Sororidad: la historia contada por las que luchan

Por Laura Cabrera @LauCab

Hoy se estrena en el Cine Gaumont “Sacar la voz: trabajadoras de prensa en tiempos de ajuste”, documental de Mariela Bernardez y Lorena Tapia Garzón que a través de historias de tres mujeres cuenta las realidades de todas las mujeres que desarrollan tareas en ese ámbito. Ante la precarización, el machismo y la desigualdad de oportunidades, la única salida es la organización.

Tres historias: la de Gimena Fuertes (Tiempo Argentino), Natalia Vinelli (Barricada TV) y Silvia Martínez Cassina (delegada de Canal 13, la primera). A partir de ellas, la periodista e integrante del Colectivo de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires Lorena Tapia Garzón y la integrante del grupo Revbeladas Cine, Mariela Bernardez, representaron en imágenes y diálogos el panorama general que viven las mujeres que hoy forman parte de medios de comunicación.

“Este documental está acompañado por un trabajo de investigación, un relevamiento que hicimos en casi todos los medios, sobre todo en los más grandes para ver cuál es verdaderamente la representación de las mujeres. Nos encontramos con lo que ya sabemos pero quedó plasmado en números para que incluso los propios compañeros se den cuenta”, indicó Lorena, quien además destacó que muchos integrantes de esos medios se sorprendieron al ver los números reales.

Sacar la voz llama a la reflexión acerca de qué roles ocupan las mujeres, cuáles se le asignan y en cuáles ni se las contempla, pero habla también de la transformación de todos estos problemas vinculados a la naturalización de distintos tipos de violencias en luchas, en la necesidad de que la perspectiva de géneros dentro del ámbito laboral y en las producciones periodísticas sea transversal, esté en todas las secciones, con todos los trabajadores y trabajadoras involucradas, tanto de medios hegemónicos como de los populares, alterativos y autogestivos.

Antes del estreno de esta tarde, las directoras del documental dialogaron con Marcha acerca de esta experiencia basada en la historia de tres y de todas, incluso de ellas, que mientras investigaban vivieron en carne propia la precarización, los despidos  y los derechos vulnerados.

¿En qué contexto comenzaron a idear el documental?

Mariela Bernardez: -El documental es la resultante de una experiencia colectiva, de una búsqueda que excede lo estrictamente narrativo o creativo. Hablamos del proceso social que protagonizan las mujeres, lesbianas y trans que tal como tiene su expresión en las calles en cada movilización multitudinaria del movimiento Ni Una Menos y en los poderosos Encuentros Nacionales de Mujeres,  también expresa su potencia al interior de las asambleas, en los espacios de trabajo, en los sindicatos y en las casas. “Sacar la voz” aborda historias de emergencia y consolidación de mujeres en posiciones de decisión y representatividad y esto sucede, también, en respuesta a un contexto crítico en lo laboral, especialmente en prensa, donde el impacto en los medios de comunicación ha sido devastador, con cierre y  pérdida de puestos laborales, creciente precarización y multifunción.

La presencia y aporte de estas compañeras en las luchas sindicales y en los debates al interior de los medios, habla de algo más general, que existe más allá de ellas y que es la condición que las habilita y potencia. Se trata de la consolidación de redes que procuran las mujeres trabajadoras para diseñar estrategias de cuidado mutuo y de resguardo de derechos y oportunidades, de la búsqueda de las activistas por forjar una agenda sindical y un programa de acción que no sea ciego a las desigualdades de género, que sepa de las condiciones diferenciales de acceso y permanencia en el mundo laboral que para el caso de las mujeres como colectivo social se ve plagada de obstáculos y requerimientos solo asociados a su condición de sexo-género.  Programas y estrategias que idean las mujeres para atravesar un momento de marcada crisis laboral mientras no dejan –no dejamos- de demandarle e interpelar al Estado por el impacto concreto que tiene en la vida y trabajo de las mujeres, sus políticas de ajuste y retracción tras ya casi dos años de su asunción.

Por eso, esta historia es una expresión de ese fortalecimiento transversal del colectivo de mujeres, lesbianas y trans, de la decisión de traspasar las fronteras de lo establecido por el status quo patriarcal y su régimen de reparto desigual de la “palabra legitimada o autorizada”, hacer presente y audible la voz de las trabajadoras dentro de las redacciones y en  las asambleas también.

Las acciones más populosas, transversales desde la diversidad y conmovedoras por su nivel de movilización han sido empujadas por la tenacidad de delegadas, mujeres trabajadoras de la economía formal e informal, activistas feministas, militantes del colectivo LGBTIQ, migrantes, campesinas, “amas de casa”, estudiantes y profesoras. Si eso no es una interpelación directa al Estado y al sindicalismo argentino todo, pues entonces se están quedando abajo del tren de la historia, o mirando otra película.

