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De militancias, canciones y poesía: Darío Santillán y el Tata Cedrón

Por Nadia Fink y Pablo Solana

Una foto bien guardada, un recuerdo que aparece, el Cuarteto Cedrón que toca y el Tata que desea tener esa foto. Un encuentro que reconstruye puentes entre generaciones,  caminos que vuelven a juntarse.

El calor de la tarde no impidió que la juntada fuera con mate. Con mate y facturas. Una charla compañera en la que el padre y el hermano de Darío Santillán –asesinado junto a Maxi Kosteki en la represión de Puente Pueyrredón el 26 de junio de 2002–, Alberto y Leonardo, le acercaron a Juan Tata Cedrón una foto que Darío guardaba como un tesoro entre sus pertenencias. Así, el recuerdo, el pasado y el presente, las militancias, la poesía y las “canciones de protesta” fueron un hilo que trazó la mateada.

“La camisa roja, el estuche azul y el saco marrón que todavía lo tengo. Ya me queda chico, pero lo guardo porque está buenísimo”, dice el Tata mirando la foto. “Uno guarda las cosas que le quedan chicas esperando adelgazar, pero sigue ganando en masa muscular nada más”, retruca Alberto y la carcajada general nace sola.

A la ronda de mate le falta un integrante: Mariano Pacheco, quien se recupera de una lesión en su ojo por una bala de goma ligada en la represión frente al Congreso cuando se trataba la Reforma Previsional. No estaba él pero llegó su libro, Darío Santillán, el militante que puso el cuerpo, escrito a seis manos con Ariel Hendler y Juan Rey. De allí la referencia por el gusto de Darío por el Cuarteto Cedrón, una recomendación de su profesora de Literatura Andrea:

“‘Porque era así esa época: no teníamos un mango’, cuenta Andrea. Sin embargo –recuerda– nunca faltaban los mates sobre la mesa, que acompañaran las extensas charlas, que a veces llegaban a durar horas, en las cuales los temas iban variando, pasando por la música (‘yo le recomendé Cedrón y él a mí a Hermética’). Es que Andrea había militado, siendo más joven, y Darío no lo hacía aún, pero se interesaba mucho ya por las cosas que pasaban en el país, en el continente y en el mundo”.

Leo recuerda que la foto era de 1999 o de 2000, esa época en la que Darío descubría la militancia en los setenta, su música, y empezaba a nutrirse de lo viejo/nuevo para sumarle al rock de Hermética y Malón que le corría en su sangre joven.

En esa foto Darío tendría 18 años, te había ido a ver a un concierto… ¿Qué sensaciones te generan los pibes y pibas que escuchan al Cuarteto Cedrón, que van a verte?

–Me interesa que el público que nos ve, joven o no joven, sepa que lo que hacemos es poesía. Que puede ser una poesía de denuncia… Incluso cuando Gardel cantaba canciones, por ejemplo, sobre la prostitución, o que una piba se vaya del barrio porque quiere tener un poco de guita y se prostituye, eso es un problema social. Después hay un problema con la música, con el arte, hay un problema de emoción cuando vos hacés las cosas, que ese público que te viene a ver porque sabe que vos sos o zurdito o peronista o lo que quieras, pero viene porque tiene que ver con vos, se emocione también. La emoción no te la pueden sacar.

Entonces, yo pienso eso cuando veo a los pibes jóvenes. Eso que dicen en el libro de Darío, que cuando él escuchaba al Cuarteto buscaba una mirada más allá del panfleto de la militancia.

Cuando yo hablo de panfleto… yo hice la Cantata del Gallo Cantor, hice Balada del hombre que se calló la boca… Milité, pero eso no lo hubiera querido cantar, eh. La Cantata, después de lo de Trelew [el fusilamiento de presos políticos, en 1972]. Me la pasé ocho años llorando, sigo llorando, me vuelvo loco. ¿Por qué los tuvieron que matar? Yo no pienso en ganar, que maten gente y voy a hacer una canción. La hice porque me dolió el alma.

