Justicia social y popular: escrache a genocida en Moreno

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Para salir a la cancha primero hay que salir a la calle

Por Laura Cabrera @LauCab

El sábado 24, la Coordinadora de los Derechos Humanos del Fútbol Argentino realizó su primera actividad conjunta desde su creación. Con camisetas de varios clubes y la clara consigna de armar “un equipo que juegue de memoria, con la verdad en los pies y la justicia en el corazón”, los integrantes de la coordinadora demostraron que este deporte popular une, que la rivalidad  que puede durar noventa minutos también se puede dejar de lado, que puede ser la excusa para abrir el juego a la memoria.   

Eran las doce del mediodía. Todo estaba programado para la una. Como es usual en el fútbol, la hinchada suele llegar temprano. El sábado 24, cientos de agrupaciones se reunieron en las inmediaciones de Plaza de Mayo para conmemorar el Día Nacional de Memoria por la Verdad y Justicia. Ese mismo día y bastante antes de que comiencen a llegar en masa las agrupaciones sociales y políticas, algo nuevo e inusual comenzaba crecer. Entre remeras con consignas de todo tipo, Avenida de Mayo y Bernardo de Irigoyen comenzaba a llenarse de camisetas de diferentes clubes. Eran los miembros de la recientemente conformada Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino, quienes entre abrazos, charlas y mates, comenzaban a organizarse en lo que sería algo nunca visto en las marchas: la primera foto de ese equipo diverso en sus pasiones futboleras que juega de memoria por los derechos de ayer y de hoy.

Los primeros en llegar desplegaron a lo largo de la avenida la bandera blanca de letras negras que los identificaba. Otros tantos se quedaron alrededor de ella mientras algunas miradas curiosas aceptaban los volantes en donde se podían leer los principios de este equipo y observaban a ese grupo que estaba a tan solo minutos de su primera jugada con público. “Los de San Lorenzo entendieron todo”, lanzó un hincha de Banfield mientras que dos hinchas del Cuervo colgaban entre postes de luz otra bandera de su comisión de derechos humanos. Otros se llamaban entre sí por el nombre de los equipos, el que se daba vuelta seguro recibía un mate.

La “condición” para sumarse a la foto del equipo era una sola: cada hincha que se acercaba, debía tener puesta la camiseta de su equipo. Y así fue que Belgrano de Córdoba, Lanús, Rosario Central, Banfield, Boca Juniors, Racing, Temperley, Ferro y otros tantos estuvieron ahí desde temprano. “Esto atraviesa a todos los socios. Uno como persona es persona no solo donde se desenvuelve en su vida cotidiana, también lo es en su club, por eso tratamos de juntar a la mayor cantidad de clubes para que se tome conciencia de lo que fue la dictadura cívico-militar y de todo lo que está pasando hoy con los derechos humanos”, expresó Mariano Colángelo, hincha de San Lorenzo, al explicar qué los movilizó hasta ahí.

Y ahí estaban. Luego de cinco reuniones, los y las hinchas que conforman la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino se preparaban para levantar su bandera, para agitar los brazos esta vez no por un equipo de fútbol, sino por un equipo que en realidad son muchos dentro de uno que no distingue colores y que entiende que este deporte popular es  una herramienta para visibilizar las problemáticas vinculadas a los derechos humanos, a las violencias y al olvido.

“Nosotros entendemos que el fútbol une”

Hace tiempo que no hay tribuna visitante. Hace tiempo que en los medios no se escucha hablar más que de la “violencia en el fútbol”, la “violencia entre hinchadas”. Pero poco se habla de la violencia institucional, otro de los temas que tratará esta coordinadora que llegó para quedarse y para marcar la diferencia entre lo que se cuenta y lo que hoy está sucediendo.  “Nosotros pensamos totalmente diferente. Lo que tenemos en común los que formamos parte de la coordinadora de derechos humanos y de la de hinchas también, es que precisamente todos tenemos una pasión que es la pasión por la camiseta y a su vez militamos los derechos humanos”, expresó Colángelo en una clara definición de que aquello que los separa, la pasión, es exactamente lo mismo que los unió, lo que los llevó hasta allí a todas y todos esos hinchas que además de realizar un aporte a la memoria colectiva, dan muestra de que es posible un cruce de hinchadas sin esa violencia de la que tanto hablan los medios.