Hoy las calles hablan y testimonian esta potencia movilizada que crece inexorablemente desde el pie.

Lorena Tapia: -Surge el año pasado. Las dos estábamos haciendo un posgrado, un programa de actualización en género y sexualidades, en la UBA. Era un curso gratuito y estaba financiado por la Defensoría del público se venía haciendo desde hacía cuatro años pero este año dejó de hacerse supuestamente por el recorte presupuestario que hubo en materia de comunicación y políticas de género desde el Estado. Las dos empezamos ese programa en un contexto en el que nos habíamos quedado las dos sin trabajo. Este documental tiene una fuerte autoreferencia, con Mariela ya nos conocíamos, nos encontramos en ese posgrado. El trabajo final tenía que ser algo relacionado con la temática de género en un formato comunicacional. Mariela es documentalista y era trabajadora precarizada a través de una productora tercerizada que hacía contenidos para Canal Encuentro y yo era redactora de El Argentino Zona Norte, un diario gratuito que pertenecía al Grupo 23. Arrancamos el año y fuimos víctimas de ese fuerte ajuste. En ese contexto surge esta idea.

Decidimos retratar ese contexto a través de la mirada de las mujeres trabajadoras de prensa porque empezamos a darnos cuenta de que en ese contexto había cada vez más compañeras poniendo el cuerpo y la voz en la lucha gremial. Veníamos en el contexto del año anterior, 2015, que había sido el primer Ni Una Menos, que fue un quiebre importante en las luchas y reivindicaciones que ya existían desde mucho antes del movimiento feminista, generó un quiebre importante por su masividad. Para empezarnos a reconocer en ese lugar de que las mujeres históricamente estuvimos en desigualdad con los varones, al igual que otras identidades de género.  En ese contexto pensamos que sobre eso había algo que decir, porque se habla mucho del gremio de prensa, siempre son los compañeros varones los que hablan, pero están pasando otras cosas, hay compañeras que están participando cada vez más.

Si bien el documental habla de todas las mujeres en medios de comunicación y sus roles, se centran en tres historias, ¿por qué ellas?

MB: -En momentos “de crisis” son las mujeres las primeras en pagar los costos de ésta con su fuente de trabajo, con su modalidad de contratación, con ensanchamiento de la brecha salarial y desjerarquización de sus tareas, en definitiva, con más precarización del trabajo y de la vida. La elección de tres historias, dentro de las muchas otras posibles, de comunicadoras del sector de medios comercial y de los populares, cooperativos y comunitarios buscó expresar en ellas la trama general que atraviesan las trabajadoras y los efectos que tienen las medidas de ajuste particularmente sobre las mujeres en el sector formal e informal de la economía.

Tres compañeras, del sector de medios comercial y también del cooperativo, comunitario y popular. Gimena Fuertes, Silvia Martínez Cassina y Natalia Vinelli, en ellas buscamos narrar las historias de muchas más. En su voz se proyecta el grito de todas las demás. Su historia de emergencia y consolidación dentro de los medios que integran es la expresión más clara de debates y luchas que permean cada espacio en el camino de la “despatriarcalización”.

No son historias aisladas, en ellas y en los pasos que dan hay un camino recorrido, consciente o inconscientemente, sobre las huellas de todas las que nos antecedieron y que hoy tienen sus ecos en espacios que se permiten dar la discusión. De alguna manera, las compañeras integran el linaje de las que lucharon por nuestro derecho al voto, de las lavanderas que batallaron para que no les descontaran de su sueldo el lavado del delantal y de la cofia, de las hermanas Mirabal asesinadas por su oposición al dictador Leónidas Trujillo, de las campesinas e indígenas criminalizadas o avasalladas por su defensa de la tierra y sus recursos, por todas las que se animaron y lo siguen haciendo a hablar las voces y escribir las letras de equidad, autodeterminación y liberación.

El documental expone la mayor presencia femenina en los gremios, un mayor debate acerca del rol de las mujeres en los medios y su participación en las luchas. ¿Cómo fue evolucionando la labor femenina no solo en medios sino además en sindicatos? 

MB: -El compromiso y la participación de las mujeres en instancias de organización gremial le imprime, necesariamente, a la política sindical otra perspectiva. Que ellas estén, participen, se muestren y proyecten su voz o que no lo hagan no da lo mismo, y que esto suceda marca una diferencia. También interpela a la dirigencia sindical a revisar su agenda, a construir consensos que no las tengan como mera presencia decorativa en una asamblea o solo completando una lista, tampoco limitadas a adherir a la moción de los compañeros varones.