Así como la profe Andrea le recomendó a Darío que escuchara al Cuarteto Cedrón para entender los setenta, ¿hay hoy una banda que se pueda recomendar para interpretar la época actual? Que te sorprenda, que te conmueva…

Yo no sé si hay que entender la época por la canción… la canción forma parte de la época, si vos contás cosas de la época. Pero yo te estoy diciendo un poco lo contrario: las rosas hace siglos que salen, y ahora también. Yo hablo de la rosa… Después si vienen estos hijos de puta y te lo matan a Maldonado… Hay que ganarles a estos hijos de puta. Y de ahí la cantata que hicimos con Gelman sobre los combatientes, dice eso, “Afuera sigue la lucha de clases” … Y yo creo en eso. Gelman fue un militante, escribió eso, pero también muchas otras cosas…

Tuñón me dijo –porque en el disco ese colorado le hice un reportaje [Cuarteto Cedrón canta a Raúl González Tuñón]– “detesto las teorías absolutas”. Que lo que haga un artista, un músico, aparte de lo imaginativo –que es lo más importante– tenga que ver con la realidad… Hay una cosa de imaginación, que inventás vos, que es una cosa que está en el aire y vos la ligás con las cosas de la realidad. Tuñón dice eso. Un hombre, un artista, un pintor, un músico, tiene que serlo en la vida y en la obra; si no, algo anda mal. Tenés que tener coherencia. Está en ese disco.

La referencia a Tuñón sigue tejiendo los hilos de la charla. El Tata le pregunta a Leo: “¿Vos conocés el poema o conocés la cantata, Chances?”.

Sí, la tenía Darío en un caset.

¿Tenía el caset Darío? ¡Lo grabé en el 76!

Y El Tata recita, de memoria:

Mientras el dictador o burócrata de turno hablaba
en defensa del desorden constituido del régimen
él tomó un endecasílabo o verso nacido del encuentro
entre una piedra y un fulgor de otoño

puso el dedo en la palabra inicial
apretó

la palabra inicial apuntando al dictador o burócrata
salió el endecasilabazo
siguió el discurso siguió
la lucha de clases
el capitalismo brutal
el duro trabajo
la estupidez
la represión
la muerte
las sirenas policiales cortando la noche

este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta ahora
a ningún dictador o burócrata aunque
sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata
y también explica que
un verso puede nacer del encuentro entre

la lluvia y la piedra

Y la realidad le cae, al Tata, como una gota, o una piedra cuando exclama: “¡Faaaa! ¡Lo hice en el 76, ya me había tenido que ir!

El tango, el rock y la penetración cultura

Darío y el Cuarteto Cedrón vuelven a cruzarse en otro pasaje del libro:

“La Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que dirigía Osvaldo Bayer, había llevado a militantes de Almirante Brown y Lanús a contar allí las experiencias del MTD y, como contraparte, algunos docentes iban a esos pequeños encuentros de formación que, por lo general, se llevaban a cabo en casa de la familia Santillán. Allí, antes o después de la clase, invariablemente sonaba el Tata Cedrón cantando ‘La calle del agujero en la media’, el poema de Raúl González Tuñón. Darío estaba fascinado con ese hallazgo que le había hecho conocer Mariano”.

Y otro de los amigos que merodea la charla es Vicente Zito Lima: abogado, periodista, autor teatral y dramaturgo que, cuenta Alberto, “hizo varios poemas y una obra de teatro dedicada a Darío. Es tanto el amor que Vicente le tiene y es tanto el dolor que donde está siempre lo trae. Incluso en la obra Eva Resucitada es increíble cómo él, hablando de Evita, lo nombra a Darío. Si bien son años totalmente diferentes, él lo trae”. Y el Tata cuenta que a Zito lo conoció en 1962, cuando hacían recitales de poesía con Juan Gelman y Paco Urondo. También cuenta que fueron junto a un grupo de artistas a la prisión de Trelew después de la Masacre y que no pudieron actuar por los controles que había: “No nos dejaron entrar, entrábamos desnudos si querían”, cuenta, todavía enojado.