Se acercaba la una del mediodía. La bandera tuvo que ser movida de lugar en varias oportunidades porque claro, por allí debían pasar otras organizaciones que querían llegar a la plaza. La jugada de gol estaba cada vez más cerca y comenzaban a escucharse los nombres de diferentes equipos, de manera que cada uno se vaya acercando. Con el “trapo” ya tendido en la calle y los y las hinchas acomodados de un lado y del otro, el agite comenzó al grito de  “a donde vayan los iremos a buscar”.

Finalmente llegó la foto. Y después de la foto llegaron los abrazos, esos abrazos de gol que no se comparan con otros. Sin lugar a dudas lo que sucedió en ese momento fue el inicio de todo lo que vendrá, el puntapié inicial para que todos y todas empiecen a pensar al fútbol desde otra perspectiva, desde un costado más humano, como una trinchera desde donde generar nuevos debates. Esa foto del sábado fue el inicio, fue la conformación de un equipo que sale a jugar algo más que noventa minutos, de un equipo que tal como dicen sus integrantes “llegó para quedarse”.

En esa foto, la efeméride: el primer partido de la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino se jugó un sábado 24 de marzo de 2018, a 42 años de la dictadura cívico – eclesiástico- militar en Argentina, alrededor de la una del mediodía y en la intersección de Avenida de Mayo y Bernardo de Irigoyen. Tuvo público. ¿El resultado?Ganaron todas y todos. Es inevitable: para ir a la cancha primero tenés que pisar la calle. El sábado, este equipo conformado demostró que los partidos también se ganan ahí, con la camiseta puesta y con la justicia en el corazón.

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Nehuén Rodriguez, se acerca la hora de la justicia

Por Vivian Palmbaum @vivi_pal

Esta semana terminó la instancia procesal del juicio oral y público por el asesinato de Nehuén Rodriguez y el próximo 27 de marzo se espera la lectura del veredicto, a un mes de comenzado el juicio.  Diversos colectivos, organizaciones populares y de derechos humanos junto madres víctimas de la violencia institucional acompañaron con su presencia y solidaridad el desarrollo de la instancia en que se dirimen las responsabilidades por el asesinato del joven.  La fiscalía pidió una condena de tres años y la querella cuatro años y seis meses, si bien ambas coinciden en la responsabilidad del hecho. Un funcionario del Estado encargado de velar por la (in) seguridad no solo cometió un delito sino que adicionalmente fraguó pruebas, mintió y encubrió.

Atropellar a una persona con un vehículo que iba a excesiva velocidad, cruzando el semáforo en rojo, falsear las pruebas, modificar la escena del crimen, entre las cosas más importantes que pudieron probarse, tales son los delitos cometidos por el oficial Daniel Castagnasso,  de la entonces Policía Metropolitana. Nehuén el pibe quemero de apenas 18 años perdió su vida en el hecho, mientras el policía responsable armaba una ficción con la complicidad de su acompañante.

El martes 27 de febrero la causa por el asesinato del jóven Nehuen Rodriguez,  a manos de la Policía Metropolitana, llegó a juicio oral y público. La infatigable lucha de familiares y amigos y la solidaridad de las y los vecinos permitieron desentrañar las complicidades y el encubrimiento del asesinato. Después de haberse pospuesto en dos oportunidades finalmente se llega al juicio oral, con retraso.

