Guaraní, el viaje del río

Por Iván Messina

Iniciamos esta sección de recomendaciones culturales de nuestra América, focalizándonos en la necesidad de bucear en el cine latinoamericano. En esta oportunidad, una producción independiente paraguayo-argentina.

En momentos en que los sueños de hermandad y de sueños compartidos corren riesgo por vía política de arriba, creemos que es necesario redoblar desde cada rincón cultural, político, económico y social nuestros profundos deseos de un continente unido, en la diversidad.

Creemos que el cine es una herramienta para tender puentes, comprender y compartir realidades y es por eso que recomendaremos Guaraní, película de coproducción paraguayo-argentina, dirigida por Luis Zorroaquín y protagonizada por Emilio Barreto y Jazmín Bogarín.

Un poco por la circunstancia de su presencia reciente en el cine (hoy ya no está en cártel), y un poco por antojo propio decidimos arrancar por cine de Paraguay,  para Paraguay y para todos.

Guaraní nos presenta la vida de Atilio, un pescador de toda la vida que es abuelo y vive con dos de sus hijas (la tercera, importante, está en Buenos Aires) y sus nietas a orillas del río. Entre ellas está Iara, su nieta mayor de 11 años quien en los tiempos que no está en la escuela lo ayuda a Atilio ya no en la pesca, sino en el traslado de gente y mercaderías, ya que están en zona de frontera con Corrientes.

Precisamente la hija de Atilio que vive en Buenos Aires, es la madre de Iara, y partió hace varios años. Es por eso que la relación de ellas, ante lo imposibilidad de lo cotidiano sucede mediante cartas, encomiendas o algún llamado telefónico

Esa carencia de Iara, el interés por la vida de su abuelo, y la combinación de ambas hacen del vínculo abuelo nieta algo entrañable que se fortalece con el correr de los días.

No sin conflictos y tensiones dado que, por un lado,  Atilio tiene la necesidad imperiosa de tener un nieto varón a quien trasmitirle toda la tradición de un pescador en tierras guaraníes. La historia nos deja ver que en la mente de Atilio, no entra la posibilidad de la trasmisión de todo ese bagaje cultural a una nieta mujer. Ese conflicto hace muy atractivo el desarrollo de la película, dado que en lo real su más fiel compañera es precisamente su nieta.

Otra de las tensiones recorridas es una férrea resistencia de Atilio a hablar otra lengua que no sea la guaraní. Una resistencia que se nutre del orgullo por lo ancestral y hace de barrera a la intromisión colonizadora occidental en el aquí y ahora que se refleja en Iara tanto por la música más urbana y moderna que escucha con sus auriculares cada vez que está sola, como en la ropa de moda que empieza a vestir producto de los regalos que su madre le envía desde la Gran ciudad de Buenos Aires y es motivo de entredichos entre ellos dos. Iara también se debatirá entre hacer del “nieto” que quiere su abuelo o ser ella misma, con sus sueños y sus metas por descubrir.

Es muy atinado que esta tensión recorra el trasfondo de la película teniendo como escenario justamente Paraguay, ese país que había logrado durante décadas luego de su independencia política a comienzos del siglo XIX  una segunda independencia en lo económico que lo transformó en el país más desarrollado industrial y autónomamente de la región, algo que el imperialismo inglés y sus aliados sudamericanos probritánicos y oligárquicos (los gobiernos argentino, uruguayo y brasileño) no le iban a perdonar provocando, tal vez, el conflicto más despiadado que se recuerde entre naciones de Nuestramérica, aquel que se ha dado en llamar la “Guerra de la Triple Alianza”, “Guerra del Paraguay” o mejor denominada por el revisionista Norberto Galasso, que derivó no solo en la destrucción de la autonomía paraguaya en pos de insertarlo en la división internacional del trabajo, o dicho sin eufenismos, en el capitalismo dependiente de Europa y Estados Unidos sino también la destrucción de tres cuartos de la población paraguaya condenándola a la miseria. Dicho sea de paso, ese hecho histórico fue vuelto a problematizar por un documental realizado por Federico Sosa llamado Contra Paraguay proyectado en el Cine Gaumont hasta la semana pasada, que en agosto vuelve a un espacio Incaa, en este caso el Artecinema de Constitución.

Es así como se enfrentan a través de Atilio y Iara dos prácticas muy diferentes con respcto a lo cultural paraguayo y latinoamericano.