Su protagonismo en la política sindical habla de la potencia, de la decisión, pero también de los innumerables obstáculos que deben sortear las compañeras a la hora de “sacar su voz”. No son barreras imaginadas, ni la fantasía de una “conspiración”, son dificultades concretas y se hacen sentir. Lo complejo de tomar y disputar la palabra, cuando por años –una cultura entera- han determinado que la legitimada y valorada era la voz y letra del dirigente varón, entrenado en la habilidad de hablar en público y visibilizar su posición sin pudor. La propia autoestima y seguridad necesarias para librar y sostener las discusiones y posturas cuando hay disenso y el camino plagado de dudas y prejuicios a sortear de cara a la consolidación de roles de liderazgo femeninos, todos -en conjunto- hablan de por qué es importante, hoy más que nunca, relatar la historia de emergencia de estas mujeres que desde la experiencia de distintos medios se meten de lleno en disputar las relaciones de fuerza. Disputar derechos, oportunidades y condiciones con las patronales si acaso las hay, con el Estado, y al interior de sus propios espacios para transformar la economía de poder entre los géneros. Para construir no solo relaciones sindicales más abiertas e inclusivas, sino relaciones sociales más justas y democráticas.

LT: -Tenemos a Silvia Martínez Cassina que es de un medio dominante, hegemónico, donde además la precarización es más fuerte. Silvia empieza a ser a partir de 2015 y 2016 una referente para sus compañeros y compañeras en esa demanda por los derechos laborales. Ella logra apropiarse de eso, al principio no quería hablar pero toma la decisión de cumplir un rol importante. Cuando nosotros terminamos el documental Silvia termina siendo la primera delegada mujer dentro de Canal 13 y TN.  Gimena Fuertes es otro emblema de lo que sucedió con la comunicación y con los medios el año pasado, Tiempo Argentino es un emblema, la mayor referencia de cómo después de la debacle de un medio, de un vaciamiento furioso que dejó 800 trabajadores y trabajadoras en la calle, los compañeros y compañeras de Tiempo Argentino deciden apropiarse de eso y armar una cooperativa, seguir adelante y mostrar que otra forma de comunicación también es posible. Nos parecía importante que una compañera de ese medio esté porque fue otra pata de las cuestiones más fuertes de lo que había pasado el año anterior en el campo de la comunicación. Después está el caso de una compañera (Natalia Vinelli) que venía trabajando ya en un medio alternativo, comunitario y popular, es una de las directoras de ese canal que al mismo tiempo tiene toma de decisiones asamblearias donde hay mujeres y varones pero nos mayoría mujeres, a diferencia de medios comerciales en donde las mujeres somos minoría. Ahí son mayoría mujeres, tres en la comisión directiva y que tuvieron que batallar porque si bien en ese campo hay más mujeres, las compañeras tuvieron que pelear por sus derechos y en la batalla que llevaron adelante junto con otros canales alternativos que habían ganado por concurso un lugar en la TDA y que el gobierno de Cambiemos no les dejaba lugar y, después de una batalla muy larga liderada por muchas compañeras de Barricada, obtuvo hace poco la posibilidad de acceder a la TDA.

La lucha de mujeres en medios tiene que ver con cambios desde lo laboral pero también con la importancia del rol de los y las comunicadoras a la hora de informar. Partiendo de la base de que transformar el lenguaje es importante para cambiar la visión de las realidades y teniendo en cuenta conquistas como el hecho de cambiar “crimen pasional” por “femicidio” en una nota, por ejemplo, ¿qué otras acciones de mujeres en medios pueden mencionarse como fundamentales en esta transformación en visión de géneros?

MB: -Inundar los medios con una perspectiva de género y feminista se trata, también, de la elección de palabras y tipo de definiciones, pero no apenas de eso. En la base está la disputa por el “enfoque”, es decir, cómo se cuentan y comunican las noticias, de qué manera su abordaje permite o no ubicar lo que sucede en una larga trama que expresa relaciones de poder y la naturalización de subordinaciones. Esto es lo más difícil de erradicar, porque pueden cambiar las palabras, que no es poco ni menor, pero no es suficiente. Si las coberturas, en cualquiera de los temas o áreas, no pueden reconocer lo particular de la condición de algunos colectivos sociales y del impacto sobre éstos de las medidas que se adoptan, las prácticas que se desarrollan, o los dichos que circulan, el sexismo en los medios seguirá siendo un estado dominante.

Más periodistas comprometidxs con un abordaje plural y diverso, capaz de desarmar estereotipos y pensamientos binarios. Hay un camino recorrido y logros conseguidos, el aporte de las periodistas feministas fue clave en eso, pero falta mucho aún. Las noticias siguen siendo escritas o presentadas en su mayoría por varones, muchos con poca o nula sensibilidad e interés en reveer sus propios juicios y privilegios. Hacen falta más periodistas feministas que sigan tensionando los límites y los binarios, develando las violencias que operan las palabras y coberturas, reivindicando que “todas somos fiesteras, viajantes ´solas’ y fanáticas de los boliches”.