Esa mezcla de deseos y gustos intergeneracionales que portaba Darío aparece en la charla. Alberto recuerda que también iba a ver a José Larralde, y que llegaba cada vez que podía a presenciar el programa de Alejandro Dolina después de las 12 de la noche: “Me acuerdo de que hacía la cola, entraba; siempre andaba muerto y lo que pedía era un vaso de agua”. La pregunta surge inevitable:

Él escuchaba el Cuarteto Cedrón, escuchaba música clásica y escuchaba Hermética, los Redondos… ¿Qué apreciación tiene de esa cultura rock juvenil, que para Darío no era incompatible?

–Yo fui amigo de La Cofradía de la Flor Solar, de donde después salieron los Redonditos. Nosotros pensábamos que el rock era una continuidad del tango, por ejemplo, Almendra… El único disco de esos que tengo es ese que tiene “Muchacha ojos de papel”, ¡ese me gusta! Pero después nos dimos cuenta de que había una política de penetración. Se destruyeron discos que se hacían acá, no se escuchó más música nacional, se sacó todo lo nacional. Por ejemplo, eso de que el 50% de música que se pasaba tenía que ser nacional, como en Francia, que era como había hecho Perón acá, la pasaban entre dos y las cuatro de la mañana, cuando no escuchaba nadie. Igual que lo que están haciendo ahora con Radio Nacional.

Entonces, hubo una penetración… Mirá, hoy fui a hacer una gimnasia, toco el timbre y me responden “qué tal, Tata, ¿estás heavy?”. “On line”, “delivery”… yo leo poco las noticias, pero veo publicidad de zapatos, 29 dólares, 50 dólares, todo en dólares. Vos decís: ¿cómo hago para comprar este zapato? Toco ahí y está todo en inglés… Entonces, a nosotros nos doblegaron en eso. El Che decía: “El que ve un papel en el suelo y no lo levanta es un hijo de puta”. A esta altura del partido, ¿le tenemos que enseñar a la gente que si hay un papel en el suelo hay que levantarlo?  ¿A la gente le tiene que doler el bolsillo para que sé de cuenta que están vendiendo el país? El rock es penetración, flaco…

¿También el rock en castellano?

–Se penetra culturalmente y se saca la identidad. El otro día vi a un pibe tocando el bandoneón en la calle, lo felicité y le dije que viniera a verme. 32 años. Me cuenta que está haciendo cosas de Blomberg. “Ah, Blomberg es el que hizo ‘La pulpera de Santa Lucía’, ¿conocés?”. No, no la conocía. No conocía a Manzi. Eso es el rock.

Con Acho Estol, de La Chicana, nos queremos mucho. Son los primeros que nos cantaron. Y él me contó: yo cuando era pibe veía en la televisión el galán, los pibes con moñitos, engominados con esmoquin en “Grandes valores del tango”. Y el Acho me dice: yo vi eso y me fui al rock. Yo no, yo fui a un bandoneón. Yo vi eso también, pero nosotros teníamos otra estética, otro discurso poético. No el de mierda que nos mete la televisión. ¿Viste lo que es la televisión? No se puede ver nada. Y el rock tiene que ver con todo eso. Todo rock pasan. En castellano… ¿y qué tiene que ver el castellano con el rock? ¿Qué quiere decir rock and roll? Si nosotros teníamos chacarera, folklore, zamba, gato, lo que quieras, perro, conejo [risas]. ¿Por qué no hacen una vidalita, un triste pampeano?

Otros temas siguen surgiendo: la actualidad, los proyectos presentes y futuros (“Estamos constantemente haciendo, produciendo. Hicimos 5 espectáculos sin un mango. Arrabal Salvaje con 12 bailarines, El Puchero Misterioso que son como 20, villeros… con La Musaranga ahora vamos a hacer El Riachuelo. Hice la Cantanta del Gallo Cantor con La Lija, ¡y sin un puto mango! Ahora vamos a hacer una obra de títeres con Antonia, mi mujer”).