Por esto si fuera poco, una carta para Iara llegada desde Buenos Aires conteniendo una noticia esperanzadora para Atilio y ambivalente para la misma Iara hace que ambos emprendan un viaje hacia ese destino tan ansiado por ella, tan rechazado por él.

Es en ese viaje, no desprovisto de complicaciones y sacudones emocionales, donde nuestros personajes principales crecerán, cambiarán, enojarán, reirán y emocionarán y sobre todo, sorprenderán.

¿Encontrará Atilio el nieto que tanto anhela? ¿Podrá sentir la paz de poder pasar la posta de su tradición o estará condenado a morir con él?

¿Se reencontrará Iara con su madre? Estas y otras preguntas que surgen al espectador se responderán de una forma que dejará abierta la posibilidad de liberar la imaginación y la intuición del ojo que observa. Sin el vértigo de esa obra de arte que resultó ser 7 cajas, con la calma de un río manso que recorre cada escena convertida en postal.

Una película para disfrutar lo profundo y lo cotidiano de ese Paraguay que tan poco conocemos.

¿Qué nos esconde la tierra guaraní? ¿Por qué estamos tan lejos de ella que ni siquiera los numerosos viajes mochileros empiezan por ese suelo colorado? Tal vez Guaraní es un inicio, para viajar por ese país con tanta historia digna y admirable. Que la aventura comience.

Leer más
Anhelos intensos

Anhelos intensos

General 31 marzo, 2016 0

Por Pablo Potenza

El Ansia, revista de literatura argentina, parte de la escritura y la lectura para llegar, ya no a la pregunta básica “¿Qué es un autor?” sino también al quién, cómo y por qué. Pero hay más: entre la forma y el contenido se marca una postura ideológica y una posición política. Radiografía de una novedosa y original forma de acercamiento al ejercicio de quemar pestañas.

Si no fuera porque es el número dos de esta revista anual, la estructura general también gozaría de una particular coincidencia, pero eso seguramente ocurrirá en el próximo número de El Ansia, esta antología que, casi como en un juego cabalístico, se recuesta sobre el número tres: tres escritores elegidos en cada edición y tres criterios de abordaje que forman secciones paralelas de composición. Las “Versiones”, “Lecturas” y “Escrituras” que se ofrecen de cada uno de ellos –Edgardo Cozarinsky, Gustavo Ferreyra y Luis Chitarroni en este número; Marcelo Cohen, Hernán Ronsino y Alberto Laiseca en el anterior– parecen verticales intentando darle forma a un todo, posibles separatas triangulando un perfil cubista.

Es que al tomar las dos funciones tan básicas como fundamentales de la literatura y de la crítica –esto es, leer y escribir–, la revista El Ansia interviene sobre el campo cultural y formula una operación crítica fuerte en el actual contexto de publicación. Entre la ya madura pregunta de Foucault y las recientes efervescencias de la llamada auto-ficción, aquí el autor adquiere un poder legítimo y contundente, para dar respuesta ya no al qué (“¿Qué es un autor?”) sino también al quién, cómo y por qué. Los tres segmentos que dan forma a cada uno de los tres perfiles son intentos de abarcar al escritor en su totalidad. Locercan y lo exprimen con entradas diversas y extensas, pero tanto se dice de él que, paradójicamente, la saturación evidencia que ese objetivo es imposible. La entrega, por lo tanto, fragmentaria, provoca que la lectura nunca se agote y que el escritor y su obra no lleguen a convertirse en monumentos, sino que terminen siendo siempre escurridizos.

¿Se trata entonces de biografías intelectuales? Sí y no, porque, como lo que interesa es la categoría de autor y la categoría de obra para, de algún modo, reconstruirlos, se arriba a ese perfil conjunto como si fuera un bloque, sin la intervención del tiempo, sin la exhibición de una trayectoria.