A pesar de todos estos cambios positivos, las mujeres siguen siendo las más vulnerables a la hora de hablar de derechos laborales, ¿qué tiene que cambiar para que esto deje de ser así?

MB: -En medios son mujeres las que trabajan, en su mayoría, bajo la modalidad de “colaboradoras”, en formas precarias y flexibles de trabajo y contratación; las que, en alto porcentaje, no tienen firma u ocupan un lugar marginal o subalterno en el tratamiento de las noticias en televisión. Sin pasar por alto la verdadera grieta horizontal que hace que un altísimo porcentaje de ellas no accedan a puestos jerarquizados y de decisión en materia de política editorial dentro de los Medios que integran.

Las mujeres vivencian –vivenciamos- la precarización creciente, la multitarea, el vaciamiento de los medios en los que trabajábamos y el desempleo. Las circunstancias no han cambiado para mejor, todo lo contrario. Estamos cada vez algo más ajustadas, más pobres, más amenazadas en nuestra proyección laboral dentro del campo de la comunicación y el periodismo, como en muchos otros también. Pero lo que se robusteció, lo que maduró hasta encenderse, es la conciencia que la batalla que libramos, esa de la que tenemos mucho por recorrer aún, no puede dejar cruzar las muchas capas de opresión y postergación que nos pone a cada mujer, lesbiana, travesti o trans en situaciones particulares que no pueden ser omitidas o ignoradas. Del reconocimiento de esas circunstancias y no de su disolución en un todo homogéneo, tomamos la fuerza que nos impulsa. Esa es la clave y la potencia.

 

“Sacar la voz: trabajadoras de prensa en tiempos de ajuste”, se estrena hoy a las 18 en el Cine Gaumont, Rivadavia 1635, CABA.

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Metro y Medio de machismo

Por Lucía Cholakian Herrera/Nota de Agencia Paco Urondo

¿Cuántos puntos de rating vale la exposición de una violación? ¿Cuántos retweets vale el reírse públicamente de un delito penal que afecta a miles de mujeres por año en Argentina?”.

El viernes por la tarde, durante el programa “Metro y Medio” de la FM 95.1 —conducido por Sebastián Wainraich y Julieta Pink, y que esa tarde tenía de invitada a Tamara Petinatto— sucedió algo que prendió las alarmas entre las oyentes: un varón llamó para “confesar” un engaño a su mujer durante unas vacaciones en Cancún, en las que “tacleó” y violó a una mujer canadiense.

La sección, llamada “Taller de engaño”, a la que los oyentes llaman para contar anécdotas y que se defina al aire, mediante el juicio de las/os conductores, si lo suyo fue una infidelidad o no; fue el marco de esta conversación que derivó en la confesión absolutamente impune de un delito penal como es el de la violencia sexual contra la mujer.

El relato, contado entre risas y chistes entre el violador y las/os conductores, dejó entrever una vez más cómo la violencia hacia las mujeres continúa naturalizada en todas sus formas y es reproducida sistemáticamente en los medios comerciales. Por un lado, se festejó al aire lo que fue una violación a una mujer en estado inconsciente y, además, se hicieron chistes acerca de la infidelidad cometida por el varón, ridiculizando a su pareja y exponiendo un maltrato esencial radicado en el engaño y la manipulación.

Más allá de las reiteradas discusiones que se dan a partir de que determinadas radios comerciales continúen habilitando espacios donde se reproduzcan estereotipos sobre las mujeres y se reivindique a varones violentos, cabe destacar este caso como uno en el que las/os conductores tuvieron una actitud profundamente cómplice con un varón que —repetimos— violó a otra mujer y llamó para contarlo al aire. Esto vuelve urgente un debate respecto a qué sucede en los medios comerciales que hace que toda supuesta ideología sea tirada por la borda a la hora de mantener el rating: ¿Cuántos puntos de rating vale la exposición de una violación? ¿Cuántos retweets vale el reírse públicamente de un delito penal que afecta a miles de mujeres por año en Argentina? ¿Cuántos “me gusta” vale, en todo caso, el burlarse de una consigna que busca terminar con la violencia machista de una vez?

¿Qué deberían haber hecho? ¿Qué podría haber pasado? Tal vez la intervención de las y los conductores del programa no hubiera derivado en un enjuiciamiento al violador. Pero, sin dudas, hubiera problematizado la cultura de la violación en vivo y para todas y todos los oyentes del programa. Hay una cosa que es certera: no lo hicieron, y se rieron. La risa no es un desliz de una actitud patriarcal: es un gesto de complicidad.

Porque, de verdad, no es tan difícil no reírse de una violación.

Nota original en:http://www.agenciapacourondo.com.ar/generos/metro-y-medio-de-machismo

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