Pasaron tres horas y es tiempo de cierres. Están las fotos, las que se toma con Alberto y con Leo, y también en la que está Darío. El Tata besa la foto y la apoya en su piano; una instantánea que brilla.

Los abraza, se emociona, se ríe y no deja de contar anécdotas. Nos indica qué colectivo tiene que tomar cada uno según nuestro destino. Está en todos los detalles. Nos vamos un poco en silencio, contentos, también con nostalgia. “Yo creo que Darío estuvo acá, con nosotros”, dice Alberto. Y entonces vuelven esos versos de Juan Gelman que el Tata acaba de recitar:

Así como el cuerpo es uno y tiene
muchos miembros
pero todos los miembros del cuerpo siendo
muchos
son
un sólo cuerpo
si el pie dijera “porque no soy mano
no soy del cuerpo”
o la oreja como no soy ojo no soy del cuerpo”

o la flor “porque no soy rostro no soy el pueblo”
o el pueblo
“como no soy flor no soy del pájaro”
o el pájaro “porque
no soy árbol no soy del combatiente”
o el combatiente en su
tumba ” como no soy flor no soy pueblo”

y el pie

no mano ¿por eso no será del cuerpo?
y la oreja no ojo
¿por eso no será del cuerpo?
y la flor no rostro ¿por eso
no será del pueblo?
y el pueblo no flor ¿por eso no será
del pájaro?
y el pájaro no árbol ¿no será del combatiente por eso?

y el combatiente no flor ¿no será del pueblo por eso? ¿y
el pueblo de él? ¿y de él la flor que brilla bajo la pura mañana
en su sepulcro?
¿la flor que una mano en su tumba puso? ¿mano que
ni pie ni ojo ni árbol es
y pueblo es y cuerpo y combatiente?

¿mano que necesita pie y ojo y también flor? ¿pueblo
que necesita al combatiente? ¿gracia del día bajada sobre él
como flor como pueblo? ¿él sobre el pueblo
como gracia del día como flor?

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Triple Crimen de Rosario: un aniversario, una película y la sonrisa de los pibes siempre presente

Por Nadia Fink.

A seis años del asesinato de los jóvenes militantes Jere, Mono y Patóm, en Villa Moreno de Rosario, la película documental Triple Crimen revive el recorrido que hicieron familiares y compañeras y compañeros desde el 1 de enero de 2012 hasta el juicio que llevó a la banda narco a las cárceles.

El Mono y Jere se ríen a carcajadas. Corte. Jere va entrando a la canchita mientras relata. Cierra mirando a la cámara, con la sonrisa imborrable que aparece siempre en los relatos de quienes lo conocieron. Corte.

Ese comienzo estremece. Impacta verlos vivos, filmándose entre ellos para las redes sociales, en pleno disfrute y compartiendo entre amigos, en la canchita que tiene el ingreso de Villa Moreno, zona sur de Rosario, su lugar de encuentro y donde fueron asesinados aquella noche del 1 de enero de 2012 en la que el barrio cambió para siempre.

La siguiente escena toma la inspección ocular realizada antes del juicio a los asesinos, que tuvo lugar en noviembre y diciembre de 2014, por abogadas y abogados de la querella y la defensa, jueces, fiscales, etc., en esa misma canchita. Las dos caras de un mismo lugar.