Proceso

El martes 27 desde las 9 de la mañana, se congregaron frente a los tribunales   vecinxs, amigxs, compañerxs de Nehuen junto a una gran cantidad de organizaciones populares, barriales, sociales, culturales, legisladorxs, organismos de derechos humanos, medios populares y comunitarios, centros de salud,  entre las presencias. Con radio abierta y diferentes actividades culturales frente a la sede de los tribunales de la calle Talcahuano se le dio visibilidad al inicio del juicio oral. También se destacó la presencia de otras madres de jóvenes víctimas de gatillo fácil, como Raquel Witis y Angelica Urquiza, junto a Lucas Cabello, el jóven víctima de gatillo fácil en La Boca (cuando iba a comprar un sándwich).   Las numerosas muestras de solidaridad se repitieron en cada una de las audiencias.

Una causa que fue encubierta por la Policía Metropolitana que modificó y fraguó la escena del crimen para encubrir su responsabilidad.  La versión policial sobre el hecho decía que Nehuén iba en su moto el 15 de diciembre de 2014 y que cruzó un semáforo en rojo sin el casco puesto y que por eso había fallecido al chocar contra un patrullero.  

Nehuen tenía 18 años ese 15 de diciembre de 2014 y apenas había terminado siete días atrás el secundario.  Ese día iba en su moto a la casa de un amigo para festejar el ascenso de su amado Huracán. Tal como se estableció en el segundo día del juicio oral, los testimonios y pericias no dejaron dudas sobre la responsabilidad policial que contradicen la versión inicial de las fuerzas policiales.  Un móvil de la Policía Metropolitana, conducido por Daniel Germán Castagnasso, acompañado del subinspector José Daniel Soria Barba, lo atropelló en la esquina de Ramón Carrillo y Brandsen, del barrio de Barracas. El móvil policial cruzo el semáforo en rojo, a alta velocidad y sin sirenas  atropellando a Nehuén que a las pocas horas fallecía como consecuencia del impacto, en el Hospital Argerich. El policía acusado nunca fue separado de su cargo y continuó en funciones, a pesar estar procesado por el homicidio y su encubrimiento. La doctrina Chocobar ya viene funcionando desde hace mucho tiempo antes de ser enunciada por este gobierno nacional.  

La versión inicial de las fuerzas de seguridad pudo empezar a ser cuestionada, cuando vecinas  y vecinos tímidamente comenzaron a contar otra versión, en respuesta a la iniciativa de familiares, compañeros que hicieron circular volantes para investigar el accidente. “O me encierro en el dolor o salgo a luchar” pensó Roxana y comenzó su larga lucha que luego de las dilaciones de los tiempos judiciales, llegaron al momento de la verdad.

Nehuén Presente

Un asesinato que tuvo amplias repercusiones hasta en los propios jugadores de Huracán, del que Nehuén era hincha fanático. Nehuén fue asesinado el día que el club ascendía a primera división  cuando se disponía a festejar este triunfo. Los jugadores del quemero el 21 de noviembre pasado, antes de enfrentarse con Velez Sarsfield, homenajearon a Nehuen y posaron con su foto con la leyenda: “Nehuén Presente”.

El asesinato de Nehuén Rodriguez, se suma a una larga lista de pibas y pibes que mueren víctimas del gatillo fácil, con mayor incidencia en los barrios populares. Una larga lista de víctimas jóvenes se engrosa desde hace años, a pesar de los gobiernos de distinto signo. Hoy además con la doctrina del Gobierno nacional que empodera a las fuerzas de seguridad, librándolas de la responsabilidad que les compete como monopolio del ejercicio de la fuerza del Estado,  se suma a las renovadas iniciativas oficiales de baja de edad de imputabilidad y se convierte sentencias policiales donde la presunción de inocencia y el debido proceso se han tornado inexistentes. Tres nuevos casos acaban de suceder hace pocos días  y que engrosan la lista de los Luciano, Kiki y tantxs otrxs  que se repiten cotidianamente y que han demorado muchos años en encontrar algún esclarecimiento y con suerte un poco de justicia.  

El próximo 27 de marzo será la hora de la justicia, que llega tarde, que no remediará tamaña pérdida, no mitigará el dolor, pero hará responsable a quienes han cometido el delito. Las madres y la solidaridad popular parecen ser las herramientas privilegiadas para luchar y alcanzar un poco de justicia.

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