Ese resultado, que tanto evidencia al objeto –el escritor– como al sujeto –el crítico–que delimitó unos contornos y no otros, tal vez sea una de las razones de su periodicidad anual: se requiere un extenso lapsopara obtener una escritura y otro largo intervalo para su posterior lectura. Embeberse, impregnarse, incorporar, no solo tiene que ver –para El Ansia– con pensar y analizar una obra, sino también con acercarse al autor tanto como para tratarlo, acompañarlo, vivir sus costumbres y cotidianeidad, caminar sus recorridos, probar sus sabores predilectos, regentear la familia si es posible, reescribirlo, leer con él y descubrir sus textos. De esta forma, las “Versiones” son textos críticos escritos en géneros variados que al querer interpretarlo también lo están reescribiendo. Las “Lecturas” presentan fragmentos de obras ajenas que el propio autor elige para la ocasión. Las “Escrituras” son la obra en sí diagramada para dar muestras de lo que contiene, manifiesta y constata. No se trata, entonces, solo de una selección arbitraria, sino de una forma particular de sostener esa elección utilizando una multiplicidad de variables que le dan espesor a la entidad presentada. De alguna manera, la actualidad insoslayable de las llamadas “escrituras del yo”, o la popularidad contemporánea de la crónica, se ven aquí resignificadas y revalorizadas. En El Ansia, el autor es un personaje que está vivo.

Los tres escritores de El Ansia poseen otros tres críticos –algunos de los miembros del grupo que le da vida a la publicación: Lucas Adur, Mariana Lerner y Lara Segade, en este caso– que se les incorporan como sombras para seguirlos durante meses. El resultado es la crónica de apertura que inaugura cada perfil. Allí, la mayor o menor cercanía que se llega a establecer se constituye en un eje que abre diferencias y traza sentidos luego desparramados en el resto de los trabajos. ¿Quién abre la puerta de su casa y nos deja pasar y quién no? Cozarinsky atiende en un bar del que es habitué y oficia de guía por la noche porteña, es el dandy; Ferreyra espera con su esposa en la casa de ambos, pero también deambula por una manifestación pública, es el que asigna horarios a la escritura y a la participación política; Chitarroni abre su lugar de trabajo, la editorial, y juega actuaciones en un ciclo de lectura, es el modelo excéntrico de la digresión y creatividad. La privacidad es la verdadera frontera, impone distancia o familiaridad, y la revista El Ansia encuentra en ese confín la medida de la intimidad de la obra; esa orilla parece ser signo de secretos intrigantes, de enlaces inesperados, o de juegos extravagantes, pero en todos los casos son destellos que abren las entradas a los extremos de la pura literatura.

¿Qué debe hacer el lector de esta revista? ¿Cómo debería leer? ¿Se encuentra finalmente condicionado por la figura del autor? Digamos que, antes que condiciones, el lector más bien encuentra un contexto, un marco que abre puertas ignoradas, listas para atravesar o cerrar; pero esas son puertas individuales, porque El Ansia no construye una ley, sino que presenta y señala la riqueza de algo que se escapa todo el tiempo, en tanto siempre admite más versiones, más lecturas y más escrituras.

Estamos frente a una revista diferente. Su periodización es distinguible, no es diaria, ni semanal, no se recuesta en trimestres ni en estaciones: el año la define. Además, es una revista y es un libro. ¿Es una revista o es un libro? Son dos cualidades que el título responde: ¿cómo se conjuga el ansia por escribir con el ansia por publicar? Entre la forma y el contenido se marca una postura ideológica y una posición política: el ansia por expresar contrasta con la paciencia para decidir cómo y cuándo hacerlo, porque lo que importa es lo que se dice y no solo el acto de decir. La palabra de El Ansia, múltiple y abundante, no es volátil, tiene densidad. Hay que esperarla y sostenerla. De esa forma, enfrentada a la condición efímera y a la contaminación de voces ininteligibles del presente, aspira a la permanencia.

Dos observaciones más para concluir. No hay ninguna información de quienes escriben El Ansia, salvo pequeñas citas entre ellos mismos llamándose por el nombre. El lector curioso, entrando en el juego del código interno, interrumpe y hurga en los datos del staff para reponer los apellidos; ésa es la única operación que desvía algo el foco del autor que se está tratando –un mínimo de atención que se pone en juego–. La otra salvedad se relaciona con el director de la publicación, José María Brindisi: salvo un breve prólogo, no escribe ningún artículo. Esa ausencia marca una generosidad extrema y al mismo tiempo una presencia que lo inunda todo, se lo percibe, se lo presume, está allí.

En las condiciones actuales de producción editorial, una revista que todavía se resiste a la publicación “on line”, que suma y suma páginas, que entrega un tipo de papel especial, que agrega imágenes elegidas y un diseño particularmente pensado, es por lo menos inesperada. Tal vez esta cualidad haya sido, la mayor de las veces, el contexto en el que siempre surgieron las revistas literarias. En ese sentido, El Ansia se inscribe en una extensa y rica tradición argentina.