Ciudad de pobres corazones

Rubén Plataneo, oriundo de Rosario, es el director de la película Triple Crimen, que tuvo su estreno en el BAFICI y que se proyectó en Rosario durante diciembre pasado. Cuando desde Marcha le consultamos qué lo había motivado a rodar este film, nos respondió: “Hace varios años que es conocida, a nivel nacional e internacional, la situación en Rosario sobre la instalación y extensión de bandas de narcotraficantes y también que hay un sistema de complicidad institucional, paraestatal, con participación de distintos estamentos de la policía, de la justicia, del gobierno, que sostienen de distinta manera en su rol y sus instituciones el funcionamiento del narcotráfico. Eso ha significado en los últimos años el índice de asesinatos más alto de la Argentina en toda su historia, que llegó a 360 por año, la mayoría de las víctimas jóvenes menores de 30 años. Eso me fue impresionando fuertemente. Y mientras investigaba toda esta trama complejísima y violentísima del narcotráfico y las muertes, en su mayoría de jóvenes de barrios pobres de Rosario, me encontré con que había un grupo de familiares de víctimas, en este caso de los tres chicos que habían sido asesinado en la villa Moreno, que todos los meses salían a reclamar, hacer marchas, desde su barrio hasta Tribunales, exigiendo justicia para los asesinos de sus hijos”.

Y es acá donde vuelve a aparecer la canchita como escenario: ese entramado de narcotráfico que incluye connivencias policiales, estatales y judiciales es el que llevó a que Claudio “Mono” Suárez, Jeremías “Jere Trasante” y Adrián “Patóm” Rodríguez fueran asesinados en el lugar donde celebraban el año nuevo con amigos. Las balas llegaron de parte de una banda narco liderada por Sergio “El Quemado” Rodríguez y compuesta por Brian Sprío, Manuel Delgado y Mauricio Palavecino. Buscaban a quien había baleado al “Quemadito” Rodríguez, hijo del mandamás de la banda, esa misma noche, y que se encontraba internado fuera de peligro. Hacia Villa Moreno fueron, en su Kangoo verde, con armas de alto calibre. Sin mediar preguntas, dispararon contra los tres y contra Moki, único sobreviviente. “No eran soldaditos de nadie”, se esforzaba por explicar Lita, mamá de Mono, cuando al otro día, sin haber enterrado aún a un hijo que se murió en los brazos, la prensa oficial hablaba de “ajuste de cuentas” y de que los pibes “tenían antecedentes”. Allí, en esos banquitos que ya no están, al costado de esos árboles donde Keko, hermano de Mono, señala los agujeros de bala que quedaron como testigos silenciosos, familiares de cada uno de los chicos reconstruye esa nota y revive la sorpresa y el espanto que tiñó el barrio.

El boom inmobiliario en la ciudad de la provincia que tiene el 80% de la producción de la soja del país (donde la construcción ha sido banco fiel de los excedentes del negocio), el crecimiento de las propiedades de lujo en una ciudad con serios problemas habitacionales y un 50% de la población con problemas de vivienda, el puerto como lugar de ingreso para experimentos de narcotráfico, los búnker que se propagaron como los ladrillos para los sojeros, la plata contante y sonante generada por las drogas y la trata son el marco en el que se dio el Triple Crimen. Y por eso Plataneo elije contar esas aristas de Rosario a partir del relato de periodistas como Carlos del Frade y José Maggi que relatan estos puntos de contacto, pero también describen la necesaria connivencia policial para que el narcotráfico siga avanzando.

Pero también el relato cuenta con los testimonios de Carlos Varela, abogado defensor del Quemado Rodríguez –y reconocido defensor de narcos en la Ciudad–, y el ex ministro de seguridad de la provincia de Santa Fe, Raúl Lamberto, quien asumió en junio de 2012, luego de que Leandro Corti debiera renunciar tras los numerosos asesinatos y de las denuncias de complicidad de las fuerzas de seguridad con los narcotraficantes y barrabravas. Y es allí donde el ojo toma partido, donde la mirada del director retoma lo que relataba al principio y elije cómo contar. Estos testimonios, a diferencia de los de los familiares de las víctimas que cuentan desde el barrio y la calle, se realizan en despachos y edificios de categoría. Lugares que, por cierto, habitan a diario funcionarios y abogados. Los planos enfocan manos nerviosas, cuerpos en tensión, palabras que son un relato. Hay algo de actuación, de puesta en escena que atraviesa estas escenas, al igual que las tomadas durante el juicio, donde fue único equipo audiovisual que lo registró.

