginan a Messi teniendo un cruce con los periodistas Pagani, Recondo, Farinella y Palacios por qué no rindió en algún partido como se espera de él siempre?

¿Se lo imaginan a Messi caminando por Rosario y que los hinchas de Central le digan: “¿cómo vas a venir a jugar para estos amargos que abandonan?”. ¿Se lo imaginan a Messi teniendo que desmentir en un programa chimentero un romance con una botinera famosa si se le ocurre salir una noche a bailar y le presentar a alguno de estos gatitos?

¿Se lo imaginan a Messi escuchando al Chiqui Pérez, Insaurralde, Cubero, Nasuti, Desábato u otro patadura, diciendo que si lo tiene que levantar por el aire, lo van a hacen sin contemplaciones por más Messi que sea?

La verdad, yo no me lo imagino. Y si bien me encantaría ver a Messi jugando en el fútbol argentino, es un pibe que me cae tan bien por su humildad que le recomendaría que lo piense cien veces antes de hacer algo de lo que se pueda arrepentir. No tiene nada que demostrar, Messi. ¿O alguien en su sano juicio puede dudar de que si viene acá, se haría el mismo festín con los rivales que hace diez años viene haciéndose en el Viejo Continente?

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