Leer más
Teatro: Los indios estaban cabreros

Por Ramón Raggio

Cómo hablar de la llegada de Cristóbal Colón a “India” sin caer en las formas de siempre, es algo que quizá se haya preguntado Agustín Cuzzani, autor de “Los indios estaban cabreros”, obra teatral que utiliza recursos como la imaginación, la cultura pop de época y el humor para hablar de uno de los hechos más fríos y violentos de la historia.

Dice la máxima marxista: La historia se repite, primero como comedia y segundo como tragedia. Aunque  Marx hablaba de Napoleón III, lo dicho bien puede comprender una reflexión valida sobre “Los indios estaban cabreros”.

La historia trata sobre tres indios americanos, que en busca del dios Sol para liberar a su pueblo en una revolución, terminan naufragando en las costas de la España de Isabel la Católica, previo a la “conquista y descubrimiento de América”.

Con una dimensión que sorprende en su magnitud, la obra no se priva de poner sobre el escenario diversidad de personajes y recursos. Con pocos elementos logran crear las dos costas del Atlántico de manera muy vívida para el espectador, que como niño completa con su imaginación toda la escenografía sugerida.

Sin duda la comedia y el humor, bien logrados en la obra, son los ingredientes centrales de una revisión histórica crítica pero no por eso menos divertida.

Bajo la pluma de Cuzzani, el escenario se nutre, de una veintena de actrices y actores dirigidos por Daniel Begino. Juntos logran bizarras coreografías, cantan y a su vez lanzan acertadísimos gags combinando elementos de la cultura pop con recursos de época.

La obra presenta de manera fresca la tragedia que significó para nuestro continente el “descubrimiento de Cristóbal Colón” transformándose  en una atractiva comedia llena de vida que fluye en cada acto.

 

Leer más
En el fondo

En el fondo

Teatro 30 marzo, 2016 4

Por María Eugenia Miqueo/ @eugemiqueo

La obra teatral de Pilar Ruiz apela a los sentimientos y sensaciones que giran sobre la trata de mujeres. Se puede ver todos los viernes a las 21.15 en Timbre 4.

 

El aplauso fue cerrado y extenso, la tensión corporal empezaba a aflojar. Verónica Cogniout Hanicq y Fabricio Mercado, protagonistas de “En el fondo” -obra escrita y dirigida por la dramaturga Pilar Ruiz-, saludaban y volvían de a poco a la realidad, comenzaban a habitar sus cuerpos lentamente. El público salía en forma ordenada y mientras la hilera avanzaba, divisé a la directora en la puerta de la sala y pensé en saludarla. Ensayé mentalmente una breve presentación y cuando al fin llegué a ella, el llanto ahogado me ganó la pulseada y no pude articular palabra. Eso pasa “En el fondo”.

La historia nos sitúa en el oscuro y complejo mundo de la trata de personas y la prostitución dónde Flora y Pedro, víctima y victimario respectivamente, se entrelazan en un vínculo violento y amoroso, opresivo y paternal. La pequeña cotidianidad lograda se ve alterada cuando un fotógrafo logra inmiscuirse en el prostíbulo y ante la amenaza de ser descubiertos, Pedro debe trasladarse con Flora a una nueva casa.

La obra resulta dolorosamente brillante. El tema central, tratado con responsabilidad y delicadeza, genera en el espectador un crisol de emociones que ahoga, comprime y corta la respiración. Cualquier sugerencia de apagar celulares, no abrir caramelos que pudieran hacer ruido o demás acciones del público que distraigan a los actores es innecesaria porque nadie se mueve ni respira durante los cincuenta minutos que dura la historia en escena. 

El clima está muy bien logrado con un gran trabajo de interpretación de los actores y la dirección de Pilar Ruiz. Soberbia es la actuación de Verónica Cogniout Hanicq, que en la piel de Flora transmite ingenuidad y seducción, ternura y terror.

También es destacable el excelente trabajo de iluminación y sonido que llevan al espectador a experimentar de un clima de ternura a otro de espanto en  forma orgánica, que sumado a la distribución de la sala del espacio teatral “Timbre 4”, lo hacen sentir testigo de esta historia.