Así cuenta Plataneo sobre esa etapa, que ocupa un tercio del film: “Lo filmamos de un modo bastante particular: están en juego los personajes, sus rostros, hay un paisaje interior que tienen una tonalidad totalmente diferente al resto. Los personajes están actuando un rol en esa puesta en escena que descubrimos ahí, que además nos permitió conocer mucho más física y directamente, mirándonos frente a frente, la intimidad de la banda narco, y la relación con los abogados, con la policía, con los jueces, con los fiscales. Con los familiares de los asesinos y las víctimas juntos, en la misma sala”. Esos personajes de los que habla Plataneo parecen ser “los otros”. Pero en este caso, “el otro” no es quien suelen tomar los poderes y los medios de comunicación hegemónico. El otro es aquel que fue a invadir el barrio, el que se sienta en el banquillo de los acusados y no habla y mira con superioridad, o quien defiende a bandas narcos y le pide al único sobreviviente de la tragedia que tome el arma con el que asesinaron a sus amigos con la misma naturalidad con la que declara la inocencia de los asesinos en serie.

Ciudad de locos corazones 

Pero en el inicio hay una historia: la lucha que nació el día que asesinaron a los pibes y que Movimiento 26 de Junio, donde militaban Jere, Mono y Patóm, se puso al hombro junto con algunos familiares.

Y así como el relato de las familias va trazando el rompecabezas (que, por cierto, también es el film) para reconstruir el asesinato, las vidas y algunas anécdotas de los pibes (que tenían apenas entre 17 y 21 años), la lucha que iniciaron y que terminó en un juicio histórico; también está el otro relato que fue pura acción: las numerosas marchas y festivales, la vigilia previa al juicio y la instalación de una carpa en las puertas de los Tribunales para recordale a la justicia de adentro que afuera había muchas personas organizadas velando por la memoria de los pibes.

En el medio, ese rompecabezas que va armando Plataneo es una pregunta en voz alta (con su voz en off), es la reflexión sobre la ciudad y sobre la pibada como sector más vulnerable a la desidia estatal, es un ir haciendo que se comparte con el público. “Para los familiares, fundamentalmente para los padres, los amigos, compañeros, toda esta pelea de tres años y el juicio, significó una etapa que cambió sus vidas para siempre: debieron salir de su cotidianeidad y salir a la calle, a organizar movilizaciones, a encarar a los medios, que es una tarea dificilísima, a defender el buen nombre de sus hijos y reclamar justicia. Incluso, tuvieron que vincularse con otros familiares de víctimas similares… Yo fui percibiendo esa transformación que los padres estaban viviendo concretamente durante todo ese tiempo: por eso me decidí inmediatamente a filmar, en la canchita pero también en la cotidianeidad del barrio”, nos cuenta el director.

El juicio, que finalizó el 5 de diciembre de 2014, condenó a los cuatro imputados: Sergio Rodríguez, 32 años de prisión por considerarlo coautor penalmente responsable de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y participación de un menor; Brian Sprío, 33 años de prisión, por considerarlo coautor y que concurre a su vez con tenencia de estupefacientes con fines de comercialización; Daniel Delgado, 30 años, como coautor y Mauricio Palavecino, 24 años de prisión por considerarlo partícipe necesario del delito de homicidio. Adentro y afuera, hubo un desahogo sin fin. Sin embargo, la Cámara de Apelaciones en lo penal bajó algunas penas el 5 de septiembre de 2015 y absolvió a Brian Sprío. Adentro y afuera la bronca estuvo presente.

