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Música, movimiento, tiempos y  amores

Por Laura Cabrera @LauCab

El cantautor uruguayo Jorge Drexler lanzó el viernes pasado “Salvavidas de hielo”, disco en el que la guitarra y las voces son protagonistas en una serie de once temas que se conectan entre sí, como contando una sola historia en diversos momentos. En octubre, el artista presentará este nuevo material en el teatro Gran Rex.

“Apenas nos pusimos en dos pies comenzamos a migrar por la sabana siguiendo la manada de bisonte, más allá del horizonte, a nuevas tierras lejanas”, canta Drexler durante los primeros acordes de “Salvavidas de hielo”, su último disco de estudio. Se trata de Movimiento, primer corte, que suena como el principio de todo lo que vendrá, como si estuviese ahí de forma intencional, contando por qué pasa todo lo que pasa. Y la respuesta para ese y para todos los temas que le siguen es una sola: “estamos en movimiento”.

“Salvavidas de hielo” está compuesto por once canciones (tres de ellas fueron presentadas tiempo atrás: Telefonía, Pongamos que hablo de Martínez y Silencio) en las que predominan la guitarra, las voces (además de la del cantante, este material cuenta con la participación de Julieta Venegas, Natalia Lafourcade y Mon Laferte) y la poesía como plato fuerte. Aunque esto último es una constante en cada disco de Drexler, la particularidad del recientemente lanzado es el orden de los temas y su referencia a los tiempos, como si ese orden y los tiempos de la vida, desde el nacimiento y los diferentes caminos estuviesen llamando a quien escucha a tomarse el tiempo de recordar el pasado, de pensar, de volver hacia el interior y tocar cada emoción, de hacerlas cuerpo para poder guardarlas aunque sea en el recuerdo de cualquiera de esas canciones que cuentan historias que no tienen ningún nombre propio y a la vez todos.

Drexler juega en este disco con la simplicidad, con el sonido de las cuerdas, de la guitarra completa, con la percusión, las voces y con un elemento particular y poco utilizado en la música: el silencio. ¿Qué sucede cuando en medio de un tema musical el artista hace silencio por unos segundos para invitar al oyente a escuchar más allá de las canciones? La propuesta del track 3, denominado Silencio tiene una respuesta sorprendente ante esa acción. Sin lugar a dudas, el artista en su nuevo disco está llamando a su público a oír algo más que once canciones.

“Salvavidas de hielo” es lo que nos pasa: todos y todas tenemos a un “Martínez” a quien estar agradecidos y agradecidas, pasamos por situaciones de amores que no fueron o duraron poco, nos alegramos con alguna llamada, pensamos mil veces que hubiese sido mejor no haber dicho nada, recordamos con cariño algún lugar o deseamos lo que no tuvimos, sin mirar lo que teníamos cerca. De eso habla este disco en el que suena Movimiento, Telefonía, Silencio, Pongamos que hablo de Martínez, Estalactitas, Asilo, Abracadabras, Mandato, Despedir a los glaciares, Quimera y Salvavidas de hielo, de esta especie en viaje en el cual “no tenemos pertenencias sino equipaje”.

Bendita la telefonía en todas sus variantes…

Si bien el disco fue lanzado de manera oficial el 22 de septiembre pasado, el cantante decidió realizar una presentación especial vía Facebook Live desde España. En el día de su cumpleaños y a las 17 de Argentina, Jorge Drexler iniciaba la presentación de una manera atípica, con un gesto de solidaridad con aquél lugar en el que estuvo dando vida a “Salvavidas de hielo”: Mexico DF.

A modo de “abrazo virtual” y solidaridad con el pueblo mexicano, el primer tema en sonar no fue del disco, fue María Bonita de Agustín Lara. “Nosotros hacemos música y nos dedicamos a esto. En los momentos tristes cantamos, en los momentos alegres cantamos, y también para abrazar a los amigos”, expresó el músico además de solicitar ayuda a quienes en ese momento se encontraban viendo la transmisión.

Desde el local de guitarras Headbanger, de Madrid, y hecho este pedido para México, Drexler dio a conocer la tapa del disco, abriendo así con la presentación de este nuevo material que se presentará el próximo mes con un formato de banda.

“Bendita cada onda, cada cable, bendita radiación de las antenas”, canta Drexler en Telefonía. Y resultó fundamental todo eso para poder realizar esta presentación utilizando la tecnología a favor de la música, a favor de la posibilidad de compartir el momento en que un músico toca por primera vez sus temas en público.  

 

 

 

 

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Lo que sus ojos vieron

Lo que sus ojos vieron

Cultura 19 septiembre, 2017 0

Por Valeria Mapelman (*)

Ni´daciye, sobreviviente de la Masacre de La Bomba, falleció el domingo en su comunidad de La Esperanza, Formosa.  Otro anciano que se va sin justicia, pero deja su testimonio.