Recorrí en forma autómata el largo pasillo que separa la sala de “Timbre 4″de la puerta de calle, crucé sin ver y conduje con la mirada fija y absorta los primeros kilómetros. Llevo a Flora pegada en mi piel, a Flora y tantas otras como ella que se ven privadas de su libertad y son tratadas como objetos, como cuerpos sin alma.

Ficha artístico técnica

Actúan: Verónica Cognioul Hanicq y Fabricio Mercado

Diseño y realización de escenografía: Fabricio Mercado

Diseño de luces: Lucía Feijoo

Música y sonido: Damián Gómez.

Fotografía: Dash Equipo Creativo.

Ilustración: Dolores Franza

Diseño gráfico: Juan Pablo Rodríguez

Asistencia de dirección: Teo Ibarzabal

Producción: Rocío Pérez Silva

Dramaturgia y Dirección: Pilar Ruiz

 

 

 

Leer más
Discos: Mecánica celeste

El músico y compositor Leandro Kalén presentó Mecánica celeste, su primer disco de estudio.

Leer más
Buscando la memoria vital y emotiva

Por Ramón Raggio

38 Metros Cuadrados (Arturo Ediciones), la primera novela de Alejandro Bisigniano Burgos, se presenta hoy a las 20 en el Club Cultural Matienzo. 

La historia plantea el recorrido poético y errático de un joven chofer de colectivos uruguayo -Washington Plá- que en plena época de dictaduras de uno y otro lado del Río de la Plata decide, por amor a Mariela -una joven estudiante de Filosofía-, migrar a Buenos Aires. A partir de ahí comienzan los desencuentros de los protagonistas y la voz se transforma en varias. La novela está contada desde la frescura y la emotividad poética de la memoria.

El lector se va a encontrar a un texto fragmentario, tipo rompecabezas. El recorrido es el de ir construyendo la historia y la trama de los personajes a partir de diferentes capítulos contados con variadas técnicas narrativas. El recurso hace recordar un poco a la estructura fragmentaria del Cortázar de Rayuela. Salvando las distancias, la libertad expresiva de Ale Burgos pasa por experimentar con el lenguaje, jugar con él. Para eso la novela no se priva de experimentar con varios recursos. Entre los más llamativos está, por ejemplo, el aire físico y de palabras que se genera en el texto y en la diagramación que tiene el impreso.

Buscando la memoria vital y emotiva

Vale la pena mencionar también que el joven autor publica su obra prima desde el esfuerzo de la autoedición, a través del sello Arturo Ediciones. El espacio editorial nacional, que tuvo un auge en la pasada década mostrando una diversidad de títulos y géneros, desde tiradas pequeñas hasta grandes, hace meses se encuentra amenazado por la apertura que estableció para el sector el gobierno de Mauricio Macri a la par de los incrementos constantes de precios.

A su vez, el sector tampoco se encuentra como objeto de protección de parte del actual ministro de cultura, hijo pródigo de una de las grandes marcas editoriales, que hoy se encuentra haciendo bien los deberes desde el sillón.

En ese sentido, que aparezcan obras como la de Ale Burgos, y Arturo Ediciones, da cuenta de una generación de jóvenes narradores locales que recuperan la mejor tradición activa de hacer camino propio. El plus de 38 Metros Cuadrados es justamente no conformarse con el lenguaje tal cual nos es dado, por la tradición si se quiere de lo que debe ser una novela y cómo debe ser contada. El texto explora, va por los márgenes, propone elipsis y vuelve, también desde lo no dicho, a narrar una historia compuesta por muchas voces -y plumas- sobre la errática, y algo trágica, vida de Washington Plá.

Cabe preguntarse si la búsqueda del joven Washington del amor, por estas tierras hostiles, no es también la búsqueda actual de esperanzas frente al desierto neoliberal que viene en avance. Todo sea por amor.

 

La novela 38 Metros Cuadrados de Ale Burgos se presenta este miércoles 23/03 a las 20.30hrs en el Centro Cultural Matienzo (Pringles 1249).

 

LINKS

 

www.arturoediciones.com

www.Facebook.com/

http://alebisignano.Wordpress.

Leer más
Cine: Cien años de perdón

Por Laura Cabrera – @laucab

La película dirigida por Daniel Calparsoro y escrita por Jorge Guerricaechevarría sitúa al espectador en un lugar al parecer bastante común: un banco, un plan de robo y una toma de rehenes. Todo se complica, entonces lo que parecía un lugar común, comienza a tener otro sentido.