Los pasillos, el barrio, las casas que habitaron Jere, Mono y Patóm, los perros que rondan Moreno, la canchita (que luego de todas esa larga lucha hoy fue restaurada y que volvió a ser lugar de encuentro permanente donde se disputan torneos de fútbol infantil, funciona una colonia de vacaciones, etc.), los sonidos: la música que sale de las casas, los saludos con vecinas y vecinos, los ladridos, las motos, los gritos de las pibas y pibes que juegan… El film retrata los destellos de una cotidianeidad interrumpida. Pero también los caminos recorridos para conseguir justicia. Es una película en la que los buenos triunfan aunque el sabor es amargo porque los pibes no vuelven.

Jere camina por la calle del costado de la canchita, la misma en la que estaba su casa. Corte. Doblan y por Pte. Quintana está llegando Patóm en moto. Primer plano de Patóm. La música apaga las voces. El plano se funde y la sonrisa que les ocupa toda la cara nos queda en la retina como un recuerdo imborrable.

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Evita, esa mujer, antiprincesa y libre

Por Vivian Palmbaum @vivi_pal

La editorial Chirimbote lanzó la Antiprincesas 7: Eva Duarte. Entrevistamos a Nadia Fink, escritora y una de las creadoras de este sello que trabaja en sus textos para lograr una mirada distinta hacia las mujeres de nuestra historia, siempre haciendo hincapié en producciones para niños y niñas.

“¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga
en un muro de Buenos Aires. 
La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. 
                                 Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. ”      

(Eduardo Galeano en Memorias del Fuego)

               .

Evita es la última producción  de la serie Antiprincesas que vió la luz este año. Con este libro se intenta recuperar  la figura de Eva Duarte y poner en valor el trabajo de una mujer luchadora que se enfrentó a todos los prejuicios de la época, por ser mujer política y pobre.  Contra las habladurías y prejuicios y con los límites de una historia destinada a las niñas y niños, esta producción está contada desde una perspectiva de libertad y con un gran trabajo de indagación y consulta histórica y militante. Nadia Fink y Pitu Saa con la cooperativa editorial Chirimbote lanzaron esta valiosa producción.  

Evita es la última producción de la editorial Chirimbote, una historia para niñas y niños, la Antiprincesas #7, a la que antes precedieron Eduardo Galeano, Juana Azurduy, El Che, Alfonsina Storni, Otra Caperucita y el Gauchito Gil.

Tal como  se menciona al inicio del libro, “en este camino de huellas de mujeres reales que seguimos desandandando, esta vez nos encontramos con Evita: Eva Duarte, una mujer política, una figura trascendente de la historia”.

Entrevistamos a Nadia Fink, periodista, editora y escritora que nos respondió algunas preguntas que permiten acercarse a la producción periodística de Evita.

-¿Cómo llegan a este personaje y porque lo toman?

-El personaje nos interesaba, pensamos en la colección Antiprincesas desde una perspectiva popular y vimos que hasta el día de hoy Evita sigue siendo una figura rescatada, destacada, recordada. Teníamos ganas de abordarla. Venimos de la izquierda y siempre fue una figura que nos incomodó mucho, pero cuando últimamente subimos un flyer para recordar un aniversario de su historia, fue tal la respuesta que tuvimos : gorila, amenazadora, comentarios muy misóginos que nos hicieron pensar que era bueno hacerla,  pensarla. Como decimos  al comienzo del libro, nos llama la atención cómo es agredida por todo lo que hace y que suele pasar con las mujeres políticas, sin que haya un sustento que demuestre cosas concretas, sino son todas apreciaciones sobre la forma en que se viste, la forma en que habla, si es machona y todo esto nos pareció bien desandarlo porque tiene que ver con hoy también.

-¿Cómo llegan a la selección de lo que quieren contar?

-La selección se hace después de un trabajo muy arduo. Con Pitu (Saa) vamos y venimos con las ilustraciones, se nota al inicio que había ideas tiradas y Pitu hizo diez Evita para arrancar el libro, una cosa diferente a lo que pasó con otros libros;  porque también queremos que cada uno cuente de una manera distinta, según el personaje que abordamos.