Don Solano Caballero falleció el domingo 18 de septiembre por la tarde. Su verdadero nombre, el que le pusieron sus padres, era Ni´daciye. Tenía muchos años, una mujer y varios hijos. Uno de ellos, Jorge, ex combatiente en la guerra de Malvinas. Y un hermano, Caincoñen, asesinado por las balas de un colono expropiador.
La comunidad La Esperanza fue el más importante de sus proyectos, un pequeño retazo de monte que alguna vez los Pilagá perdieron a manos de la Gendarmería de Línea y que volvió a sus verdaderos dueños silenciosa y pacíficamente recuperada. Pero tuvo otros. El creía en la justicia y estaba convencido de que el Estado argentino reconocería algún día el gran crimen cometido contra su pueblo.

Cada 10 de octubre, en un nuevo aniversario de la Masacre de La Bomba, tomaba el micrófono y relataba en detalle lo que había visto. Falleció Don Solano, pero no se fue del todo, siempre estará con nosotros relatando una y otra vez lo que sus ojos vieron.
Su testimonio
“Como a las seis o siete de la tarde vinieron los milicos hasta donde estábamos y empezaron a disparar. ¡Pobre gente!

Cuando empezaron los tiros caían niños, caían mujeres… ancianos. A una mujer la balearon acá, a un hombre acá en la rodilla, todos gritaban, las mujeres, los niños…

Pasó el primer tiroteo, el segundo, y en el tercero sentí miedo. Todos los que estaban ahí quedaron baleados, todos cerca del madrejón.

Cuando largaron los primeros tiros mucha gente cayó herida.

Caían por allá, por allá, por allá. Me acuerdo que a un hombre le quebraron la pierna y a otro le dispararon en la boca. A ese hombre lo llamábamos Kaamkot… a él le pegó la bala y cayó.

Más allá se escuchaban los gritos de otro anciano que había caído baleado y estaba en el suelo, se llamaba Kalaky, y tenía quebrada la pierna.

Desde ahí yo podía ver como morían los chicos y a una mujer que cargaba su yica, vi cómo la balearon en la nuca”.
“Vi morir a mucha gente ahí pero yo estaba tranquilo, no lloraba.

Entonces apareció un anciano que se acercó dónde estaba mi papá.

Dió una vuelta así caminando. Mi padre le dijo que se tirara cuerpo a tierra, arrastrándose. Yo no lo podía llevar, porque el viejo forzudo iba agazapado, y ahí nomás me pongo muy triste cuando me acuerdo, porque vi sus pies quebrados por los tiros.

Pobre hombre, pobrecito era muy viejito. Pudo acercarse a un árbol pero estaba muy mal herido. Estaba llorando, estaba lleno de lágrimas. Ahora sufro cuando me acuerdo.

¡Yo era un buen tirador, si hubiera tenido un rifle en ese momento hubiera matado unos cuantos milicos! pero no tenía con qué…

Después me escondí otra vez, esa fue la cuarta. Y largaron otra vez los tiros.

¡Paf, paf!

Todos los troncos de los árboles quedaron llenos de balas por eso la Gendarmería los volteó después.

Solo había cincuenta metros entre ellos y nosotros.

Yo estaba escondido como a unos cincuenta y cinco metros. Ahí había tres árboles. Un algarrobo, un palo mataco, y un quebracho colorado. Había varios árboles grandes, un guayabí y un mistol enorme. Cuando terminaron la matanza cortaron todos esos árboles por eso no existe más aquel monte. Si no hubieran cortado el monte hubiéramos podido encontrar ahora todas las balas incrustadas en los árboles, pero pasaron las topadoras y se llevaron los ranchos y los árboles. Si hubieran dejado el árbol donde yo me escondí podríamos encontrar las balas y ya no podrían seguir mintiendo. Todos podrían verlo”.

Junto con el remate de los heridos se había iniciado la persecución de los sobrevivientes. Don Solano huyó hacia el norte, pero algunos días más tarde fue capturado por tropas de Gendarmería y llevado en calidad de prisionero a la colonia estatal para indígenas de Bartolomé de las Casas.

Su ropa estaba hecha jirones, las espinas le habían arrancado el pelo y su cabeza sangraba. Cuando llegó a la colonia se encontró con un grupo de más 200 refugiados agrupados alrededor de distintas fogatas, hambrientos, durmiendo en el suelo.
Al día siguiente fueron repartidos en las chacras para trabajar. Les dieron herramientas, los alimentaron y pasaron muchos meses hasta que pudieron escapar y volver a sus territorios. Corría el año 1948.

(*) La autora es documentalista, integrante de la Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena en Argentina y directora de “Octubre Pilagá, relatos del silencio (tailer https://www.youtube.com/watch?v=–IURxjrjQE).

 

 

 

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