Parecería ser que hay temáticas sobre las que ya está todo dicho y sobre las que nada queda por contar. Tema: el robo. Allí se sitúa la coproducción hispano-argentina de Daniel Calparsoro y Jorge Guerricaecheverría, quienes apostaron a este lugar común, de corta escenografía y limitados personajes para desarrollar una historia de suspenso que sorprende a cada instante por la variedad de líneas que se van desarrollando alrededor de la trama central.

Es una mañana lluviosa. Seis ladrones enmascarados ingresan a un banco en Valencia para iniciar lo que sería un robo que tomaría pocos minutos. Algo se complica cuando uno de los empleados del banco acciona el botón de alarma. Los enmascarados dejan atrás la idea del robo planificado y comienzan una toma de rehenes y la negociación que, creen, los dejará salir al menos con vida.

44192

Así comienza la película, que propone la negociación como una pérdida de tiempo que ayudará a los ladrones a escapar por ese lugar (no lo contaremos aquí) planificado con meses de anterioridad. Afuera llueve como si fuera Macondo, las posibilidades de escapar son pocas y el tiempo, comienza a jugar un papel central, no sólo por la necesidad de escapar en pocos minutos sino porque cuando más tiempo pasan juntos los delincuentes, más líneas se abren entre ellos, los rehenes y los negociadores, entonces la multiplicidad de historias comienza a salir a la luz.

El atractivo

Visualmente no se trata de la película más atractiva. No hay grandes escenas de acción, tampoco efectos impactantes. Lo que hace de la película una producción al menos interesante es el guion y su trasfondo: de los seis delincuentes, el “Gallego” (Luis Tosar) y el “uruguayo” (Rodrigo De la Serna) saben por diferentes motivos mucho más de lo que sus compañeros entienden que se van a llevar en el gran motín. Se desata entonces el primer conflicto entre ellos, al enterarse que ambos saben sobre la existencia de “algo” que es necesario robar para salir con vida.

ICULT pelicula CIEN ANOS DE PERDON

El “algo”, cuyo contenido nunca se termina de especificar pero claramente cualquiera podría entender de qué se trata, también es perseguido por los de afuera, generándose entonces un entramado político de corrupción y complicidades que deja a “los de adentro” y “los de afuera” en igualdad de condiciones: ambos grupos le roban a alguien.

En medio de esta historia, algunos rehenes se vuelven cómplices en distintas medidas pero siempre dejando en claro que son víctimas de lo sucedido pero ¿víctimas de quién?, ¿del sistema capitalista que remata hogares?, ¿del que los deja sin trabajo?, ¿de la corrupción política?, ¿de los ladrones que ingresaron a ese banco?, ¿son víctimas de la codicia, del odio o del egoísmo?, ¿o son justicieros? He aquí la delgada línea entre “lo bueno” y “lo malo”, la discusión entre las purezas y lo que parecería ser una crítica generalizada a la sociedad española.

A grandes líneas, Cien años de perdón es una película que mantiene al espectador atento en su trama (que ofrece desde situaciones dramáticas hasta algún que otro paso de comedia) aunque por momentos decae por no ser visualmente atractiva. De todos modos es una historia interesante para aquellos que gustan de realizar  lecturas sobre escenarios y sus similitudes con las realidades del mundo por fuera de la diégesis.

Ficha

Director

Daniel Calparsoro

Guion

Jorge Guerricaechevarría

Música

Julio de la Rosa

Fotografía

Josu Inchaustegui

Reparto

Rodrigo De la SernaLuis TosarRaúl ArévaloPatricia VicoJosé Coronado,Joaquín FurrielMarian ÁlvarezLuciano CáceresLuis CallejoJoaquín Climent.

Leer más
Entrevista a Leonor Silvestri: discapacidades, cuerpos y potencias

Entrevista a Leonor Silvestri. Pensadora, escritora, profesora, activista de género, deportista de combate y discapacitada legal.

Leer más
Terrenal, ícono de nuestro tiempo

Pequeño misterio ácrata nos convoca a una profunda reflexión de nuestra realidad.

Leer más
Handala, la historieta de la resistencia palestina

Handala, un dibujo que se convirtió símbolo de la resistencia del pueblo a la ocupación.

Leer más