-¿Cómo abordaron la investigación?

-La investigación fue la más ardua de todas, porque además de abordar documentación y ver documentales, también me acerqué a militantes e historiadores “evitistas”, más que peronistas, que han investigado la historia de ella.  El historiador Miguel Mazzeo fue de gran ayuda porque guió las lecturas, porque hay mucho sobre Evita y sabemos que los puntos de vista marcan muchísimo la forma en que se aborda un personaje. Una vez que hubo suficiente material leído,  el eje fue sobre las habladurías sobre Evita, una mujer profundamente política e incómoda, para la sociedad de la época y para esta sociedad.  Después fuimos puliendo todo lo que a la infancia no le concierne, porque hay muchísimo más que se pueda decir de ella, pero no podemos plantear ciertos puntos de debate sobre ella para la infancia, ahí también se hizo una segunda pulida.

En relación a la investigación,  Nadia Fink,  además,  aclaró que no tomaron tanto las películas, donde se ficciona la figura de Evita, porque están bastante tergiversadas algunas de las ideas que querían transmitir.  Nadia además nos contó que el libro tuvo muchísimas miradas previas, unas doce, entre las que también está incluida la familia,  para ir puliendo el texto definitivo.

El libro tuvo esa pregunta inicial sobre qué leer y  tuvo muchísimas miradas, también lo vio la familia, creo que doce y ahí me valí de muchas compañeras y  compañeros que hemos ido conociendo en el camino, donde la mayoría tiene gran cariño por Evita,  pero lo ve desde una perspectiva de izquierda; fue super interesante traer a esta figura profundamente popular, que hizo muchísimo por desandar lo que le estaba vedado a las mujeres, lo que eran las primeras damas en ese momento y Evita fue muchísimo más que eso, si bien fue ella al lado de Perón, y no podemos dejar de decir esto.

-¿Que quedó afuera cuando seleccionaron que material abordar?

Evita tuvo una vida, política, brevísima, seis o siete años, donde hizo muchísimo, y donde cerramos y dejamos la pregunta abierta: ¿Qué hubiera pasado si Evita hubiera vivido más tiempo, si hubiera finalmente compuesto la fórmula Perón – Perón, si tal vez ese techo de cristal,  del que se habla con respecto a las mujeres, no se lo hubiera puesto su compañero de vida y de lucha, que era Perón? Otra de las cosas que dejamos afuera en relación al viaje a España,  por supuesto que Franco era un dictador, y la ida de Evita y las fotos al lado de él generaron muchísimas suspicacias y muchísimos rechazos,  vistos desde hoy.  En ese momento había que pensar también las alianzas geopolíticas de Argentina, había que pensar el rechazo que había a EE.UU  y  que era necesario generar nuevas alianzas para ser proveedores y  exportadores;  la miseria en la que estaba sumida la España de Franco;  y entonces Evita va y la mayoría del tiempo estaba al lado del pueblo , que es lo que no se cuenta,  pero nos pareció que ese aspecto no estaba destinado para la infancia.

“No faltaron las mentiras y los chismes para ocultar lo que fue. Pero Evita habla por sí misma, con el amor entero que le tenía el pueblo”, se dice en este Antiprincesa.  Mujer, actriz,  trabajadora y política con un origen popular. Reconocida por escuchar las necesidades de los más humildes, a quienes se sentía hermanada y pionera en reconocer los derechos de las mujeres, facilitando el derecho al voto femenino en el año 1947. “Donde hay una necesidad hay un derecho” es quizás su frase más reconocida.   Una figura que generó polémicas y rechazos, tanto que aún después de muerta su cuerpo fue maltratado, mancillado y desaparecido por los enemigos de la cultura popular, que ella había contribuido a poner en primer plano.  Evita, Antiprincesa #7 parece una interesante contribución para que niñas y niños puedan acercarse a la historia contada de manera sencilla, para tratar de forjar infancias más libres de prejuicios.

 

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